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Franciscan
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Artemio Vítores, ofm ![]() Una escuela de Tierra Santa - Acre Los testimonios de los alumnos que han convivido juntos en las escuelas ponen de manifiesto que se crea un no sólo una convivencia real y un respeto mutuo, sino que es normal la amistad entre alumnos cristianos y musulmanes. Es verdad que pueden influir otros sentimientos, como son la camaradería, tener la misma lengua y quizás los mismos sentimientos nacionalistas palestinos. Pero también es verdad que la religión no es, en este caso, un motivo de separación. Al contrario: la convivencia se prolonga también en la universidad. De hecho, los estudiantes que han convivido juntos en las escuelas cristianas, siguen siendo respetuosos y tolerantes en la universidad; los musulmanes que no han vivido con los cristianos, en general no están abiertos a la tolerancia y al diálogo con ellos. Se lo decía Juan Pablo II a los laicos reunidos en Beirut, el 30 de mayo de 1997: "compartir el trabajo, habitar en los mismos barrios, vivir una solidaridad sencilla y sincera: son aspectos, de la vida común que pueden, sin lugar a dudas, reforzar el conocimiento recíproco, la amistad, la comprensión mutua y el respeto de la libertad de conciencia y de religión". Rostros sonrientes en una escuela de Tierra Santa Las escuelas cristianas son pues un modo concreto para que los cristianos, los musulmanes, y posiblemente también los judíos, puedan vivir juntos, respetándose mutuamente. La educación a la comprensión recíproca es el mejor modo de aceptar las diferencias y que sea posible la convivencia aun con esas diferencias. La escuela se convierte así en uno de los lugares del diálogo inter-religioso de los creyentes de las grandes religiones monoteístas. Es, en definitiva, una contribución a la paz en Oriente Medio. La visión cristiana del hombre, que es universal e igualitaria, puede ayudar a solucionar el conflicto entre israelíes y palestinos, porque hace comprender mejor la importancia del respeto a la persona y a la vida, eliminando la tentación de la exclusión "del otro". Los franciscanos, inculcando en sus escuelas estos valores fundamentes, podemos ser hoy un puente de comunicación con el Judaísmo y el Islam. Eso es lo que quería San Francisco, llamado "vir catholicus", "hombre universal" por excelencia. |
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