Semanario
"Iglesia en camino"

Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

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Iglenca@grn.es

Número 293.28 de marzo de 1999

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

Portada

El Hijo nos ha reconciliado con el Padre

Semana Santa'99



Foto: Santísimo Cristo del Humilladero. Talla de Francisco de Ocampo, discípulo de Francisco de Montañés. (1615). Azuaga (Badajoz)

 

Carta del Arzobispo

Rezo meditado del "Alma de Cristo"

Viernes Santo´99

Doy por seguro, Señor, que millares y millares, por no decir millones, de hombres y de mujeres, a lo largo de más de cuatro siglos, han recitado el Alma de Cristo, siguiendo la recomendación de San Ignacio, para el final de la oración personal o en momentos de especial intensidad religiosa. Esas letrillas litánicas, que el santo nombraba todavía en latín, te presentan, Señor crucificado, un recital breve y silencioso de querencias íntimas, nacidas todas ellas de nuestra pobreza radical. Son las cuentas preciosas de un misterio del rosario, a la vez doloroso y glorioso. Intentaré repasar, grano a grano, esta espiga de invocaciones.

Alma de Cristo, santifícame

Tú sabes mejor que yo a cuántos equívocos se presta hoy el nombre mismo del alma. Entiendo por alma con la Biblia, la Iglesia y la tradición cultural a la que pertenezco, esa otra dimensión fundante, invisible e inmortal de mi ser, que anima y sostiene la vida de mi cuerpo, que con él me hace persona, donde se asientan la inteligencia, la libertad, el amor y la dignidad del hombre. De donde brotan también, por su cara obscura, el pecado y la maldad, la abyección y la podredumbre moral.

Sobre mi alma, que soy yo mismo, sobre su desnudez indigente y pecadora, derrama, oh Cristo, la gracia, la luz y la santidad de la tuya.

Cuerpo de Cristo, sálvame

Me refiero a tu cuerpo viviente y humano, gestado por el Espíritu en las entrañas de María, amamantado a sus pechos, crecido y curtido en el taller de José. Enrolado, de niño y de joven, en juegos, caminatas y debates, en la sinagoga y en el templo. Metido entre la gente, israelita cabal, hijo del carpintero. Y luego sudoroso en los caminos de Galilea y de Judea, sin cabezal para el descanso, dormido sobre la barca, profeta erguido y entrañable, Hijo del hombre.

Me acojo a ese cuerpo mortal de cordero inocente, llevado al sacrificio, abofeteado, sangrante y escarnecido. Colgado después de tres clavos, traspasado por la lanza, muerto y silencioso, grano de trigo en el sepulcro. Te adoro, cuerpo resucitado y glorioso de mi único Señor, vivo para siempre, blanco cordero celestial, vencedor de tu muerte y de la mía. Y, cómo no?, cuerpo eucarístico de Jesús, pan vivo bajado del cielo, manjar de resurrección para mi carne ciega y mortal, proclive a los siete pecados. Sálvame, cuerpo místico de Cristo, cabeza de la Iglesia, de la que soy miembro agradecido!.

Sangre de Cristo, embriágame

De nuevo al mirarte, Señor, vuelve a mis labios la referencia eucarística, fundamental para nuestra condición terrestre, memorial de tu pasión, anticipo del banquete celestial. "Ya no beberé, nos dijiste, del fruto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de mi Padre". Lo de la embriaguez, ya se sabe, no es de tu sangre física, sino de tu vino eucarístico. "Qué breve inmensidad la del instante en que riega tu sangre mi organismo!", escribí en un verso de juventud. No sé si es pedirte mucho que me eduques el paladar del alma, el sabor y el gusto interior de las cosas santas; "la sobria embriaguez del Espíritu" de aquel himno litúrgico latino. "Loca del Sacramento" llamaban en vida a Santa Micaela. A los apóstoles los quisieron detener por borrachos el día de Pentecostés. Embriagarse de Dios, romper los linderos de la clase media espiritual, vivir sin vivir en mí!

Agua del costado de Cristo, lávame

Qué contraste, Maestro, entre tu santa humanidad, presta ya para resucitar, y nuestra existencia arrastrada y polvorienta, siempre a la espera de un baño de gracia! Nos has lavado, Señor, con tu sangre. Dame la blanca túnica de los que acompañan al Cordero en los prados celestes. Bendita la fuente bautismal, bendita el agua lustral del sacramento del perdón. Limpieza corporal, Dios mío, tan grata y relajante, que nos hace respetarnos a nosotros mismos y valorar a los demás. Pureza de corazón, claridad de intenciones, veracidad en las palabras, transparencia en la conducta. Milagro del agua de tu costado.

Pasión de Cristo, confórtame

No es la lógica la que aquí manda, sino el corazón. Tu Pasión incluye todo lo dicho y parte de lo que falta. Esta palabra bendita nos lo dice todo a tus discípulos. Tu sagrada pasión discurre de Ramos a Gloria, del Cenáculo al Calvario. Abarca la agonía del huerto, la bofetada ante Anás, la corona de espinas, la humillación con Barrabás, la calle de la Amargura, las siete palabras, las cinco llagas. Este, Señor, es tu cáliz, el de la pregunta a los del Zebedeo y a nosotros: Sois capaces de beberlo?

Ahí me duele, Señor. Tu pasión no es una leyenda aurea; es una experiencia insondable, una fuente de salvación, una cátedra de sabiduría. "Yo no quiero saber de otra cosa, nos diría tu apóstol Pablo, sino de Jesucristo y de éste crucificado". A Felipe II mientras le rajaba la pierna el cirujano, le leían páginas de tu pasión. (Pasión significa dos cosas: amor extremado y sufrimiento total). De ella sacaron amor las vírgenes cristianas, arrojo los mártires, fuego los apóstoles, lucidez los doctores, esperanza los oprimidos. Anda, Señor, confórtame.

Oh buen Jesús, óyeme!

Tampoco esto viene muy a cuento, en una letanía de peticiones concretas. Tendría yo que decirte como tú al Padre: "Sé que siempre me oyes! Pero es que estoy pidiéndote santidad, salvación, pureza de alma, experiencia de tí, fortaleza en mis cruces. Me asalta, perdón, la duda de si no me estás oyendo tú, o yo te estoy pidiendo demasiado. Es un decir, Señor. Lo que pasa es que, entre nosotros los hombres, yo el primero, ocurre a menudo que no le echas cuentas al que se desahoga contigo, al que espera tu escucha de sus cuitas.

Sigo, pues, mi letanía, tras este descansillo afectivo, y perdona mi atrevimiento en lo que paso a decirte.

Dentro de tus llagas, escóndeme

Esto le iría a San Francisco o Santa Teresa. Pero, a mí? Ha habido contemplativos en la Iglesia que, por gracia singular, han llevado en sus manos, en sus pies y en su costado los estigmas de tus llagas. Jesús, yo no pido tanto, pero sí que me escondas místicamente en tus llagas sacrosantas, que es decir en lo más íntimo de tu ser divino. No pretendo ser el único, hasta eso podríamos llegar! Ábrenos tus cinco ventanas, hoy de luz y de gloria, al montón infinito de cristianos que buscamos tu rostro. Señor, tú sabes que te amo.

No permitas que me aparte de ti

Pero, cómo puedo, Cristo mío, cantar victoria? Acaso estamos ya en las Bodas eternas, en la casa del Padre, en la mansión de la luz y de la paz? No, por cierto y por desgracia. Aunque tú hicieras realidad conmigo la metáfora inefable de esconderme en tus llagas benditas, todavía en esta carne de pecado, tú no te fies ni un pelo del uso y abuso insensato que yo puedo hacer de mi albedrío.

Igual os pediría a ti y a tu Padre la herencia que me tenéis asignada, para quemarla luego a mis anchas por el mundo. No soy de pasta distinta que la de los apóstatas, adúlteros, o simples cabezas locas que en el mundo han sido. Por eso, Señor, al igual que el Jueves Santo conserva el sacerdote, colgada a su cuello, la llave preciosa del monumento, haz tú eso mismo con las llaves de tus cinco llagas para que, una vez dentro, no sienta yo jamás el arrebato de escaparme. Tú ya nos conoces. No permitas, entonces, que me aparte de ti.

Del maligno enemigo defiéndeme

Es que, Señor, vivimos en zozobra. Recibimos y paladeamos tus dádivas exquisitas, al tiempo que ejercen sobre nosotros una presión constante y abrumadora el mundo, el demonio y la carne. Son las fuerzas del mal, el misterio de iniquidad, o el aguijón del pecado que se clavaba en las carnes de San Pablo. Las cosas son así y nosotros, según confesaba el mismo apóstol, "no estamos guerreando únicamente contra la sangre y la carne, sino contra los principados, potestades y dominaciones de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires".

Conozco, cómo no?, la sonrisa de superioridad de algunos ante esas supuestas mitologías, una actitud que a todos nos tienta un poco. Pero, quién que esté empeñado cada día en el combate cristiano no experimenta, de sobra, todo eso y mucho más? Tú, Señor, derrotaste al maligno en el desierto de Judá.

En la hora de mi muerte llámame, y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos

Se me desatan al final, Jesús bendito, la lengua y el corazón, implorando de ti sin rodeos la suerte buena de una buena muerte. Toma tú entonces, amigo mío, la iniciativa final de llevarme a ti en el momento más solemne de mi destino. Hazme pasar, entonces y para siempre, del reino de la queja al de la alabanza. Eso es lo que quiero yo, quizá con solapado egoísmo: cantar eternamente tus alabanzas, aunque ello no supusiera para mi la plenitud eterna de la dicha. Resulta, empero, que por eso mismo lo es. Vocación, pues, eterna la mía de músico y de cantor. Afina tú el instrumento, Señor soberano! Amen.

+ Antonio Montero Moreno
Arzobispo de Mérida-Badajoz

 

Centrales

La forma de vida, modelos sociales y salarios
son objeto de análisis el "Día del Amor Fraterno"

La Comisión Episcopal de Pastoral Social lanza un comunicado
con motivo del Jueves Santo

En este día de Jueves Santo celebra la comunidad creyente el amor entrañable de Jesús a sus discípulos. Llegado el momento cumbre, la hora de dejar este mundo e ir al Padre (Jn 13,1), Jesús, con unos sencillos gestos, nos va a revelar el auténtico rostro del Padre, el verdadero rostro también del hombre.

Nos revela a un Dios Padre, que ama apasionadamente al hombre con sus contradicciones y miserias. Él, que había amado siempre a los suyos..., iba a demostrarles ahora la plenitud de su amor (Jn 13,1); y así manifiesta visiblemente el rostro del Padre: El que me ha visto a mí ha visto al Padre (Jn 14,9). Pero a la vez, Jesús enseña cómo debe ser y actuar la comunidad de sus seguidores: hacer visible el rostro amoroso del Padre al hombre de hoy, amándolo apasionadamente, sintiéndose solidario de todo hombre y defendiendo a las víctimas de la injusticia humana.

Es también un amor que dignifica al hombre como persona y como ser social, al ser un amor que no excluye a nadie, sino que sale por los caminos del mundo e invita a los que se encuentran al margen, en la periferia y fuera de la ciudad, a que entren y se sienten en la mesa del reino con plenos derechos.

Este amor de Dios Padre, manifestado visiblemente en Jesús e interiorizado por el Espíritu, es un don gratuito, pero a la vez es tarea: Os doy un mandamiento nuevo: amaos unos a otros. Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros (Jn 13,34). Jesús con este mandamiento del amor nos da el estatuto, el fundamento y la característica de su nueva comunidad: En esto conocerán que sois discípulos míos, en que os améis unos a otros (Jn 13,35).

Servidor real

Jesús, al hacerse servidor, manifiesta su realeza de muy distinta manera a como acontece en el mundo. Su amor y su servicio crean las condiciones de igualdad y de libertad entre los hombres. En la comunidad de Jesús todos serán señores porque todos serán servidores. Las diferencias y funciones no justifican superioridad alguna, ni pueden eclipsar la relación fundamental de hermanos, por ser todos hijos del mismo Padre. Jesús, con el gesto de lavar los pies y de compartir la cena de despedida con sus discípulos, ha mostrado su amor; un amor que no excluye a nadie, ni siquiera al que lo iba a entregar. Así debemos amar nosotros.

En un mundo caracterizado por escandalosas y sangrientas desigualdades, sólo el amor servicial, que se sitúa abajo y se realiza desde el servicio, es capaz de crear un mundo donde reine la igualdad para todos, elevando a todos y a cada uno de los hombres a la categoría de ser libres y señores.

Solidaridad frente al individualismo y el egoísmo... Pero la solidaridad sólo es posible si existe el convencimiento de que se puede ser más persona y vivir feliz teniendo menos. Es ciertamente posible acumular mucho, tener siempre más, y vivir a niveles ínfimos como personas. La solidaridad cristiana es siempre voz profética que cuestiona el comportamiento de los diversos grupos sociales y de los individuos. Pues, mientras unos disfrutan de empleos estables, bien remunerados y viven cada vez mejor, otros, viven bajo el miedo de perder su trabajo o se ven obligados a aceptar empleos precarios, con escasa protección social; otros ni siquiera tienen trabajo, son excluidos del sistema, más aún, son silenciosos y silenciados; no encuentran voces que los defiendan ni denuncien las grandes desigualdades, como son: las cuantiosas ganancias de unos pocos; los gastos millonarios de fichajes por parte de los clubes de fútbol; el excesivo sueldo de altos cargos; las fiestas fastuosas; la insolidaridad de colectivos privilegiados con ingresos elevados que cada vez exigen más. Se está dispuesto a moderar sueldos y salarios?

Salarios bajos

Queremos medirnos con quienes perciben más; sería necesario socialmente que el país comenzara a tomar como punto de referencia los ingresos de los que perciben menos.

Esta responsabilidad de solidaridad alcanza también a la clase trabajadora. Entre ellos se encuentra la misma filosofía consumista; acumular para consumir más y más. Al servicio del consumismo está el problema del pluriempleo y el de las horas extraordinarias. Esta falta de conciencia social, de solidaridad, existe incluso entre los parados y los empobrecidos; también en ellos reinan el egoísmo, la ambición, la insolidaridad individualista. Este clima de la condición humana, acentuado en nuestra cultura despojada de la fe, atraviesa todas las épocas de la historia del hombre. Son los santos y los hombres y mujeres de buena voluntad, de todos los tiempos, quienes han vencido esta inercia que brota del pecado de origen. Esta constatación nos está pidiendo la necesidad urgente de conversión, de un cambio radical en el modo de pensar y en el estilo de vida.

Pero la voz profética no se ha de limitar a denunciar, ha de ofrecer propuestas de futuro. Ser hermanos de cientos de miles y millones de compatriotas, que viven en situaciones inhumanas nos pide, desde la óptica del mensaje de Jesús, un modo de solidaridad nueva, que sea auténtica voz y esperanza de los silenciosos y silenciados:

Frente a un tipo de solidaridad entendida sólo como cooperación, pero que no cuestiona el sistema insolidario e injusto (es una solidaridad para que todo siga igual), el mensaje bíblico apela a una solidaridad que ha de incluir la justicia... Justicia sí, pero no es suficiente. Se precisa esa dimensión más profunda que es el amor. Pues, aún cuando los hombres tengan una seguridad social, que cubra todas las necesidades, seguirán necesitando siempre ser atendidos con amor. La caridad debe lograr que haya ternura. En un mundo donde ya se hubiera establecido definitivamente la justicia, pero un mundo sin amor, sin misericordia, el hombre seguiría siendo infeliz. El único trato digno de la condición humana es el amor. Por amor, con amor y para el amor fuimos creados por Dios.

... El mensaje de Jesús apela a una solidaridad universal, abierta a todos, desde la perspectiva de los menos favorecidos. Esta es la solidaridad específica que aporta el Evangelio a la sociedad: la solidaridad de los hermanos que se vuelcan sobre el hermano más débil. No se define por su imparcialidad sino por la parcialidad, por la inclinación al débil y oprimido; persigue la igualdad a través de esa parcialidad....

La solidaridad cristiana consiste en un amor fraternal desde la experiencia del amor del Padre que nos hace hijos y hermanos universales. Por eso, el creyente no se contenta con una solidaridad con la humanidad, pero sin padre. Pues poco a poco esa solidaridad quedará sometida a los ídolos del mercado, con las consecuencias funestas de desplazar y excluir siempre a los más débiles. La comunidad cristiana ha de ser vigía para que esto no suceda. El Evangelio, y todos los valores que de él brotan, no ha sido nunca un tesoro exclusivo y excluyente de la Iglesia, sino un don del inmenso amor del Padre a la humanidad: Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único (Jn 3,16). Los cristianos de hoy no podemos escamotear el evangelio a nuestra sociedad y un modo privilegiado de anunciarlo es viviendo, con los gestos de nuestra propia vida, el modo de solidaridad fraternal que nos enseñó el Señor.

 

Noticiario diocesano

Erigido un Vía Crucis desde Pedroso de Acim
hasta El Palancar

Conmemoración del V centenario del nacimiento de san Pedro de Alcántara

El V centenario del nacimiento de San Pedro de Alcántara, copatrono de Extremadura, continúa generando actividades diversas. El pasado domingo miles de personas se congregaban en Pedroso de Acim, en Cáceres, donde se encuentra el convento de El Palancar, para asistir a la bendición de un Vía Crucis de granito. El Vía Crucis se iniciaba en el pueblo y terminaba en El Palancar. Las catorce estaciones llevan el nombre de los arciprestazgos de la diócesis de Coria-Cáceres, su seminario diocesano, la Archidiócesis de Mérida-Badajoz y la provincia bética franciscana.

Del pueblo al convento

El acto daba comienzo a primera hora de la tarde y en él tomaba parte el obispo de Coria-Cáceres, don Ciriaco Benavente. La diócesis de Mérida-Badajoz estuvo representada por el vicario general, don Amadeo Rodríguez.

Durante todo este año se vienen realizando múltiples actos conmemorativos del V centenario del nacimiento de San Pedro de Alcántara, especialmente en la diócesis de Coria-Cáceres.

Las Misioneras de los Sagrados Corazones, de Monesterio,
recuerdan a su fundadora

La parroquia de san Pedro Apóstol de Monesterio acaba de concluir las actividades organizadas con el fin de conmemorar el centenario de la muerte de Sor María Rafaela, fundadora de las Religiosas Misioneras de los Sagrados Corazones, congregación que viene trabajando en esa localidad desde 1991, cien años después de su fundación en Mallorca.

De ayer con mensaje de hoy

Bajo el lema Sor María Rafaela, una mujer de ayer con un mensaje de hoy, se han desarrollado diversas actividades destinadas a dar a conocer la labor que esta congregación está llevando a cabo.

Actualmente, en la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, esta congregación cuenta con dos casas, una en Monesterio y otra en Calamonte. La labor de esta congregación se centra sobre todo en el servicio pastoral a las parroquias.

Figura de una gran mujer

Desde marzo del año pasado hasta marzo de este año, las religiosas han realizado diversas actividades destinadas a dar a conocer la figura de su fundadora, su persona y su mensaje. La Eucaristía de clausura del centenario, en la parroquia de Monesterio, fue presidida por el vicario de zona don Francisco Maya y, en ella, se rindió un homenaje de agradecimiento y felicitación a toda la congregación, en especial a las hermanas que se encuentran en Monesterio.

RAFA MOLINA

El Arzobispo presidirá la Misa Crismal será en la catedral de Badajoz

El Arzobispo de Mérida-Badajoz repartirá su actividad entre las dos sedes arzobispales: Mérida y Badajoz.

Don Antonio Montero presidirá la Eucaristía del Domingo de Ramos en la Catedral de Badajoz a las 12 de la mañana. El Jueves Santo se trasladará a Mérida para celebrar en la Concatedral de Santa María los Santos Oficios a las seis de la tarde. Regresará a Badajoz para participar en la Procesión de la Soledad a las 8.

El Viernes Santo el Arzobispo estará en Badajoz. A las 10 de la mañana participará en el rezo de laudes en la Catedral. dos horas más tarde estará en la parroquia de Santo Domingo, donde hará el Vía-Crucis. Por la tarde, a las 18.30 presidirá los Santos Oficios en la Catedral y la procesión del Santo Entierro.

El Sábado presidirá la Vigilia Pascual en la Concatedral emeritense a las 23 horas y el Domingo de Resurrección presidirá la Misa Pontifical a las 12 de la mañana en la Catedral.

 

Pregones de Semana Santa

Semana Santa y conversión

El escritor de Oliva de la Frontera Francisco Lebrato Fuentes fue el encargado de pronunciar el pregón de Semana Santa en Badajoz. El acto se desarrollaba en la parroquia de san Agustín.

En su discurso dio un repaso a los desfiles procesionales que recorren Badajoz resaltando el sentido litúrgico de cada día. Destacó la presencia de la Virgen María en la Pasión e hizo una llamada al sentido de conversión que debe tener la Semana Santa.

El acto era presidido por el arzobispo y contó con la presencia del alcalde de la ciudad, don Miguel Celdrán.

La Pasión según María

La semana santa emeritense tuvo como pregonero al cronista de la ciudad, don José Luis Mosquera. En su intervención, en el centro cultural "Alcazaba" repasó la Pasión de Jesús pero vista desde otra perspectiva, la de María, su madre. María fue presentada como la madre preocupada por su hijo y principal discípulo del Señor. El pregonero imaginó su papel cuando Jesús se lanza a la vida pública y cómo afronta la muerte de su hijo.

Al acto asistía el arcipreste de Mérida, don Manuel Grillo y a él se sumó también el alcalde de la ciudad, don Pedro Acedo.

El Sacrificio de los costaleros

El Teatro López de Ayala acogió el VI Pregón del Costalero, que este año estuvo a cargo de don Cristino Portalo, Guardián de la Catedral de Badajoz, que fue presentado por el presidente de la Asociación de Amigos de Badajoz, don Antonio Manzano Marchirant.

En su intervención hizo un recorrido por todas las cofradías y procesiones de la ciudad. En este periplo alabó la condición de los costaleros, que hacen posible que nuestras calles adquieran una estampa especial durante la Semana Santa. Los costaleros, afirmó don Cristino, rememoran con su esfuerzo y sacrificio los sacrificios del propio Cristo en la Pasión, mientras otras personas pasan la Semana Santa en las playas.

El público asistente, que abarrotó el teatro, pudo disfrutar con las interpretaciones de la banda de la Agrupación Musical de la Asociación de Costaleros de Badajoz, que interpretó diversas marchas procesionales como "Virgen de los Estudiantes" , "Esperanza de Triana", "Encarnación Coronada" o "Hermanos Costaleros".

El acto contó también con un recital de saetas por parte de Paco Chicho y Manuel Pardo.

Los rostros de Cristo

El sacerdote y profesor de pedagogía riojano don Manuel Íñiguez participaba en el aula del diario extremeño "Hoy".

En su intervención el sacerdote afirmaba que el arte religioso expresa la fe de la Iglesia. El conferenciante llamaba la atención sobre el valor catequético que ha tenido y sigue teniendo el arte religioso,que ha servido en muchas ocasiones para que el pueblo llano, inculto en tiempos pretéritos, compendiese los grandes misterios de la fe cristiana a través de la pintura o la escultura.

En un segundo momento, Íñiguez, realizaba un recorrido por la historia del arte cristiano, apoyado en diversas diapositivas. En ellas se mostraban imágenes de la exposición "El Hijo del Hombre. El rostro de Cristo en el arte", celebrada recientemente en Madrid, a instancias de la Conferencia Episcopal, de la que don Manuel fue comisario.En esta exposición pudieron verse piezas llegadas de nuestra diócesis.

La concurrencia al acto fue numerosa, entre los presentes estaba el arzobispo de Mérida-Badajoz, don Antonio Montero. La conferencia fue una contribución del diario Hoy al ambiente de Semana Santa.

 

Mirada a nuestro tiempo

El Bueno

El título de este artículo no es un reclamo irreverente para su lectura, sino que es una confesión de fe de quien lo escribe, y espero que también de quien lo lea.

En el pórtico de la Semana Santa el Dios de los misterios que en ella celebramos sólo puede ser confesado como El Bueno.

En estos misterios Dios se muestra como Padre con entrañas de misericordia y fuente inagotable de amor, que engendra al Hijo, río de generosidad, que ofrece su vida en favor de los hombres, dejándose llevar por la corriente de amor que es el Espíritu Santo. La misericordia entrañable de Dios llega a su máxima expresión en ese diálogo de amor que el Padre y el Hijo sostienen en el Espíritu sobre el madero de la cruz: desde ella el único Bueno, dándose entre sí, se da todo para una vida nueva de los hombres, que en sus relaciones sea reflejo, aunque pálido, de esa bondad única e infinita.

Por esa vida resucitada El Bueno nos hace buenos a todos para el servicio en favor de los demás, porque el amor que recibimos de quien es Padre e Hijo en el amor del Espíritu necesariamente ha de tener su proyección en el amor fraterno.

Los hijos que nacen del seno amoroso de la Trinidad heredan unas entrañas misericordiosas para estremecerse ante el clamor de los hermanos más débiles y acudir con eficacia en su socorro en nombre del Padre común.

Amadeo Rodríguez Magro

 

Página litúrgica

Domingo de Ramos

Palabra de Dios

Isaías 40, 4-7

MI Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.

Comentario litúrgico

La liturgia del Domingo de Ramos presenta un fuerte contraste con sus dos partes perfectamente diferenciadas. Pues, si comienza con una procesión jubilosa, la eucaristía que le sigue está marcada por la lectura del relato de la Pasión. Por eso tenemos que adentrarnos en la celebración para que también nosotros vivamos ese contraste.

La procesión, originaria de la liturgia de Jerusalén, es una invitación a sentirnos solidariamente unidos a Jesús que sube precisamente a la Ciudad Santa. Allí se entregará en manos de los hombres y dará la vida, pero con el secreto gozo de saber que está en comunión con el Padre y reconciliando con Él a todos sus hermanos, los hombres.

Con la palma en las manos, cantemos al Señor y reconozcamos que Él es nuestro Salvador!

Una vez en la iglesia, la lectura de Isaías y la Pasión según san Mateo son la puerta que nos invita a entrar, con recogimiento y puesto el corazón en el dolor de Cristo, en la Semana Santa y en su centro que es el Tríduo Pascual.

Jueves Santo

San Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; lego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: - Señor, lavarme los pies tú a mí?

Jesús le respondió: - Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.

Pedro le dijo:- No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó: - Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo: - Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

(...)

Comentario litúrgico

La celebración vespertina de hoy es el comienzo del Santo Triduo Pascual de la Muerte y Resurrección del Señor que tendrá su eclosión en la Vigilia y Eucaristía de la Noche Santa de su resurrección.

El evangelio de esta tarde nos descubre los sentimientos de Cristo en al comenzar su Pascua, como dice san Juan "sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo". Sólo desde este exceso de amor podemos acercarnos a la celebración de hoy. En ella gravitan tres grandes misterios.

La institución del Sacramento por el que Cristo nos entrega su Cuerpo y su Sangre para que toda nuestra vida se convierta en canal que acerque a los demás el exceso de amor que esconde su Corazón.

La entrega del Sacerdocio ministerial por el cual se renovará la Eucaristía hasta que El venga, al final de los tiempos.

La entrega del mandamiento de la caridad fraterna poniendo como último referente la actitud del mismo Cristo que se arrodilla, en gesto de veneración, ante sus discípulos para lavarle los pies.

Viernes Santo

Salmo 30

R. Padre a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti Señor me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú , el Dios leal me librarás.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.

Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: "Tú eres mi Dios".
En tu mano están mis azares,
líbrame de los enemigos que me persiguen.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.

Comentario Litúrgico

San León Magno, en un sermón sobre la Pasión del Señor, dice: "A ninguno de los pecadores se le niega su parte en la cruz, ni existe nadie a quien no le auxilie la oración de Cristo". Estas palabras invitan a participar en la celebración de esta tarde con ánimo de recoger la parte que nos corresponde en los méritos que Cristo ganó en el momento de su total abandono en las manos del Padre para que Éste pudiera ofrecerlos como reconciliación a cada uno de los hombres. La Celebración de la Pasión del Señor nos ofrecerá tres momentos de comunión con esos méritos del Cristo paciente: Primeramente, a través de la Palabra en la que resonará en nuestros oídos el relato de la Pasión según san Juan para que su eco rompa las barreras de nuestra superficialidad y nuestro corazón se conmueva. Después, vendrá el gesto significativo y piadoso de la adoración de la Cruz para que nuestros labios deposite en los pies de su santa imagen un beso de gratitud. Finalmente, la comunión eucarística nos dará a comer su Cuerpo entregado para que todo nuestro ser que inmerso en sus méritos.

 

Contraportada

Cristianos en Tierra Santa

Son una minoría, 150.000, respecto a los 7 millones de judíos y musulmanes

Los Santos Lugares, que vieron nacer a Jesús y su mensaje salvador, ven cómo disminuye el número de cristianos que transitan sus calles. judíos y musulmanes enzarzados en disputas territoriales son muchísimo más numerosos y están provocando el éxodo de los seguidores de Cristo. A pesar de las dificultades, los franciscanos se encargan de velar para que no se apague la llama del cristianismo en esa tierra tan privilegiada como disputada, origen de esperanza y escenario de muerte en no pocas ocasiones. Para ayudar a las comunidades cristianas, el Viernes Santo celebramos la jornada por Tierra Santa y colecta por los santos lugares.

El Viernes Santo, junto a la celebración de la Pasión de Cristo, la Iglesia mira para los santos lugares. Ellos encierran los parajes en los que se anunció la Buena Nueva, las calles por las que Jesús arrastró la cruz buscando su sacrificio aceptado. Esos lugares acogen en la actualidad una exigua comunidad cristiana, en peligro de extinción, en medio de las disputas judías y árabes. Por todo ello este viernes se propone a los cristianos de todo el mundo que al venerar el árbol de la cruz se acuerden de los pobres de Jerusalén con la oración y la ayuda solidaria destinada a sostener a la comunidad cristiana, precisamente allí donde nació la Iglesia.

Estas tierras han sufrido a lo largo de la historia la destrucción de iglesias y basílicas y la aniquilación de casi toda la actividad religiosa y cultural de los cristianos.

150.000 cristianos

En la actualidad solamente existen en los lugares sagrados 150.000 cristianos entre siete millones de judíos y musulmanes, que todavía tienen la dicha de orar en espléndidos santuarios, que pueden frecuentar escuelas propias, tienen la oportunidad de ser asistidos en sus casas de acogida y desarrollan actividades culturales en sus institutos superiores y editoriales.

Los encargados de mantener viva la llama del cristianismo en Tierra Santa son los franciscanos. Ya Pablo VI afirmaba en la exhortación apostólica Nobis in animo: "No sin un diseño providencial, las situaciones históricas del siglo XIII llevaron a Tierra Santa la orden de Frailes Menores. Los hijos de san Francisco están presentes en la tierra de Jesús por varios siglos sin interrupción, para servir a la Iglesia local y para custodiar, restaurar, proteger los lugares santos cristianos; su fidelidad al deseo del fundador y al mandato de la Santa Sede ha sido a menudo confirmada con actos de extraordinaria virtud y generosidad".

La custodia de Tierra Santa a los franciscanos fue erigida canónicamente por el Papa Clamente VI en el año 1342. Esta custodia se extiende desde Israel hasta el Jordán, desde Siria hasta Libia y desde Egipto hasta las islas de Chipre y de Rodas. Para realizar esta tarea, la orden Franciscana dispone de 332 misioneros procedentes de 30 naciones distintas.

Actuación social

A su cargo tienen 74 basílicas, santuarios e iglesias y 29 parroquias donde desarrollan actividades litúrgicas y pastorales. No obstante, su trabajo se extiende a otros campos: educan a diez mil jóvenes en dieciséis escuelas y colegios, ayudan cada curso a 750 universitarios con bolsas de estudio de cinco millones cada una de ellas, han construido y ofrecido gratuitamente a familias necesitadas 460 viviendas en Jerusalén y sus entornos y aseguran alrededor de 250 puestos de trabajo en sus instituciones y oficinas.

Gracias a las aportaciones económicas que se efectúan el Viernes Santo en nuestras iglesias, los franciscanos sostienen cuatro casas en las que atienden huérfanos, enfermos o ancianos, otras cuatro, con cuatrocientas camas, abiertas a peregrinos que son asistidos espiritualmente y tres centros que dirigen con finalidad exclusivamente ecuménica.

En esta larga lista de proyectos que vienen siendo asumidos por la comunidad franciscana residente en los santos lugares nos encontramos también con una editorial que sirve para difundir el Evangelio en diversas lenguas europeas y orientales.



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