Iglesia en camino

 Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail:

iglenca@jet.es

Edición electrónica: http://www.christusrex.org./www1/camino/camino.html

Número 392. 20 de mayo de 2001

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

 


Portada

50 años sirviendo a la Iglesia

Don Anonio Montero, Arzobispo de Mérida-Badajoz,
celebra sus Bodas de Oro Sacerdotales

 


Carta del Arzobispo

Carta del Arzobispo don Antonio
a los primeros confirmados
del siglo XXI (II)

II.- Jesús y los jóvenes

Tranquilo, tranquila. No pretendo enrollarme ni aburriros contando, del uno al cincuenta, todos los años de mi vida, de sacerdote y de Obispo. He recogido aquí, a vista de pájaro, los puntos salientes de mi infancia y de mi juventud, porque su recuerdo me acerca más a vosotros, jóvenes de hoy, y especialmente a los confirmandos del 2001, como he dicho más arriba. ¡Lo que me gustaría saber deciros una palabra de pastor, padre y amigo, que tuviera el sabor de lo que hablaba Jesús con el grupo juvenil de sus doce apóstoles!

Por eso voy a recordar primero los encuentros del Maestro con la gente joven que le salió al paso en los caminos de Palestina. Y empiezo por aquel oyente de su predicación que, conmovido profundamente, tuvo un arranque y le dijo: "Maestro, yo te seguiré adonde quiera que vayas". No nos dice San Mateo en qué quedó la cosa, cuando Jesús le hizo saber que no tenía ni una piedra donde reclinar su cabeza.

En otra ocasión, un muchacho rico, religioso y bien educado, fue a comunicarle a Jesús su deseo de ser mejor. El Señor le dijo: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres ... y después, ven y sígueme" (Mt 19-21). Aquí sí que sabemos el resultado. El joven se puso triste y se marchó sin más. Seguir a Cristo de veras ha supuesto siempre una cuesta arriba, pero, en los dos casos descritos, ninguno de los interesados se pasó de valiente.

Mas, no siempre fue así. Cuando Juan el Bautista les presentó a sus discípulos a Jesús como el Cordero de Dios, el Mesías, dos de ellos le preguntaron a Jesús: -Maestro, ¿dónde vives? Jesús les indicó: - Venid y lo veréis. Se fueron con El y le acompañaron todo el día. Uno de ellos, Andrés, llamó a su hermano Pedro, al que Jesús le reveló un poco su futuro en la Iglesia. Ambos creyeron en él, y con ellos, antes de salir de allí, otros dos amigos, Felipe y Natanael, se sumaron al grupo de Jesús. Este se encontró por la calle con Felipe y le espetó: -"Ven y sígueme". El muchacho, que ya lo reconoció como Hijo de Dios, se convirtió enseguida en catequista de Natanael, a quien Jesús acogió con cariño, mostrándole que lo conocía. Total, que allí, a la orilla del Lago y en veinticuatro horas, cuatro chicos de pueblo encabezaron ya para siempre la lista de los llamados y elegidos por Jesús, hasta un grupo muy numeroso del que sacaría él después el grupo de los doce apóstoles, al que pertenecieron los cuatro.

Un grupo juvenil de chicos corrientes y de tipos variados. Pedro, ya casado, de temperamento sincero e impetuoso, un poco bravucón; Tomás, bastante testarudo, pero adicto siempre al Maestro; los hijos del Cebedeo, Santiago y Juan, ambiciosos y valientes, con una madre bravía. Juan, por su bondad y nobleza, fue el preferido del Maestro. Felipe hablaba mucho con Jesús y a él le tocó escucharle estas palabras: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Los otros, más desconocidos, le fueron siempre fieles, salvo Judas, la sombra del cuadro. Lo cierto es que Cristo pasó los tres años de su vida pública acompañado, como en una pandilla natural, de doce chicos estupendos, que luego serían columnas de su Iglesia.

Tengo que recordar aquí, aunque sea muy de paso, otras tres escenas preciosas del Evangelio. La primera, cuando, después del primer sermón sobre la Eucaristía, a los judíos que lo escucharon les pareció una barbaridad lo de comer su cuerpo y beber su sangre. Sin pararse a plantear otras preguntas, un grupo de discípulos se dieron la media vuelta y se marcharon enojados. Jesús les dijo a los doce: ¿También vosotros os queréis marchar? Respondió Simón Pedro: -Señor, ¿a quién vamos a ir si tú tienes palabras de vida eterna y nosotros sabemos que tú eres el Santo de Dios? Un 6, 68-69).

La otra escena la protagoniza el apóstol Tomás. Era ya al final de su vida pública cuando Jesús salió con los suyos camino de Jerusalén, haciendo una pausa en Betania donde resucitó a Lázaro (otro joven entrañable amigo de Jesús, hasta provocar sus lágrimas). El Maestro sabía lo que le esperaba en la Pascua de Jerusalén y no se lo ocultó a los suyos. Ocurre entonces el arranque de Tomás: - ¡Vámonos nosotros también y muramos con él! (Jn 11, 16).

Sólo nos resta, en este desfile de los jóvenes amigos de Jesús, la pareja famosa de los discípulos de Emaús. Tú conoces la historia. El Maestro muerto, los apóstoles hundidos y encerrados; en las calles de Jerusalén, el muerto es un fracasado que se fue para siempre. Estos dos discípulos aturdidos entre el cariño, la pena y la duda, acuerdan marcharse al pueblo y esperar acontecimientos. Se encuentran con el caminante, le abren, como jóvenes sinceros e inocentes, su corazón de par en par.

El los escucha, los reprende con cariño por su incredulidad y su desconocimiento de las Escrituras, les aclara lo dicho sobre Cristo por los antiguos profetas, les levanta el corazón e ilumina su fe en el Resucitado. Y, como explosión de gozo, la invitación a la cena, la fracción del pan, el rostro glorioso de Jesús. Vuelta atrás, a Jerusalén, dando brincos, a abrazarse con los apóstoles y celebrar con ellos la Pascua definitiva del Señor Resucitado. ¿No sentías, comentaban a la vuelta, cómo ardía nuestro corazón mientras nos explicaba las Escrituras?

(Queda una tercera parte, sobre los jóvenes del nuevo siglo, que publicaremos en el próximo número)

+ Antonio Montero
Arzobispo de Mérida-Badajoz

 


Centrales

Carta del Papa Juan Pablo II
al Arzobispo de Mérida-Badajoz

Venerable hermano Antonio Montero, muy gustosamente te enviamos estas letras junto con nuestro afecto, significándote nuestro deseo de que celebres con los hermanos obispos este singular acontecimiento. Aprovechando esta feliz ocasión, nos dirigimos de buen grado a ti, venerable hermano, que conmemoras el cincuenta aniversario de tu sacerdocio.

A los buenos deseos que te expresan el clero y el pueblo fiel de tu comunidad, añadimos nuestro saludo fraterno y te deseamos lo mejor, de modo que todo ello redunde en gozo el día de tu celebración. A la vez que nos alegramos por el tiempo transcurrido en el pastoreo de las ovejas de tu grey siguiendo el ejemplo de Cristo Buen Pastor.

Conocemos tus afanes encaminados a fortalecer la fe y la vida eclesial de tu comunidad; tu trabajo al frente de una parroquia y tu experiencia en medios de comunicación social, que te llevó a dirigir la publicación española conocida por "Ecclesia", a la que surge asociada - para ilustración de los fieles- la obra "Propaganda Popular Católica". Igualmente reconocemos tu trabajo como profesor en diversas instituciones eclesiásticas.

Tus evidentes cualidades pastorales hicieron que en el año 1969, fueses elevado al honor y dignidad de los sucesores de los Apóstoles, siendo nombrado Obispo auxiliar de la Archidiócesis Hispalense con el título de Regiana, y transcurridos ocho años, fuiste trasladado a la Sede Pacense. Iglesia que fue elevada en el año 1994 al grado de Metropolitana, con la denominación de Mérida-Badajoz, de la que eres su primer arzobispo

Recibida la plenitud del Orden, te consagraste con todas tus energías a enseñar, gobernar y santificar a tu grey, dedicando especial solicitud a todo lo relacionado con los medios de comunicación social; volcándote de modo singular en el cuidado de todo el clero, del Seminario y de las instituciones laicales; y de un modo aún más eficaz, en el año 1992, con la celebración del Sínodo diocesano, sin dejar por ello nunca las reuniones con el clero y los escritos pastorales.

Es igualmente manifiesta tu importante labor en la Comisión Episcopal de Comunicación social, en el ámbito de la Conferencia Episcopal.

Así pues, en tan solemne evento, cuando subas al altar de Dios Altísimo para celebrar la Eucaristía, da gracias al divino dador de todos los beneficios con los que Él te ha enriquecido. Nosotros también pediremos para que continúe dándote fuerzas en el ejercicio del sagrado ministerio y premie copiosamente tus méritos.

Mientras celebras este momento importante de tu vida, te transmitimos, venerable hermano, la Bendición Apostólica, que simultáneamente hacemos extensiva al clero, al pueblo fiel y, no menos a tu familia.

En Vaticano a 20 de abril del año 2001, vigésimo tercero de nuestro pontificado.

Juan Pablo II

Un obispo, intelectual y periodista,
para la Provincia Eclesiástica Extremeña

A sus obligaciones en la diócesis, la Iglesia le ha encomendado otras de ámbito nacional e internacional

Nació en Churriana de la Vega (Granada), el día 28 de agosto de 1928. Cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de su Archidiócesis, licenciándose en Teología en la Facultad jesuítica de la capital granadina. Obtuvo también la licenciatura en Historia de la Iglesia por la Universidad Gregoriana de Roma, y el Doctorado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Se graduó posteriormente en Periodismo por la Escuela Oficial de Madrid.

Don Antonio recibió el Orden sacerdotal el 19 de mayo de 1951, en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma, y realizó su primera labor sacerdotal, durante dos años escasos, como coadjutor de la parroquia granadina de San Agustín, capellán del Hospital Clínico de la Facultad de Medicina y profesor de Religión en el Colegio de Cristo Rey.

Durante sus años romanos formó parte activa del grupo literario de jóvenes sacerdotes creadores de la revista poética "Estría", donde publicó composiciones líricas junto a José Luis Martín Descalzo, José María Cabodevilla y José María Javierre, luego afamados escritores.

Sacerdote y comunicador

En 1953 es nombrado subdirector de Ecclesia y en 1958 pasa a se director hasta 1967.

Desde 1955 a 1969 simultaneó esta responsabilidad, junto a un grupo de prestigiosos sacerdotes y laicos, con la creación y dirección de una de sus obras más importantes, la institución editorial PPC (Promoción Popular Cristiana), cuyo Consejo editorial ha presidido hasta hace poco.

Desde 1954 a 1960 fue profesor de Historia eclesiástica y de Patrología del Seminario Hispanoamericano (OCHSA) de Madrid. De su labor periodística destaca su trabajo como cronista durante la celebración del Concilio Vaticano II y de redactor editorialista del diario "YA" desde 1967 a 1969.

El 10 de abril de 1969 el Papa Pablo VI lo nombró Obispo titular de Regiana y Auxiliar de Sevilla. Fue consagrado el 17 de Mayo, en la Catedral Hispalense, por el Cardenal Bueno Monreal, del que sería estrecho colaborador durante más de una década.

El día 3 de mayo de 1980 fue nombrado Obispo de Badajoz, haciendo su entrada en la Diócesis el 24 del mismo mes.

Entre su fecunda labor pastoral al frente de la diócesis de Badajoz destaca la celebración del Sínodo Pacense de 1992, precedido de un trienio de movilización para el mismo de toda la comunidad diocesana.

Fruto de la inquietud por los Medios de Comunicación de don Antonio ha sido el nacimiento de la publicación "Iglesia en Camino", semanario de actualidad diocesana. Últimamente ha sido cofundador de la Emisora local de TV, "Telefrontera", que estará abierta al humanismo cristiano y a los programas religiosos.

El día 28 de julio de 1994, Su Santidad el Papa Juan Pablo II, por la Bula "Universae Ecclesiae sustinentes" crea la nueva Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, que comprende a las tres diócesis extremeñas, y nombra primer Arzobispo de la nueva Sede Metropolitana a monseñor Antonio Montero Moreno, que toma posesión de la Archidiócesis en el acto de ejecución de la referida Bula, en Mérida, el día 12 de octubre de 1994.

En 1997 fue nombrado académico de la Real de Extremadura de las Letras y Artes.

Responsabilidades supradiocesanas

Don Antonio Montero ha ocupado fuera de la diócesis importantes cargos relacionados con los medios de comunicación. Ha sido durante quince años Presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y por dos mandatos quinquenales miembro del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales. Durante doce años ha sido miembro activo del Comité Episcopal Europeo para las Comunicaciones Sociales, agotando en este cargo todos los mandatos estatutarios.

Dos grandes hitos en el pontificado de don Antonio:
Sínodo Diocesano y Provincia Eclesiástica

Muchas son las acciones que se han desarrollado en la diócesis desde que don Antonio llegase a Badajoz el 24 de mayo de 1980. Su tuviésemos que destacar dos, éstas serían sin lugar a dudas la celebración del Sínodo Diocesano y la erección de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz.

Del Sínodo se desprenden muchos logros en diversos terrenos que repasamos a continuación.

Acciones sociales

- Creación de un fondo de solidaridad para colaborar en proyectos del Tercer mundo.

- Creación del "Proyecto vida" para drogodependientes.

- Creación del "Centro Hermano" en Badajoz y "Padre Cristóbal" en Mérida para acogida de transeúntes.

- Implantación y desarrollo de Cáritas en la mayor parte de las parroquias de la diócesis.

- Desarrollo, a través de Cáritas, de proyectos a favor de la infancia, de familias desestructuradas, etc.

- Celebración, junto a las otras diócesis de Extremadura.

Estructurales

- Creación durante su estancia en Badajoz de 12 nuevas parroquias.

- Nuevos edificios para acoger los servicios diocesanos: uno en la C/ Martín Cansado y la Nueva Sede Arzobispal, que está a punto de finalizar su construcción.

- Creación de un Colegio Diocesano en el edificio del Seminario.

- Promoción de construcción de Centros parroquiales par acoger la actividad pastoral parroquial.

Medios de comunicación

- Creación del Semanario diocesano "Iglesia en Camino".

- Fundación junto al grupo Correo de la emisora de televisión local "TELEFRONTERA".

Coordinación y formación

- Creación del Consejo Pastoral Diocesano.

- Reforma de la Curia Diocesana, tanto en su estructura como en la renovación de sus organismos.

- Elaboración de directorios sobre la disciplina de los sacramentos: Iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía); Preparación al Matrimonio, etc.

- Creación de la Delegación de Apostolado Seglar para ser cauce de formación para los laicos.

- Creación de la Escuela de teología.

- Creación del Institutos Superior de Ciencias Religiosas para la obtención de los grados de diplomatura y licenciatura en ciencias religiosas.

- Creación en la diócesis de una red de Escuelas de Formación de agentes para laicos.

- Creación de Escuelas para catequistas.

- Plan de formación para hermanos mayores de Cofradías.

- Cursos de formación para el diálogo de la fe con la cultura en la Universidad.

- Creación de un estatuto para la Formación Permanente del Clero.

- Promoción anual de Jornadas de formación.

- Envío de varias decenas de sacerdotes a realizar estudios en Universidades eclesiásticas y civiles de Roma y España.

Medios pastorales

- Implantación de un proyecto de Catequesis de Adultos en las parroquias de la Diócesis.

- Creación de Grupos Parroquiales Juveniles.

- Promoción de la Nueva Acción Católica General de Adultos.

- Animación de un proyecto de pastoral con alejados de la fe y de la vida cristiana.

- Promoción de grupos de oración y de Equipos de animación litúrgica.

- Próxima creación de un Centro de Orientación Familiar.

Provincia Eclesiástica

- Junto a los otros Obispos de la Provincia Eclesiástica ha escrito varias cartas pastorales en los años de preparación al Jubileo.

- Como Arzobispo de Mérida-Badajoz ha puesto en marcha esta nueva Institución eclesiástica reuniéndose periódicamente con los otros Obispos y creando las instituciones que esta exige.

- Puesta en marcha de la doble capitalidad: apertura de las oficinas del Arzobispado en Mérida; le ha dado categoría de Concatedral al templo de Santa María y ha creado una sección del Cabildo en la Concatedral de Mérida.

Relaciones institucionales

- Firma, en representación de la Provincia Eclesiástica de Convenios de colaboración en materia de Patrimonio y de Bienestar Social con la Presidencia de la Junta de Extremadura.

- Firma con la Universidad de Extremadura de un convenio sobre servicios religiosos en los diversos campus de la misma.

 


 

Don Antonio Montero,
primer arzobispo de Extremadura

"Mi regalo será proponer que Don Antonio sea el primer extremeño en recibir la Medalla de Extremadura en el siglo XXI"

La figura de Don Antonio Montero Moreno, arzobispo de Mérida-Badajoz, goza de un amplio y merecido reconocimiento no sólo en el ámbito de la Iglesia, sino en los diferentes y numerosos entornos en los que se ha movido a lo largo de su dilatada carrera profesional, que en los últimos 21 años ha desarrollado en Extremadura.

Hombre con gran formación, exigente consigo mismo y abierto a los cambios sociales, ha sabido interpretar la fe religiosa con las claves de nuestro tiempo, sin dejar por ello sus convicciones y su plena dedicación a la Iglesia durante medio siglo.

Observador privilegiado de la realidad extremeña desde 1980, en los inicios de la autonomía y hasta nuestros días, Don Antonio Montero es toda una institución, un punto de referencia en esta nueva Extremadura que estamos creando entre todos, cada uno desde su responsabilidad y que, sin duda, tiene un gran futuro.

Comparto plenamente la opinión que el señor arzobispo expresaba en una entrevista de prensa hace unos meses, cuando decía que esta Extremadura es mucho mejor que la de los analfabetos haciendo carbón hace menos de un siglo, y añadía que "no me vengan con nostalgias de una Extremadura en que los pastores eran poetas que recitaban a Chamizo". Totalmente de acuerdo Don Antonio.

Como también ha mencionado el señor arzobispo en alguna ocasión, él y yo, cada uno en su responsabilidad, somos los más antiguos y eso ha hecho que las relaciones institucionales se hayan sucedido en los últimos años, siempre de una manera cordial, pero sin dejar por ello de expresar nuestros respectivos puntos de vista con sinceridad y cortesía cuando no coincidían.

Después de 50 años desempeñando su misión en la Iglesia -21 de ellos en Extremadura-, es de agradecer que Don Antonio Montero manifieste que mantiene la ilusión y que en esta tierra, en Extremadura, se siente en familia y en casa; sin duda, esta es su tierra y su casa.

Mi más sincero reconocimiento para este granadino de origen, que será siempre conocido como el arzobispo de Extremadura, primer titular de la Provincia Eclesiástica extremeña y que, sin duda, dejará huella en todos los que le conocemos y hemos tenido ocasión de compartir impresiones, hechos o situaciones difíciles en algunos casos, pero siempre desde la cordialidad y el respeto.

Todo aniversario conlleva un regalo; mi regalo para D. Antonio, en sus 50 años como sacerdote, será proponer al Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura que sea el primer extremeño que reciba la Medalla de Extremadura en el siglo XXI. ¡Se lo merece!

Juan Carlos Rodríguez Ibarra
Presidente de la Junta de Extremadura

 

Un hombre del pueblo

Antonio Montero Moreno es un hombre de paz y de fe al servicio de la comunidad. Cualquier perfil o semblanza sobre su personalidad y trayectoria religiosa no debe obviar, a mí modo de ver, su principal característica: siendo como es un intelectual de reconocida valía, un religioso de profundas convicciones morales y éticas y un responsable eclesiástico con una trayectoria de incuestionable envergadura, el Arzobispo de Mérida-Badajoz jamás le he visto dar muestras de flaqueza, soberbia o desdén.

Él, por encima de otras consideraciones, ha sido un ser humano capaz de vencer obstáculos personales, profesionales, religiosos o de cualquier tipo para situarse en el plano de igualdad que requerían sus colaboradores y, sobre todo, aquellos feligreses a los que tiene la responsabilidad de reconfortar. Le he visto desplegar en sus libros, en sus numerosos artículos, en sus interesantes homilías, en cuantas oportunidades ha tenido de expresar su pensamiento y sus argumentos y yo he estado presente ese caudal de conocimiento sabiamente aderezado con su humanidad, sensibilidad y cercanía a las preocupaciones, inquietudes y necesidades del pueblo.

Podría haber sido de otra manera, después de todo los sacerdotes también son humanos y tienen sus preferencias y debilidades pero Antonio Montero Moreno siempre ha preferido ser el buen cura, el buen obispo, el buen arzobispo, siempre cerca de su gente, siempre dispuesto a ofrecer una palabra de consolación y una mano de ayuda. Esto es precisamente lo que yo deseaba destacar en este breve escrito: su facilidad para ser uno más, para conocer a la gente, ponerse a su nivel y aportar cuanto puede dar de sí. Espero que por muchos años más podamos seguir disfrutando de su ministerio y de su siempre bien recibida labor pastoral. Mientras tanto, mi felicitación, la de todos los hombres y mujeres de Badajoz a los que tengo el honor de representar, por esos cincuenta años dedicados a los demás.

Miguel Celdrán
Alcalde de Badajoz

 

Un acontecimiento histórico para Mérida

El 12 de octubre de 1994 es una fecha histórica para Mérida. La ejecución de la bula pontificia y la toma de posesión del arzobispo, monseñor don Antonio Montero Moreno, significaron el nacimiento de una nueva organización eclesiástica de Extremadura y la recuperación de la dignidad metropolitana de Mérida. Aquél fue, sin duda, uno de los acontecimientos que quedará grabado para siempre en la memoria histórica de la ciudad como uno de los actos más importantes de su moderna historia. Y desde aquél momento también, don Antonio Montero, ha quedado ligado para siempre a la historia de esta ciudad, como su primer arzobispo tras la recuperación de la dignidad metropolitana y como justo reconocimiento por la eficaz labor realizada en beneficio de la comunidad autónoma. Es algo que siempre tendremos que agradecerle los extremeños, su generosa entrega para alcanzar la devolución de lo que en siglos lejanos se nos arrebatara de forma ignominiosa.

Por ese especial reconocimiento que le debemos, es por lo que quiero aprovechar esta publicación y la oportunidad que me brinda, para felicitar a don Antonio Montero en el 50 Aniversario de su Ordenación Sacerdotal, ocurrida un 19 de mayo de 1951 en la Basílica romana de San Juan de Letrán, y también en el trigésimo segundo aniversario de su nombramiento como obispo por el Papa Pablo VI.

En su larga trayectoria ha podido vivir de forma muy intensa los últimos años de la iglesia española desde puestos relevantes y su segunda vocación, la de periodista, la ha podido desarrollar trabajando por una iglesia renovada durante quince años de forma especial, como presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y como miembro del Comité Episcopal Europeo para las Comunicaciones Sociales. Una fecunda vida dedicada y entregada a la Iglesia y a Extremadura bien merece el homenaje que hoy le ofrece la sociedad extremeña. Todos debemos felicitamos por haber tenido la suerte de tenerlo aquí, trabajando por esta tierra los últimos veinte años.

Mi más cordial enhorabuena y que su presencia al frente del Arzobispado sea larga y tan fructífera como hasta ahora.

Pedro Acedo Penco
Alcalde de Mérida

 

21 años con y para nosotros

Confieso que me es muy fácil responder a la pregunta que se me hace para contenido de este artículo. En efecto, para exponer qué han supuesto para la diócesis los veintiún años de episcopado de Don Antonio, no tengo más que recurrir al elogio de los hechos. Podría naturalmente utilizar el afecto o poner de relieve todos los desvelos "ocultos" de los que he sido testigo, pero no es necesario; con contar, aunque por razones de espacio sea muy someramente, las realizaciones de estos últimos años, ya puedo ofrecer elementos suficientes para una valoración muy positiva del ministerio del primer Arzobispo de Mérida-Badajoz.

Hay un hecho -síntesis de todos estos años-, que recoge mejor que ningún otro la impronta de su gobierno pastoral: se trata del Sínodo Pacense de 1992. En él están presentes todas las iniciativas en marcha hasta su celebración y de él surgen todas las realizaciones que desde entonces han venido en cascada a lo largo de estos últimos diez años. El Sínodo es también un exponente de la biografía de Don Antonio, que, como es notorio, es especialmente rica y, por tanto, enriquece cuantas tareas y misiones asume. Sobre todo, quiso él que este acontecimiento diocesano tuviera el aliento renovador del Concilio Vaticano II, en el que participó como joven sacerdote periodista y marcó su visión teológica, espiritual y pastoral de la Iglesia.

Como animador de la comunidad diocesana, que masivamente lo secundó en esta iniciativa sinodal de reforma y mejora, quiso también que respondiera a tres preocupaciones muy suyas, y que ha llevado siempre muy dentro en su misión de pastor de los hombres y mujeres que viven en esta parte de la tierra extremeña: atender a las necesidades humanas y espirituales, satisfacer las aspiraciones del Pueblo de Dios y cuidar de que entre nosotros se responda con prontitud a las llamadas de la Iglesia.

Con iniciativas de orden social en favor de los sectores más desfavorecidos, del tercer mundo o de las nuevas pobrezas que genera nuestra sociedad, ha querido que esta Iglesia sea samaritana y se sienta servidora del mundo con respuestas concretas para aquellas necesidades que piden la intervención o la colaboración de los cristianos. Ahí están todos los proyectos sociales solidarios que han surgido del Sínodo.

Con acciones, realizaciones, instrumentos e instituciones de tipo estructural, de coordinación, de comunicación, de participación corresponsable, de formación, de relaciones institucionales, etc. ha buscado colmar muchas de las aspiraciones que manifestaron cuantos a lo largo de su recorrido participaron de un modo u otro en el Sínodo.

Con la promoción de acciones pastorales, tanto en el servicio de la Palabra, como en la oración y en la celebración cristiana, en el diálogo entre la fe y la cultura, en la apertura de otros horizontes pastorales, especialmente el de una mayor, más cualificada y significativa presencia laical en los ambientes, ha pretendido que nuestra diócesis responda a las llamadas de la Iglesia, especialmente la que hace el Papa Juan Pablo II a la Nueva Evangelización.

Nuestra diócesis ha encontrado en su Arzobispo al pastor que necesitaba para esta singladura especial de la historia: el cambio de siglo con sus circunstancias. En estos veintiún años se ha ocupado con singular dedicación de la vida al interior de la Iglesia local y de todo aquello que ha requerido diálogo con la sociedad. Hacia dentro ha buscado siempre un clima de comunión fraterna entre las personas y las comunidades y a la sociedad le ha ofrecido un diálogo sereno, cordial, veraz, discreto y valiente, creyendo en todo momento en los hombres y mujeres de esta tierra, sin caer jamás en el victimismo y procurando crear siempre autoestima y esperanza. En todo ha sido un creyente más con nosotros y para nosotros ha sido un buen Obispo.

Amadeo Rodríguez Magro
Vicario General de la Diócesis de Mérida-Badajoz

 


Liturgia del domingo

Celebramos el VI Domingo de Pascua

Palabra de Dios

Libro de los Hechos 15, 1-2, 22-29

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto originó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia. Los apóstoles y presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: "Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo. Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud".

Salmo 66, 2-3, 5-6 y 8

R. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

( o Aleluya).

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Libro del Apocalipsis 21, 10-14, 22-23

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero. Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios ilumina y su lámpara es el Cordero.

Evangelio según san Lucas 14, 23-29

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a Él y haremos morada en Él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo".

 

Lecturas bíblicas para los días de la semana

21, lunes: Hch 16, 11-15; Jn 15, 26; 16, 4a.
22, martes: Hch 16, 22-34; Jn 16, 5-11.
23, miércoles: Hch 17, 15-22; 18, 1; Jn 16, 12-15.
24, jueves: Hch 18, 1-8; Jn 16, 16-20.
25, viernes: Hch 18, 9-18; Jn 16, 20-23a.
26, sábado: Hch 18, 23-28; Jn 16, 23b-28.
27, domingo: Hch 1, 1-11; Ef 1, 17-23; Lc 24, 46-53.

 

Comentario litúrgico

Me voy y vuelvo a vuestro lado

En una visión simplista de los misterios de Cristo, se puede caer en el error de creer que los treinta y tantos años de la vida de Cristo fue la época en la que estuvo más cerca de los hombres y que, una vez cumplida su misión de evangelizador y redentor, resucitó y subió a los cielos y, por lo tanto, abandonó la cercanía que suponía su vida histórica.

La verdad es que estas ideas no estaban muy lejos de lo que pensaban los discípulos en aquellos momentos entrañables de la Ultima Cena, en los que todo hablaba de despedida. Tanto fue así, que Jesús se dio cuenta del estado de ánimo de los suyos y les echa en cara la tristeza que veía en sus rostros y se les queja: "Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo".

Pero lo más hiriente para Cristo fue que no habían reparado en la frase clave que acabada de pronunciar: "Me voy y vuelvo a vuestro lado". También sirve para desterrar de nosotros los malentendidos acerca de la presencia y cercanía de Cristo: es cierto Jesús dejó de vivir de un modo histórico y visible entre los hombres, pero el misterio de su resurrección ha transformado de tal modo su santa humanidad que el espacio y el tiempo no son fronteras que achiquen su presencia entre los suyos.

La única frontera que puede impedir su cercanía es el pecado, el desamor. Su presencia, por la acción del Espíritu Santo, es lo más intima que se puede dar, como lo explican las palabras que dan comienzo al evangelio: "El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él". Meditemos estas palabras y resituaremos toda la cuestión.

Antonio Luis Martínez

 

Santoral

26 de mayo: san Felipe Neri (1515-1595)

De don Francisco el notario
y la señora Lucrecia,
vino creciendo a diario
Felipe Neri en Florencia.

En San Marcos florentino
con dominicos famosos,
Felipe aprendió el tino
de amar y ser bondadoso.

Como preceptor, en Roma,
de los hijos de un banquero
les enseñaba entre bromas
a ser hombres bien enteros.

Era en todo muy chistoso,
alegre era en alto grado:
un cómico prodigioso
de gracia muy bien dotado.

De Via Julia la Roma
en torno a plaza Farnesio,
fue testigo de la broma
de tomarse a Cristo en serio.

Felipe funda hermandad
con pobres en cofradía
de la Santa Caridad,
socorriendo noche y día.

De aquí nace el Oratorio,
sabrosa congregación
y auténtico sanatorio
que cura con oración.

Su burlona humanidad
en amistad ofrecida
no oculta la libertad
de equilibrio revestida.

Consiguiendo ser amigo
de ocho papas diferentes,
terminó por ser testigo
de contrapuestas corrientes:
de obispos y de prelados
y soldados de fortuna,
cardenales encumbrados
y hembras de "luz de luna".

En "dom Pippo" encontraron
el hermano más sonriente,
y amistad grande trabaron
con el Dios que nos trasciende.

Enseñanos buen humor
con gusto y con elegancia,
para crecer en amor
y en las gracias de la Gracia.

Con ternura y libertad
recordar siempre debéis
que se alcanza santidad
"siendo buenos... si podéis".

Manuel Amezcua

Los santos de la semana

21, lunes: Timoteo, Paterno.
22 martes: Atón. Basilisco,
23 ,miércoles: María Auxiliadora.
24, jueves: Beda, Gregorio VII.
25, viernes: León Magno, Orestes, Andrés Avelino.
26 sábado: Felipe Neri.
27, domingo: Ascensión.

 

Contraportada

Entre Curro Romero y San Juan de la Cruz

Pinceladas para un retrato de monseñor Montero

La vida, a fuerza de vivirla, me resulta cada vez más una cola ante cualquier ventanilla, un atasco circulatorio, una larga procesión. Vas rodeado de gente y, entre tanto rostro anónimo y recurrente, vas reteniendo algunas caras que se te tornan familiares. Puede que hasta amigas. De entre las gentes con que me ha tocado coincidir y caminar, el rostro y la vida de don Antonio Montero han sido siempre para mí una referencia feliz y bienaventurada. La vida, versión providencia, nos ha regalado una cadena de coincidencias pertinaces. Si yo fuera Plutarco hablaría de 'vidas paralelas'. No siéndolo, me limito a señalar y celebrar esa circunstancia. Hemos caminado juntos. Yo un paso detrás de él, como se verá enseguida. Aún contando con esa distancia de respeto, monseñor Montero ha sido para mí colega, compañero, maestro, modelo, amigo. ¿Tantas cosas? Tantas cosas. Agítense antes de usarlas y bébase el resultado en la forma acostumbrada.

A zaga de su huella

Al llegar al Colegio Español de Roma, en octubre de 1952, él había estado ya allí. Ya era ido pero quedaba un cierto aroma de su presencia. Yo pretendía en Roma llegar a cura pasando por los estudios de Teología y de Historia de la Iglesia. Por esos sotos, precisamente, había pasado él con presura. Y también por la gozosa experiencia de 'Estría', donde yo haría algunos pujos poéticos cuando y donde Montero había dejado ya huella de poeta bien aromado.

De vuelta a España él abría brecha en el periodismo religioso. Para él y para otra escuadrilla de curas de pluma en ristre (Javierre, Cabodevilla, Martín Descalzo) el Concilio fue ver el cielo abierto. Yo caminaba el último en tal procesión. Era el benjamín. Era el monaguillo donde Montero era el preste.

Ciertos avatares de la vida, un tanto posconciliares, me sacaron de mi Burgos natal y me depositaron en Madrid. Caí en PPC y resulta que, con algunos otros, lo había fundado Montero. En 'Vida Nueva' sentí de cerca su presencia y su figura.

Otra ventolera inesperada me puso al frente de 'Ecclesia'. Él había sido ya director. Me tocaba administrar su herencia. Estaba visto y asumido que lo mío era ir a zaga de su huella. Y así fue. En el Consejo del 'Ya' heredé su puesto y más tarde le sucedí en el oficio de portavoz del Episcopado. Siempre como el ciervo vulnerado que asoma por el otero. Siempre tras el rastro de sus concentrados aromas.

Sentado él en la sede de Mérida-Badajoz y yo en el sillón de la BAC, en los últimos años parece haber amainado ese sino sucesorio. Lo digo para tranquilidad del clero y pueblo tanto emeritense como pacense. No me propongo volar tan alto que le dé a la caza alcance.

El fino arte de 'La Monterilla'

La mayor parte de mis vivencias coincidentes con monseñor Montero han ocurrido en el amplio ruedo del periodismo y de los medios de comunicación. Muchas tardes y en muchas plazas nos ha tocado torear juntos y, a mí, ser testigo de la que se arma cuando monseñor destapa el frasquito de sus esencias.

Me ceñiré al coso de la TV en el que durante años he tenido que ponerle muchos toros en suerte para que él los estoqueara con su habitual maestría. Y es ahí justamente donde le he visto ejecutar un lance de su absoluta invención: 'la monterilla'. Lo sacaba a relucir cuando nuestras conversaciones se atascaban, cuando no se veía salida para el acuerdo, ni siquiera para el diálogo. Llegados a ese punto, don Antonio se aprestaba a ejecutar 'la monterilla', su quite preferido. De repente, un giro inesperado a la conversación, un desplante, don Antonio, a lo Curro Romero, ajustaba el tipo y desplegaba el capote. En un par de frases, con los pies juntos, había cambiado el tono de la perorata. El ámbar perfumeaba la estancia y los interlocutores parecían haber catado el adobado vino de la seducción. Era el 'efecto Montero' que, como el 'efecto Romero', tenía la virtud de encarrilar al morlaco y dejarle, para colmo, con la boca abierta.

Sobre 'la monterilla' no hay literatura ni jurisprudencia. Es creación estrictamente personal. Y que conste que los astados que en TVE sufrieron su efecto embriagador, se llamaban Pilar Miró, José María Calviño, Luis Solana, Jordi García Candau y así sucesivamente.

Lo que pudo haber sido y lo que fue

Mirando en su conjunto la ya larga vida de don Antonio Montero, desde la cima de sus bodas de oro sacerdotales, le veo como un hombre zarandeado por la Iglesia. Es decir, por su propio Amor, por su escueta vocación de servicio. Ha sido fiel, se ha dejado llevar, ha cumplido con nota de excelencia. De suyo, y también por don de Dios, podría haber sido un fino poeta, un notable historiador, un escritor de éxito. En todos esos campos ha dejado rastros suficientes. Otros han ido decidiendo por él. No ha necesitado llegar a la ancianidad pastoral para que otros le hayan ceñido, marcando caminos a su vida por ínsulas extrañas a sus proyectos personales.

A la postre esa es la gloria del servidor, del buen pastor. Don Antonio, que tanto tiene, a mi juicio, del secreto encanto de Curro Romero como del sublime embrujo de San Juan de la Cruz, cabe en un par de cuartetas gratulatorias:

Con perdón de los curristas
y de su Curro Romero,
para frasquito de esencias
el de monseñor Montero.

Sus aromas son sublimes
avisos de amor y luz.
Son romero a lo divino,
como en san Juan de la Cruz.

 

Joaquín L. Ortega
Director de la Biblioteca de Autores Cristianos

 


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