Iglesia en camino

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail: iglenca@archimeridabadajoz.org

Edición electrónica: http://198.62.75.1/www1/camino/camino.html

Número 542. 12 de septiembre de 2004

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes


Portada

Más de 2000 fieles y numerosos sacerdotes y obispos acompañaron al nuevo Metropolita en su toma de posesión

Monseñor García Aracil inicia su ministerio como Arzobispo de Mérida-Badajoz

 


Homilía del Arzobispo en la Misa de su Toma de Posesión

Proclamar la verdad del Evangelio en el mundo de hoy

Queridos hermanos y hermanas todos: Vengo a Badajoz desde Jaén, contribuyendo con ello, por voluntad de Dios, a la relación histórica entre ambas diócesis: -D. Fernando Martinez de Ágreda, accedió, en el siglo XIV a la Sede episcopal pacense desde el obispado de Jaén. D. Juan de Morales y Fray Jerónimo Rodriguez de Valderas, obispos de Badajoz, ocuparon luego la sede giennense en los siglos XIV y XVII respectivamente.

Inicio hoy mi servicio pastoral en esta querida Archidiócesis de Mérida-Badajoz con un gozo especial recordando los vínculos eclesiales que unen esta querida Archidiócesis pacense y la inolvidable Archidiócesis de Valencia en cuya tierra vi la luz. San Juan de Ribera, obispo de Badajoz en el siglo XVI, ocupó luego la Sede valentina y fundó el Real Colegio-Seminario y Capilla del Corpus Christi en cuya queridísima y ejemplar institución he servido con mucho grado a la Iglesia durante más de veinte años...

Ayudado por estos gratísimos recuerdos, doy gracias al Señor de cielos y tierra, fuente de vida y de redención, porque me ha permitido iniciar mi encuentro con vosotros celebrando la Santa Misa, sacrificio y sacramento de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre.

La santa Misa debe ser el centro de la vida cristiana, el momento fuerte de la celebración dominical y la cumbre hacia la que han de orientarse todas las devociones cristianas. En ella está la fuente de la gracia que nos capacita para ser testigos del Señor resucitado allá donde nos encontremos, cuidando desde la fe, con rectitud y exquisitez, cuanto debamos realizar en el ámbito familiar, profesional, social y eclesial.

En este inigualable ámbito eucarístico el Señor me concede ejercer entre vosotros el ministerio de la Evangelización, como corresponde a toda homilía...

Es propio de la sagrada predicación exhortar a que se vuelva la mirada al Señor y se disponga el alma a cumplir su santa voluntad. Sabemos por la fe que, en todo lo que nos pide, nos manda o nos prohibe, Dios pretende nuestro bien. No podría ser de otro modo puesto que las obras de Dios proceden de su inteligencia y de su amor infinitos.

Más allá de la lógica humana

Pero la Palabra de Dios nos ayuda a tomar conciencia de nuestras limitaciones a la hora de conocer y cumplir la voluntad del Señor. El designio de Dios no está inmediatamente al alcance de nuestras capacidades humanas. Por eso la palabra de Dios nos da a conocer el cauce para acceder al Misterio. A través del libro de la Sabiduría nos dice hoy (en la 1ª lectura del XXXIII Domingo Ordinario.C): "¿Qué hombre conoce el designio de Dios, quien comprende lo que Dios quiere?. Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles;... ¿Pues quién rastreará las cosas del cielo, quien conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría enviando tu santo Espíritu desde el cielo?" (Sab. 9, 13-18)

El descubrimiento de la voluntad de Dios, necesario para pensar y obrar con toda rectitud, no está pues, ni en la simple lógica humana, ni en la presión popular más extendida o claramente significada, ni en el consenso social, ni en la razón de utilidad a ojos humanos, sino en la sabiduría, que es don del Espíritu Santo.

El camino hacia el bien, señalado por la verdad objetiva que ciertamente existe, y que está sólo en Dios, no lo descubre la simple razón, siempre condicionada por nuestra contingencia, sino que nos lo ofrece el Señor a través de la divina revelación y de la vocación personal. A ellas se accede por la fe. Sin embargo, para descubrir por la fe el camino del bien y de la vida, es imprescindible nuestro esfuerzo personal y comunitario. La sabiduría de la fe y el esfuerzo humano, que son regalo del Espíritu y aportación nuestra respectivamente, deben ir unidos en nuestra vida. Si nos confiamos al Señor será el Espíritu Santo quien nos capacite para conectar con Dios mismo, Padre, Maestro y Señor nuestro, manifestado en Cristo Jesús. El Espíritu Santo clama en nuestro interior orientándonos a pedir lo que nos conviene (cf. Rom. 8, 6). Dios nos ha dicho en Jesucristo: "Yo soy el camino, la Verdad y la vida" (Jn. 14, 6). "Yo soy la luz del mundo. Quien me sigue, no anda en tinieblas sino que tendrá luz de vida" (Jn. 8, 12).

En este día, al incorporarme, entre vosotros a la andadura que nos ha de llevar a la plenitud y al encuentro con Dios "por Cristo, con Él y en Él" (Pleg. Eucarist.), me siento necesitado de la imprescindible ayuda del Señor. Por tanto os pido que oréis conmigo y por mí para que alcance el don de la sabiduría y de la fidelidad al Espíritu del Señor y pueda ser, para vosotros, testigo, estímulo y compañero de camino hacia Dios. Sólo en él está la verdad, el bien y el amor que es fundamento de la justicia y de la paz.

Esa misma luz de Dios, regalo del Espíritu Santo, es necesaria, también, para saber escuchar, dialogar y asumir el destello de verdad que pueda haber en los otros, creyentes en Jesucristo o alejados de él. Es, también, necesaria para abrir, discernir y seguir caminos de colaboración con personas e instituciones de diverso orden comprometidas en el servicio al bien de los indivíduos y de los pueblos. Es necesaria, finalmente, para manifestar con humilde claridad las diferencias de criterios y quehaceres personales y sociales cuando éstas discrepan o se oponen a la verdad de Dios que siempre debemos salvar y defender. Es el mismo Espíritu Santo quien nos concede la libertad de espíritu para proclamar la Verdad y para corregir con caridad, entereza y humildad a quien sea necesario y cuando sea necesario. Es el Espíritu del Señor quien nos capacita para mantener con firmeza y para cultivar con verdadera caridad toda relación personal acorde con el estilo cristiano.

Primacía de Dios

Por todo ello, os invito a que os unáis a mi plegaria y hagáis vuestras las palabras del Salmo interleccional, diciendo interiormente: "Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato...Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos" (Sal. 89).

Convencidos de lo necesaria que es la acción del Espíritu Santo para vivir según corresponde a nuestra dignísima identidad personal de hijos de Dios, y abiertos con elegancia de espíritu a la verdad, que conduce al bien y al amor y es fuente de la justicia y de la paz, debemos atender la llamada de Jesucristo. Él nos pide que renunciemos, de algún modo, a nosotros mismos y que demos la primacía a la acción de Dios. Esta es la enseñanza que nos propone hoy el Señor en el santo Evangelio, diciéndonos: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío" (Lc. 14, 25). Es decir: si alguien somete la verdad de Dios al juicio humano, y si alguno pospone la voluntad de Dios a los propios intereses personales o sociales, tal como se nos muestran desde perspectivas terrenas, quedará anclado en la limitación y sometido al error y al peligro de estancar su verdadero crecimiento integral y de obstaculizar la consecución de la auténtica plenitud.

Yo comprendo que este lenguaje puede resultar duro para unos, sorprendente para otros y, para otros, contradictorio e incluso auto suficiente y anacrónico. Este es el. riesgo que sufre la verdad de Dios cuando es contemplada exclusivamente con ojos humanos. Por eso exclamó el Señor ante un grupo de fariseos: "Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis?" (Jn 8, 46).

La tan repetida llamada a la tolerancia, que en cristiano se entiende como el respeto nacido de la caridad, ha de llevamos a escuchar siempre a los demás con atención, a sabernos poner en el lugar del otro, a procurar discernir con rigor sus criterios y expresiones, a valorar los destellos de verdad que puede haber en sus convicciones, y a respetar y estimular el necesario proceso que todos debemos seguir para acercarnos progresivamente a la verdad por excelencia, que es Dios. Cuando se da una actitud abierta a la verdad y asentada sobre la humildad; cuando existe la prudente decisión de hablar con claridad en el Nombre del Señor, y cuando se propone el mensaje evangélico con espíritu de servicio y con caridad, el diálogo del cristiano con el prójimo se convierte en instrumento de la acción del Espíritu Santo que abre caminos hacia la convergencia en la Verdad y en el Bien. Esa es la acción más liberadora en favor de la humanidad prendida en sus propios lazos, porque sólo la verdad nos hace libres. (cf. Jn. 8,32).

Esta enseñanza del santo Evangelio es muy útil para quienes debemos comprometer nuestra vida integramente en la proclamación insobornable de la verdad de Dios y en el acompañamiento sereno y comprensivo de quienes no han recibido todavía la gracia de la fe, o de quienes, por una razón u otra, basan sus criterios y sus obras individuales o sociales en referencias puramente humanas. Sabemos que estas referencias intramundanas, pronto o tarde, acaban abocando a una desconcertante arbitrariedad ética, o a un peligroso servicio a las presiones sociales no siempre ajenas a las concupiscencias. No olvidemos que la concupiscencia ni se siente nunca saciada, ni puede ofrecer la felicidad que parece prometer y que anhelamos. Me remito a la expenencIa.

La misión del Obispo

Queridos hermanos todos: la misión del Obispo como Padre y Pastor, y como Maestro y Hermano, es la misma que la de Jesucristo. Fue él quien dijo a Pilato: "Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz" (Jn. 18, 37). Y, para que se entendiera que el servicio de la verdad es el inicio del don de la vida, Jesucristo, refiriéndose a la misión que él mismo había recibido del Padre, afirma: "el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido" (Lc. 19, 10). Por ello, declara su vida como servicio. Pone en juego su vida para rescatar al hombre de la mayor esclavitud y perdición que es el enrocamiento en la perspectiva puramente mundana. Por ello, añade el Señor: "El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida para redención de muchos" (Mc. 10, 45). No extrañe, pues, que el Señor llegue a afirmar: "Quien no está conmigo está contra mí, y el que conmigo no recoge, desparrama" (Mt. 12,30).

Comprendo que estas afirmaciones den, algunas veces y ante algunas personas, una impresión de rigorismo excluyente. Entiendo, también, que en el ambiente de un relativismo subjetivista, propiciado por la cultura dominante, la postura de la Iglesia, que proclama la verdad universal y permanente de Dios por encima de toda otra apreciación y referencia, resulte dura, opuesta al curso generalizado de los criterios y gustos inmanentistas, de los comportamientos y hasta de algunas leyes que la sociedad se da a sí misma. Se comprende que quienes fundamentan los criterios y la conducta sobre la base de un humanismo exclusivamente intramundano y complaciente, encuentren la doctrina de la Iglesia como un sistema desconexo de las inercias sociales, molesto y hasta contrario a determinados proyectos educativos, de bienestar social y de progreso científico. Pero no por eso puede afirmarse con razón que el mensaje de Jesucristo es anacrónico ni intolerante. Todo lo contrario: "Si alguien está agobiado, que venga a mí -dice el Señor- porque mi yugo es suave y mi carga es ligera" (Mt 11, 28-30). Por ello no puede menos que añadir: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasaran" (Mt 24-35).

El mensaje de Cristo será válido y será predicado como tal por la Iglesia hasta el fin del mundo. Fue Cristo mismo quien dijo de su Iglesia y del cumplimiento de su misión: "Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella"(Mt 16,18). El mensaje evangélico tampoco será equiparable nunca a cualquier otro mensaje; ni será reductible a puras vivencias interiores propias del ámbito privado de las personas. La Buena Noticia de la salvación, por sí misma, es el motivo y el nervio de toda acción personal y social por parte de los cristianos, y está muy lejos de ser inoperante a la hora de verificar y orientar la vida pública personal y social en los días de nuestro siglo. Más todavía: el mensaje de Cristo incluye, explicita y da sentido a la Ley Natural inscrita por Dios en las criaturas desde el primer momento y que el hombre no tiene derecho a conculcar. El olvido y la tergiversación de esta ordenación divina original aboca la humanidad, pronto o tarde, a su misma degeneración.

En la presente situación cultural y social, quizá más que en otras, constatamos y manifestamos que el mensaje evangélico es absolutamente necesario. Y esa fuerte necesidad se detecta precisamente allí donde el evangelio es más rechazado, y en las personas cuyos criterios personales y sociales se pronuncian abiertamente contrarios a la verdad de Dios, que incluye la verdad y validez actual de la Iglesia. En ese rechazo de la verdad de Dios es donde el hombre aparece más cerrado en sí mismo y más perdido en la limitación de su propia contingencia. El primer servicio de caridad ha de consistir, pues, en ofrecerle la verdad que le puede hacer libre rompiendo los muros de su mortal ensimismamiento.

Llamada a la misión

Por todo ello, queridos hermanos, os invito a todos, y especialmente a los cristianos sacerdotes, religiosos y seglares de la querida diócesis de Mérida-Badajoz, a cumplir, con verdadero celo apostólico, la misión encomendada por Jesucristo a sus discípulos y convertida, desde entonces, en misión universal para todos los bautizados que permanecen en la fe: "Id y haced discípulos de todas los pueblos, bautizándoles en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar todo lo que yo os he mandado" (Mc. 28, 19-20).

Lejos de todo complejo de proselitismo, que sólo se da cuando se pretende atraer a la gente hacia sí o hacia lo propio, decidámonos a proclamar la palabra de Dios, como dice S. Pablo, a tiempo y a destiempo, arguyendo, enseñando, exhortando con toda paciencia y doctrina (cf. 2Tim. 4,2), e invitando, como la Virgen María, a hacer lo que Jesús diga (cf.Jn 2,5). Pongamos empeño y constancia en ello; no escatimemos esfuerzo alguno para alcanzar la preparación necesaria y adquirir el estilo propio de quien debe dialogar con el hombre y con la mujer de nuestro tiempo, incorporando los elementos culturales que puedan hacer inteligible la proclamación del mensaje de salvación. En este quehacer caminaremos juntos.

La santísima Virgen María, que supo aceptar la Verdad de Dios traspasando por la fe el velo de misterio que envolvía el mensaje del Ángel Gabriel, nos ayude a acoger la llamada a la salvación. Ella, que supo meditar la palabra de Dios y cumplirla, nos ayude a saber interiorizar y atender la llamada del Señor. María, que preside y protege nuestra vida como extremeños bajo el precioso e histórico título de Guadalupe, y que nos ampara como pacenses bajo el consolador título: de "la Soledad", nos ayude a mirar siempre el horizonte de la verdad, a caminar hacia él con esperanza, y a sembrar entre los caminantes el vínculo del amor para que en todo el mundo reine la comprensión, la justicia y la paz


Centrales

Don Santiago García Aracil se convierte en el segundo Arzobispo de Mérida-Badajoz

Numerosos obispos quisieron acompañar al nuevo Metropolita en su toma de posesión

El pasado sábado por la tarde, como ya adelantamos en nuestro número anterior de 'Iglesia en camino', tomaba posesión de la diócesis de Mérida-Badajoz Monseñor Santiago García Aracil, hasta ahora obispo de la diócesis andaluza de Jaén.

La Santa Iglesia Catedral de San Juan Bautista, en Badajoz, acogía la celebración eucarística en la que tomaba posesión el nuevo arzobispo.

En dicha celebración participaron más de una treintena de pelados, entre cardenales, arzobispos y obispos, entre los que se encontraban el cardenal-arzobispo de Sevilla, Monseñor Carlos Amigo, el cardenal arzobispo emérito de Toledo, Monseñor Francisco Álvarez, así como los arzobispos de Toledo, Monseñor Antonio Cañizares; Granada, Monseñor Francisco J. Martínez, y Valencia, Monseñor Agustín García-Gasco. También estuvieron presentes, entre otros obispos, los de Coria-Cáceres, Monseñor Ciriaco Benavente, y Plasencia, Monseñor Amadeo Rodríguez, así como el Nuncio de Su Santidad en España, Monseñor Manuel Monteiro de Castro.

La representación civil la encabazaba don Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de la Junta de Extremadura, además de don Federico Suárez Hurtado, presidente de la Asamblea de Extremadura, y doña Carmen Pereira Santana, Delegada del Gobierno en Extremadura. Así mismo, también participaron los alcaldes de Badajoz, don Miguel Celdrán, y de Mérida, don Pedro Acedo. También estuvieron presentes los jefes militares, así como de la Guardia Civil y de la Policía en Extremadura.

Más de dos mil personas

Todas las autoridades, tanto religiosas como civiles, estuvieron 'arropadas' por las más de dos mil personas, entre sacerdotes y laicos, que -desde bien pronto- abarrotaban el templo catedralicio, y que venían en representación de todos los pueblos y parroquias de la diócesis de Mérida-Badajoz, así como de la diócesis de Jaén, incluso de Valencia, lugar de nacimiento del nuevo arzobispo.

El acto de toma de posesión, propiamente dicho, se desarrolló en un doble paso. Por un lado, y poco antes del comienzo de la celebración, tenía lugar en la sede arzobispal la presentación, por parte del Nuncio papal, del nuevo arzobispo al Colegio de Consultores. Tras esto, se procedía a la entrada en la Catedral Metropolitana, presidiendo en esos momentos el Nuncio de Su Santidad y donde tendría lugar el segundo momento de la toma de posesión con la lectura de la Bula Pontificia de nombramiento y entrega del báculo pastoral y asiento en la cátedra del Obispo.

La cuestión de Guadalupe

El primero en dirigir unas palabras fue monseñor Antonio Montero, quien en su alocución trazó un breve recorrido de la historia cristiana de la diócesis de Mérida-Badajoz, desde el comienzo del cristianismo en la Península Ibérica, y del impulso que ha supuesto la creación de la Provincia Eclesiástica en 1994. Además don Antonio se refirió a la cuestión de Guadalupe señalando que "omitir hoy su mención, sería para mí un silencio improcedente y significativo. Traerlo a colación aquí, con la reverencia, comprensión y delicadeza que han inspirado siempre el tratamiento del tema por los tres obispos en la gestión de un expediente de seis años, constituye el deber postrero del primer Arzobispo de su Provincia Eclesiástica. Lo cumplo en la confianza y esperanza de que la Santa Sede, tan propensa a la corrección de esta dolorosa anomalía, pueda contar con el consenso previo entre el Arzobispo de Toledo y los Obispos de la Provincia Extremeña".

Don Antonio terminaba encargándole al nuevo arzobispo de Mérida-Badajoz la tarea de concluir este proceso, "pongo en manos de mi sucesor esta encomienda con la ilusión de que sea él quien recoja los frutos de un anhelo tan prolongado de la Iglesia y del pueblo de Extremadura".

Terminada la alocución de monseñor Montero, tomaba la palabra el Nuncio de Su Santidad, monseñor Manuel Monteiro de Castro, que transmitía el afecto particular del Papa Juan Pablo II a todos los participantes, y ponía de manifiesto su solicitud pastoral al nombrar como nuevo arzobispo de Mérida-Badajoz a Don Santiago García Aracil. Así mismo felicitaba, en nombre del Santo Padre, a Monseñor Antonio Montero "por el valioso ejemplo de su vida plenamente entregada a Dios y a la misión que el Señor le ha confiado". Terminaba Monseñor Monteiro de Castro, poniendo bajo la advocación de Santa María y de San Juan Bautista y Santa Eulalia de Mérida, patronos de la diócesis, la futura labor pastoral de don Santiago García Aracil, para que "el Señor lo sostenga en el ejercicio fiel del sagrado ministerio para mayor gloria de Dios y bien del querido pueblo de la archidiócesis de Mérida-Badajoz".

Entrega del báculo

Terminada su alocución, el Nuncio ordenó la lectura de la Bula Pontificia por la que se designaba como arzobispo de Mérida-Badajoz a don Santiago García Aracil, tras lo cual, le hacía entrega a éste del báculo episcopal y le cedía el puesto de presidencia de la celebración, simbolizando así la sucesión apostólica y la continuidad pastoral. De este modo queda asentada la toma de posesión de la Archidiócesis.

Sentado en la cátedra, Monseñor Santiago García Aracil recibió la adhesión y obediencia de una representación de la Archidiócesis, tanto sacerdotes como religiosos y laicos.

Una vez realizado este acto, continuó la celebración eucarística con la liturgia de la palabra. En su homilía, el nuevo arzobispo de Mérida-Badajoz, hizo hincapié en que la "Santa Misa debe ser el centro de la vida cristiana, el momento fuerte de la celebración dominical y la cumbre hacia la que han de orientarse todas las devociones cristianas". Además, recordó que "el camino hacia el bien, señalado por la verdad objetiva que ciertamente existe, y que está sólo en Dios, no lo descubre la simple razón, siempre condicionada por nuestra contingencia, sino que nos lo ofrece el Señor a través de la divina revelación y de la vocación personal".

Por último, invitó a todos "especialmente a los cristianos sacerdotes, religiosos y seglares de la querida diócesis de Mérida-Badajoz, a cumplir, con verdadero celo apostólico, la misión encomendada por Jesucristo a sus discípulos y convertida, desde entonces, en misión universal para todos los bautizados que permanecen en la fe".

Terminada la celebración eucarística, don Santiago fue felicitado por los obispos concelebrantes y saludó después personalmente a las autoridades que habían participado en la toma de posesión, para después -y durante casi una hora- saludar a los cientos de personas que quisieron acercarse a dar la bienvenida al nuevo arzobispo.

Celebración en Mérida

Ya el domingo, día 5, por la mañana, don Santiago García Aracil celebraba la Eucaristía en la concatedral de Santa María la Mayor, en Mérida, abarrotada por numerosas laicos, religiosos y sacerdotes. Además, en esta celebración también estuvo presente el alcalde de Mérida, don Pedro Acedo.

En la homilía de esta celebración, el Sr. Arzobispo recordó la figura de Santa Eulalia de Mérida, que "es, para todos los cristianos de esta Iglesia Particular y, por ello también para mí desde ahora, un estímulo". El final de su homilía expresó su deseo de unirse al ritmo de la diócesis, "aprovechando vuestra experiencia, procurando sintonizar con las vibraciones de vuestro espíritu y queriendo ser, para todos, orientación, estímulo, apoyo y descanso".

Texto de la Bula por la que Juan Pablo II nombra arzobispo de Mérida-Badajoz a Don Santiago García Aracil

JUAN PABLO OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, al Venerable Hermano SANTIAGO GARCÍA ARACIL, hasta ahora Obispo de Jaén, elevado a la sede metropolitana de Mérida-Badajoz, Saludo y Bendición Apostólica.

Corresponde a nuestro cargo la responsabilidad de que nombremos en cada una de las Iglesias particulares un Pastor animoso y prudente; por ello, teniendo presente a la grey emeritense-pacense y, después que el Venerable Hermano ANTONIO MONTERO MORENO nos haya presentado su renuncia a ese quehacer pastoral, nos apresuramos a nombrar para ella a un nuevo Obispo.

Por lo que hemos decidido con plena libertad, teniendo en cuenta tus dotes de piedad, doctrina y diligencia, nombrarte a ti, Venerable Hermano, que hasta ahora has regido la diócesis de Jaén.

Sopesada la opinión de la Congregación de los Obispos, te liberamos con Nuestra Autoridad Apostólica del vínculo con la anterior comunidad eclesial y te nombramos oficialmente Arzobispo Metropolita Emeritense-Pacense, otorgándote este oficio con los derechos y deberes que a tal cargo corresponden.

Te exhortamos encarecidamente a que des a conocer este Nuestro decreto tanto al clero como a los laicos; de modo que todos ellos sepan adecuadamente Nuestra decisión y que, al llegar, te acojan de buen grado como Padre y Maestro.

Procura finalmente, Venerable Hermano, que el pueblo encomendado a tu cuidado pastoral participe en la liturgia del Domingo y con aún mayor asiduidad en el culto en espíritu y en el verdadero amor de Cristo, pues de ello recibirá un incremento generoso en la vida cristiana.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en el día noveno del mes de julio, en el año del Señor dos mil cuatro, vigésimo sexto de Nuestro Pontificado.

JUAN PABLO PP. II

 

Mediante un telegrama al Metropolita de Moscú

La Conferencia Episcopal muestra su pesar por los atentados de Rusia

Firmado por su presidente, el cardenal Rouco Varela, la Conferencia Episcopal Española ha enviado el día 4 un telegrama de condolencia al Arzobispo Metropolitano de Moscú con ocasión de los sangrientos sucesos ocurridos en Beslán (Rusia), donde terroristas chechenos tomaron como rehenes a más de 1000 personas, muchos de ellos niños en la Escuela nº 1 de la mencionada localidad. Una situación que terminó con la muerte de, al menos, cuatrocientas personas, más de la mitad niños, a causa de las bombas y el fuego cruzado entre los terroristas y las tropas federales.

Reproducimos, a continuación el texto del mencionado telegrama:

"Excelencia Reverendísima, querido Hermano: Ante la violencia asesina desatada en la ciudad de Beslán, que ha costado la vida a tantas víctimas inocentes, especialmente niños, le transmito, señor Arzobispo, los sentimientos de cercanía de los Obispos españoles y los míos propios como Presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Nos unimos a las oraciones por el eterno descanso de los fallecidos, el restablecimiento de los heridos y el consuelo de los familiares. Elevamos también nuestras súplicas al Señor por el cese del terrible flagelo del terrorismo cuyas tremendas consecuencias viene sufriendo también desde hace tiempo el pueblo español.

Los católicos españoles nos sentimos en este momento particularmente unidos a nuestros hermanos cristianos y a todo el pueblo de la Federación Rusa.

Que por intercesión de María, Reina de la Paz, el Señor conceda a Europa y a todo el mundo el preciado don de la paz",


Información Diocesana

Antes lo había sido con Monseñor Antonio Montero

El Arzobispo nombra Vicario General a don Francisco Maya

Entre las primeras decisiones de Monseñor Santiago García Aracil, arzobispo de Mérida-Badajoz, está el nombramiento del sacerdote don Francisco Maya Maya, como Vicario General de la Diócesis, así como su designación también de Moderador de la Curia. Ambos cargos ya venían siendo desempeñados por Maya Maya bajo el mandato de Monseñor Antonio Montero.

El mencionado nombramiento lo hacía público el propio Arzobispo en su primer encuentro con la Curia diocesana, que tenía lugar el pasado martes, en el salón de actos de la sede arzobispal.

Vicarios episcopales

Así mismo, el nuevo pastor diocesano ha confirmado en sus cargos a los otros dos vicarios episcopales con los que cuenta la diócesis. Se trata de don José Antonio Salguero Marín, que seguirá también como párroco de la de Santa María de Mérida, y de don Antonio Muñoz Aldana, quien continuará compaginando la vicaría episcopal con su cargo de párroco de S. Juan de Ribera en Badajoz.

 

Fue administrador del Seminario durante 20 años

Fallece en Sevilla el sacerdote de nuestra diócesis don Fernando Sánchez Maya

El pasado viernes, 3 de septiembre, falleció en la ciudad de Sevilla el sacerdote de Mérida-Badajoz don Fernando Sánchez Maya, que fuese durante 20 años, desde el 20 de octubre de 1978 hasta el 2 de octubre de 1998, administrador del Seminario diocesano.

Don Fernando, que residía en la ciudad hispalense desde su jubilación, donde colaboraba en la parroquia de San Pedro junto a su sobrino, párroco de la misma, nació en Segura de León el 13 de abril de 1928 y cursó sus estudios de Teología en el Seminario Diocesano de Badajoz.

Fue ordenado por don José María Alcaraz y Alenda el 8 de julio de 1951 en su localidad de origen junto a dos seminaristas segureños y otro de Feria .

La vida pastoral de este sacerdote comenzó en Fuentes de León, como coadjutor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, donde permaneció desde el 1 de octubre del año 1951 hasta el 11 de agosto del año 1961 en que fue trasladado a Calera de León. Como cura ecónomo estuvo en esta localidad hasta el 23 de noviembre de 1964.

De Calera de León pasó a Usagre como cura ecónomo en el que fuera su último destino antes de ser designado administrador del Seminario diocesano de San Atón.

Durante un breve periodo se su vida, tras jurar bandera, fue también capellán de la Legión en Alhucema.

Muy conocido entre el clero

El hecho de haber pasado buena parte de su vida en este cargo de responsabilidad diocesana, para el que demostró grandes dotes, convirtió a don Fernando, hombre cercano y con buen sentido del humor, en un sacerdote muy conocido y querido entre todo el clero de la diócesis, a muchos de cuyos curas ha visto crecer y formarse.

Durante su estancia en el Seminario se llevaron a cabo importantes obras de mejora, rehabilitación y modernización de las instalaciones.


 

Liturgia dominical

Celebramos el XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

Palabra de Dios

 

Libro del Éxodo 32, 7-11, 13-14

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto". Y el Señor añadió a Moisés: Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo. Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: ¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tu sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac y Jacob, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre. Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

 

Salmo 50, 3-4, 12-13, 17 y 19

R. Me pondré en camino adonde está mi padre.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa; / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado.

 

Primera carta a Timoteo 1, 12-17

Querido hermano: Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en Él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Evangelio según san Lucas 15, 1-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús les dijo esta parábola:

Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido". Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido". Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

 

Comentario Litúrgico

También habrá más alegría en el cielo

LAS lecturas de este domingo nos introducen en un recinto sagrado que frecuentan los santos y que para la mayoría de los cristianos es como una tierra lejana, de la que hemos oído hablar, pero que no nos atrevemos a pisar porque no nos sentimos seguros de que sea una realidad para nosotros.

Efectivamente, tanto en la primera lectura como en el evangelio se nos muestra un rostro de Dios bastante distinto al que se ha ido construyendo en nuestro interior por el bombardeo de ideas falsas y traiciones personales que han ido haciendo difícil que se mantenga en nosotros una actitud de confianza de niño ante nuestro Padre Dios.

Hoy es un buen día para hacer una cura en la que nos liberemos tanto de las falsas imágenes de Dios que quizá nos aterrorizaron en nuestra infancia como la de un moderno pasotismo, que de tal forma ha moldeado el rostro de nuestro Dios, que lo hemos aproximado temerariamente al de un ser al que todo le da igual.

No, la realidad de nuestro Dios que nos presentan las lecturas de hoy nos acercan a su verdad y, ciertamente, nuestro Dios ni es un tirano vengador de nuestros pecados ni un ser impasible o pasota que no le importa para nada nuestra existencia y nuestros comportamientos.

El libro del Éxodo nos muestra a Dios que amenaza realmente al pueblo pecador, pero que, al menor gesto de súplica de Moisés, abre su corazón generoso para anunciar a Israel el cumplimento de sus sueños. En la misma línea, en la lectura evangélica, Jesús nos habla de un Padre que se alegra cuando nos volvemos a Él y que tiene sus brazos constantemente abiertos en actitud de espera.

Antonio Luis Martínez

Lecturas bíblicas para los días de la semana

13, lunes: 1Co 11, 17-26; Sal 39; Lc 3, 13-17.
14, martes: Nm 21, 4b-9; Sal 77; Flp 2, 6-11; Jn 3, 13-17.
15, miércoles: Hb 5, 7-9; Sal 30; Jn 19, 25-27.
17, jueves:1 Co 15, 1-11; Sal 117; Lc 7, 36-50.
18, viernes: 1 Co 15, 12-20; Sal 16; Lc 8,1-3.
19, sábado: 1 Co 15, 35-37. 42.49; Sal 55; Lc 8, 4-15.
14, domingo: Am 8, 4-7; Sal 112; 1 Tim 2, 1-8; Lc 16, 1-13.

 

Santoral

13 de septiembre: San Juan Crisóstomo (s. IV)

Nuestro amigo Juan nació en Antioquía a mediados del siglo IV. De joven recibió una cuidada formación helenista. Cuando tenía unos veinte años fue bautizado y poco después entró a formar parte del clero antioqueno, en calidad de lector.

Después de algunos años en la vida monástica lo hacen obispo de Antioquía.

Una de sus primeras misiones será la de mediar entre la ciudad y el emperador, pronunciando los famosos discursos de las estatuas. Resulta que la ciudad había destruido algunas estatuas del emperador, en protesta por una subida de impuestos, y el emperador quería arrasar la ciudad como castigo. La actuación de Juan impidió este extremo. En esta ciudad, además, escribió varios tratados sobre la vida monástica y sacerdotal que también fueron muy famosas.

Con el paso del tiempo, nuestro santo fue designado patriarca de Constantinopla y, durante años, fue el hombre más escuchado de su época, no en vano lo llamaban "crisóstomo" que significa "boca de oro". También organizó en Constantinopla una gran obra de asistencia a los más pobres, al frente de la cual puso a Santa Olimpia

Sin embargo, su sinceridad, su obrar recto e inflexible, cayeron mal en la corte, sobre todo a la emperatriz Eudoxia, y Juan acabó sus días desterrado a orillas del mar Negro, cuando tenía unos 50 años.

 

Los santos de la semana

13, lunes: Juan Crisóstomo, Macrobio, Julián , Ligorio.
14, martes: Exaltación de la Santa Cruz, Cornelio, Cipriano, Juan.
15, miércoles: Nuestra Señora de los Dolores, Nicomedes, Catalina.
16, jueves: Cornelio, Cipriano,Eufemia, Lucía.
17, viernes: Roberto, Belarmino, Justino,Sócrates, Pedro Arbúes.
18, sábado: José de Cupertino, Sofría, Irene, Eumenio.
19, domingo: Jenaro, Dompora, Susana, Teodoro.


Contraportada

En su mensaje al Congreso Internacional de ésta, en el que también beatificó al español Pere Tarrés

Juan Pablo II recuerda que la Iglesia tiene necesidad de la Acción Católica

La clausura del Congreso Internacional de la Acción Católica que se ha celebrado en la primera semana de septiembre, a caballo entre Roma y Loreto, tenía como colofón la beatificación -en esta última ciudad italiana- de tres grandes promotores de esta asociación eclesial. Se trata del sacerdote y médico español Pere Tarrés i Claret (1905-1950) y los laicos italianos Alberto Marvelli (1918-1946) y Pina Suriano (1915-1950).

Más 250.000 personas participaron en este acontecimiento. A ellos, el papa Juan Pablo II, les recordó que la tarea de los laicos hoy es mostrar la actualidad del Evangelio, y los propuso tres consignas sobre las que asentar su misión: contemplación, comunión y misión.

Juan Pablo II, antes de presidir la ceremonia de Beatificación, enviaba un mensaje al Congreso Internacional de la Acción Católica, en el reconocía la necesidad que tiene la Iglesia de esta asociación y pedía relanzarla con la "humilde y valiente decisión de recomenzar desde Cristo".

El Congreso estaba promovido por el Forum Internacional de la asociación y por la Acción Católica italiana, con la colaboración del Consejo Pontificio para los Laicos, bajo un lema que se inspiraba en la invitación que lanzaba hace dos años a la AC el Papa: "Duc in altum, Acción Católica. ¡Ten el valor del futuro!". Lejos de nacer "de una elección voluntarista, tener el valor del futuro" es una "actitud que toma consistencia e impulso de la memoria del don precioso que ha sido, desde su nacimiento, la Acción Católica", explicaba el Papa en su mensaje. Y es que la AC "ha sido fuerza de agregación, estructurante y propulsora -recuerda- de aquella corriente contemporánea de promoción del laicado que encontró solemne confirmación en el Concilio Vaticano II". De hecho, "en ella generaciones de fieles han madurado la propia vocación a lo largo de un camino de formación cristiana que les ha llevado a la plena conciencia de la propia corresponsabilidad en la construcción de la Iglesia, estimulando el impulso apostólico en todos los ambientes de vida", prosigue.

"Hoy me urge repetir una vez más: ¡la Iglesia tiene necesidad de la Acción Católica!", exhorta Juan Pablo II en su mensaje.

Las consignas para la AC

Por otra parte, en la homilia de las beatificaciones -que también sirvió de clausura al Congreso Internacional- Juan Pablo II explicaba las tres consignas sobre las que tiene que tiene que desarrollarse la AC.

"La primera es 'contemplación': comprometeos a caminar por el camino de la santidad, con la mirada fija en Jesús, único Maestro y Salvador de todos",

"La segunda consigna es 'comunión'.Tratad de promover la espiritualidad de la unidad con los pastores de la Iglesia, con todos los hermanos de fe y con las demás agregaciones eclesiales -pidió el Papa-. Sed fermento de diálogo con todos los hombres de buena voluntad".

"La tercera consigna es 'misión'. Llevad como laicos el fermento del Evangelio en las casas y en las escuelas, en los lugares de trabajo y de tiempo libre. El Evangelio es palabra de esperanza y de salvación para el mundo", aseguró.

El Papa ensalza la figura de Pere Tarrés

Originario de la ciudad barcelonesa de Manresa, donde nació el 30 de mayo de 1905, el nuevo beato era un joven médico, miembro de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña y de la Acción Católica, que fundó en Barcelona el sanatorio-clínica de Nuestra Señora de la Merced.

"En el ejercicio de la profesión médica se entregó con especial solicitud a los enfermos más pobres, convencido de que 'el enfermo es símbolo de Cristo sufriente'", recordó el Papa durante la homilía de su beatificación, en la explanada de Montorso, cerca del santuario italiano de Loreto.

Durante el agitado período de la guerra civil española, refugiado en Barcelona, llevaba a escondidas la comunión a los perseguidos. También actuó en calidad de médico de campaña atendiendo heroicamente a numerosos heridos, y no perdió ocasión de manifestar su fe cristiana.

En enero de 1939 volvió a su casa del frente de guerra y entró en el Seminario de Barcelona ese mismo año. Fue ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1942

"Se consagró con generosa intrepidez a las tareas del ministerio, permaneciendo fiel al compromiso asumido en vísperas de la ordenación: 'Un solo propósito, Señor: sacerdote santo, cueste lo que cueste'", siguió recordando el Papa en la homilía.

"Aceptó con fe y heroica paciencia una atroz enfermedad, que lo llevó a la muerte con sólo 45 años -añadió-. A pesar del sufrimiento repetía frecuentemente: '¡Cuán bueno es el Señor conmigo! Y yo soy verdaderamente feliz'".

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