Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

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Número 569. 10 de abril de 2005

Director: José María Gil

Redactores: Juan José Montes y José Carrasco


Portada

Juan Pablo II, 'El Magno'


Palabras del Arzobispo

Juan Pablo II ha hecho de su vida un canto a la misericordia divina

Homilía de la misa por el Papa en el día de su fallecimiento

1. Estamos viviendo un acontecimiento de repercusión global, mundial, diría yo: la muerte de un Papa.

El Papa es la persona que pastorea al Pueblo de Dios extendido por todo el mundo: la Iglesia.

La Iglesia, a través de sus 2000 años de existencia, ha supuesto muchísimo para la vida de los pueblos, de forma distinta en los diversos continentes países y lugares. Por tanto, la muerte de su cabeza visible, el Papa, tiene una repercusión mundial que se manifiesta muy claramente en la atención mediática.

Pero, además, quien ha muerto es el Papa Juan Pablo II, que se ha distinguido ante el mundo, por su presencia valiente e indiscriminada en todos los lugares, y con la atención muy cercana a todos: obispos, sacerdotes, religiosos, cristianos de todas las edades, políticos, estadistas, intelectuales, deportistas, etc.

Juan Pablo II, de quien no voy a dibujar ahora un perfil completo, ni voy a realizar una apología emotiva, ha sido un hombre de Dios. En consecuencia ha sido un cristiano auténtico; esto le ha llevado a ser un hombre universal. Fiel a su identidad ha querido abrir la Iglesia a todos los ámbitos de la geografía y de la cultura, ayudándole a estar presente de modo significativo en el curso de la historia. Para ello ha tomado la única actitud coherente: procurar que llegue a todos los rincones la luz de la Verdad, y, con ella, la auténtica libertad. Verdad que no puede alcanzarse sin el reconocimiento de las propias limitaciones y errores, libertad que no podemos disfrutar verdaderamente sin la humilde invocación de la misericordia divina.

Por ello Juan Pablo II ha sido el Papa de la reconciliación, del perdón, del abrazo de unidad.

Juan Pablo II ha hecho de su vida un canto a la misericordia divina. Su muerte y por tanto, su presentación definitiva ante el Señor, se ha producido precisamente cuando la Iglesia celebra la Octava de Pascua de resurrección, la octava de la culminación de la obra redentora, y que por este motivo Juan Pablo II la estableció como la fiesta de la misericordia divina. Por eso, uniendo la Verdad con la profunda fe en la misericordia de Dios, el Papa, no ha tenido inconveniente en proclamar con toda valentía la lucha contra todo miedo, y ha dado un claro testimonio de la esperanza que no defrauda; la que nace de la promesa salvífica de Cristo.

Desde su primer momento de pontificado, dio un grito contra el miedo: "No tengáis miedo". Esta valiente llamada brotaba de la fe profunda y firme en Jesucristo que es nuestro redentor y nuestro valedor. "Abrid las puertas a Jesucristo", añadió en su primer saludo al orbe cristiano el día de su elección.

2. Si Cristo ha resucitado, también nosotros resucitaremos con El.

Efectivamente: la fe en Cristo resucitado, que venció la fuerza definitiva del pecado y que abre a la esperanza el corazón de los que creen en el Mesías Salvador, ha mantenido a Juan Pablo II fiel hasta el último instante de su vida, proclamando el sentido y dignidad de la vida, y el valor del sufrimiento unido a la Cruz de Jesucristo. El Señor ha querido dejar una muestra del curso lógico de la vida del Papa viajero, llamándole junto a sí, cuando la Iglesia celebra el día octavo de la Resurrección de Jesucristo.

Hoy, en la muerte de Juan Pablo II, se han unido, el canto a la misericordia de Dios a que nos invita el salmo interleccional, y "la fuerza de Dios que nos custodia en la fe para la salvación", como dice S. Pedro hoy en la segunda lectura. Por eso deseamos y esperamos que en el tan querido Papa Juan Pablo II se haya cumplido lo que canta el prefacio de difuntos: "la vida de los que en ti creemos, no termina, se transforma; y al abandonar esta morada terrena, alcanzamos una morada eterna en los cielos".

Para los cristianos, la muerte no es el final del camino, sino la puerta que nos permite acceder a la vida definitiva y sin fin, llena de gozo en el amor, junto a Dios, que es nuestro origen, nuestra meta y la razón de nuestro existir.

3. En estos momentos, al tiempo que elevamos interiormente sufragios por el eterno descanso del Papa Juan Pablo II debemos esforzarnos en fortalecer nuestra fe, a ejemplo del Papa que nos ha dejado.

La fe es el móvil de nuestro esfuerzo y la raíz de nuestra esperanza. Y la esperanza firme en el Señor es la energía capaz de mantener la ilusión en el trabajo, la constancia en el servicio, la humildad en el recurso a Dios, y la valentía para dar testimonio de la Verdad que nos hace libres y nos lleva a la salvación.

Las palabras del Señor nos transmiten un aliento de paz en el día de hoy: "Paz a vosotros" dijo a los discípulos reunidos en el Cenáculo tras de su muerte y resurrección.

Esa paz interior brota de la profunda conciencia, decididamente asumida, de que el Señor rige nuestros destinos; y de que, por tanto, cuantas cosas nos ocurren contribuyen a nuestro bien, al bien de la Iglesia y del mundo.

Por esta razón al tiempo que, razonable y legítimamente, sentimos el dolor de su irreparable pérdida, debemos creer que su muerte será, también, un bien para la Iglesia. Debemos pensar que la Iglesia a la que Juan Pablo II tanto amó, que el hombre cuya dignidad tan valiente y claramente defendió, y que la paz por la que tanto luchó, serán motivo de su escuchada plegaria ante el trono del Padre Dios.

Pidamos al Señor gozar de esa firmeza en la fe que distinguió a Juan Pablo II, y decidámonos a llevar a cabo esa llamada a la nueva evangelización que fue su principal preocupación pastoral.

Y no tengamos miedo: Cristo ha vencido al mundo, al pecado y a la muerte.

La Santísima Virgen María, a quien el Papa Juan Pablo II, tan filialmente amó y cuya santidad tan claramente proclamó y propagó, le cubra ahora con su manto maternal y le presente ante el Señor para recibir el abrazo eterno del Cordero inmaculado.

Que así sea.


Centrales

El papado de Juan Pablo II ha sido el tercero más largo de la historia de la Iglesia

Fue elegido el 16 de octubre de 1978 y falleció el 2 de abril de 2005

A las 16.45 del 14 de octubre de 1978, diez días después del funeral del Papa Juan Pablo I, 110 cardenales electores y 88 personas seleccionadas para asistirlos entraron en cónclave, aislados del mundo, para elegir a su sucesor. A las 18.18 del 16 de octubre salió humo blanco de la pequeña chimenea de la Capilla Sixtina, señalando así que los cardenales electores habían elegido un nuevo Romano Pontífice. Veintisiete minutos más tarde, el Cardenal Pericle Felici apareció en la logia central de la Basílica de San Pedro y anunció la elección de Juan Pablo II a la Sede de Pedro con las palabras: "Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam Carolum Wojtyla, qui sibi nomen imposuit Ioannem Paulum II".

El Papa que vino del Este

A las 19.15, el nuevo Pontífice, revestido con el tradicional blanco papal, apareció en el mismo balcón y dijo en italiano las palabras ahora familiares a decenas de millones de personas en todo el mundo: "¡Alabado sea Jesucristo!"

"Queridos hermanos y hermanas -continuó- todos estamos aún entristecidos por la muerte del querido Papa Juan Pablo I. Y ahora los eminentísimos cardenales han llamado a un nuevo obispo de Roma. Lo han llamado de un país lejano... Lejano, pero siempre muy cercano por la comunión en la fe y en la tradición cristiana. He tenido miedo al recibir este nombramiento, pero lo he hecho con espíritu de obediencia a Nuestro Señor y con confianza total en su Madre, la Virgen Santísima"

"No sé si puedo expresarme bien en vuestra, en nuestra lengua italiana. Si me equivoco me corregiréis. Y así me presento ante todos vosotros, para confesar nuestra fe común, nuestra esperanza, nuestra confianza en la Madre de Cristo y en la Iglesia, y también para comenzar de nuevo por este camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres".

Juan Pablo II, Cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, fue elegido como el 264 Papa en la segunda votación del segundo día del segundo cónclave de 1978, justo cinco meses después de cumplir 58 años. Seis días después, el 22 de octubre de 1978, se inauguró su ministerio pastoral.

El 2 de abril de 2005, día de su paso definitivo a la Casa del Padre, se cumplían los 9.664 días de su pontificado, a partir del 22 de octubre de 1978.

El suyo ha sido el tercer pontificado más largo de la historia del Papado. El más largo fue el de San Pedro (no se conoce la fecha precisa), seguido por el del Papa Pío IX (1846-78: 31 años, 7 meses y 17 días).

El Papa de los records

En sus 26 años y medio como Papa, Juan Pablo II celebró nueve consistorios en los que creó 232 cardenales, de los cuáles uno "in pectore". Excepto tres creó a todos los 117 cardenales electores que participarán en el cónclave.

Desde el comienzo de su pontificado hasta hoy, el Santo Padre nombró más de 3.500 de los más de 4.200 obispos del mundo. Se reunió con cada uno de ellos en diversas ocasiones a lo largo de los años, particularmente cuando cumplían su obligación quinquenal de la visita "ad limina Apostolorum".

Escribió 14 encíclicas, 14 exhortaciones apostólicas, 11 constituciones apostólicas, 42 cartas apostólicas y 28 motu proprio, además de cientos de mensajes y cartas. En preparación para el Gran Jubileo del Año 2000, el Papa Juan Pablo II escribió la Carta Apostólica "Tertio millenio adveniente", fechada el 10 de noviembre de 1994 y publicada cuatro días después. También creó el Comité para el Gran Jubileo del Año 2000.

Escribió cinco libros: Cruzando el umbral de la esperanza (1994), Don y misterio (1996), Tríptico romano (poesía, 2003), Levantaos, vamos (2004) y Memoria e Identidad (2005).

El Papa, de 84 años de edad, también presidió 15 sínodos de obispos: seis ordinarios (1980, 1983, 1987, 1990, 1994, 2001), uno extraordinario (1985) y ocho especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, dos en 1998 y 1999).

A lo largo de los años, el Santo Padre realizó 104 visitas pastorales fuera de Italia; la última fue a Lourdes, en agosto de 2004. Ha realizado 143 viajes dentro de Italia y casi 700 en la ciudad y la diócesis de Roma, entre ellos las visitas a 301 de las 325 parroquias de la diócesis de la que es obispo, además de a institutos religiosos, universidades, seminarios, hospitales, casas de reposo, prisiones y escuelas.

28 vueltas al mundo

Con sus 247 viajes pastorales fuera y dentro de Italia, el Papa Juan Pablo II recorrió 1.167.295 kilómetros, esto es, más de 28 veces la circunferencia de la Tierra o, lo que es lo mismo, 3 veces la distancia entre la Tierra y la Luna.

Cuando estaba en Roma, el Papa recibía una media de un millón de peregrinos al año, incluidos unos 400-500.000 que asistían a las audiencias generales semanales, además de los que van a funciones litúrgicas especiales como las Misas de Navidad y Pascua, las beatificaciones y las canonizaciones. También recibió aproximadamente a 150-180.000 personas cada año en audiencias destinadas a grupos particulares, jefes de Estado y de Gobierno.

Al principio de su pontificado la Santa Sede tenía relaciones diplomáticas con 85 países. Ahora las tiene con 174 naciones, así como con la Unión Europea y la Soberana Orden Militar de Malta. Son de naturaleza especial las relaciones con la Federación Rusa y con la Organización para la Liberación de Palestina.

Según la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, en los últimos 26 años el Papa beatificó a 1.339 Siervos de Dios en 143 ceremonias, y canonizó a 483 Beatos en 52 ceremonias.

En febrero de 1984 fundó el Instituto Juan Pablo II para el Sahel, y en febrero de 1992, la Fundación "Populorum Progressio" para los pueblos indígenas de Latinoamérica. También fundó las Pontificias Academias para la Vida y para las Ciencias Sociales. Asimismo, instituyó la Jornada Mundial del Enfermo (celebrada anualmente el 11 de febrero) y la Jornada Mundial de la Juventud. La XX Jornada Mundial de la Juventud se celebrará el próximo mes de agosto en Colonia (Alemania). El propio Papa elegía el tema y desarrollaba sus contenidos en un mensaje anual a los jóvenes del mundo.

Su origen

Karol Józef Wojtyla, conocido como Juan Pablo II desde su elección hace 26 años y medio nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia (Polonia), el 18 de mayo de 1920. Era el segundo de los dos hijos de Karol Wojtyla y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929 mientras daba a luz a su tercer hijo, que nació muerto. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932, y su padre (suboficial del ejército), en 1941.

A los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 17 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Martin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.

Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.

A partir de 1942, sintiendo la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de esta archidiócesis, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.

Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946.

Seguidamente, fue enviado por el Cardenal Sapieha a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró (1948) en Teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz. En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser catedrático de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.

El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Baziak. El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967.

Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-65), con una contribución importante en la elaboración de la constitución "Gaudium et spes", el Cardenal Wojtyla tomó parte en todas las asambleas del Sínodo de los Obispos desde que fue creado por Pablo VI en 1967.

(Servicio Vaticano de Información)

 

Lo que han dicho de Juan Pablo II

"Juan Pablo II es testigo del mensaje de salvación ciertamente a través de su vastísimo magisterio, pero más aún si cabe, con su propia persona". Cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado Vaticano.

"Juan Pablo II es un hombre muy especial para un mundo muy especial. Es el Papa de Fátimael Papa es un místico. Ama a Cristo". Jim Caviezel, actor que interpretó a Jesús en la película "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson.

"La gran novedad que el Papa ha hecho aletear, fundada en la Escritura y sugerida por el Concilio Vaticano II, es una nueva autoconciencia de la Iglesia. Hace sentir a cualquier mujer corazón de la humanidad". Chiara Lubich, fundadora de los Focolares.

"Todos los expertos, hasta los más agnósticos, están de acuerdo: si hay alguna personalidad en el mundo que de verdad 'vende periódicos', como se dice en la jerga periodística, es Juan Pablo II". Miguel Álvarez y Ángel Velasco, periodistas españoles.

"El Papa viaja incansablemente por todo el mundo sin temor al cansancio; se entrega, sin reservas, para franquear las puertas a Cristo y abatir las barreras de las que se rodea el hombre. Juan Pablo II se acerca a los poderosos y a los desheredados, a los ricos y a los pobres, en lugares lejanos o en grandes plazas, siempre para llevar a Cristo en Medio del Mundo". Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

"El mundo entero sabe que cuenta con Vuestra atención y Vuestro amor, porque habéis consagrado Vuestra Vida al servicio. Esto es lo que hace que Vuestra presencia sea deseada en todas partes, que vaya sembrando esperanzas, ansias de que se apague el odio y nazca la voluntad de un fraterno modo de vivir". Juan Carlos I, Rey de España.

"Juan Pablo II nos dice que la dignidad de la mujer se mide en relación con el amor. Esto es verdad no sólo en el matrimonio, sino en el conjunto de las relaciones interpersonales que de modo inverso estructuran la convivencia y la cooperación entre las personas". Corazón Aquino, ex-presidenta de Filipinas.

"La personalidad de este hombre de Dios, unida a su bondad, a su carisma, a su sonrisa, han conquistado incluso a los no creyentes. He oído a un joven japonés (no creyente) susurrar acerca de él: '¡Qué gran hombre!' ". Shusaku Endo, novelista japonés, Premio Nobel de la Literatura.

 

El Santo Padre y su vinculación con nuestra región

Juan Pablo II es el primer papa que ha visitado Extremadura, estuvo en Guadalupe en 1982

El pontificado de Juan Pablo II ha dejado huella en nuestra región.

En el año 1982, el 4 de noviembre, en la primera de las cinco visitas que realizó a España, estuvo en Guadalupe. Ese día, fiesta onomástica del Papa, visitó también las ciudades de Toledo y Segovia.

En Guadalupe se realizó una celebración de la Palabra en la plaza del Santuario de la Virgen. En su homilía el Santo Padre habló del drama y reto humano, social y cristiano de las migraciones, en referencia a los emigrantes extremeños, adelantándose también al fenómeno que se ha hecho mucho más notorio una década después, por lo que podemos decir que el discurso de Juan Pablo II fue en cierto sentido profético de algo que todavía no intuíamos.

No a la explotación

Entre sus palabras, el Santo Padre señalaba que "las regiones o países receptores olvidan con demasiada frecuencia que los trabajadores inmigrantes son seres que vienen arrancados por las necesidades de su tierra natal". El Papa pedía ya entonces a los empresarios que no explotaran a los inmigrantes, a la Iglesia que los acogiera, al Estado que les prestase apoyo y a los propios inmigrantes que se integrasen en las sociedades que los acogen.

El Papa terminaba su intervención en Guadalupe aludiendo a la Virgen, todo un referente de su pontificado. "María -dijo- no es sólo la madre solicita de los hombres, de los pueblos, de los emigrantes. Es también el modelo en la fe y en las virtudes que hemos de imitar durante nuestra peregrinación terrena".

Constitución de la Provincia Eclesiástica

Uno de los eventos que ligan definitivamente a Juan Pablo II a la Iglesia que peregrina en Extremadura es la constitución de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz. Por su Bula Universae Ecclesiae de 28 de julio de 1994, se constituyó en Provincia Eclesiástica a la tres Iglesias diocesanas asentadas en esta tierra y enraizadas secularmente en este pueblo. Nació así la archidiócesis de Mérida-Badajoz.

El Nuncio Tagliaferri, actuando con poderes delegados por el Papa, hizo efectivo, con solemne Decreto, el cumplimiento de la Bula. Ésta fue mostrada al Primer Arzobispo de Mérida-Badajoz, monseñor Antonio Montero Moreno, y a los obispos de las sedes Cauriense y Placentina. Eran testigos cualificados el cardenal Primado de España y tres arzobispos emeritenses, cada cual por título propio, como dijo D. Antonio en su homilía.

Dieciséis obispos, cuatrocientos sacerdotes concelebrantes y cuatro mil quinientos fieles cristianos venidos de todas las parroquias, testigos y portavoces de sus comunidades, fueron actores en el Teatro Romano de Mérida de un acontecimiento esperado desde siglos.

El Papa y nuestros obispos

Los tres obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz han tenido una vinculación especial con Juan Juan Pablo II. El Papa polaco nombró obispo a don Santiago García Aracil, al que designó el 9 de julio de 2004 Arzobispo de Mérida-Badajoz, tras haber pasado por Valencia como obispo auxiliar y por Jaén como obispo de esa diócesis. Don Ciriaco Benavente Mateos, obispo de Coria-Cáceres, fue nombrado obispo por Juan Pablo II y ordenado como tal el 22 de marzo de 1992 en Coria, mientras que don Amadeo Rodríguez Magro fue nombrado obispo por el Santo Padre el 3 de julio de 2003 y ordenado el 31 de agosto en la catedral de Plasencia.

Otros momentos importantes en la relación personal de los pastores de Mérida-Badajoz con el Santo Padre han sido las visitas Ad Limina. La última se ha llevado a cabo del 22 al 28 de enero pasado, hace apenas dos meses. El momento principal de esa visita lo constituye la entrevista personal que el Papa mantiene con cada uno de los Obispos y la posterior audiencia y discurso papal a los distintos grupos de Obispos.

Tras su encuentro con Juan Pablo II, el Arzobispo de Mérida-Badajoz, don Santiago García Aracil, declaraba que "al tiempo que le iba hablando, me preguntó por los niños y los jóvenes, por la familia, por los sacerdotes, por los seminaristas. Me ha llenado de gozo encontrarme cara a cara con un Papa anciano, enfermo, muy limitado físicamente pero plenamente consciente de su ministerio en la Iglesia y abiertamente interesado por la realidad de cada diócesis.

Nuestra ilusión ha de orientarse a dar gloria a Dios. Por eso, no cabe duda, de que es un estímulo muy grande encontrar a una persona, al Papa, que lleva con alegría, con mucho esfuerzo y con plena fe en el Señor, el gran peso de la Iglesia universal sobre sus débiles y cansados hombros de la ancianidad y del dolor".

El Papa y los jóvenes extremeños

De todos es conocida la cercanía de Juan Pablo II a los jóvenes y de los jóvenes a Juan Pablo II. Miles de ellos han tomado parte en los encuentros europeos y mundiales de la juventud con el Santo Padre en ciudades como Santiago de Compostela, Toronto o Roma, incluso cientos de jóvenes preparaban ya un nuevo encuentro para este verano en la ciudad alemana de Colonia.

La experiencia de Madrid

La última vez que los jóvenes se encontraron con el Papa en Madrid, el 3 de mayo de 2003 dentro de su quinta visita a España, el sucesor de Pedro les decía que ellos son la esperanza de la Iglesia y de la sociedad, a la vez que les advertía que "el drama de la cultura actual es la falta de interioridad... Cuando falta el espíritu contemplativo no se defiende la vida" y les pedía que respondieran a la violencia ciega y al odio inhumano con el poder fascinante del amor, a lo que añadía frases para la historia personal del Papa y los jóvenes como"Venced la enemistad con la fuerza del perdón. Manteneos lejos de toda forma de nacionalismo exasperado, de racismo y de intolerancia. Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen".

Pero no han sido solamente los jóvenes, la posibilidad de acceder a la figura del Papa por parte de los extremeños ha sido mayor que la de otros compatriotas nuestros. Miles y miles los peregrinos de nuestra región han seguido a Juan Pablo II en sus visitas al vecino Portugal.

Un extraordinario regalo de Dios

Murió como vivió, hasta el extremo y rodeado de miles de personas. Cuando monseñor Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, hizo público el fallecimiento de Juan Pablo II todos intuimos una enorme repercusión por tratarse de un Papa que ha recorrido el mundo, pero probablemente todos pensábamos también que esa trascendencia sería principalmente mediática. Lejos de ello, hemos tenido la oportunidad de comprobar que Karol Wojtyla ha llegado al corazón de las personas cuando en Brasil miles de creyentes se lanzaron a la calle para rezar, en Madrid jóvenes de los que acompañaron al Papa en sus encuentros mundiales y europeos se citaron con móviles para orar, en Polonia la gente rezaba y lloraba por la calle, en México el Santuario de la Virgen de Guadalupe se iluminó de velas, en las calles de Cuba se recordó al que se atrevió a hablar de Dios, libertad e igualdad en la Plaza de la Revolución, en todo el mundo los cristianos se reunieron en eucaristías, y celebraciones variadas... Pero no sólo eso, muestras de cariño y de afecto llegan también de países musulmanes, de Israel, de los estados más variopintos de los cinco continentes. Estamos sin duda ante uno de los fenómenos más impresionantes de la historia de la humanidad.

Juan Pablo II, bajo las directrices del Concilio Vaticano II, ha gobernado la Iglesia y ha marcado un camino que nos orientará durante muchos años, pero el Papa que vino del Este no ha sido solamente un gobernante, ha sido un hombre de Dios, que ha anunciado el Evangelio en todo el mundo, testimoniándolo con su propia vida. Supo cargar con su cruz para demostrar a todos que la calidad de vida no marca la dignidad de la persona y que la ancianidad y la enfermedad tienen valor salvífico si se les asocia a la Pasión y a la Cruz de Cristo.

Como se dice en la carta de pésame enviada por la Conferencia Episcopal Española a la Santa Sede, Juan Pablo II ha sido un extraordinario regalo de Dios para la Iglesia y para el mundo.


Liturgia dominical

Celebramos el III domingo de Pascua

Palabra de Dios

 

Hechos de los Apóstoles 2, 14, 22-33

El día de Pentecostés se presentó Pedro con los once, levantó la voz y dirigió la palabra: Escuchadme israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice: &laqno;Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón , exulta mi lengua y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia».Hermanos, permitidme hablaros con franqueza. El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo &laqno;que no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción», hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora exaltado por la diestra de Dios , ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.

 

Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús, en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? Él les replicó: ¿Qué? Ellos le contestaron: Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo le entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que Él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es verdad, que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les ha- bían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron.

Entonces Jesús les dijo: ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario para que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. pero Él desapareció. Ellos comentaron: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo había reconocido al partir el pan.

 

Comentario Litúrgico

Quédate con nosotros

Seguimos el gozoso itinerario de la cincuentena pascual en el que la Iglesia, especialmente en la liturgia, continúa celebrando el acontecimiento de la resurrección del Señor e intenta que cada uno de nosotros participemos del mismo como integrante esencial de nuestra vida cristiana.

Cada domingo de este tiempo pascual, las lecturas nos ofrecen variantes del misterio que celebramos. A cada uno de nosotros nos toca con la lectura meditativa de la Palabra destacar los distintos aspectos del hecho de la resurrección del Señor.

El pasado domingo, una cita de la primera carta de san Pedro nos orientaba en sustentar nuestra esperanza de salvación y de encontrar sentido a nuestra vida en el hecho mismo de que Cristo, tras pasar por el oscuro túnel de su pasión, resucitó lleno de gloria.

Este domingo en la lectura evangélica encontramos una de las oraciones de petición que más se ha repetido en los dos milenios de cristianismo: &laqno;Quédate con nosotros».

Surgió desde el fondo de la duda y el miedo de los discípulos de Emaús y sigue resonando más de una vez, desde nuestro propio corazón creyente, cuando la perplejidad, la oscuridad o la tentación ponen en peligro nuestro seguimiento cristiano.

Todo el pasaje evangélico de hoy apuntala fuertemente la certeza de que la resurrección de Cristo no fue un hecho clavado en el pasado sino una realidad de cada día y para cada hombre. Desde aquella venturosa alborada de la resurrección, todos los cristianos tenemos un compañero de camino que nos sienta a su mesa y nos invita a cenar con Él. Cada domingo esta cita se nos ofrece en la Eucaristía.

Antonio Luis Martínez

Lecturas bíblicas para los días de la semana

11, lunes: Hch 6, 8-15; Jn 6, 22-29.
12, martes: Hch 7, 51 - 8, 1a; jn 6, 30-35 .
13, miércoles: Hch 8, 1b-8; Jn 6, 35-40.
14, jueves: Hch 8, 26-40; Jn 6, 44-51.
15, viernes: Hch 9, 1-20; Jn 6, 52-59.
16, sábado: Hch 9, 31-42; Jn 6, 60-69.
17, domingo: Hch 2, 14a. 36-41; 1Pe 2, 20b-25; Jn 10, 1-10.

 

12 de abril: San Sabas el Godo (+ 372)

Una carta sobre su martirio, escrita muy poco después de su muerte, fecha con notable exactitud los sucesos, que debieron de tener por escenario las tierras del norte del Danubio, posiblemente Tirgoviste, en la actual Rumania.

Sabas, al parecer lector en la iglesia, no debía ser considerado como una lumbrera, y es significativo que de él se nos diga que "no era elocuente en las palabras"; cantaba y decía los oficios del culto divino, pero su elocuencia para incitar a todos a vivir bien residía mucho más en el ejemplo que en la voz. En el curso de una persecución fue prendido y soltado al poco tiempo por juzgársele persona insignificante; no valía la pena ensañarse con un infeliz como él, quizá de cortas luces o de muy escasa instrucción, en cualquier caso un don nadie en la comunidad cristiana.

Prendido por segunda vez, "le llevaron desnudo por lugares ásperos y espinosos, dándole muchos palos y azotes", pero su actitud era de mansedumbre y de alegría, lo que exasperó a sus verdugos, que le torturaron hasta dejarle por muerto.

Una piadosa mujer le desató de noche y le llevó a su casa, pero volvió a caer en manos de sus perseguidores. Es improbable, como sugiere algún hagiógrafo, que en esta ocasión se le desatara la lengua, no era hombre de grandes discursos. Tal vez sólo dijo no o hizo un gesto negativo con la cabeza, y por eso se le ató a un tronco y se le tiró al río Buzau, donde murió ahogado.

Los santos de la semana

11, lunes: Estanislao, Toribio de Astorga, Hildebrando.
12, martes: Constantino, Damiano, Florentino, Sabas, Víctor.
13, miércoles: Martín I, Carpo, Hermenegildo, Justino, Quintiliano.
14, jueves: bernardo, Tiburcio, Valeriano, Máximo, Próculo.
15, viernes: Basilisa, Anastasia, Marón, Eutiques.
16, sábado: Ntra. Sra de la Montaña, Toribio, Benito J. Labre, Bernadeta S.
17, domingo: Aniceto, Elías, Pablo, Isidoro.


Contraportada

Imágenes de una vida



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