Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail:

iglenca@jet.es

Edición electrónica: http://www.christusrex.org./www1/camino/camino.html

Número 387. 8 de abril de 2001

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 


Portada

Primera Semana Santa del nuevo milenio

Cristo ayer, hoy y siempre (Heb. 13,8)


 


Escritos Episcopales

De ti depende que tengan sitio en tu mesa

Nunca nos cansaríamos de contemplar la vida de Cristo, nuestro Salvador. En Él descubrimos el sentido de la historia y de la existencia humana. Toda la vida de Jesús es manifestación del amor de Dios a los hombres. Pero es en su muerte y resurrección cuando esta manifestación más brilla y , con ella, la gloria de Dios que se identifica con su amor, con el Espíritu que es Amor. Amor que se hace "hoguera" en la cruz y "lucero" en la resurrección: -"He venido a traer fuego a la tierra" (Lc 12, 49)-; ese inmenso amor se hace memorial en el Jueves Santo, el día en que Jesús nos manifestó un amor extremo, con palabras, con signos y con gestos. En la Eucaristía recordamos y actualizamos este amor hasta la muerte y ese amor vencedor de toda muerte.

La comunidad que celebra el Jueves Santo aprende, si la celebración es auténtica, es decir "en espíritu y verdad", a servir, a lavar los pies, a curar las heridas, a levantar a los caídos, a luchar por los indefensos, a integrar a los excluidos. Aprende a compartir lo que se es y lo que se tiene, a alimentar a los hambrientos, a fortalecer a los débiles, a proteger a los desvalidos, a promocionar a los incapacitados, a ofrecer oportunidades a cuantos carecen de ellas. Aprende a convivir, a crear comunidad, a vivir en solidaridad, a hacer compañeros y hermanos, a comulgar con todos, especialmente con los que más sufren y están más necesitados, que es otra manera de comulgar con Cristo. Aprende a morir, a gastarse por los demás, a dejarse partir, como el pan, a "perder la vida", como el grano de trigo, para llevar más vida. Y aprende a resucitar el hombre nuevo, libre y solidario, el de manos gastadas y corazón encendido, fomento de una sociedad nueva, sin envidias, violencias ni exclusiones.

Cáritas orienta nuestra mirada hacia todos aquellos que no tienen sitio en ninguna mesa. No son pocos, son muchos millones, son la mayoría. La parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro no es cosa del pasado, es de lo más actual, sólo que multiplicados los Lázaros por millones y en situación más hiriente y escandalosa. ...

Ni depende de Dios ni Dios la quiere

Esta dramática realidad ni depende de Dios, ni Dios la quiere. Él ha preparado para todos sus hijos el banquete de la vida en la mesa de la creación. En esta mesa se ofrecen, en abundancia desbordante, los frutos de la tierra, el alimento y la bebida, con posibilidades de renovarse y multiplicarse. Se ofrecen asimismo variedad de bienes y servicios culturales y sociales, y los alimentos del espíritu, como el pan de la amistad, el vino de la alegría, los platos fuertes del amor y la solidaridad, los postres de la esperanza, el regalo de la transcendencia.

En el banquete de la creación no se excluye a nadie y se respeta la dignidad de cada ser humano. Las mesas están repartidas en las plazas de todos lo pueblos. Los frutos se encuentran en todos los campos. La creatividad, en todas las mentes.!Ojalá que la fraternidad viviera en todos los corazones!.

Muchas veces culpamos a Dios de nuestros males y miserias. Lanzamos preguntas al cielo sobre el por qué de tantos sufrimientos: ¿No le importa a Dios que sus hijos sufran? ¿No hace nada Dios para remediarlo?

La primera respuesta es que Dios también sufre con nosotros, no es impasible.

La segunda respuesta es que Dios nos ha hecho a nosotros, con capacidad creadora y liberadora. El hombre, responsable de tanto dolor y tantas lágrimas, está llamado a aliviar ese dolor y enjugar esas lágrimas, y entonces se convierte en un pequeño dios. Somos nosotros las manos de Dios.

La tercera respuesta se llama Jesucristo, que se acerca misericordiosamente al hombre caído y herido, que ofrece la medicina de su espíritu al que está triste o enfermo, que asume todo el sufrimiento humano y lo redime, lo sacramentaliza, convirtiendo la maldición en fuente de gracia.

El hombre, cuando deja de hacer mal uso de su libertad, cuando actúa tal como ha sido creado, a imagen y semejanza de Dios, entonces es capaz de hacer un mundo nuevo en donde no haya injusticias y desigualdades.

Cristo vino a nosotros para que nadie sufriera hambre y sed, para que todos tuvieran vida, y vida en abundancia. (cf. Jn 10, 10)...

Cristo sabe que en el hombre hay hambres profundas, por eso les habla de otro pan, y él mismo se hace pan. "Yo soy el pan de la vida... El que come este pan vivirá para siempre" (Jn 6, 48. 58). No alimentéis solamente el cuerpo, alimentad también el alma, comiendo el pan de Dios, comiendo al mismo Dios.

Los Lázaros de hoy

Millones de Lázaros siguen llamando a la puerta de la sociedad opulenta y epulona. Pero los de dentro apenas escuchamos, por el aturdimiento de la fiesta. A veces les arrojamos algunas migajas ­los excedentes- para acallarlos, y que no molesten. A veces utilizamos nuestros perros guardianes para que no se nos "aproximen" demasiado...

Lázaro sigue llamando a tu puerta. Son los inmigrantes, a quienes llamamos con lenguaje "ofensivo" ilegales; son los maltratados; los encarcelados; los ancianos solos y abandonados; los que no tienen acceso a un puesto de trabajo; los niños a quienes se les niega el derecho a la vida y a un crecimiento afectivo estable. No podemos desoír sus peticiones de ayuda. Tú no puedes cerrar tus oídos y tus ojos. Tú no puedes endurecer el corazón. Tú debes mirar a Lázaro con ojos de misericordia. Tú debes acercarte a Lázaro con actitudes de buen samaritano. Tú puedes meter a Lázaro en tu casa, en tu corazón y sentarle a tu mesa. Tú puedes salvar a Lázaro. Puedes, todos podemos y debemos, hacer de Dios para Lázaro. Tú puedes hacer siempre algo para transformar la sociedad en beneficio de los que sufren porque no tienen más que miseria.

Para salvar a Lázaro es necesario, en primer lugar, compartir los bienes, y no sólo los que nos sobran. Todavía tienen vigencia los interrogantes de Pablo VI dirigidas al mundo, a la sociedad tecnificada y desarrollada: "¿Está dispuesta (nuestra sociedad) a sostener con su dinero las obras y las empresas organizadas a favor de los más pobres? ¿A pagar más impuestos para que los poderes públicos intensifiquen su esfuerzo para el desarrollo? ¿ A comprar más caros los productos importados a fin de remunerar más justamente al productor? ¿ A expatriarse a sí mismo, si es joven, ante la necesidad de ayudar a este crecimiento de las naciones jóvenes?" (Encíclica Populorum progressio, 47). Se trata de poner en marcha la cultura de la justicia social, la "revolución del amor"...

De ti depende. Sólo Dios puede hacer granar los trigales, pero tú puedes amasar el pan, partirlo y compartirlo. Tú puedes incluso, como el mismo Dios, hacerte pan, y saciar el hambre de los pobres con tu cercanía solidaria y tu entrega. Sólo así podremos celebrar el Jueves Santo...

Terminamos con esta exhortación de Juan Pablo II: "El sacramento de la Eucaristía no se puede separar del sacramento de la caridad. No se puede recibir al cuerpo de Cristo y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, son explotados o extranjeros, están encarcelados y se encuentran enfermos..." (Juan Pablo II, Homilía en la Misa conclusiva del Congreso Eucarístico de Sevilla, 1993).

Comunicado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
AMOR FRATERNO en la festividad del Jueves Santo


Centrales

 

La Pasión según san Pedro (Declaraciones en primera persona)

Yo, el apóstol Pedro, reconozco que es cosa poco acostumbrada que un bienaventurado como yo, morador de la casa del Padre, acuda a la llamada insistente del redactor de esta página para trasladar a su mente y a su pluma los sentimientos vividos en mi existencia terrena, durante el Tríduo pascual de la primera Semana Santa. Como yo no soy evangelista, he cedido a su insistencia, a fín de que ustedes los lectores, conociendo en directo mis disparates y el amor infinito de Jesús mi Maestro, se animen a seguir sus pasos evitando mis tropiezos. Le cedo, pues, mi palabra para que utilice la primera persona, se entiende que por esta sola vez.

 

I - Preludio

1. A mí siempre me sentó fatal eso de que mi Maestro tuviera que ser arrestado por unos foragidos, condenado por un tribunal infame, clavado y muerto en la cruz. Por mucho que El repitiera lo de la resurrección al tercer día, yo no podía digerir semejante barbaridad. Y, como nunca tuve pelos en la lengua, así se lo solté a Jesús en una intervención inoportuna como todas las mías.

Andábamos por Cesarea cuando Jesús nos anunció con toda seriedad que tenía que subir a Jerusalén, donde los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le harían sufrir mucho hasta matarlo, aunque resucitaría después. Yo le llamé aparte y le dije: ¡Lejos de tí, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso! El me cortó en seco y me dijo severamente: ¡Quítate de mí, Satanás, escándalo para mí! Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres. Yo me callé avergonzado y dije para mí: Por más que lo intento, no doy una en el clavo. Y recordé cómo poco antes en la tormenta del Lago, yo, dándomelas de valiente, salí a su encuentro andando sobre las aguas y empecé a hundirme lleno de miedo. Viéndome así, me reconvino con cariño: Hombre de poca fe, ¿porqué has dudado?

Regalos del Maestro

2. En cambio, yo no había dudado, y eso me conforta, cuando, a su pregunta de que quién creíamos los discípulos que era Jesús, salté ensegida, con una fuerza interior extraordinaria: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Fué entonces cuando me puso el nombre de Pedro y afirmó que sobre esa piedra, tan ruin como yo soy, iba nada menos que a edificar su Iglesia, con todo lo demás que ustedes saben. Yo sí que me quedé como una piedra, confundido hasta los tuétanos, pero invadido también por un torrente de fe y de amor, que nunca, ni cuando lo negué tres veces, ha menguado lo más mínimo en mi persona.

Pienso en el regalo que El me hizo cuando, con los hermanos Cebedeos, subimos al monte Tabor, nos inundó a los cuatro la gloria del Padre y se aparecieron Moisés y Elías. En medio de tanta grandeza, no tuve otra ocurrencia, deslumbrado y aturdido, que la de las tiendas de campaña. Marcos, que me conocía bien, diría luego en su Evangelio que yo no estaba en mis cabales diciendo semejante cosa. Pero sí que oí la voz del Padre diciéndonos, más o menos, lo que yo había proclamado en Cesarea: Que Jesús era su Hijo amado. Aquel preludio de la resurrección de Jesús y de su gloria divina afianzó en lo más hondo de mi ser la fe inquebrantable en mi Maestro, como yo lo contaría más tarde en la segunda de mis cartas católicas a los cristianos de la Iglesia primitiva.

II-Drama

3. Desde entonces aproveché cualquier pretexto para demostrarle mi lealtad, aunque casi siempre pasándome de rosca, cuando no metiendo la pata. Esto se pondría especialmente de relieve en los días de su pasión, en tres escenarios diferentes y sucesivos: el Cenáculo, el huerto de Getsemaní y la Casa de Caifás. Yo no buscaba protagonismo de ninguna clase, pero confieso que, al comprobar que las cosas iban en serio, y que Jesús avanzaba hacia la muerte como un cordero al holocausto, me puse nerviosísimo y como fuera de mí, sin dar pie con bola. Así hay que entender mi reacción tozuda y casi histérica para impedir que Jesús me lavara los pies en la noche de la Cena. Tengo que confesar que aquello lo hacía yo desde mi pobreza y mi indignidad. Pero, cuando me advirtió el Señor severamente que, si no me dejaba lavar, no tendría parte con El, me pasé estúpidamente al extremo contrario, ofreciendo a la jofaina y a la toalla también mis pies y mi cabeza. Torpe de mí, que no me había enterado de su advertencia previa: Lo que yo hago no lo entiendes ahora, lo entenderás más tarde. Algo de eso se vislumbró inmediatamente después, al decirnos Jesús que nosotros estábamos limpios, pero no del todo y tampoco todos.

4. Luego, a lo largo de la cena, fuí entendiendo yo de sobra que los misterios que estaban aconteciendo en el Cenáculo exigían de todos nosotros un alma inmaculada. Jesús habló luego de un traidor entre los presentes y yo, entre la ansiedad y la imprudencia, le dije a Juan que le preguntara al Señor quién era el traidor, cosa que, como es sabido, aclaró Él mostrando a Judas, que comía en su mismo plato. Ante esto, aunque callé como un muerto, me quedé de una pieza, viendo que aquel sinvergüenza, que llevaba las cuentas del grupo, y luego supe que robaba, había vendido vilmente a mi Maestro. Jesús lo hizo salir de la sala, so pretexto de darle un encargo, pero sin descubrir las cartas todavía. Luego nos abrió su corazón para decirnos que su alma estaba triste hasta la muerte y que aquella noche todos nosotros nos íbamos a escandalizar de él, o sea, que íbamos a echar a correr abandonándolo.

Mi arrogancia

5. ¡Lo que me faltaba! Esto aumentó mi tensión hasta el máximo y me puso en el disparadero. Con la misma energía, arrogancia y amor que poco antes, en el lavatorio de los pies, le dije emocionado:

­ Señor, aunque todos se escandalicende tí, yo nunca me escandalizaré. Jesús contestó:

­ Yo te aseguro, Pedro, que esta misma noche, antes de que el gallo haya cantado dos veses, tú me habrás negado tres. Y yo, erre que erre:

­ Aunque tenga que morir contigo, yo nunca te negaré.

El Señor no me echó en cara esas fanfarronadas, tan sinceras como insensatas. Es más, como refiere el Evangelio de Lucas, no retiró una palabra de lo que me había dicho un poco antes, y que yo agradecí confundido:

­ ¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha recibido el poder de cribaros como trigo, pero yo he rogado por tí para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.

Yo quedé abrumado, derretido de amor y de humildad (y sólo después de Pentecostés calé el valor inmenso de esta oración de Jesús, garantía de la firmeza en la fe de todos los Pedros-piedras que me sucedieron en Roma).

6.Terminada la cena y la Eucaristía, cantamos el himno pascual. Jesús se irguió el primero en su diván y nos dijo: Ea, vámonos. Salimos en un silencio espeso, bajamos al valle del Cedrón para ascender de nuevo, al son de nuestras pisadas, hasta el Monte de los Olivos, llena el alma de presagios. La agonía del Señor en Getsemaní. Entré con mis compañeros sin Judas, y me prometí a mí mismo no piar ni hacerme notar lo más mínimo. Pero el Señor se apartó a orar, como a un tiro de piedra, y quiso que, como en el Tabor, le acompañáramos, a discreta distancia, Santiago, Juan y yo, con claros indicios de que necesitaba nuestra compañía. Con razón escribió Lucas, tan preciso siempre, que Jesús, para orar en su agonía, tuvo que "arrancarse" de nosotros.

Su oración y mi sueño

7. Siento no poder reflejar aquí en directo aquella transcendental oración de Jesús, porque, como es sabido, me quedé dormido como un tronco, igual que los del Cebedeo. Fue terrible. El Señor, agotado hasta el extremo, se acercó a nosotros por tres veces, con intervalos de una hora. Se dirigió a mí, el primero, y me reconvino con mansedumbre: ¿No habeis podido velar una hora conmigo? Vigilad y orad, para que no caigais en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Me quedé abrumado y abatido, viendo que a mi Señor le importaban más mis tentaciones y mi debilidad que su propia desolación. No andaba equivocado, como yo comprobaría pocas horas después. El Señor siguió orando, volvió dos veces más y nos dejó roncando sin decir palabra, porque, como puntualiza nuevamente Lucas, nuestros ojos estaban cargados. ¡Y tanto que lo estaban! Nadie sabe cómo fueron, al menos para mí, los días que transcurrieron entre las palmas del domingo y el prendimiento del jueves.

8. Pues bien, o sea mal; ¡Ya lo teníamos allí! Vimos bajar las antorchas por la otra vertiente del Cedrón y se acercaron con estrépito a nuestro olivar. Jesús se irguió confortado y descorrió el telón del drama: "Mirad que ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vámonos, mirad que el que me va a entregar está cerca".

Me ahorro el saludo repugnante de Judas a Jesús. Pero otra vez, mal que me pese, tengo que hablar de mí mismo, porque esta vez mi amor ardiente al Maestro me hizo enfrentarme, bravucón, a los esbirros del Sanedrín con una de las dos espadas que había en el Cenáculo y que, contra su consejo, había guardado yo bajo mi manto, por lo que pudiera pasar. Y, del dicho al hecho, me avalancé contra uno de los asaltantes por nombre Malco, siervo del Sacerdote, y blandí torpemente la espada sobre su cabeza, sin más trofeo que el de una oreja sanguinolenta, que el Señor, con suprema delicadeza, devolvió milagrosamente a su sitio natural.

III. Desenlace

9. Después, agitado mi corazón por las tensiones más dispares y desgarradoras, me las arreglé como pude para seguir en la obscuridad al grupo de valientes que arrastraban al Cordero inocente, acompañando a otro discípulo hasta el atrio del palacio de Caifás, que es como decir en la boca del lobo. Primero fue la portera, fisgona o cumplidora, no lo sé. Luego, ésta misma y otra de la servidumbre me persiguieron en otras estancias con la misma cantinela. Finalmente, logré escurrirme hasta la planta baja y me mezclé con guardianes y criados que pasaban la velada al amor de la lumbre. Si arriba me había delatado involuntariamente el discípulo acompañante, abajo me descubrió el deje de mi pronunciación galilea, que nos marcaba en cualquier sitio a los pescadores del Tiberiades. Y, para colmo, uno de los contertulios de la lumbre era amigo de aquel Malco, a quien corté la oreja en Getsemaní.

10. Total, que yo, a lo bruto y sin andarme por las ramas, me negué siempre en redondo: ¡Nunca he conocido a ese hombre! Y cuanto más me acorralaban, más juraba y perjuraba, con gruesas interjecciones, que jamás había conocido al Nazareno. En esas estábamos, cuando oí el canto del gallo, no sé si el primero o el segundo, pero yo sí que había negado a mi Maestro más de tres o cinco veces. Naturalmente, aquel quiquiriquí hendió todo mi ser hasta los tuétanos y me sentí absolutamente desgraciado. Abandoné el grupo, con mirada errática, sin saber ni a qué ni a dónde dirigirme.

Fue entonces, Señor Jesús, cuando, al trasladarte a tí a otra estancia, volviste hacia mí tu mirada con una hondura, estremecimiento, belleza y serenidad que ni siquiera desde la luz eterna que disfruto ahora alcanzo a describir para terceros. La mirada mía a tus ojos purísimos te lo dijo también todo y para siempre. Semanas más tarde, inmersos ya en el gozo de tu Resurrección, y en un amanecer mágico, místico, del Tiberiades, te pude ratificar mi amor hasta el martirio, sintiéndome ya, por tu predilección, el primer pastor universal de la santa Iglesia para apacentar a tus ovejas y corderos.

Meditación

11. ¿Por qué un sujeto como yo, rudo y duro patrón de Galilea, desmesurado y fanfarrón, tosco y mal rematado en mis maneras, con un historial de errores y fracasos coronados por un delito de alta traición, porqué yo, Maestro y Señor, he sido depositario de unos dones tan altos? Mi caso, ya lo comprendes tú y también los que esto leen, no es el de María de Nazaret, llena de gracia, bendita entre las mujeres. Me acojo a la respuesta que diste a mi hermano Pablo de Tarso y que él transmitió a los corintios: "Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios... El que se gloríe, gloríese enel Señor".

Permítanme también, el Señor y los lectores, que añada yo un punto de mi propia cosecha, para explicar mi caso, como el de todos los profetas, pontífices, elevados por algún título a la cúspide religiosa social, incluídos los sacerdotes y líderes cristianos. A mí me parece que, en mi pobre persona, te cayeron bien la espontaneidad, el arranque, la veracidad en la entrega. Así como la deportividad en asumir los fracasos y la confianza filial, casi infantil, en tu Padre, que es el mío, y en tí, mi Señor, amigo y salvador.

 

Pedro de Betsaida (Por la transcripción, Antonio Montero

Arzobispo de Mérida-Badajoz)


Empeora su situación por la disminución de peregrinaciones debido a la "intifada"

Los cristianos de Tierra Santa piden la ayuda del resto de la Iglesia

El próximo Viernes Santo se celebra en toda la Iglesia la Jornada en favor de Tierra Santa y la Colecta por los Santos Lugares. Es una Jornada que, unida a la celebración de la muerte de Cristo en el Calvario, invita a los cristianos a solidarizarse con lo que representa Tierra Santa: sus santuarios y la presencia de una comunidad de creyentes, pequeña y necesitada, que les da vida.

La presencia de los cristianos en Tierra Santa se ve amenazada en medio de las pretensiones territoriales de judíos y musulmanes. De hecho muchos cristianos se ven forzados a emigrar a otros territorios, lo que hace que la Iglesia universal se sienta en la obligación de auxiliar a estos hermanos que son discriminados incluso en su propia tierra por mantener viva la llama del cristianismo.

Intifada

El fin del segundo milenio no supuso la llegada de la paz, tan anhelada y buscada durante el Año Santo Jubilar, sino que terminó con Tierra Santa sumida en la intifada más preocupante de los últimos años, lo que ha empeorado la situación de los cristianos que residen allí. Por eso, en esta Jornada, se pide a los creyentes orar por la paz en los Santos Lugares así como un esfuerzo grande para aliviar las necesidades de los cristianos allí presentes, unos 175 mil entre 5 millones de judíos y 3 millones de musulmanes, que deben sostener no sólo los templos y santuarios, sino también todas las obras pastorales, sociales, educativas y asistenciales que estas pequeñas comunidades desarrollan. Además, la Colecta en favor de Tierra Santa es la más antigua en la historia de la Iglesia, pues ya San Pablo veló por realizarla (1 Cor 16, 1-3).

Esta iniciativa, es propuesta y mantenida por la Congregación vaticana para las Iglesias Orientales y la Custodia Franciscana de Tierra Santa. El prefecto de la Congregación Vaticana recuerda, en la carta dirigida a los obispos del mundo con motivo de esta jornada, que: "la colecta debe tener como objetivo el despertar en los fieles de todo el mundo el amor por la Tierra del Señor, para que la Iglesia que vive en los lugares santificados por la presencia de Cristo se sienta sostenida por la solidaridad de las comunidades del mundo entero". También el papa Juan Pablo II, recordando su peregrinación a Tierra Santa, decía: "cuanto el Señor me ha concedido experimentar en aquellos días, me impulsa a recomendar a todos los fieles católicos a tener siempre en el corazón a las comunidades cristianas de Tierra Santa y a sostenerlas en sus necesidades".

La Campaña en cifras

En la campaña del año pasado, se recaudaron en España unos 100 millones de pesetas, de los que algo más de 1,5 se obtuvieron en la diócesis de Mérida-Badajoz. Este año, debido a la gran disminución de peregrinos que han visitado Tierra Santa, por la peligrosidad de la zona, es aún más necesaria la solidaridad de todos los cristianos debido a la sensible bajada que han sufrido los ingresos que estas iglesias recibían gracias a esas peregrinaciones de todo el mundo.


Noticiario diocesano

Se llevó a cabo en Miajadas y asistieron 70 jóvenes

La Juventud Estudiante Católica celebra su encuentro de formación

El pasado fin de semana, unos 70 jóvenes pertenecientes a la Juventud Estudiante Católica (JEC), movimiento de la Acción Católica que agrupa a estudiantes de secundaria y universidad, se reunieron en lo que se ha dado en llamar "Encuentro de Formación y Convivencia", en Miajadas.

El objetivo era, pues, doble: por un lado, el acercamiento de muchos de los miembros del movimiento repartidos por toda la región para compartir su día a día, sus motivaciones, alegrías, dificultades, en la tarea evangelizadora en el medio, además de disfrutar de dos días de campo. Y por otro, el de formarse en la, dimensión espiritual, concretamente, en la lectura creyente de la realidad, aspecto tan enriquecedor como complicado para la vida del militante cristiano.

La diversidad de realidades, de procedencias, de experiencias de vida que se dio cita el fin de semana, "ayudó sin duda a saber reconocer a Cristo desde nuestro quehacer diario, a hacerlo presente en las vivencias que la realidad nos brinda, paso fundamental para orar con autenticidad desde la experiencia de cada uno", según manifestaciones de algunos responsables de la JEC.

El encuentro estuvo movido por un espíritu de servicio, de acompañamiento, desde las dificultades y posibilidades que se topan en el seguinúento de Cristo en la vida, animado todo por jóvenes que buscan vivir su fe en el medio estudiantil, al cual pretenden llevar el mensaje del Padre.

 

Religiosas de varios arciprestazgos intercambian experiencias

Las religiosas de los Arciprestazgos de Castuera y Zalamea de la Serena se han reunido de nuevo para un retiro-convivencia el sábado 24 de marzo, para dar continuidad a ese deseo de reflexionar, orar, convivir e intercambiar, analizando sus presencias evangélicas y evangelizadoras. En el encuentro han estado presentes religiosas de Castuera (Adoratrices de la Sangre de Cristo), Cabeza del Buey (Carmelitas de la Caridad de Vedruna y Hospitalarias de Jesús Nazareno) de Zalamea de la Serena (Religiosas de Jesús-María) Monterrubio (Josefinas Trinitarias), Santi Spíritus (Carmelitas de la Caridad de Vedruna).

Ayudadas por los guiones sobre "La Iglesia en Extremadura ante la pobreza", elaborados a partir del Congreso de la pobreza (22-24 octubre 1999) han analizado las pobrezas más significativas de estos pueblos de Extremadura: el mundo de la mujer, los jóvenes y los ancianos.

También se interrogaron cómo dar respuesta a esa insistente llamada del Papa en su carta apostólica Novo Millenio ineunte, para "hacer de la Iglesia la escuela y la casa de la comunión: este es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza..." (nº 43) y valoraron muy positivamente esa llamada que potencia la formación o reestructuración de los Consejos Pastorales, en su caso Parroquiales, para trabajar desde ellos, aunando la colaboración de laicos-sacerdotes-religiosas/os y viviendo esa comunión eclesial que hace creíble el Evangelio.

En el próximo encuentro se proponen comunicarse las acciones que cada comunidad está realizando para ayudarse mutuamente y animarse a vivir con gozo la misión.

 

Matrimonios de La Serena realizan un retiro espiritual

Durante el tiempo de Cuaresma se ha ofrecido a los matrimonios de La Serena, que abarca los arciprestazgos de Villanueva, Castuera y Zalamea, la posibilidad de realizar un retiro espiritual durante un fin de semana.

El retiro está organizado por el Secretariado de Pastoral Familiar y, en concreto, la elección de los temas a reflexionar, así el trabajo de convocatoria, se realiza por un grupo de personas que representan a las distintas parroquias donde hay grupos parroquiales de matrimonios. Este año las charlas han estado a cargo de don Jaime Peñaranda, jesuita de la comunidad de Badajoz.

También, como viene siendo habitual, la parroquia de san Juan Macías de Badajoz, ha organizado una tanda de ejercicios en Gévora, a la que han asistido 64 personas.

 

Encuentros Cuaresmales en Fregenal


Recientemente, el arciprestazgo de Fregenal de la Sierra celebró unos Encuentros cuaresmales de formación en torno a las Hermandades y cofradías. El encuentro tuvo lugar en la Casa de la Iglesia de Fregenal de la Sierra y se dividió en tres charlas a cargo de don Manuel Amezcua, director del Secretariado diocesano de Hermandades y Cofradías, don Juan Antonio Noriego, párroco de Ahillones y don Francisco Maya, vicario episcopal.

 

Agenda

Celebraciones de Semana Santa presididas por el Arzobispo

Durante la Semana Santa, don Antonio Montero presidirá las celebraciones del Domingo de Ramos, a las 12, y el Jueves Santo, a las 19.00, en la Catedral Metropolitana de Badajoz y el Viernes Santo, a las 17.00, y la Vigilia Pascual, a las 23.00, en la Concatedral de Santa María en Mérida. El Domingo de Pascua, el Arzobispo presidirá la Eucaristía en la Catedral Metropolitana a las 12.00, donde impartirá la Bendición Papal.

Celebración de la Misa Crismal

Este año la Misa Crismal se celebrará el próximo Miércoles Santo a las 11 de la mañana en la Catedral Metropolitana de Badajoz. A esta eucaristía se invita, de manera especial, a todo el presbiterio diocesano para renovar sus promesas sacerdotales. Además, en esta celebración se consagra el Santo Crisma, usado en las ordenaciones sacerdotales, confirmaciones y en los bautismos, y los Santos Oleos, usados en la Unción de los enfermos y en los bautismos.


Al paso de Dios

Semana de tres días

 

A veces nos gustaría que el tiempo se alargase, porque el que tenemos no da de sí para tantas cosas como quisiéramos hacer. En cambio, en otros momentos es necesario concentrar para que no se dispersen nuestros quehaceres. Algo de esto ha ocurrido con la Semana Santa: los tres días se convirtieron en siete para colocar toda la devoción acumulada por el pueblo cristiano en torno al Misterio Pascual. Ahora, sin embargo, parece conveniente recordar que la esencia de todo el despliegue devocional a lo largo de siete días se concentra en torno al Triduo Sacro, en el que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, anticipadas en la institución de la Eucaristía del Jueves Santo.

En nuestra sociedad secularizada, que ya interpreta con dificultad los signos religiosos, es necesario hacer ver que todo lo que se ofrece rima con una misma experiencia: cualquier desconexión, por ejemplo, entre las procesiones y la liturgia cristiana haría que aquellas perdieran todo el valor catequético de hacer resonar la fe ante las miles de personas que las contemplan en las calles. Hoy es necesario que todos seamos activos articuladores del misterio, para que refleje toda su verdad y fuerza y siga produciendo el efecto buscado por Jesús al vivirlo: la conversión del corazón, la fe y la vida nueva. El misterio se instala más fácilmente en el corazón de los hombres cuando se presenta íntegro y auténtico. Nadie debería olvidar, en estos días de Semana Santa, que celebrar es anunciar a Jesucristo muerto y resucitado.

Amadeo Rodríguez Magro
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)


Liturgia del domingo

Domingo de Ramos

Palabra de Dios

San Lucas 19, 28-40

En aquel tiempo, Jesús echó a andar delante, subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos diciéndoles:

­&laqno;Id a la aldea de enfrente; al entrar encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", contestadle: "El Señor lo necesita"».

Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron: ­&laqno;¿Por qué desatáis el borrico?» Ellos contestaron: ­&laqno;El Señor lo necesita».

Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos y le ayudaron a montar. Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo: ­&laqno;¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto.»

Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: ­&laqno;Maestro, reprende a tus discípulos.» Él replicó: ­&laqno;Os digo que, si éstos callan, gritarán las piedras.»

Comentario de don Antonio Luis Martínez

Nos fijamos solamente en la lectura evangélica que precede a la procesión. En él encontramos los datos que justifican lo más popular del llamado Domingo de Ramos.

San Lucas se acerca al hecho histórico pero con la riqueza de vida cristiana que viven las comunidades cristianas de su momento. Por ello, encontramos en el texto datos muy pegados a la historia como es todo lo referente al borriquillo y la presencia de los fariseos y su consiguiente enojo.

Más litúrgico, y por tanto mas propio de la vivencia de las comunidades primitivas, son los cantos y gritos alborozados de la muchedumbre que recuerda tanto el cántico de los ángeles en Navidad como el Santo de la misa.

Esta dimensión litúrgica de los cantos nos ayudará a vivir la liturgia de este año pegándonos lo más posible a lo histórico: la decisión de Jesús de subir a Jerusalén para entregarse hasta la cruz. Es toda una invitación a comenzar la Semana Santa cordialmente unidos al Señor en actitud de agradecimiento y con firme propósito de serle fiel.

Jueves Santo

 

1 Corintios 11,23-26

Hermanos: Yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús , en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias lo partió y dijo: &laqno;Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»

Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: &laqno;Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Comentario de don Antonio Luis Martínez

Ante el texto de San Pablo se siente el estremecimiento de estar rozando el misterio que llenó el Cenáculo aquella noche memorable, en la que Jesús estaba decidido a entregarse hasta la muerte, pero, anticipándose a sus verdugos, se entregó en el santísimo sacramento de la Eucaristía.

Tiene sumo cuidado el Apóstol en reseñar desde el principio que lo que va transcribir no es cosa suya, sino nada menos que la venerada tradición que procedía del Señor y que le había llegado y, a a su vez, había entregado a los cristianos de Corinto cuando les evangelizó.

En este día de Jueves Santo gustemos el texto que nos transmite san Pablo, que con variantes apenas perceptibles escuchamos cuantas veces participamos en la celebración eucarística. En el relato nos encontramos con las palabras de Cristo que justifica nuestra fe eucarística y, en la última advertencia paulina, se nos señala que la participación en la Eucaristía nos hace testigo de la muerte de Cristo: mostrar al mundo que sus valores han sido suplantados por los del Reino del Resucitado.

Viernes Santo

Salmo 30

Padre a tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti Señor me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú , el Dios leal me librarás.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.

Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: &laqno;Tú eres mi Dios».
En tu mano están mis azares,
líbrame de los enemigos que me persiguen.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.

R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Comentario de don Antonio Luis Martínez

La liturgia de Viernes Santo intenta meternos la pasión del Señor por todos los sentidos hasta que hiera nuestros sentimientos y llegue a la hondura de nuestra fe.

De la liturgia de la Palabra hemos escogido el salmo responsorial. Lo encontramos en esta liturgia de Viernes Santo porque la Iglesia lo pone en labios del Cristo paciente que contemplaremos, después, en el relato de la pasión.

La primera estrofa nos presenta a Cristo buscando refugio en el Padre. La oración de Getsemaní nos ayuda a comprender la intensidad de la angustia que llena su corazón.

La estrofa siguiente parece describir el ambiente hostil que rodeó a Cristo desde el momento del prendimiento y las vicisitudes de sus procesos judiciales ante las autoridades religiosas como ante la romana.

La tercera es como un rayo de luz: en medio de tanta angustia y tormento Cristo atisba la presencia providente del Padre y encomienda su espíritu en sus manos paternales.

Al final se entrevé la luz de la resurrección y se nos exhorta a la fortaleza y a la esperanza.


Contraportada

La gloria de la Resurrección

iluminará la Vigilia Pascual

 

La Acción Católica General de Adultos celebraba el pasado domingo su III Asamblea Diocesana en la parroquia de Nuestra Señora de los Milagros de Mérida.
En ella estuvieron presentes, entre otros el Arzobispo, don Antonio Montero y la presidenta nacional de la Acción Católica General de Adultos, doña Araceli Cavero, que fue la encargada de presentar la ponencia, que jiró en torno a la militancia cristiana.
Doña Araceli declaraba a Iglesia en camino que la Acción Católica "no tiene fin en sí misma, tiene el mismo fin que la Iglesia Universal: la evangelización". Al mismo tiempo animó a los laicos a comprometerse en el mundo desde su ser creyentes.

Nuestra Pascua inmolada, aleluya, es Cristo el Señor, aleluya. Así cantaremos los cristianos en estos días santos, ya inminentes. La inmolación y el sacrificio del Cordero inmaculado lo contempla gozosa la Esposa de Cristo, y ¡oh sorpresa! no ha llegado aún la gran fiesta de la resurrección, y ya vemos al Señor triunfante y victorioso de la muerte en el mismo madero de la cruz. La liturgia es sabia y sabrosa al mismo tiempo, pues no trata los acontecimientos salvíficos como hechos cronológicos o meramente históricos, sino que los presenta y los gusta a la luz del final, esto es, a la luz de la resurrección. En liturgia, la parte es un todo, y el todo se vierte todo él por entero en la parte. Por ejemplo: es verdad que la Iglesia comienza en Pentecostés, pero igualmente cierto es que del costado de Cristo dormido en la cruz nació el gran sacramento admirable de la Iglesia entera (SC 5), incluso hay Padres, entre ellos San Hilario, que ven el inicio de la Iglesia en Belén, injertada en el mismo misterio de la Encarnación, pues ella es cuerpo de Cristo, y si Cristo nace al mundo habiendo asumido nuestra carne, así también la Iglesia, su nuevo cuerpo, nace ante los pueblos del mundo para ofrecerle la salud divina y, por consiguiente, la promesa de la inmortalidad que el cuerpo de Cristo encierra y trae.

La leyenda del Ave Fénix

Es la alusión cristiana más antigua de este mito pagano, recogido por Clemente Romano en su 1ª carta a los Corintios, siendo tercer sucesor de San Pedro en la cátedra de Roma. Es éste un verdadero logro de inculturación del mensaje de la resurrección de Cristo: "Consideremos el maravilloso signo que se da en las tierras de Oriente, es decir, en Arabia. Es un ave que tiene por nombre Fénix, única en su especie, vive quinientos años y, llegada al punto de su muerte, se fabrica a sí misma un ataúd de incienso, mirra y otras especies aromáticas, en el que se mete al cumplírsele el tiempo y allí muere. Según va pudriéndose su carne, nace un gusano, el cual, alimentado de la materia en putrefacción del animal muerto, viene a echar alas. Luego, hecho ya fuerte, levanta el ataúd donde están los huesos de su antecesor y, cargado con todo ello, realiza el viaje de Arabia a Egipto, a la ciudad de Heliópolis. Y en pleno día, a la vista de todo el mundo, vuela sobre el altar del Sol y allí deposita los huesos. Hecho esto, emprende el viaje de vuelta. Ahora bien, los sacerdotes examinan las tablas de los tiempos y comprueban que el ave volvió cumplidos los quinientos años". ¡Cuánta enseñanza en este mito leído en cristiano! El ataúd perfumado recuerda cómo decoran en la actualidad algunas iglesias de oriente el sepulcro de Cristo en el marco de la vigilia pascual: al entrar la asamblea en el templo, cantando a dos coros el salmo 23, "Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el rey de la gloria - ¿Quién es el rey de la gloria? - El Señor, héroe valeroso, él es el rey de la gloria", los fieles se lo encuentran todo iluminado, la tumba en flores, un agradabilísimo perfume en el ambiente, y a un lado, la fuente bautismal, sepultura de donde nacerán a la vida los nuevos hijos de la Iglesia.

Cristo nuestra Pascua

Una homilía pascual del siglo II invoca así a Cristo: Oh Pascua, luz de las nuevas lámparas y esplendor del cirio virginal, por tí ya no se apagarán más las lámparas de las almas, pues en todos brilla el fuego divino y espiritual de la gracia, alimentado por el cuerpo, por el espíritu y por el óleo de Cristo.

Es la Pascua anual y semanal la piedra de toque de toda la vida cristiana. Sin ella, todo lo que la ha precedido (la penitencia cuaresmal, las vigilias, las procesiones), se queda en el aire, en puro deseo. ¡Pero no! No está aquí, ha resucitado, salió del sepulcro, y "como lucero que no conoce ocaso brilla sereno para el linaje humano" (pregón pascual).

José Manuel Puente Mateos

 

Iglesia en camino desea a todos sus lectores una feliz Pascua de Resurrección

El próximo número de nuestra revista será el día 22 de abril

 


La Iglesia en América Latina:

http://www.aciprensa.com/iglesia.htm



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