Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail: iglenca@archimeridabadajoz.org

Edición electrónica: http://198.62.75.1/www1/camino/camino.html

Número 541. 5 de septiembre de 2004

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes


 

Portada

Este sábado, toma posesión del nuevo Arzobispo de Mérida-Badajoz

Don Antonio Montero y don Santiago García Aracil se despidieron de sus diócesis

Cuando nuestra revista llegue a las parroquias, durante el fin de semana, se estará procediendo a la toma de posesión del nuevo Arzobispo de Mérida-Badajoz, monseñor Santiago García Aracil en la Catedral Metropolitana de Badajoz, de la que ofreceremos un amplio reportaje en nuestro próximo número de Iglesia en camino.

Previamente, tanto don Santiago como don Antonio Montero se han despedido de sus diócesis, don Antonio lo hacía el viernes en Badajoz y el sábado en Mérida, mientras que don Santiago se despedía de su diócesis de Jaén el sábado en la catedral jiennense.

 


Editorial

Fe y amor eclesial

Nuestra Iglesia particular de Mérida-Badajoz vive en estos días la despedida de quien hasta ahora ha sido su Pastor, Don Antonio Montero Moreno, y la toma de posesión de su nuevo Arzobispo, monseñor Santiago García Aracil.

Este hecho natural en toda institución humana de carácter social, es en la Iglesia, por su especial peso social e histórico, en sí importante, pero adquiere, además, para la comunidad cristiana unas dimensiones que sobrepasan esta pura relevancia y constituyen su verdadera razón de ser, pues pertenecen al ámbito sobrenatural, en concreto a la fe y al amor eclesial.

Sin esta perspectiva trascendente y sólo con una lectura puramente humana nuestra visión de los acontecimientos de estas fechas sería muy superficial e incompleta ­un puro relevo de mando-, cuando en realidad a lo que asistimos es una acción profundamente religiosa que se inscribe en la Sucesión Apostólica que define, sin agotarla, una de las notas de la verdadera Iglesia junto a su catolicidad, unidad y santidad, que se hacen presentes también en nuestra diócesis.

Estos días tenemos, en consecuencia, una gran oportunidad para vivir una auténtica experiencia de comunión eclesial en la acogida gozosa y fraterna a quien va a ser, de ahora en adelante, nuestro nuevo Pastor: Don Santiago García Aracil.

Él mismo, en la misa de despedida de sus hasta ahora diocesanos en la Catedral de Jaén, se expresaba en este sentido señalando que "la norma de las relaciones cristianas entre pastores y fieles y el vínculo que nos une en la misión dentro de la misma Iglesia es la vocación recibida del Señor. Por esta vocación y misión debemos sentirnos unidos y comprometidos unos con otros hasta el punto de creernos en el deber de procurar amarnos por encima de las diferencias personales y a pesar de las posibles y recíprocas decepciones. El amor cristiano que el Señor nos mandó cultivar, a imagen del amor que Él nos tiene, no debe ser un amor de complacencia sino un amor de servicio. Por tanto, no debe guiarse por el agrado personal sino por el indeclinable compromiso de ayudar al otro a ser mejor".

Para nosotros esta intención ha de ser también oración y compromiso. ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!.

 


 

Santa Sede

La colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo

 

El pasado 31 de julio, la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede hacía pública una "Carta a los obispos de la Iglesia Católica", en la que ahonda en la colaboración que debe existir entre el hombre y la mujer tanto en la Iglesia como en la sociedad. Por su interés, ofrecemos en este número de nuestra revista un resumen del mencionado documento.

Experta en humanidad, la Iglesia ha estado siempre interesada en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer. En estos últimos tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la comunidad civil y eclesial. Habiendo contribuido a la profundización de esta temática fundamental, particularmente con la enseñanza de Juan Pablo II, la Iglesia se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer.

Este documento, después de una breve presentación y valoración crítica de algunas concepciones antropológicas actuales, desea proponer reflexiones inspiradas en los datos doctrinales de la antropología bíblica, que son indispensables para salvaguardar la identidad de la persona humana. Se trata de presupuestos para una recta comprensión de la colaboración activa del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo, en el reconocimiento de su propia diferencia. Las presentes reflexiones se proponen, además, como punto de partida de profundización dentro de la Iglesia, y para instaurar un diálogo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en la búsqueda sincera de la verdad y el compromiso común de desarrollar relaciones siempre más auténticas.

Tendencias actuales

En los últimos años se han delineado nuevas tendencias para afrontar la cuestión femenina. Una primera tendencia subraya fuertemente la condición de subordinación de la mujer a fin de suscitar una actitud de contestación. La mujer, para ser ella misma, se constituye en antagonista del hombre. A los abusos de poder responde con una estrategia de búsqueda del poder. Este proceso lleva a una rivalidad entre los sexos, en el que la identidad y el rol de uno son asumidos en desventaja del otro, teniendo como consecuencia la introducción en la antropología de una confusión deletérea, que tiene su implicación más inmediata y nefasta en la estructura de la familia.

Una segunda tendencia emerge como consecuencia de la primera. Para evitar cualquier supremacía de uno u otro sexo, se tiende a cancelar las diferencias, consideradas como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural. En esta nivelación, la diferencia corpórea, llamada sexo, se minimiza, mientras la dimensión estrictamente cultural, llamada género, queda subrayada al máximo y considerada primaria. El obscurecerse de la diferencia o dualidad de los sexos produce enormes consecuencias de diverso orden. Esta antropología, que pretendía favorecer perspectivas igualitarias para la mujer, liberándola de todo determinismo biológico, ha inspirado de hecho ideologías que promueven, por ejemplo, el cuestionamiento de la familia a causa de su índole natural bi-parental, esto es, compuesta de padre y madre, la equiparación de la homosexualidad a la heterosexualidad y un modelo nuevo de sexualidad polimorfa.

Aunque la raíz inmediata de dicha tendencia se coloca en el contexto de la cuestión femenina, su más profunda motivación debe buscarse en el tentativo de la persona humana de liberarse de sus condicionamientos biológicos. Según esta perspectiva antropológica, la naturaleza humana no lleva en sí misma características que se impondrían de manera absoluta: toda persona podría o debería configurarse según sus propios deseos, ya que sería libre de toda predeterminación vinculada a su constitución esencial.

Esta perspectiva tiene múltiples consecuencias. Ante todo, se refuerza la idea de que la liberación de la mujer exige una crítica a las Sagradas Escrituras, que transmitirían una concepción patriarcal de Dios, alimentada por una cultura esencialmente machista. En segundo lugar, tal tendencia consideraría sin importancia e irrelevante el hecho de que el Hijo Dios haya asumido la naturaleza humana en su forma masculina.

Ante estas corrientes de pensamiento, la Iglesia, iluminada por la fe en Jesucristo, habla en cambio de colaboración activa entre el hombre y la mujer, precisamente en el reconocimiento de la diferencia misma.

Para comprender mejor el fundamento, sentido y consecuencias de esta respuesta, conviene volver, aunque sea brevemente, a las Sagradas Escrituras, -ricas también en sabiduría humana- en las que la misma se ha manifestado progresivamente, gracias a la intervención de Dios en favor de la humanidad.

Acoger al otro

Entre los valores fundamentales que están vinculados a la vida concreta de la mujer se halla lo que se ha dado en llamar la "capacidad de acogida del otro". No obstante el hecho de que cierto discurso feminista reivindique las exigencias "para sí misma", la mujer conserva la profunda intuición de que lo mejor de su vida está hecho de actividades orientadas al despertar del otro, a su crecimiento y a su protección.

Esta intuición está unida a su capacidad física de dar la vida. Sea o no puesta en acto, esta capacidad es una realidad que estructura profundamente la personalidad femenina.

Le permite adquirir muy pronto madurez, sentido de la gravedad de la vida y de las responsabilidades que ésta implica. Desarrolla en ella el sentido y el respeto por lo concreto, que se opone a abstracciones a menudo letales para la existencia de los individuos y la sociedad. En fin, es ella la que, aún en las situaciones más desesperadas -y la historia pasada y presente es testigo de ello- posee una capacidad única de resistir en las adversidades, de hacer la vida todavía posible incluso en situaciones extremas, de conservar un tenaz sentido del futuro y, por último, de recordar con las lágrimas el precio de cada vida humana.

Aunque la maternidad es un elemento clave de la identidad femenina, ello no autoriza en absoluto a considerar a la mujer exclusivamente bajo el aspecto de la procreación biológica. En este sentido, pueden existir graves exageraciones que exaltan la fecundidad biológica en términos vitalistas, y que a menudo van acompañadas de un peligroso desprecio por la mujer. La vocación cristiana a la virginidad -audaz con relación a la tradición veterotestamentaria y a las exigencias de muchas sociedades humanas- tiene al respecto gran importancia.

Ésta contradice radicalmente toda pretensión de encerrar a las mujeres en un destino que sería sencillamente biológico. Así como la maternidad física le recuerda a la virginidad que no existe vocación cristiana fuera de la donación concreta de sí al otro, igualmente la virginidad le recuerda a la maternidad física su dimensión fundamentalmente espiritual: no es conformándose con dar la vida física como se genera realmente al otro. Eso significa que la maternidad también puede encontrar formas de plena realización allí donde no hay generación física.

En tal perspectiva se entiende el papel insustituible de la mujer en los diversos aspectos de la vida familiar y social que implican las relaciones humanas y el cuidado del otro. Aquí se manifiesta con claridad lo que el Santo Padre ha llamado el genio de la mujer. Ello implica, ante todo, que las mujeres estén activamente presentes, incluso con firmeza, en la familia, "sociedad primordial y, en cierto sentido, ''soberana''", pues es particularmente en ella donde se plasma el rostro de un pueblo y sus miembros adquieren las enseñanzas fundamentales. Ellos aprenden a amar en cuanto son amados gratuitamente, aprenden el respeto a las otras personas en cuanto son respetados, aprenden a conocer el rostro de Dios en cuanto reciben su primera revelación de un padre y una madre llenos de atenciones. Cuando faltan estas experiencias fundamentales, es el conjunto de la sociedad el que sufre violencia y se vuelve, a su vez, generador de múltiples violencias.

Esto implica, además, que las mujeres estén presentes en el mundo del trabajo y de la organización social, y que tengan acceso a puestos de responsabilidad que les ofrezcan la posibilidad de inspirar las políticas de las naciones y de promover soluciones innovadoras para los problemas económicos y sociales.

Sin embargo no se puede olvidar que la combinación de las dos actividades -la familia y el trabajo- asume, en el caso de la mujer, características diferentes que en el del hombre. Se plantea por tanto el problema de armonizar la legislación y la organización del trabajo con las exigencias de la misión de la mujer dentro de la familia. El problema no es solo jurídico, económico u organizativo, sino ante todo de mentalidad, cultura y respeto. Se necesita, en efecto, una justa valoración del trabajo desarrollado por la mujer en la familia. En tal modo, las mujeres que libremente lo deseen podrán dedicar la totalidad de su tiempo al trabajo doméstico, sin ser estigmatizadas socialmente y penalizadas económicamente. Por otra parte, las que deseen desarrollar también otros trabajos, podrán hacerlo con horarios adecuados, sin verse obligadas a elegir entre la alternativa de perjudicar su vida familiar o de padecer una situación habitual de tensión, que no facilita ni el equilibrio

personal ni la armonía familiar. Como ha escrito Juan Pablo II, "será un honor para la sociedad hacer posible a la madre -sin obstaculizar su libertad, sin discriminación sicológica o práctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compañeras- dedicarse al cuidado y a la educación de los hijos, según las necesidades diferenciadas de la edad".

En todo caso es oportuno recordar que los valores femeninos apenas mencionados son ante todo valores humanos: la condición humana, del hombre y la mujer creados a imagen de Dios, es una e indivisible. Sólo porque las mujeres están más inmediatamente en sintonía con estos valores pueden llamar la atención sobre ellos y ser su signo privilegiado. Pero en última instancia cada ser humano, hombre o mujer, está destinado a ser "para el otro". Así se ve que lo que se llama "femineidad" es más que un simple atributo del sexo femenino. La palabra designa efectivamente la capacidad fundamentalmente humana de vivir para el otro y gracias al otro.

Buscar la humanización

Por lo tanto la promoción de las mujeres dentro de la sociedad tiene que ser comprendida y buscada como una humanización, realizada gracias a los valores redescubiertos por las mujeres. Toda perspectiva que pretenda proponerse como lucha de sexos sólo puede ser una ilusión y un peligro, destinados a acabar en situaciones de segregación y competición entre hombres y mujeres, y a promover un solipsismo, que se nutre de una concepción falsa de la libertad.

Sin prejuzgar los esfuerzos por promover los derechos a los que las mujeres pueden aspirar en la sociedad y en la familia, estas observaciones quieren corregir la perspectiva que considera a los hombres como enemigos que hay que vencer. La relación hombre-mujer no puede pretender encontrar su justa condición en una especie de contraposición desconfiada y a la defensiva. Es necesario que tal relación sea vivida en la paz y felicidad del amor compartido.

En un nivel más concreto, las políticas sociales -educativas, familiares, laborales, de acceso a los servicios, de participación cívica- si bien por una parte tienen que combatir cualquier injusta discriminación sexual, por otra deben saber escuchar las aspiraciones e individuar las necesidades de cada cual. La defensa y promoción de la idéntica dignidad y de los valores personales comunes deben armonizarse con el cuidadoso reconocimiento de la diferencia y la reciprocidad, allí donde eso se requiera para la realización del propio ser masculino o femenino.

Con respecto a la Iglesia, el signo de la mujer es más que nunca central y fecundo. Ello depende de la identidad misma de la Iglesia, que ésta recibe de Dios y acoge en la fe. Es esta identidad "mística", profunda, esencial, la que se debe tener presente en la reflexión sobre los respectivos papeles del hombre y la mujer en la Iglesia.

Ya desde las primeras generaciones cristianas, la Iglesia se consideró una comunidad generada por Cristo y vinculada a Él por una relación de amor, que encontró en la experiencia nupcial su mejor expresión. Por ello la primera obligación de la Iglesia es permanecer en la presencia de este misterio del amor divino, manifestado en Cristo Jesús, contemplarlo y celebrarlo. En tal sentido, la figura de María constituye la referencia fundamental de la Iglesia. Se podría decir, metafóricamente, que María ofrece a la Iglesia el espejo en el que es invitada a reconocer su propia identidad así como las disposiciones del corazón, las actitudes y los gestos que Dios espera de ella.

En Jesucristo se han hecho nuevas todas las cosas (cf Ap 21,5). La renovación de la gracia, sin embargo, no es posible sin la conversión del corazón. Mirando a Jesús y confesándolo como Señor, se trata de reconocer el camino del amor vencedor del pecado, que Él propone a sus discípulos.

Así, la relación del hombre con la mujer se transforma, y la triple concupiscencia de la que habla la primera carta de S. Juan (cf 1Jn 2,15-17) cesa su destructiva influencia. Se debe recibir el testimonio de la vida de las mujeres como revelación de valores, sin los cuales la humanidad se cerraría en la autosuficiencia, en los sueños de poder y en el drama de la violencia. También la mujer, por su parte, tiene que dejarse convertir, y reconocer los valores singulares y de gran eficacia de amor por el otro del que su femineidad es portadora. En ambos casos se trata de la conversión de la humanidad a Dios, a fin de que tanto el hombre como la mujer conozcan a Dios como a su "ayuda", como Creador lleno de ternura y como Redentor que "amó tanto al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3,16).


 

Centrales

"Quienes me consideran o me quieren trasladen esos sentimientos a la persona del nuevo obispo"

Despedida de don Antonio Montero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

Don Antonio Montero se despedía el pasado viernes de la Archidiócesis con una misa solemne en la Catedral Metropolitana de Badajoz y otra el sábado por la mañana en la Concatedral de Mérida.

4 obispos y 150 sacerdotes

Por lo que se refiere a la celebración de Badajoz, la Eucaristía presidida por don Antonio fue concelebrada por los obispos de Coria-Cáceres, don Ciriaco Benavente Mateos; de Plasencia, don Amadeo Rodríguez Magro; de Salamanca, (anterior obispo placentino) don Carlos López Hernández y el obispo auxiliar de la diócesis portuguesa de Évora, monseñor José Amandio Tomás, además de unos 150 sacerdotes llegados de todos los arciprestazgos de la diócesis y 3 diáconos. A la celebración se unieron más de un millar de fieles, que pudieron seguir la eucaristía mediante un circuito cerrado de televisión instalado en distintos ángulos.

Tras la eucaristía, tuvo lugar en el Seminario una cena a la que asistieron los sacerdotes, algunos religiosos y religiosas, miembros de institutos seculares y seglares que trabajan en la Curia y en diferentes organismos diocesanos.

El sábado a las 12 de la mañana los actos de despedida se trasladaban a la Concatedral de Santa María de Mérida. Allí don Antonio presidía una misa de Pontifical acompañado por una treintena de sacerdotes.

Él crezca y yo disminuya

En su homilía, tanto en Badajoz como en Mérida, don Antonio pidió que quienes lo aprecian y lo quieren transmitan los mismos sentimientos al nuevo Arzobispo, don Santiago García Aracil. "Aquí lo que procede -dijo- como entre el Bautista y Jesús, es que ´Él crezca y yo disminuya´".

A lo largo de su intervención expresó algunos de sus sentimientos durante los casi 25 años que ha durado su pontificado, primero como obispo y luego como Arzobispo.

Don Antonio se definió como un atípico "cura periodista" al hacer un repaso de su vida en este terreno en distintas publicaciones (revista Ecclesia, diario Ya, editorial PPC, corresponsal en Roma durante el Concilio Vaticano II, columnista en ABC, impulsor de Iglesia en camino y últimamente de Popular TV Badajoz...) para señalar a continuación que siempre ha estado a gusto en nuestra diócesis, a pesar de que algunos pensaran que estaba de paso.

Agradecimiento

El ya arzobispo emérito de Mérida-Badajoz tuvo palabras de agradecimiento para la comunidad diocesana y de respeto y gratitud para las autoridades con las que, por razón de su cargo, ha debido trabajar en algunos frentes.

Las últimas palabras de la homilía de don Antonio fueron para su sucesor, don Santiago García Aracil: "Mi saludo y abrazo fraternal en el Señor al que acogemos desde hoy como enviado suyo y Pastor nuestro, don Santiago García Aracil. ¡Que el Señor le acompañe, le guarde de todo mal y otorgue frutos abundantes a su labor. Esta es su casa y familia. ¡Bendíganos!".

 

 

Despedida de don Santiago García Aracil de la diócesis de Jaén

"Como Pastor y Padre, a todos os he considerado como hijos que merecían mi amor y cuidado "

Era algo más de las siete de la tarde, cuando por la puerta principal de la Santa Iglesia Catedral de Jaén entraba la procesión de seminaristas y sacerdotes de la Diócesis, terminando por el Obispo-administrador Diocesano, Mons. Santiago García Aracil, que presidía lo que iba a ser su Misa de despedida de todos los diocesanos de la provincia de Jaén.

La Catedral estaba abarrotada, unos mil quinientos fieles y cerca de un centenar de sacerdotes, acompañaban a Mons. García Aracil. Al inicio de la Eucaristía el Obispo indicó que la casulla que llevaba puesta ­ casulla blanca bordada con hilo de oro ­ era un regalo de la Diócesis y que la patena y el cáliz con el que iba a celebrar la Eucaristía era un regalo del presbiterio diocesano.

En la homilía, Mons. Santiago García Aracil agradeció la presencia del numeroso grupo de sacerdotes diocesanos que le acompañaban, así como de religiosas y seglares.

Asimismo deseo para todos los diocesanos de Jaén "la fe, la Eucaristía y la oración".

La Misa estuvo presida por la patrona de la ciudad de Jaén, la Virgen de la Capilla, que desde su Santuario en la Parroquia de San Ildefonso, había sido traslada a la Catedral para este acontecimiento. Asimismo al otro lado del altar, presidía también el Santo Rostro, con el que al terminar la Eucaristía el Obispo-administrador diocesano dio la bendición solemne.

Al término de la Eucaristía, el Vicario General dirigió unas palabras donde agradeció al Obispo su dedicación y trabajo por la Diócesis y le deseo frutos abundantes en la nueva Iglesia. El Obispo agradeció estas palabras y bajo el altar, saludó a todos los presentes en la celebración, terminando todo el acto sobre las nueve y media de la noche.

Antonio Pozo (Jaén)

Carta manuscrita de despedida de Mons. Santiago García Aracil dirigida a la diócesis de Jaén

Mis queridos fieles cristianos de la muy querida diócesis de Jaén: Me voy de entre vosotros, pero no me alejo de vosotros. La cercanía verdadera es fruto del afecto; y los buenos sentimientos no conocen distancias ni fronteras.

En este último saludo quiero dejaros el testimonio de gratitud. A lo largo de dieciseis años, me habéis acogido, me habéis urgido con vuestras peticiones, me habéis ayudado con vuestro esfuerzo y generosidad, me habéis corregido y me habéis alentado con vuestra bondad y buen carácter. Con vosotros he podido compartir afecto y trabajo, ilusiones y esperanzas, la prueba de lo inesperado y la satisfacción de lo conseguido.

Gracias, pues, a vosotros, y gracias a Dios con vosotros.

Deseo a todos la bendición del Señor.

Como Pastor y Padre, a todos os he considerado como hijos que merecían mi amor y cuidado. Estoy seguro de que, en este empeño, el Señor habrá suplido con creces en favor vuestro mis posibles deficiencias y vacíos. El me envío a vosotros, y para vosotros y con vosotros he trabajado en su Nombre.

Recibid mi cordialísimo saludo y guardadlo como el signo de mi permanente recuerdo ante el Señor.

Como cantan los jóvenes al despedirse tras de concluir una acampada: "No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós. Muy pronto, junto al fuego, nos reunirá el Señor".

Conservad el alma siempre joven.

El mundo será de aquel que ofrezca mayor esperanza.

Nosotros somos testigos del Señor que trae la Buena Noticia de la Salvación.

¡Hasta siempre, queridísimos jiennenses!

 

Numerosos obispos despiden a Don Marcelo

El sepelio del cardenal emérito de Toledo tenía lugar el día 28 de agosto en la Catedral Primada que fue su sede arzobispal entre 1972 y 1995

Más de una treintena de obispos españoles, encabezados por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Rouco, y el Arzobispo de Toledo, mons. Antonio Cañizares, se dieron cita en la Catedral de Toledo el día 28 de agosto para dar sepultura a una de las figuras más importantes de la Iglesia en España en el pasado siglo: el cardenal Don Marcelo González. Entre los prelados asistentes al funeral se encontraba el nuevo arzobispo de Mérida-badajoz, Don Santiago García Aracil.

El cardenal González Martín, Arzobispo emérito de Toledo, fallecía el miércoles día 25 de agosto en su domicilio de Fuentes de Nava (Palencia), a la edad de 86 años.

Don Marcelo, como era popularmente conocido, nació en 1918 en la localidad vallisoletana de Villanubla . Se graduó en Teología en la Universidad Pontifica de Comillas y el 29 de junio de 1941 fue ordenado sacerdote en Valladolid, ciudad en la que desarrolló una gran labor sacerdotal.

El 5 de marzo de 1961 recibió la ordenación episcopal en Astorga, diócesis que rigió durante cinco años, plenos de iniciativas apostólicas, sociales y educativas. Participó en el Concilio Vaticano II en el que contribuyó de modo destacado siendo elogiado públicamente por el Papa Pablo VI tras una de sus intervenciones. Posteriormente contribuiría de manera inteligente y eficaz a la recepción del Concilio en España.

En 1966 fue nombrado por el Papa Pablo VI arzobispo coadjutor, con derecho a sucesión, de Barcelona y un año después titular de este arzobispado. En 1972 fue nombrado arzobispo de Toledo y primado de España. El 5 de marzo de 1973 fue creado cardenal por el Papa Pablo VI, asignándosele la Iglesia romana de San Agustín en Campo Marcio.

Rigió la archidiócesis de Toledo, con gran y fecunda actividad, especialmente en la promoción de las vocaciones sacerdotales, hasta septiembre de 1995 en que fue sustituido en la misma por Mons. Francisco Álvarez . Su colaboración fue decisiva para la creación de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, en cuya ceremonia de inauguración estuvo presente, ya que Coria-Cáceres y Plasencia pertenecían a la provincia eclesiástica de Toledo. Además era 'hijo adoptivo' de Guadalupe y gran devoto de la patrona de Extremadura.


 

Información Diocesana

La televisión diocesana pondrá en antena cinco nuevos programas locales esta temporada

Don Antonio Montero bendijo las instalaciones de Popular TV Badajoz

 

El pasado viernes, 27 de agosto, como acto previo a la Eucaristía de despedida en la Catedral Metropolitana de Badajoz, don Antonio Montero procedió a la bendición de las instalaciones de Popular TV Badajoz, ubicadas en la segunda planta del edificio del Arzobispado.

En el transcurso del acto, don Antonio destacó la importancia de los medios de comunicación para construir un mundo bueno y, en el caso de los medios cristianos, las posibilidades que ofrecen en el terreno de la evangelización.

La importancia de los MCS

Don Antonio Montero afirmó que todos reconocemos la importancia que tiene la construcción de una parroquia o un centro de evangelización, algo que no siempre apreciamos en un medio de comunicación cristiano, a pesar de las posibilidades que ofrece para difundir el Evangelio y sus valores. El Arzobispo agradeció el esfuerzo que han realizado los responsables de la nueva televisión pacense y al equipo de jóvenes periodistas y técnicos que se encargan del desarrollo del proyecto, para que este salga adelante.

Emisiones locales

Popular TV Badajoz comenzaba sus emisiones el 1 de abril de este año. El 9 de julio tenía lugar la primera emisión local con la puesta en antena del programa socioreligioso "De par en par" y en septiembre, con la llegada de la nueva temporada televisiva, para la que se hace una apuesta por el deporte, se pondrán en antena cinco programas locales. Los domingos, a las 13.00 se retransmitirán los partidos del equipo de baloncesto de la ciudad, el "Inmobiliaria Aftasí"; los lunes y martes, a las 22,30 horas, "Todo deporte Badajoz" repasará la actualidad deportiva de la ciudad; los miércoles, a la misma hora "Badajoz barrio a barrio" recorrerá los rincones pacenses, su historia y sus personajes; los jueves, a las 23,00, podemos conocer la actualidad diocesana en forma de reportajes, entrevistas y comentarios en "De par en par", este espacio cambiará su horario en octubre, cuando empiece la nueva temporada, hecho que también servirá de pistoletazo de salida a un informativo, resumen de la actualidad semanal en Badajoz, que se emitirá los viernes a las 23'00.

 

Fallecen los sacerdotes D. Manuel Muñiz y D. Vicente Navarro

Desde el último número ordinario de nuestra revista dos han sido los sacerdotes de nuestra diócesis que ha fallecido. El primero de ellos ha sido el canónigo emérito de la Catedral Metropolitana de Badajoz, D. Manuel Muñiz Cárdenas, quién moría de forma repentina en su domicilio de la capital pacense el día 23 de julio, y el otro ha sido el historiador y párroco emérito de Arroyo de San Serván, D. Vicente Navarro del Castillo, que falleció en Mérida el día 7 de agosto.

El canónigo D. Manuel Muñiz había nacido el día 20 de abril de 1925 en Guadalupe (Cáceres) y cursó sus estudios sacerdotales en los seminarios de Toledo y Badajoz. Ordenado presbítero en 1950 inició su ministerio como párroco de Casas de Don Antonio hasta que en 1955 fue enviado a regir la parroquia de Higuera de la Serena, donde permaneció hasta 1974, salvo el tiempo en que realizó la licenciatura de Derecho Canónico en la Universidad de Navarra. En el último periodo de su estancia en Higuera de la Serena también atendió sacerdotalmente la vecina parroquia de Retamal.

En el mencionado año de 1974 fue nombrado por Mons. Doroteo Fernández, administrador del Seminario Diocesano de San Atón y canciller del entonces Obispado de Badajoz. Tres años más tarde sería nombrado canónigo doctoral de la Catedral de Badajoz, tarea que desarrolló hasta su jubilación y que compaginó también durante un breve tiempo con la capellanía del convento de las Trinitarias.

Sencillo de trato, profundo y apasionado amante de Nuestra Señora de Guadalupe, así como de la tradición católica de España, don Manuel Muñiz procuró extender la devoción de la patrona de Extremadura entre todos los fieles que les tocó servir.

Por su parte, Don Vicente Navarro del Castillo, que era invidente desde hacía 40 años y vivía retirado en Mérida, en cuya parroquia de Santa María estaba adscrito, moría en la capital extremeña a los 84 años de edad.

Don Vicente era natural de Granada y realizó sus estudios sacerdotales en centros de los Misioneros del Corazón de María (claretianos) y en el Seminario Diocesano de Badajoz.

Ordenado sacerdote en diciembre de 1948 su labor pastoral la desarrolló así toda su vida en la zona de Mérida, salvo el breve tiempo que trabajó en Maguilla y en Fuente de Cantos, y así fue primero párroco de Aljucén y Carrascalejo y posteriormente lo sería de San Pedro de Mérida y Trujillanos (1951-1959), Lobón (1959-1962) y Arroyo de San Serván (1962-1964).

A pesar de la limitación de su ceguera, Don Vicente era un historiador acreditado que hizo de la investigación de la historia de Mérida y de Santa Eulalia unas de las grandes tareas de su vida, contando en su haber con varios libros y el reconocimiento de la ciudad Mérida de la que fue nombrado "Emeritense del año" en 1992.

Descansen en paz estos dos servidores de Cristo y pastores de su pueblo.

 

Agenda

Celebraciones en Guadalupe

Como todos los años, los extremeños celebramos el próximo 8 de septiembre a Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de nuestra comunidad autónoma.

Los actos religiosos que, con este motivo, se vienen celebrando desde el pasado día 31 de agosto, culminaran con la solemne Eucaristía y posterior procesión de la imagen de Nuestra Señora en el Real Monasterio de Guadalupe. La celebración, que comenzará a las 11 de la mañana, estará presidida por Monseñor Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo. Los tres obispos de las diócesis extremeñas, presidirán, a las 8 de la tarde, la Eucaristía solemne con vísperas marianas de los días 6, 7 y 8 de septiembre, siendo este último, el día en el que presidirá el nuevo arzobispo de Mérida-Badajoz, Monseñor Santiago García Aracil.

 


 

Liturgia dominical

Celebramos el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Palabra de Dios

 

Libro de la Sabiduría 9, 13-18

¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos, y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo moral es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita.

Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo? ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo?

Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó.

 

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R/ Señor, tú has sido nuestro refugio/de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, / diciendo: Retornad, hijos de Adán. / Mil años en tu presencia / son un ayer, que pasó; / una vela nocturna.

Los siembras año por año,/ como hierba que se renueva:/ que florece y se renueva por la mañana,/ y por la tarde la siegan y se seca.

 

Carta a Filemón 9b-10. 12-17

Querido hermano: Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas.

Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harías este favor, no a la fuerza, sino con libertad.

Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.

 

Evangelio según san Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; Él se volvió y les dijo:

- Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar". ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

 

 

Comentario Litúrgico

Mucha gente acompañaba a Jesús

Según algunos autores, la lectura que estamos haciendo del evangelio según san Lucas ya va por la cuarta sección titulada: "La subida a Jerusalén". Se trata del último viaje que Jesús hace a la Ciudad Santa y sabía muy bien que allí le esperaba la pasión y la muerte.

Eran por tanto unos días difíciles para el Señor y le apremiaba el tiempo que le quedaba para instruir sobre las coas del Reino a los que le acompañaban.

Desde luego, parece que las cosas no iban muy bien. San Lucas apunta que "mucha gente acompañaba a Jesús". Si eran aquellos días difíciles para Jesús parece que para aquella gente la cosa era fácil y podríamos decirlo con lenguaje de hoy que iban casi de romería. Imaginemos la escena: Jesús delante, con la prisa que le imponía su deseo de responder a la llamada del Padre, a su entrega por los hombres y detrás una muchedumbre en la que mezclaba sentimientos tan contradictorios como el deseo de escuchar al Maestro o la curiosidad de ver algún milagro. Las cosas iban de esta manera.

En un momento determinado, dice el evangelista que "Jesús se volvió": dio un parón a la multitud que le seguía y de sus labios salieron palabras que harían templar y retroceder a mas de uno y que, aún hoy, no acabamos de entender los que nos llamamos cristianos.

No hay espacio para dar cabida al sermón de Jesús pero si podemos, con humildad y temblor; reconocernos entre la muchedumbre que sigue a Jesús y , con el texto evangélico en las manos, procurar asimilar todo lo que nos dijo Jesús para evitar que nuestra vida cristiana, nuestro pretendido seguimiento del Maestro no sea en realidad una simple romería.

Antonio Luís Martínez

 

Lecturas bíblicas para los días de la semana

6, lunes: 1Co 5, 1-8; Lc 6, 6-11.
7, martes: 1Co 6, 1-11; Lc 6, 12-19.
8, miércoles: Mi 5, 1-4a (o Rm 8, 28-30); Mt 1, 1-16, 18-23.
9, jueves: 1 Co 8, 1b-7, 11-13; Lc 6, 27-38.
10, viernes: 1 Co 9, 16-19. 22b-27; Lc 6, 39-42.
11, sábado: 1 Co 10, 14-22; Lc 6, 43-49.
12, domingo: Ex 32, 7-11, 13-14; 1Tm 1, 12-17; Lc 15, 1-32.

 

Santoral

7 de septiembre: Btos. Esteban, Melchor y Marcos (s. XVII)

Campeones de la fe en la Hungría martirizada de comienzos del siglo XVII.

De noble familia de Hungría, Esteban Pongracz, nace el año 1582 en el castillo de Alvives, no lejos de Karlsburg. Tras estudiar en el Colegio de los jesuitas de Klausemburg, se hace jesuita con veinte años. Un poco más joven había entrado también en la Compañía de Jesús, Melchor Grodecz, de una ilustre familia polaca, y congregante mariano en el Colegio de la Compañía de Jesús de Viena. También había sido alumno de este Colegio Austríaco y del austrohúngaro de Roma. Marcos Crisino, nacido en Korosy de Croacia y Canónigo de la Catedral de Gran.

Por su fidelidad a la fe católica son apresados en Casovia (Hungría) el 3 de septiembre de 1619, se les mantiene sin darles comida. Únicamente el viernes, por burla de la práctica penitencial de la abstinencia, les dan sólo carne, que ellos rehusan ante el significado ocasional. En la noche del 6 al 7 los verdugos se presentan ante la celda. Y con las antorchas, espadas y mazas consuman en ellos uno de los más feroces martirios de la historia. Finalmente son arrojados a una cloaca. Al cabo de veinte horas es encontrado todavía vivo el P. Pongracz, que pronto moriría repitiendo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen."

Valeriano Ordóñez, S.J.
Los Santos. Noticia diaria'

 

Los santos de la semana

6, lunes: Bega, Donaciano, Presidio, Fausto.
7, martes: Reina, Sozón, Carísima, Madlaverta, Alfonso Pacheco.
9, miércoles: Natividad de la Stma. Virgen María. Diómedes, Corbianiano.
10, jueves: Nuestra Señora de los Remedios, Gorgonio, María de la Cabeza.
11,viernes: Nemesio, Nicolás, Pulqueria, Verano, Alfonso Navarrete.
12,sábado: Domingo de Silos, Dídimo, Félix y Régula, Vicente.
13,domingo: Nuestra Señora de la Salud, Autónomo, Teódulo.


 

Contraportada

La toma de posesión de un obispo

El comienzo de una misión pastoral

 

El Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Badajoz y Director del Secretariado Diocesano de Liturgia, describe, en nuestra 'última' de esta semana, los pasos y ritos que se siguen en la toma de posesión de un nuevo obispo, centrándolo -como no podía ser de otra manera- en la toma de posesión de Monseñor Santiago García Aracil.

La fecha del día cuatro de septiembre del presente año quedará en nuestra memoria como el día en el que tomó posesión nuestro nuevo Arzobispo: Don Santiago García Aracil.

Lo dicho puede aparecer en cualquier medio de comunicación sin más. Para nosotros, creyentes de esta Archidiócesis, es el comienzo de un nuevo tramo de la historia de salvación que se va componiendo, desde hace siglos, en nuestras tierras pacenses y de la que todos, en cuando cristianos, somos partícipes desde nuestro bautismo y en la medida en la que vivimos nuestra fe cristiana como una comunión fraterna, que tiene como madre y sostén la Iglesia de Cristo.

Desde esta realidad de misterio, la toma de posesión de un obispo no es un trámite burocrático o jurídico, sin más. En este punto encuentra su razón de ser estas notas que intentan describir el acto por el cual un obispo comienza a ser el Pastor concreto que hace visible al Buen Pastor.

Un hombre venido de lejos

Es evidente que, cuando llega a la ciudad episcopal a la que ha sido designado para ser el nuevo obispo, es un desconocido para la mayoría de los que esperan recibirle.

El grupo de notables que tiene esa misión esta compuesto por el Nuncio de su Santidad, los Obispos que han acudido para la celebración, el Colegio de Consultores y el Cabildo Catedralicio. El lugar para la recepción en nuestro caso en los locales del Arzobispado

Todos sabemos que a los obispos los nombra el Papa por eso es el Nuncio quien hace la presentación del elegido. Son palabras solemnes y llenas de contenido, resumen de la misión que ha encomendado la Santa Sede al nuevo obispo:

"Os presento al que desde ahora presidirá vuestras celebraciones en la Santa Iglesia Catedral de San Juan Bautista como Obispo de esta Iglesia de Mérida Badajoz: el Excmo. Mons. Don Santiago García Aracil". Como signo de bienvenida el Deán de la Catedral le da a besar al recién llegado el "Lignum crucis" y le ofrece agua bendita, con la que rocía a los presentes.

A continuación el Obispo electo y sus acompañantes visitan la Capilla y se postran ante el Santísimo. Inmediatamente, se revisten para celebrar la Eucaristía y, en procesión presidida por el Nuncio, se dirigen a la Santa Iglesia Catedral.

La toma de posesión

El pueblo espera en el templo catedralicio, entona un canto de entrada lleno de alegría y así expresa su bienvenida al nuevo pastor. La procesión va entrado y, en el presbiterio, cada uno ocupa su sitio bajo la presidencia del represente pontificio.

Es llegado el momento de palabras de bienvenida y así se hace. En primer lugar habla el que hasta estos días ha sido nuestro Arzobispo y, a continuación, toma la palabra quien en nombre del Papa da con su presencia plena garantía de la legitimidad del acto.

Pero no bastan las palabras, la garantía de que todo es legítimo se hace patente cuando el Nuncio manda a que se presente ante el Colegio de Consultores las Letras Apostólicas que acreditan el nombramiento de don Santiago como nuestro Arzobispo.

Después de que se verifica la autenticidad de los documentos, el Sr. Nuncio manda que un diácono los lea públicamente ante toda la asamblea.

Desde ese momento se hace acto público de que la Diócesis tiene un nuevo Obispo. Es ya el que asume la Sucesión Apostólica, es él quien recibe la misión del pastoreo en la Iglesia que peregrina por nuestra tierra.

El Sr. Nuncio reconoce esa realidad mistérica y, desde ese momento, cede la presidencia litúrgica al que ya es Arzobispo de Mérida Badajoz.

Efectivamente, el nuevo Arzobispo se sienta en la Cátedra Episcopal y desde ella presidirá el resto de la celebración.

Sentarse en la Cátedra Episcopal es cargar sobre sus hombros el ministerio de la Palabra, de la Caridad y de la Eucaristía.

Un misterio cercano

Aquí nos encontramos con la realidad del misterio de comunión que Cristo entregó a los Apóstoles al constituirles portadores de su Palabra y de su misión de salvación. Es una representación mistérica que ha hecho posible que las palabras de Cristo, su perdón, sus gestos de acogida y su poder liberador sigan presentes en medio de los hombres.

Toda esa realidad ha sido depositada sobre los hombros del nuevo Arzobispo y su misión es hacerla cercana a sus diocesanos por su ministerio episcopal, el de sus presbíteros y otros agentes de pastoral. En justa correspondencia, en cuanta eucaristía se celebre en la diócesis se hará mención de esta comunión y se rezará por el nuevo arzobispo.

Antonio Luís Martínez

 


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