Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail:

iglenca@jet.es

Edición electrónica: http://www.christusrex.org./www1/camino/camino.html

Número 388. 19 de abril de 2001

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes


Portada

Buscan encontrarse consigo mismos y con Dios

Más de 8.000 personas pasan cada año por
las dos casas de espiritualidad de la diócesis

En medio de un mundo que se dice secularizado y materialista, la oración, el encuentro con Dios y con uno mismo, está muy vigente.
Las dos casas de espiritualidad de la diócesis, en Villagonzalo y en Gévora, que ofrecen descanso y reflexión para el encuentro con Dios y con uno mismo, acogieron el año pasado a más de 8.000 personas.
La superiora de la casa de espiritualidad de Gévora, la hermana Mari Paz Sanz afirma que la gente acude "en busca de serenidad y paz. Buscan valores que no encuentran en sus ambientes".
Por su parte, la hermana Caridad Martín, superiora de la casa de espiritualidad de Villagonzalo destaca que en su centro reciben a todo tipo de personas y grupos heterogéneos. Proceden de parroquias, movimientos, colegios e incluso campamentos veraniegos en su abergue.


Editorial

Morir en la carretera

De poco han servido, a lo que parece, las severas advertencias de la Dirección General de Tráfico, exhibiendo en pantalla, antes de los desplazamientos multimillonarios de la Semana Santa, las más crudas escenas de accidentes mortales y los rostros hundidos de los parapléjicos resultantes. Nadie sabe si, con esto, se habrá reducido algo o bastante la fatídica cifra de las 135 víctimas mortales y 170 heridos graves computado como secuela del tráfico de Semana Santa.

Pero las estadísticas son tozudas y ahí las tenemos, un quince por ciento superiores a las del año pasado. Comprendemos que no es nada fácil hacer predicciones y, menos, inculpaciones, en una materia tan compleja, sometida también a las bruscas oscilaciones del azar.

No cabe duda tampoco de que la perfección mecánica de los vehículos, la viabilidad de las carreteras, los sabios controles del tráfico, el rápido auxilio en carretera y, sobre todo la destreza y prudencia de los conductores, son otros tantos caminos de solución, como ha demostrado la experiencia, tanto dentro como fuera de España.

Las asociaciones de conductores han solicitado tras el éxodo reciente que se aumenten notablemente las inversiones públicas para una mejora visible de las carreteras secundarias, donde la frecuencia relativa de los accidentes es muy superior a la de las grandes rutas.

Entre tanto, el delegado del gobierno para el Plan Nacional de Drogas, acaba de hacer públicas en la misma fecha unas preocupantes estadísticas de alcoholismo juvenil, que elevan al 50,9% el número de chicas, entre 15 y 19 años que abusan del alcohol. Datos "enriquecidos" con los del Plan extremeño sobre drogodependencias que aseguran que 1.600 jóvenes se emborrachan una o dos veces a la semana y 5.000 lo hacen dos o tres veces al mes. Algo, a todas luces, relacionado también con los accidentes de tráfico.

 


Carta del Arzobispo

Vivir la fe en estos tiempos

Multitud de creyentes en Dios, en Cristo y en la Iglesia, experimentan hoy unas crisis de cambio, de crecimiento o de crepúsculo, que invitan a preguntarse sobre el porvenir de la fe en el viejo Continente y en esta vieja piel de toro. ¿Está acaso envejecida la misma fe, o somos nosotros los que, con hechos y palabras, hemos de acreditarla como germen de vida, y partera, con otras muchas sinergias, de una humanidad más humana?

Para no errar en el diagnóstico hemos de contar de partida con una noción sencilla y clara de lo que, en el lenguaje de la misma fe, custodiada fielmente por la Iglesia, entendemos nosotros por fe. Nos remitimos a San Agustín: "Entiendo por fe creer en Dios y creer a Dios, y por ende creer en lo que Dios nos ha dicho". Dando desde aquí un salto de dieciséis siglos, recogemos la definición del Catecismo Universal: "La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. Contiene una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo, mediante sus obras y sus palabras ... Creer es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la madre de todos los creyentes". Esto último lo había rematado lúcidamente , ya en el siglo III, San Cipriano de Cartago, diciendo que no puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre.

Les cuesta mucho, no obstante, a quienes no lo entienden bien, incluir a la Iglesia en el proceso de su fe personal, reduciendo ésta fe a las relaciones directas con Dios, sin otras mediaciones religiosas o sacramentales. Eso ha sido y será siempre una tentación facilona, no exenta de orgullo y de autosuficiencia, que nos convierte, a título individual, en dueños y señores del sentido de la vida, en árbitros del patrimonio religioso del cristianismo. ¿Y qué pasa entonces? Pues que el alejamiento de la Iglesia termina por arrastrar casi siempre al vaciamiento de la fe, cuando no convierte a los tales en presa fácil de sectas y supersticiones.

Vientos a favor y en contra

A la fe le salen al paso enemigos de dentro y de fuera, así como retos magníficos de autenticidad y de expansión. La fe es una aventura personal que pone en juego las raíces más hondas de nuestra libertad, donde acechan los demonios interiores se experimenta la atracción del abismo nihilista y se viven momentos de pobreza radical. ¡Señor, auméntanos la fe!, le dijeron sus discípulos a Jesús. Y con mayor patetismo, aquel padre de un hijo enfermo: "Creo, Señor, ayuda tú a mi incredulidad". Y, por contra, nuestra fe, según San Pablo, es la victoria que vence al mundo, que da sentido y plenitud a la vida personal y al destino humano, que nos hace sentirnos amados, que engendra mártires y misioneros, que contagia a las almas grandes.

Aclara mucho la distinción de San Agustín entre la fe, por la cual creemos; y la fe en la cual creemos. La primera es un don divino, recibido en el bautismo, que nos capacita y dispone para creer lo que Dios ha revelado, especialmente a través de Jesucristo: Señor, yo creo. La segunda, en qué creemos, se refiere al conjunto de nuestras creencias. Todos los acontecimientos, misterios y enseñanzas, contenidos en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia. Es lo que se llama también el "Depósito de la fe". Tengo fe en la Fe, y ésta, escrita con mayúscula, es la fe de la Iglesia, con la que me quiero identificar.

No se trata, créanme, de un juego de palabras, porque las dificultades y los desafíos, a los que acabo de referirme, son el resultado, o de nuestra poca fe: débil, titubeante, tibia. O de la pobreza de lo que creemos: escasa catequesis, ignorancia religiosa, criterios desviados. Se da el caso de personas iletradas que tienen una gran fe, confianza y abandono en Dios Padre, en Cristo muerto y resucitado, en su Madre Santísima; y ocurre también que personas conocidas por sus altos saberes sobre la Biblia, la teología y hasta de la mística, siendo creyentes también, ¿cómo no?, tienen, sin embargo, una fe de menos quilates y calorías que la de los humildes anteriores.

Prefiero un gramo de fe a una tonelada de teología, solía decirme entre bromas y veras un viejo maestro. Esto, tomado al pie de la letra, conduciría a la injusticia y al absurdo. Porque, no es que no haya que enfrentar la formación cristiana, los altos conocimientos bíblicos, teológicos, morales y espirituales con la fe de los sencillos; es que, por el contrario, a más ciencia de Dios, más unión con el, más fe de niños, aunque parezca lo contrario. Grandes creyentes, grandes creencias.

En todos los casos, la fe y las obras han de ir siempre de la mano. Eso de creyentes no practicantes, por decisión o abandono, no hay por donde cogerlo, salvo por la inconsciencia de sus titulares y la comprensión de Dios. Cuando hablamos en serio de una mujer, un hombre o una familia creyente, estamos hablando de cristianos de una pieza en sus creencias, en sus comportamientos, en su testimonio.

Creer y crecer

La fe es una planta viva. Va desde su embrión, en el infante recién bautizado, al testimonio creyente de sus padres, a la acogida personal por los niños de la catequesis parroquial y en la escuela cristiana, a su iniciación gradual en la oración, en su acceso a los grandes sacramentos de la Iglesia, Eucaristía, Penitencia y Confirmación. Todo eso propicia y potencia el crecimiento en la fe, que tiene en la oración su oxígeno y su savia natural, y encuentra en la comunidad cristiana un taller de fraternidad y una mundovisión compartida. ¡Cuánto le debemos todos, (los que por gracia la recibimos) a la fe de nuestra infancia! y cuanto, siempre, a la comunidad de fe. Nadie crece solo.

Pero, a la vista está que en la vida ocurre de todo: abandono de la Iglesia, apenas recibida la confirmación; convivencia en familias donde no se reza nunca; ambientes de estudio, de trabajo, de diversión, con escasas referencias al hecho religioso. La Iglesia hará lo que pueda, con resultados minoritarios, por salvaguardar la fe de los jóvenes, ayudados éstos también por sus familias creyentes. El matrimonio por la Iglesia será en bastantes casos, no en todos, un cauce de recuperación para la fe adormecida.Te encuentras, al cabo, con unos ciudadanos que, en su inmensa mayoría afirman su fe en Dios, se consideran miembros de la Iglesia y ,en fiestas, procesiones, bautizos y funerales, aparecen por el templo como Pedro por su casa.

Sociólogos perspicaces nos hablan de fuertes reservas religiosas, morales, familiares, de nuestro patrimonio cristiano. Todo el mundo conoce y por lo común admira a ese tercio aproximado de los cristianos practicantes y, aun más, a ese ¿cinco por ciento? de cristianos ejemplares, abnegados, comprometidos, solidarios, apóstoles.

No cabe duda que los tres círculos concéntricos de creyentes, practicantes y comprometidos, actúan entre sí como vasos comunicantes, con influjo de los menos en los más, y componiendo juntos, sin excluir a nadie, una presencia significativa de la fe y de la Iglesia, henchida de futuro, en nuestra sociedad y nuestro pueblo. Grave y compleja, aunque no desalentadora, la responsabilidad de sus pastores.

+Antonio Montero
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Centrales

Existen dos, una en Gévora y otra en Villagonzalo

Las casas de espiritualidad de la diócesis ofrecen descanso y reflexión para el encuentro con Dios

Probablemente medir el nivel espiritual de la sociedad sea imposible. Las encuestas, en cualquier caso, nos pueden orientar sobre tendencias en este terreno analizando determinados indicadores, que nunca constituyen un argumento, aunque a falta de otros instrumentos pueden darnos pistas. Según la prestigiosa encuesta de la Fundación Santa María del año 2000, referente a valores de la sociedad española, la gran mayoría de nuestros compatriotas se declaran católicos, el 82%. Entrando en matices, el 56% se considera persona religiosa, mientras que el 35% asiste regularmente a la Iglesia.

Los sociólogos coinciden en que se ha producido un incremento de la secularización en determinadas sociedades, no en todas, lo que no significa que las preocupaciones espirituales se hayan desvanecido. En España, como el propio estudio de la Fundación Santa María reconoce, la secularización ha sido "templada" por la creación de "microclimas religiosos" que han suavizado los "crudos impactos de la secularización".

Un indicativo del nivel de espiritualidad en nuestra diócesis podría ser la demanda en las dos casas de espiritualidad existentes, la de Nuestra Señora de Guadalupe de Gévora y la de las Hijas de la Virgen para la Formación Cristiana (Formacionistas) en Villagonzalo. En estos centros se acoge tanto a grupos organizados de parroquias, movimientos etc. para realizar ejercicios espirituales o celebrar jornadas, como a personas que quieren retirarse unos días a reflexionar.

Durante el año 2000 pasaron por las dos en torno a 8.000 personas, incluso para los tiempos fuertes como el Adviento y la Cuaresma, las reservas se hacen hasta con un año de antelación para asegurarse un hueco. Además de ofrecer las instalaciones, las Esclavas de Cristo Rey de Gévora elaboran un calendario de ejercicios espirituales para los que deseen asistir. Ofrecen este año una tanda de ejercicios espirituales para sacerdotes, tres para religiosas, dos para matrimonios y otras dos para jóvenes. Por su parte las Formacionistas ofrecen ejercicios espirituales para religiosas.

La hermana Caridad Martín, superiora del centro de Villagonzalo declara que a la casa que ellas dirigen "acude gente no sólo de nuestra diócesis, también de otros puntos de España o de fuera que van de paso camino de Fátima o de Guadalupe".

¿Qué buscan?

Preguntada sobre qué busca la gente que acude a una casa de espiritualidad, la hermana Mari Paz Sanz, superiora del centro de Gévora afirma que "se buscan a ellos mismos, serenidad y paz. Buscan valores que necesitan y que no encuentran en sus ambientes". La hermana Mari Paz asegura que, en general, "la gente sabe rezar, pero orar no. Eso se está descubriendo mucho ahora. Personas, incluso de Iglesia, necesitan conocerse, saber quienes son y tener una experiencia del Dios gratuito, que se nos entrega y nos quiere frente al Dios moralista que lo tenemos que conquistar".

Casa de espiritualidad y oración Ntra. Sra. de Guadalupe (Gévora) Tel. (924) 430 045

Casa de Espiritualidad de Villagonzalo. Tel. (924) 366 727

La oración de los franceses

Un sondeo revela que en tiempos de consumismo la oración sigue teniendo un valor importante para la mayoría de los franceses. Un sondeo publicado por el semanario católico con mayor tirada del país, "Pèlerin Magazine" (13 de abril de 2001), encargado a la empresa de estudios de opinión Sofres, revela que la oración inspira respeto al 67% de los franceses. Tan sólo el 2% considera que se trata de un acto ridículo y trasnochado.

El 50% de los encuestados afirma que reza y medita; aunque tan sólo el 42% dice rezar en el sentido estricto de la palabra. El 22% reza regularmente al menos una vez por semana.

Las mujeres son algo más fervorosas (54%) que los hombres (46%). La oración personal en casa es preferida por el 79% a la oración en un lugar de culto (48%).

¿A quién se dirigen los franceses en sus oraciones? En primer lugar a Dios (65%); después a la Virgen María (35%) y luego a Cristo (25%). Sobre todo en señal de alabanza y agradecimiento (45%), pero también para pedir una curación para sí mismo o un logro para los demás (43%).

El 39% reza por los grandes problemas del mundo (39%). Entre las intenciones de oración ligadas a los motivos personales, los franceses rezan con motivo las grandes ocasiones (49%), para tener valor para afrontar la vida (35%), para superar el estrés (23%).

El sondeo de Sofres fue realizado entre el 22 y el 24 de marzo entrevistando a 953 individuos representativos del conjunto de la población francesa de más de 18 años. (ZENIT)

 

Los jóvenes y la confesión

La gran novedad de las Jornadas Mundiales de la Juventud que reunieron en Roma a dos millones de jóvenes fue el redescubrimiento del sacramento de la confesión.

El espectáculo que ofreció en esos días de pegajoso calor de agosto el Circo Máximo de la Ciudad Eterna no tenía precedentes en la historia: miles y miles de jóvenes esperaban con paciencia su turno para acercarse a recibir la caricia del perdón de Dios. Miles de sacerdotes durante horas soportaron temperaturas superiores a los 35 grados para impartir el sacramento del perdón. Y, sin embargo, el padre Luca Ferrari, responsable del Servicio de Confesiones para la Jornada Mundial de la Juventud del año 2000 reconoce que cuando propuso por primera vez esta idea fue recibida por algunos con escepticismo. Más de alguno afirmaba que parecía algo del pasado.

"Ha sido la cita más grande con el sacramento de la reconciliación de la que tiene memoria la Iglesia", constata el padre Ferrari en declaraciones a Zenit al hacer un balance de aquellas Jornadas Mundiales. "Al principio no fue fácil convencer a todos --confiesa--. Alguno se preguntaba si no sería mejor que religiosos, religiosas o al menos seminaristas organizaran actividades de acompañamiento a los jóvenes. Decidimos emprender este nuevo camino. Creímos que había llegado la hora de hacer redescubrir a todos esos jóvenes uno de los tesoros más preciosos que el Señor resucitado ha entregado a la Iglesia. Para ello, utilizando la expresión de uno de los muchachos, era necesario "sacar del armario el sacramento", en donde ha estado encerrado desde hace demasiado tiempo". (ZENIT)

 

La liturgia en el corazón de la cincuentena pascual

¡Brilla, brilla nueva Jerusalén!

Han llegado los cincuenta días más gloriosos del año, precedidos de aquellos cuarenta de penitencia, cuando el pueblo de Dios ascendía progresivamente por el desierto cuaresmal, vestido de ceniza, hacia la montaña santa. También en Pascua, los primeros cuarenta días terminan en torno a otro monte, el de la Ascensión, desde donde Cristo sube al Padre. Igualmente hay en ella una semana grande, la primera semana pascual, llamada de la octava de pascua, y que es de suma importancia: los neobautizados de la primera Iglesia seguían vestidos de blanco durante toda esta semana, hasta el día octavo cuando deponían sus vestiduras blancas (domingo in albis); y la última semana girará en torno a la venida del Paráclito, que enviará a la Iglesia en misión permanente a todos los rincones de la tierra.

El descenso de Cristo a los infiernos sorprende y desconcierta a la misma muerte.

En el Símbolo de los Apóstoles profesamos una verdad de fe que reza así: "descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos". Es preciso recuperar el sentido de este artículo de fe, que se entiende sólo desde la resurrección de Cristo, porque es en su Pascua donde, desde el fondo de la muerte, El hace brotar la vida. Jesús no reposó entre los muertos como vencido, y aunque dormido en la carne, ha despertado a los que dormían desde antiguo, con la misión de recuperar la dracma perdida, de rescatar a la oveja descarriada, es decir, a Adán.

Las llaves de la muerte

Cual antorcha luminosa, la carne de Dios disipa las tinieblas del averno, y en medio de las tinieblas brilla la luz (Orígenes, comentario a san Juan). En adelante, Cristo resucitado tiene las llaves de la muerte (Ap 1, 18), y se las ha arrebatado al diablo Señor de la muerte (Hb 2, 14), enjugando así las lágrimas en todos los ojos (Cirilo de Jerusalén, catequesis XII). Bien canta, a este propósito, Romano el Mélode: Ven, Adán, y ven también tú, Eva: venid a mí, sin miedo ya hoy por las deudas que contrajisteis, puesto que han quedado saldadas por mí, que soy la vida y la resurrección.

También san Juan Crisóstomo escribe en un texto aún más espléndido si cabe: Cristo ha resucitado y tú eres abatido. Cristo ha resucitado, y han caído los demonios. Cristo ha resucitado, y se regocijan los ángeles. Cristo ha resucitado, y ha surgido la ciudad de la vida. Cristo ha resucitado y no queda muerto alguno en el sepulcro. Porque, resucitando de entre los muertos, Cristo es la primicia de los que duermen en los sepulcros. A él la gloria y el poder por los siglos.

En Pascua, las vestiduras litúrgicas son blancas. Y son blancas porque son de Cristo que se despierta y se levanta victorioso de la prueba. Cristo resucitado viste la toga viril, símbolo de afirmación, de responsabilidad asumida, de poder conquistado y reconocido, de renacimiento llevado a consumada plenitud, de consagración. El neobautizado se llama también iluminado. Habiendo nacido a la verdadera vida, lleva "vestiduras de un blanco deslumbrante puesto que, huyendo de los ataques de las pasiones con una sólida y divina constancia y aspirando con fervor a la unidad, hace nuevamente entrar en orden lo que estaba desordenado, hermosea lo defectuoso y brilla con la luz de una vida santa y pura" (Pseudo Dionisio Aeropagita). Son las mismas vestiduras que contemplaron Pedro, Juan y Santiago en el Tabor cuando "sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de este modo" (Mc 9,3).

Via lucis pascual

Del via crucis cuaresmal al via lucis pascual: per crucem ad lucem. En un tiempo la cruz precedió a la resurrección, decía san Sofronio de Jerusalén en la basílica de la resurrección del Señor, ahora en cambio la resurrección es guía e introducción a la cruz. ¡oh admirable intercambio! No obstante, nuestros pueblos necesitan aún superar el pasionismo del Misterio Pascual (experiencia de la pena inmensa y de la soledad de Jesús como varón de dolores), debido quizás a la influencia cada vez mayor de las procesiones y pasos de la semana santa; pero están faltos de una profunda espiritualidad pascual, o mejor dicho, del aspecto doxológico del Misterio Pascual, es decir, nos falta tomar conciencia de que aquel dolorido Jesús es hoy el Señor de la gloria, y aunque sigue llevando las marcas de la pasión en tantos de sus hermanos que son crucificados por la injusticia de este mundo, él permanece como el Señor de la historia que se implica en ella, como el Resucitado que nos acompaña en nuestro camino de retorno al Padre.

Proponemos el via lucis como un ejercicio piadoso que se puede realizar también en comunidad: en lugar de portar la cruz, símbolo de la pasión, se lleva procesionalmente el cirio pascual, o un icono de la resurrección, bien alto y a la vista de todos. Se proclaman y meditan las estaciones, que consisten en catorce momentos de la Pascua de Cristo, desde su resurrección hasta Pentecostés. Después se lee el relato bíblico correspondiente a cada estación, un silencio, una oración-reflexión, y un canto breve pascual. Las estaciones pascuales son las siguientes: 1 - Jesús resucita de la muerte, 2 - los discípulos encuentran el sepulcro vacío, 3 - Jesús se aparece a la Magdalena, 4 - Jesús en camino con los discípulos de Emaús, 5 - Jesús se manifiesta en la fracción del pan, 6 - Jesús se aparece a los discípulos, 7 - Jesús concede a sus discípulos el poder de perdonar pecados, 8 - Jesús confirma la fe de Tomás, 9 - Jesús se aparece a sus discípulos en el lago de Galilea, 10 - Jesús confiere el primado a Pedro, 11 - Jesús confía a sus discípulos la misión universal, 12 - Jesús asciende al cielo, 13 - con María en la espera pentecostal del Espíritu Santo, 14 - Jesús manda a sus discípulos el Espíritu prometido por el Padre.

Son estos retazos pascuales los mejores encuentros con el Dios de la vida. ¡Brilla, brilla, nueva Jerusalén, y danza exultante, oh Sión, pues sobre ti, hoy, la gloria del Señor ha amanecido! (Oda IX, orthros de Pascua, rito de la resurrección). Feliz Pascua, pues.

 

José Manuel Puente Mateo

 

El Papa: Tras la Resurrección, "nuestro mundo puede cambiar"

Pronuncia su felicitación pascual en 61 idiomas

En su mensaje de Pascua, Juan Pablo II aseguró que gracias a la resurrección de Jesús este mundo nuestro puede cambiar: la paz es posible incluso allí donde desde hace demasiado tiempo se combate y se muere. Al concluir su augurio, felicitó a todos los pueblos en 61 idiomas.

Las palabras del pontífice en la primera Pascua del milenio fueron transmitidas por 63 canales de televisión de 45 países. Antes había celebrado la misa del Domingo de Resurrección en la plaza de San Pedro, transformada por decimosexto año consecutivo en un auténtico jardín de más de quince mil flores y pequeños arbustos regalados por floricultores holandeses.

Que el anuncio pascual llegue a todos los pueblos de la tierra y que toda persona de buena voluntad se sienta protagonista en este día, comenzó diciendo el pontífice al pronunciar su mensaje pascual. A continuación, su pensamiento se dirigió a aquellos rincones del planeta, especialmente en los que el zumbido de las guerras sigue dejando muerte y lágrimas. Desbordaban el espacio abrazado por las columnatas de Bernini más de 150 mil personas que disfrutaban de un tibio sol que mitigó el frío de los días pasados.

Comenzó mencionando el drama actual de Tierra Santa y Jerusalén. Después hizo mención a los Balcanes, que han dejado atrás la condena de una preocupante incertidumbre que corre el riesgo de hacer vana toda propuesta de entendimiento.

El mensaje pontificio de Pascua alcanzó después África, tierra martirizada por conflictos en constante acecho a quien invitó a levantar la cabeza con confianza apoyándose en el poder de Cristo resucitado.

Gracias a Cristo, dijo el pontífice dirigiéndose al continente más poblado, Asia, cuna de seculares tradiciones espirituales, es posible vencer la apuesta de la tolerancia y de la solidaridad.

Esta rápida visión geográfica del mundo a la luz de la resurrección de Cristo concluyó en América Latina, depósito de jóvenes promesas. Sólo en Cristo--afirmó dirigiéndose al continente de la esperanza de la Iglesia-- encontrarás capacidad y coraje para un desarrollo respetuoso de cada ser humano.

Al final, el pontífice confesó uno de los desafíos que más le preocupan en estos momentos: Vosotros, hombres y mujeres de todo continente, sacad de su tumba ya vacía para siempre, el vigor necesario para vencer las fuerzas del mal y de la muerte, y poner toda investigación y progreso técnico y social al servicio de un futuro mejor para todos.

Tras su mensaje Urbi et orbi (a la ciudad y el orbe), Juan Pablo II felicitó por la Pascua en 61 idiomas de todos los continentes. Entre otros idiomas, habló en hebreo y árabe, romaní (romanés, idioma común entre el pueblo gitano), arameo (idioma de Jesús hablado todavía entre los cristianos de Irak), y suahili (idioma común entre muchas tribus africanas).

Esta normalización debería allanar el terreno para abordar otros asuntos

La Iglesia y el Estado mejoran relaciones
aunque hay pendientes temas importantes

La Iglesia y el Gobierno han superado las tensiones que surgieron a raíz de la negativa de la Conferencia Episcopal Española a firmar el Pacto Antiterrorista.

El secretario general del Partido Popular, Javier Arenas, ha calificado esta semana de "momentos de confusión" los que siguieron a la negativa a la firma del documento político por parte de la Iglesia, a lo que añadió "No tengo ninguna duda de que los valores que se defienden en ese pacto son compartidos por la Iglesia...por la tanto hay que entender que la Iglesia comparta esos valores y que sin embargo nosotros no la invitemos a sumarse a un acuerdo entre dos formaciones políticas".

Arenas dejó claro ante los periodistas que las relaciones entre la Iglesia y el Estado son normales "Nuestras relaciones -dijo- son normales y, desde nuestro partido, no tenemos ningún problema con la Conferencia Episcopal".

Esta normalización de relaciones vendrán, a buen seguro, a sentar las bases para avanzar en algunos aspectos que preocupan a la Iglesia en relación con el Gobierno, entre los que destaca las clases de religión .


Noticiario diocesano

Gracias a los fondos obtenidos en las "Huchas solidarias" del Jubileo

La diócesis acometerá tres proyectos
en África, América y España

La diócesis de Mérida-Badajoz acometerá tres proyectos gracias a los fondos obtenidos de las huchas solidarias del Itinerario Pascual del año Jubilar. Estas huchas fueron repartidas entre todos los fieles de la diócesis que lo desearon con el fin de depositar en ellas las privaciones de la cuaresma, que revertirían en favor de otros hermanos más necesitados como símbolo de comunión solidaria y caritativa.

De estas huchas se recaudaron ocho millones de pesetas que se destinarán a dos proyectos en África y América y otro en España. Tres millones de pesetas van a Zimbabue, a la diócesis de Hwange, donde se construye una misión nueva. Allí trabajan tres misioneros extremeños: don Serafín Suárez, don Nemesio Frías y don Ildefonso Trujillo.

El año pasado el obispo de la diócesis de Hwange decidió abrir una nueva misión. El motivo era la dificultad que tienen en la misión actual de Jotsholo para poder atender a las 50 comunidades y más de 40.000 personas que están distribuidas a lo largo de los 150 kilómetros que comprende la misión. A este proyecto han contribuido también las parroquias de Ribera del Fresno, de donde es natural don Serafín Suárez y de San Vicente de Alcántara, donde estuvo de sacerdote antes de marchar a África. Los habitantes de estas dos localidades han sufragado la construcción de un pozo para la misión.

Otros dos millones y medio de las huchas solidarias irán al proyecto de Infancia que Cáritas Diocesana tiene en determinadas barriadas marginales de ciudades y pueblos de la provincia de Badajoz.

Por último los dos millones y medio restantes se destinarán a la construcción de un puente en Zarunilla (Perú) donde trabajan dos misioneros de Mérida-Badajoz, don Antonio León y don Federico Gragera. El objetivo es comunicar diversos pueblos con el fin de acceder a centros sanitarios y colegios.

En Extremadura están presentes desde el año 32

La Institución Teresiana celebra
su veinticinco aniversario en Badajoz

La Institución Teresiana (I.T), presente en Extremadura desde el año 1932 ha celebrado recientemente los 25 años de su actual sede de Isabel de Aguilar, 19, recientemente reformada.

Para ello han llevado acabo un encuentro que se iniciaba con unas palabras de bienvenida, a cargo de Francisca Panduro , delegada de la I. T. en Badajoz, en las que se hizo un breve, pero fiel recorrido, por toda la actividad realizada por la I.T. en Extremadura: Colegio de Primaria y Secundaria, Escuela de Catequistas, cursos de perfeccionamiento del profesorado, cursos de animación de tiempo libre, talleres para jóvenes, taller para la mujer, librería pedagógica, movimiento de jóvenes, profesionales y matrimonios, celebraciones etc...

A todo ello hay que sumar la presencia de sus miembros en centros públicos y privados en Educación formal, colaboración en Pastoral de jóvenes y adultos, en programas de radio y en distintos voluntariados. Posteriormente Francisca Feria, como Directora del Sector de Andalucía occidental - Extremadura, dirigió unas palabras de agradecimiento a las personas que han hecho posible tanta vida en la realidad de Extremadura.

Por la tarde se celebraba la Eucaristía, en la que se congregaron alrededor de 100 personas, procedentes de Badajoz, provincia y de otros lugares de España. La Eucaristía fue presidida por don Ricardo Cabezas de Herrera y centró la Acción de Gracias en el reencuentro entre miembros de la Institución Teresiana, amigos y familiares en el que las figuras de Pedro Poveda, Victoria Díez y Josefa Segovia animaron a continuar esta obra buena, que siempre quiso y quiere vivir su misión entre las personas mediante el diálogo fe-culturas-justicia.

Concluyó esta fiesta con una merienda, compartida en un ambiente de alegría, de gratitud, de entrañable amistad.

 Don Antonio García Moreno publica
un libro sobre Cristo

Acaba de aparecer el libro Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos. Estudios de Cristología joánica, del profesor y sacerdote de la diócesis de Mérida-Badajoz don Antonio García-Moreno.

El autor declara que "la figura de Cristo en el IV Evangelio tiene una riqueza especial, como se deduce de la multiplicidad de títulos aplicados a Jesús. Se podría decir que San Juan ha concentrado en Cristo todas las figuras veterotestamentarias que tienen alguna relación con la salvación. Así Jesús es llamado Cordero de Dios, Mesías o Cristo, Profeta como Moisés, Hijo del hombre, Hijo de Dios, Lógos, etc. Pero, además, el mismo Jesús se revela a sí mismo mediante la fórmula "yo soy". Todos esos títulos y autodefiniciones nos presentan a Jesús como el Hijo de Dios, enviado por el Padre al mundo para salvar a los hombres mediante su revelación".

Tras su estudios en Derecho Civil en la Universidad de Sevilla, don Antonio García Moreno ingresó en el Seminario de Badajoz. Es doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico. Durante más de treinta años ha impartido clases en el Seminario Metropolitano de Mérida-Badajoz y en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Ha publicado numerosos artículos sobre Sagrada Escritura y diversos libros, entre los que cabe destacar Pueblo, Iglesia y Reino de Dios; La Neovulgata, Precedentes y actualidad; y Sentido del dolor en Job, según Juan de Pineda.


Al paso de Dios

Una apuesta por la Pascua

 Me atrevo a negar una aparente evidencia: que la Pasión de Cristo suscita más movilización social que la Resurrección. Y me resisto a creer que en los sentimientos de las multitudes, que en los días de Semana Santa han participado en las procesiones, sea más fuerte la atracción por el dolor y la cruz que por la vida. Estoy seguro de que en cada mirada de cuantos contemplaban la cruz de Cristo había una apuesta por la Pascua, pues lo contrario sería contemplar el dolor sin esperanza y eso es cerrarse al futuro.

En la unidad del ser humano hay siempre espacio para ambas realidades, tanto la cruz como la pascua se mezclan cada día en la vida de cada hombre y mujer y en la convivencia de las personas y de los pueblos. Pero lo que importa es que, a pesar de la cruz, sobreabunde, en la existencia personal y colectiva, un clima de esperanza, el que proyecta para hoy y para el mañana definitivo la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Quizás sea menos espectacular y llamativa la celebración de la Resurrección, pero es eficaz, profunda y seguro que cala muy hondo en la conciencia de los cristianos. Se celebra a lo largo de todas las fiestas que emergen en la rica experiencia litúrgica de la cincuentena pascual; en las que jalonan el año litúrgico; en la pascua que celebramos todos los domingos en la Eucaristía y la que renovamos en cada sacramento. Sin olvidar tampoco las populares romerías, que en estos días tienen lugar en multitud de santuarios marianos, para acompañar a la Madre en la alegría del Hijo Resucitado.

Amadeo Rodríguez Magro
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)


Liturgia del domingo

Celebramos el II Domingo de Pascua

Palabra de Dios

Libro de los Hechos 5, 12-16

Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

Libro del Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: - Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia. Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: - No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.

Evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: - Paz a vosotros. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: - Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: - Recibid el Espíritu Santo: a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: - Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: - Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: - Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: - Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: - ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: - ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

 Lecturas bíblicas para los días de la semana

23, lunes: Hch 4 23-31; Jn 3, 1-8.
24, martes: Hch 4, 32-37; Jn 3, 7b-15.
25, miércoles: 1Pe 5, 5b-14; Mc 16, 15-20.
26, jueves: Hch 5, 27-33; Jn 3, 31-36.
27, viernes: Hch 5, 34-42; Jn 6, 1-15.
28, sábado: Hch 6, 1-7; Jn 6, 16-21.
29, domingo: Hch 5, 7b-32. 40b-41; Ap 5, 11-14; Jn 21, 1-19.

Apunte Litúrgico

Es Domingo

Los Santos Padres de la Iglesia de los primeros siglos, que vivían tan intensamente los misterios de Cristo presentes en la liturgia pascual, no dudaron en llamar "Gran Domingo" a los cincuenta días del Tiempo Pascual. Con ello querían expresar que el misterio abierto hacia el futuro, que es la resurrección del Señor, hace del tiempo, y especialmente de la cincuentena pascual, un gran Día del Señor. Ya no es el Sábado, con su ley estéril, el que debe regir la vida de los creyentes sino el Domingo como tiempo en el que se despliega el señorío de Cristo con toda la potencia desplegada en el misterio de su resurrección.

Creer en la resurrección de Cristo no nos obliga a quedarnos anclados en el pasado, en aquella noche santa en la que el dominio de la muerte alcanzó su fin, sino en el tiempo presente que ha sido ganado por Cristo y elevado a la categoría de sacramento de salvación para los que se acercan a El.

Ya, para el cristiano cada día de su vida es domingo, es decir el Día del Señor Resucitado que le invita a comulgar con su fuerza transformadora y abrirse a los horizontes de la esperanza cristiana.

San Juan nos invita a sumergirnos en la novedad pascual: el grupo de los discípulos estaba escondido, con las puertas cerradas por miedo a los judíos y he aquí que comienzan los nuevos tiempos, se acabó el miedo, el Señor de nuevo estaba con ellos y traía la paz mesiánica tan anunciada por los profetas.

También en nosotros, hemos de intentar que este tiempo pascual sea También, de un modo especial, un gran domingo. Un tiempo en que el señorío de Cristo Resucitado aleje de nuestras vidas los miedos ancestrales.

Antonio Luis Martínez

Santoral

16 de abril: Beato Rafael Arnáiz (1911-1938)

La vida del hermano Rafael, monje de San Isidro de Dueñas, no pasaría de ser la de un joven de la aristocracia menor que ingresa en la Orden de San Bruno, mientras estudia arquitectura en Madrid, muriendo de un coma diabético a los 27 años de edad. ¿Qué le hace tan original?. ¿Qué le lleva a ser beatificado por Juan Pablo II, el 26 de septiembre de 1992?. ¿Por qué su tumba es un santuario tan venerado?.

A través de sus escritos, la mayoría cartas, se aprecia un hecho singular de extraordinaria belleza: el amor divino es lo único que llena la totalidad de su ser.

Curiosamente, nuestras catequesis, nuestro servicio a los pobres y nuestra mismísima liturgia, adolecen en muchas ocasiones de la valoración adecuada del primer mandamiento: amar a Dios.

No se si me equivoco, pero el mandamiento primordial está, no solo devaluado, sino un tanto en deshuso: nuestro mundo sólo valora lo "útil", lo "rentable", lo "eficaz"... y considera el amor a Dios como un refugio espiritualista. ¡Qué dura es en ocasiones la idiotez humana!.

Tengo para mi que como no recuperemos la primacía de los derechos divinos, no vamos a servir ni para defender los más elementales derechos humanos.

Me gustan los Cartujos, "nunca reformados por nunca deformados", porque como testigos de lo sobrenatural nos enseñan a poner orden en el amor, amando a Dios sobre todo para ser capaces de amar al prójimo, por lo menos, como a nuestro propio yo, que no es poco. Gracias, hermano Rafael.

Manuel Amezcua

 23, lunes: Jorge, Gerardo, Adalberto.
24, martes: Fidel de Sigmaringa, María Cleofé, Salomé.
25, miércoles: Marcos, Aniano, Esteban.
26, jueves: Isidoro, Marcelino, Basileo.
27, viernes: Simeón, Teodor, Zita.
28, sábado: Pedro Chanel, Agapito, Prudencio.
29, domingo: Catalina de Siena, Severo, Wilfredo.

Contraportada

El actor hispano-irlandés cuenta cómo ha vuelto a descubrir a Dios

El actor Martin Sheen, volvió a la fe tras participar en la película "Apocalypse Now"

 

MARTIN Sheen, el actor hispano-irlandés, protagonista de "Apocalypse Now", está convencido: una de las mejores maneras de valorar la fe es redescubrirla después de haberla perdido. En realidad, Sheen no es más que su nombre artístico. Su nombre de pila es Ramón Estévez. Es padre tanto de Charlie Sheen, como de Emilio Estévez, los dos actores que han escogido los diferentes apellidos de su padre.

En una entrevista concedida al programa Raíces y tradiciones de la cadena televisiva italiana Raiuno, Martin Sheen, de origen católico, ha confesado con sinceridad cómo redescubrió la fe.

Ha sido, para este gran actor, un regreso a sus orígenes. De hecho, tomó su nombre artístico de un amigo que se llamaba Martin y el apellido del obispo y gran comunicador Fulton J. Sheen: Lo veía en la televisión cuando era pequeño y creía que era un gran actor. Era un gran teólogo católico norteamericano y orador muy brillante. Me gustaba su fuego, su pasión, su sentido del humor, su presencia carismática.

P/Usted es conocido como un bravo actor, un buen católico pero también como un rebelde, un crítico de la vida política y civil. ¿Esta vocación por la protesta nace del ciudadano o del católico?

R/No logro separar las dos cosas: espero ser la misma persona en misa, en una manifestación de protesta, ante una cámara o ante mi mujer, mis hijos, mi comunidad, en mi trabajo de voluntariado.

P/¿Recuerda los motivos de alguno de sus arrestos?

R/No siempre he practicado el catolicismo, de joven casi lo abandoné y viví muchos años sin fe. Volví a la fe en 1981 cuando vivía en París. He tenido una nueva aproximación, casi una epifanía, pero en realidad todo había iniciado cuatro años antes en Filipinas, mientras estaba rodando "Apocalypse Now". Me puse enfermo gravemente, estuve a punto de morir. Tuve una crisis de conciencia y al mismo tiempo de identidad. No sabía ya quien era, a dónde me dirigía, no sabía ya nada. Bebía, fumaba, me comportaba mal... una vida de verdad inútil. A pesar de que estuviera casado y tuviera hijos. Estaba confuso en mi interior. Quería ser una gran estrella del cine, quería ser amado por todos, estaba dividido por dentro, no tenía ninguna espiritualidad, no sabía cómo unir la voluntad del espíritu al trabajo de la carne ¿entiende? Estaba dividido. Tenía miedo de morir. Llamé a un sacerdote y recibí la extremaunción. Era el 5 de marzo de 1977. Estaba muriendo. Pero yo considero aquel día como el día de mi renacimiento. Me acerqué de nuevo a los sacramentos, volví a ir a Misa, pero iba con miedo: Dios me había golpeado y podía golpearme de nuevo si no me portaba bien. Y esto siguió durante varios meses hasta que un día me dije: ¿No hay amor, no hay alegría, no hay libertad en todo esto?.

P/Como la historia del hijo pródigo...

R/¡Exacto! Entonces volví a beber y a llevar una vida loca. Pero algo había nacido. Había sido plantada una semilla y comenzó a crecer. Gradualmente empecé a preguntarme quién era, porqué estaba allí, dónde quería ir. Al final llegué a París, donde encontré a un viejo y muy querido amigo mío que se convirtió en un consejero espiritual muy importante, un guía. Era Terrence Malick, el director con el que había trabajado en Badlans Empezó a darme libros. Filosofía, espiritualidad, teología... Un día me dio Los hermanos Karamazov. Me costó una semana acabarlo, no podía dejar de leer. Aquel libro fue derecho a mi corazón, a mi alma. Así volví al catolicismo

P/Usted ha afirmado que se ha quedado con la espina clavada por no haber transmitido la fe a sus hijos como sus padres hicieron con usted. ¿Por qué le ha pasado esto a muchos padres de su generación?

R/Es muy difícil. Creo que la fe católica ha sido un don para mí, para todos nosotros, cuando éramos niños. ¿Qué otra cosa podían darme mis padres? Nos han dado su fe, su vida era un reflejo de esta fe. Y está bien. Pero nosotros no nos la hemos ganado, no la hemos pagado. No comprendimos el don extraordinario que recibimos. Y cuando hemos llegado a adultos hemos pensado: No es tan importante, cuando esté a punto de morir, llamaré al sacerdote. Muchos piensan así, se dejan llevar por la corriente. Cuando he vuelto a acercarme a la Iglesia, había estado lejos durante 15 años, quizá más. Era un hombre sin necesidades, no tenía amor, no tenía respeto. Así, para mí, el momento en el que nací a la fe... lo sabía, lo sabía... pensé: "Estoy en casa, estoy en casa. Soy libre". Pero tuve que alejarme de la fe para comprender lo que era. Hasta que no has hecho ese viaje, y no lo has pagado, no creo que puedas apreciar la meta. Yo viajo por todo el mundo y voy a misa en países muy lejanos. Pero apenas empieza la misa y el Crucifijo se acerca por la nave central, pienso: Conozco a este hombre, es también mi redentor, también me pertenece.

P/Hace años asumió la responsabilidad respecto a Carrie y Paula, las compañeras de sus hijos que estaban embarazadas. Usted no quería que abortaran. ¿Puede hablarnos de ello?

R/Vera, creo que Dios nos manda regalos. El más grande es otra persona, un niño; el más indefenso, el más inofensivo don que Dios nos pueda mandar. Dios no tiene la apariencia de un gigante, es un niño, lo tienes que acunar, alimentar.

La Madre Teresa nos ha enseñado siempre esto, ella veía a Dios en los seres más desesperados, especialmente en los niños indefensos. Dios está indefenso. Dios tiene necesidad de nosotros, Dios es capaz de trascender el misterio de la vida, haciéndose carne y sangre. Este es el misterio más grande.

Así que cuando la chicas de nuestros hijos quedaron embarazadas, ellos empezaron a hablar de aborto... Las chicas vinieron a vernos. Les preguntamos: "¿Queréis tener los niños?". "Sí". "Os ayudaremos a tenerlos, porque tenemos hijos y sabemos el valor de los hijos". Y eso hicimos. Mi mujer no es católica pero es madre y ama a los niños y dijo: "No habrá ningún aborto aquí". Zenit


 

La Iglesia en América Latina:

http://www.aciprensa.com/iglesia.htm

 



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