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LA CUSTODIA FRANCISCANA DE TIERRA SANTA ORA POR EL PAPA
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Fecha: 28.2.2005
Fuente: Custodia de Tierra Santa
Dirigir el pensamiento hacia el Santo Padre ha sido siempre una costumbre, mejor dicho, una necesidad para los franciscanos de Tierra Santa: ellos han sido obedientes a la voluntad de San Francisco, quien, en la Regla de 1223 (la que fue aprobada por la Iglesia), promete obediencia y reverencia al señor Papa Honorio (III) y a sus sucesores elegidos canónicamente y a la Iglesia romana (RB I,2) y manda por obediencia a los frailes que estén sumisos y sujetos siempre a los pies de la santa Iglesia (RB XII,4). Además es un deber de gratitud hacia el Santo Padre: la Iglesia ha confiado a los franciscanos la Custodia de los Santos Lugares y los Papas han apoyado siempre la misión de los hijos de San Francisco.
Todos los Vía Crucis, que celebran cada viernes del año, y en los que participan los cristianos locales y los peregrinos, terminan con la oración según las intenciones del Papa. Esta plegaria se hace más intensa en los momentos en que su salud preocupa a los cristianos y a los hombres de buena voluntad de todo el mundo. En preparación para la Pascua, además del Vía Crucis, de los ingresos solemnes y procesiones, y de las vigilias de oración de las noches del sábado en el Basílica del Santo Sepulcro, están las peregrinaciones, los momentos de oración y la celebración eucarística que - en los varios Santuarios del área de Jerusalén - constituyen el AQUÍ de cada etapa importante de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Son el itinerario cuaresmal que conduce al Calvario y al Sepulcro Vacío. Las reflexiones que acompañan este peregrinar, en este año dedicado a la Eucaristía, están impregnadas de un modo especial de la palabra del Papa: a él va el reconocimiento por habernos querido recordar la maravilla y el estupor que nos animar ante el Don eucarístico. In esta Cuaresma, tan marcada por el pensamiento de su sufrimiento físico, como un gesto espontáneo y afectuoso de los franciscanos, todas las peregrinaciones e celebraciones cuaresmales terminan con una oración por el Papa.
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