Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail: iglenca@jet.es

Edición electrónica: http://www.christusrex.org./www1/camino/camino.html

Número 431. 24 de marzo de 2002

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

 


Portada

Nadie tiene amor más grande

 

Imagen del Señor del Ecce-Homo, de la cofradía
de penitencia del mismo nombre, en Jerez de los Caballeros

 

 


Meditación de Viernes Santo

Otras Siete Palabras

Aquellas pronunciadas, con solemnidad patética, por Cristo desde la cruz tendrán siempre un timbre poderoso y una tremenda resonancia en el corazón de la humanidad. Tres de ellas las dirigió al Padre, implorando el perdón de sus verdugos, gritándole su terrible abandono, encomendándole su espíritu; con otras dos anunció el paraíso al Buen ladrón y convirtió en madre e hijo a la suya y a Juan; y, de las dos restantes, con una expresó su sed ardiente y misteriosa, mientras que con la última dio por consumado el drama y el portento de su muerte redentora. Siete palabras para siempre, escribí aquí mismo hace unos años.

Sin embargo, la Pasión sagrada del Señor, que se termina en el Gólgota, no comienza allí, como sabemos. Tienen tras de sí la agonía de los Olivos, los escarnios del prendimiento, la comparecencia de Jesús ante Anás, Caifás y el Sanedrín, ante Pilato y Herodes, así como la flagelación y las espinas, el cetro burlesco y el manto de púrpura. Y la Vía Dolorosa.

Durante esas estaciones, incorporadas hoy algunas por el Papa al ejercicio del Vía crucis, Jesús guardó silencio varias veces como oveja llevada al matadero, mientras que, en otros momentos, se sintió en el deber de proclamar su condición mesiánica y su filiación divina, o, simplemente, de ejercer su misión evangelizadora. Toda su Pasión bendita fue una predicación con hechos y palabras. Por eso nos resulta tan fácil escenificar, copiando los Evangelios, una "Pasión viviente".

Son, como es sabido, mucho más de siete las palabras pronunciadas por Jesús desde Getsemaní a la Calle de la Amargura. Recojo aquí las que tienen más sabor de testamento y magisterio: hermosas sentencias, aforismos memorables, frases inmortales, pepitas de oro. He escogido siete paralelas a las otras, tomándolas de Getsemaní, del Sanedrín, del Pretorio y de la Vía dolorosa. En todo caso, me parece más provechos, sin comparación posible, dejar hablar a Cristo en y de su pasión que hacerlo yo de mi cosecha.

1ª.- Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya

(Lc 22,4)

Nos adentramos en espíritu, con Jesús y sus apóstoles, en el Huerto de Getsemaní, e incluso intentamos seguir, a un tiro de piedra, a los tres que le acompañan en el trance de su agonía, para escuchar de cerca los latidos de su corazón. Oímos sus palabras: "Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo". Esta confidencia impresionante se ve corroborada por el sudor de sangre y por la aparición de un ángel para confortarle. Lo del Huerto es, ante todo, una oración desgarradora: "Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya". Al terror de la pasión y de la cruz se añade la insensibilidad de los suyos, tres veces dormidos, los tres momentos en los que él buscó su cercanía. ­Simón, duermes? ¿No has podido velar conmigo ni una hora?

La devoción cristiana ha intentado, siglo tras siglo, identificarse con los sentimientos de Cristo Jesús que "se despojó de sí mismo ... y se humilló, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz" (Fl 2, 7-8).

Yo veo, Señor, tres maneras de hacer míos tus sentimientos: una, dolerme de que sufras tanto, e intentar reproducir en mí tu miedo a la muerte, tu sudor de sangre, el abandono de los tuyos. Sé que muchas almas santas han logrado vivir esto con alta intensidad, incluso queriendo con ello "consolarte" en Getsemaní. Otra respuesta sería la de calcular al máximo la infinitud de tu dolor, siendo tú cordero inocente y tan enormes tus aflicciones; y desde ahí, agradecer hasta el infinito tu suplencia como víctima por mis pecados. Esto ya es más consistente, porque los profetas, San Pablo y el Credo mismo de la Iglesia dejan bien claro que tú fuiste triturado por nuestros crímenes y que tus llagas nos han curado. Mas, lo que más se acerca a mis torpes entendederas es el párrafo citado de la Carta a los Efesios: "Cristo, ... siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz." (Ibd v. 6-8).

Detrás, pues, de la Pasión está la Encarnación. Podríamos decir que Dios no se ha encarnado de verdad hasta pasar por esa kenosis o anonadamiento, que lo iguala y pone al nivel de las tragedias del hombre. Es El quien se identifica con nuestros sufrimientos, y no, por supuesto, al revés. Eso, Señor, es lo que provoca nuestro asombro y nuestro reconocimiento, nuestra emoción religiosa y nuestras ganas de imitarte. Todas las tragedias del hombre estuvieron en Getsemaní. Al asociarnos allí con Cristo, lo hacemos con todas las dolencias de la humanidad, que tienen tras de sí los pecados, crueldades y miserias de nuestra libertad rebelde. De ella nos sana la obediencia total del Hijo al Padre por nosotros.

 

2ª.- Velad y orad, para que no caigáis en la tentación

(Mt 26,41)

Seguimos en Getsemaní, y en uno de los intervalos de la oración de Jesús, al hablar con los discípulos soñolientos. El piensa en ellos también y le viene a los labios una advertencia muy suya, la vigilancia ante la tentación para no sucumbir a ella. El sueño es lo contrario a la vigilia y nos sorprende indefensos antes los asaltos del mal y del maligno, o nos hace perder la ocasión del paso del Señor, como las vírgenes sin lámpara a la llegada del esposo. Esto lo comprobaron los propios apóstoles aquella misma noche, cuando, momentos más tarde, se dieron todos a la fuga ante la turba de sicarios que prendieron a Jesús. La prueba suprema los encontró sin defensa y ya se vio después lo que le ocurrió nada menos que a Pedro. Bien es verdad que el propio Señor tuvo la grandeza de decirles a los que le prendían: Si me buscáis a mí, dejad marcharse a éstos.

A más de la vigilancia, que supone un ánimo despierto y una atención sostenida en el servicio a Dios y a los hombres, el Maestro recomienda que añadamos la oración incesante. Porque a nuestra distracción por los incentivos del mal y del mundo: tirones del egoísmo, halagos de la vanidad, carcoma de la envidia, lastre de la sensualidad, espejismo del poder, avaricia del dinero... a todo esto se enfrenta desvalida, si es que llega a intentarlo, nuestra frágil condición de hijos de Adán, vasijas de barro sumamente quebradizas. Maldito el hombre que confía en el hombre y, con mayor razón, en el ser humano que uno mismo es. Deposita, como el salmista, tu confianza en el Señor y El te ayudará.

El abandono de los discípulos en la Pasión del Señor es una advertencia permanente para cuantos nos proponemos seguir sus pasos en las coordenadas históricas de nuestro tiempo. ¿Quién recomienda las defensas de la austeridad, de la meditación cristiana, de la guarda de nuestros sentidos, de la educación de nuestra voluntad y del espíritu de sacrificio? ¿Cuántos creen hoy que existen las tentaciones y se defienden de ellas? Cierto es que no faltan tampoco cristianos con voluntad firme de serlo. ¡Pasión de Cristo, confórtame!

 

3ª.- ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre?

(Lc 22,48)

La turba oscura, fantasmas entre las antorchas, blandiendo espadas y palos, haciendo alardes de estruendo, irrumpe en las sombras del Huerto de los Olivos. Vienen acaudillados por el traidor siniestro, el apóstol depravado, Judas Iscariote. ­"Aquel al que yo besare, ése es, prendedlo". Y se cruza con el Maestro un diálogo tan increíble como desconcertante: -Salve, Maestro; y lo besó.. ­Amigo, ¿a qué has venido? ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre? La escena tiene otros revestimientos más anecdóticos por parte de los cuatro evangelistas, pero termina con el apresamiento de Jesús, la fuga de sus apóstoles y una advertencia final del Señor: "Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas".

¿A qué estrujarnos los sesos, Dios mío, para calar en los abismos de la malignidad de Judas? ¿Cómo fermentaron tanto la vileza y el odio en su oscuro corazón? Dos horas antes, en la cena pascual, Jesús advirtió con tristeza a los apóstoles: "Uno de vosotros me va a traicionar". Todos le preguntaban angustiados y en voz baja: ¿Acaso seré yo, Señor? El le susurró al oído a Juan, reclinado sobre su pecho: "Aquel al que yo daré el bocado que voy a mojar, ése es". Así lo hizo con Judas, y tras el bocado, observa el evangelista, entró en él Satanás. Luego le dijo Jesús: Lo que has de hacer, hazlo pronto. Judas salió de inmediato, como si fuera a otra cosa, y se perdió en la noche, según observa el evangelista. Antes había dicho Jesús: "Ay de aquel por quien el Hijo del Hombre va a ser entregado! Más le valiera no haber nacido. (Mc 14,21).

Misterio del mal, misterio del hombre. ¿A qué sorprendernos cuando contemplamos hoy los horrores millonarios del narcotráfico, el sucio mercado carnal de niños y de mujeres, el tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco? El mal existe, el malo también. La libertad recibida de Dios puede servirnos para asesinar a Dios. Jesús se asomó a este abismo y sintió desgarradas sus entrañas por el puñal de la traición, como el justo Abel. Hora de tinieblas. La historia continuó con Judas, despechado contra sí mismo, tirando con asco las monedas, apretando el lazo de la horca. No se soportó a sí mismo como criminal. Pero, si antes renegó fríamente de Cristo, ahora le faltaron arrestos para implorar su perdón. Pedro cruzó su mirada con Jesús. Judas no.

Su sombra, como la de Caín, cruza siniestra en la noche sobre la redondez del mundo. ¿Era, pues, necesaria, o no, la sangre de Cristo? La sangre de Abel clamaba justicia, la suya, perdón. ¿Hasta dónde? Hasta donde puedas llegar, Señor.

 

4ª.- ¿Eres tú el Cristo, el hijo de Dios bendito? Jesús dijo: Yo lo soy

( Mc 14,61)

Ensartando los relatos de los cuatro evangelistas, registramos que Jesús soportó, en la noche de la pasión y en la mañana del viernes, hasta cinco comparecencias con interrogatorio ante Anás, Caifás y el Sanedrín, como instancias religiosas judías; y ante Pilato y Herodes, como poderes militar y civil, si cabe decirlo así. Todos los circunloquios, acusaciones y retos que vertieron sobre él iban prácticamente a lo mismo: a poder condenarlo como reo de blasfemia porque se proclamaba hijo de Dios. El pueblo hebreo era monoteísta hasta los tuétanos y hablaba de Dios sin nombrarle y sin representarlo visiblemente jamás. Soportaban si acaso los judíos, llenos de sospecha y de dudas, que acá y allá les surgiera un sedicente mesías, con aires de libertador político para librarlos del dominio de Roma.

Pero ni siquiera como Mesías, Jesús era su tipo, porque predicaba un Reino extraño, fundado en la conversión interior y en la opción por los humildes, que desmontaba sus esquemas de interpretación legalista y externa de la Ley de Moisés, al tiempo que desenmascaraba la hipocresía farisaica. Incluso sus milagros, les inquietaban y les provocaban envidia, porque le granjeaban a Jesús el seguimiento del pueblo, con peligro de provocar la represalia de los romanos. Los que querían deshacerse de él tenían dos resortes; uno religioso: se hace hijo de Dios; y otro político: es enemigo del César.

Más o menos así funcionaron las cosas durante la pasión de Jesús, al menos en el plano religioso: "Este quiere destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días". Con eso, más otros bulos o malentendidos, lo arrastraron, bien entrada la noche, desde Getsemaní a las casas sucesivas de Anás, suegro de Caifás, y de éste, sumo sacerdote a la sazón. Los interrogatorios y acusaciones en tropel de ambas comparecencias de Jesús, desembocaron en una convocatoria mañanera y de emergencia de todo el Sanedrín. "Muy de mañana celebraron consejo los pontífices y los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín" (Mc 15,1). "Lo llevaron a su tribunal y le dijeron: Si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, dínoslo. El les dijo: Vosotros decís que soy yo. Ellos respondieron: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca" (cfr. Lc 22, 66-71).

En diversos pasajes evangélicos, ya fuera por dureza de corazón de sus oyentes, o por pedagogía pastoral, Jesús no se identificaba claramente a sí mismo y dejó que otros lo hicieran por él (Pedro, Marta, Tomás, el ciego de nacimiento) para ratificarlos luego él mismo. Ahora, ante el Sanedrín, que representa al judaísmo del Viejo Testamento, asistimos a la proclamación solemne por el mismo Jesús de su persona y su misión. Ellos lo rechazaron y lo remitieron a Pilato. A ellos les correspondía ser los primeros destinatarios del anuncio evangélico, repetido desde entonces a todos los pueblos de la humanidad. El era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

La Iglesia, nosotros, somos los continuadores de Cristo en la tierra hasta que El vuelva. Mientras, nos sigue urgiendo el mandato evangelizador de su vida, muerte, resurrección e implantación del Reino, en este mundo y en el otro. Miles de millones de hombres y mujeres, durante dos milenios de cristianismo, han escuchado su voz y seguido sus huellas. En eso estamos, con la fuerza de su Espíritu. Nosotros sí creemos.

 

5ª.- Mi reino no es de este mundo

(Jn 18,26)

El proceso civil de Jesús se centra, con carácter unipersonal, en torno al Procurador romano Poncio Pilato. Los magnates de Israel se lo remitieron a Pilato, primero, porque carecían de poder para aplicar condena a muerte, a la vez por quitárselo de encima, porque sabían que tenía fervientes seguidores en su pueblo; y para celebrar ellos sin trabas el sábado pascual.

El hecho es que este hombre, con una historia militar dura y justiciera, aparece aquí nadando entre dos aguas, repartiendo las responsabilidades entre los pontífices y jefes del pueblo, que se lo han entregado, y a la multitud manipulada de todos los tiempos. En un momento dado le pasa el pleito a Herodes, como detalle de reconciliación con él y quitándose el muerto, como se dice.

Da la sensación, con todo, de que a Pilato le va la escenografía e incluso le interesa el misterio de la persona de Jesús. Y de hecho, celebró con él hasta tres interrogatorios formales y luego dialogó en su presencia, o teniéndolo a su lado, primero con los sacerdotes de la acusación, y luego con las turbas de la explanada, para su sorteo infame con Barrabás o para lavarse las manos. Siempre descargando sobre terceros la sentencia de inocencia o de culpabilidad que sólo a él le correspondía y que al final fue suya, cobarde e injustísima. Sus tretas no le valieron para evitarse a sí mismo la condenación de la historia y nada sabemos de la de Dios.

Pero mucho han transcendido también sus coloquios obsesivos con Jesús sobre su realeza. ­"Sí, yo soy rey, le contestó Jesús, pero mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, aquí estarían mis soldados para impedir que me entregaras a los judíos". Todos: los judíos, los romanos, los apóstoles antes de Pentecostés, muchos cristianos y no cristianos de la historia, nosotros mismos todavía, nos resistimos a captar la definición del Reino de Dios, que es el verdadero reinado de Cristo. Lo confundimos con las manifestaciones brillantes o poderosas de Cristo o de la Iglesia en la sociedad terrena (teocracias, triunfos sociales) o simplemente, el Reino "de los cielos", en la patria eterna. Pero este de aquí es un reino de santidad y de gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz. Es la vigencia de las Bienaventuranzas en la comunidad cristiana y humana .

 

6ª.- Yo vine a dar testimonio de la verdad

(Ibd. v. 37)

Esa afirmación de Jesús pertenece también a su respuesta a Pilato, cuando éste le pregunta por enésima vez: "Luego tú eres rey? Pero, como puede apreciarse, lo que responde Jesús no hace referencia alguna a su realeza, tal y como la entiende su interlocutor. "Yo he nacido para esto y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz".

Al que no le sirvió de mucho eso de la verdad fue al propio Poncio Pilato, quien, después de preguntarle con aire displicente: ¿Qué es la verdad?, dio por terminada la conversación, distraído por un manejo político: el de remitir a Herodes al Nazareno, por su condición de galileo. Se congraciaba así Pilato con el monarca adúltero, que tenía curiosidad de ver a Jesús, si hacía en su presencia algún milagro llamativo. ¡Vaya dos! Tampoco éste se hacía preguntas muy radicales sobre eso de la verdad.

El que busca la verdad, escucha mi voz. Nada tan apremiante, tan moderno diría yo, para nosotros. Hoy se cuestionan las verdades absolutas y se considera elegante y estético no hacerse muchas preguntas. De antemano muchos no son de la verdad ni están en ella, porque se van como Pilato, apenas se la nombra. No busca, no sabe, no contesta: relativismo, agnosticismo, nihilismo.

Es ésta una actitud que parece inocente y despreocupada, pero que implica graves daños para quienes andan así por la vida y para cuantos los acompañan o se cruzan en su camino. A una existencia carente de sentido -eso es carecer de verdad- no se le pueden pedir servicios heróicos, apuestas por las grandes causas, o profunda paz de conciencia. Dígase o no, todo se queda en ir tirando mientras de deshoja el almanaque, o en correr a gran velocidad hacia ninguna parte. ¡Brillante destino!

Jesús le pidió al Padre para sus discípulos, en la última cena, que los santificara en la verdad, y él mismo se presentó a los suyos como camino, verdad y vida. Hablando para creyentes, al interior de una cierta cultura del vacío, fuerza es recordarles que escuchen su voz, buscándola en los libros santos y en la palabra viva de la Iglesia.

 

7ª.- No lloréis por mí, llorad por vosotros

(Lc 23, 27-31)

Cambio de escenario. El Señor, tundido ya por los azotes y los escarnios, sube con la cruz a cuestas camino del Calvario. Le seguía, dice San Lucas, una gran multitud, con un buen número de mujeres llorando tras él. Vuelto hacia ellas, dijo Jesús: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras ... y por vuestros hijos ... Porque, si en el leño verde se hace esto, ¿qué sucederá en el seco? Es éste un parlamento un tanto oscuro del Señor, con severas advertencias, para nosotros pecadores, cuando va a consumarse el deicidio.

No es bueno escoger del Evangelio lo que nos resulta placentero y descartar o comentar en sentido figurado lo que aparece como negativo para nosotros. Allí habla Jesús, como siempre que maneja el género apocalíptico, de unas situaciones trágicas que se van a registrar en el futuro de nuestra especie. Alude el Señor a momentos tan duros, que las madres querrían no tener hijos y los hombres pedirán a las montañas que caigan sobre ellos.

De la muerte de Cristo se sigue para el género humano una gracia de redención y un futuro definitivo de resurrección; pero no una patente de inmunidad o de impunidad para las tragedias que lleva consigo la condición humana, incluso después de Cristo. El fue el leño verde, árbol único en nobleza, árbol cargado de frutos, herido por el rayo de la muerte redentora, el inocente por los culpables. Sería insensato y suicida jugar con su muerte, malgastar como el hijo pródigo la herencia de la redención. ¿Qué menos que asumir las propias cruces injertándolas en su tronco bendito? Lloremos por nosotros y por nuestros hijos. Introduzcamos el misterio de la cruz en nuestro programa peregrino de desterrados hijos de Eva. Y lejos de aprovecharnos neciamente de ella, completemos lo que falta a la pasión de Cristo. ¡Victoria! Tú reinarás. ¡Oh cruz, tú nos salvarás!

+ Antonio Montero Moreno
Arzobispo de Mérida-Badajoz


Información diocesana

Las asambleas arciprestales dan otro nuevo paso a la Asamblea Diocesana

Se celebraron el pasado sábado

El pasado sábado, día 16, se celebraron todas las asambleas arciprestales. Tras un debate, cada uno de los 17 arciprestazgos eligió quince propuestas por cada bloque de la Asamblea: contemplación y misión. Estas propuestas son la síntesis de las emanadas en las asambleas parroquiales que, a su vez, recogieron el trabajo de los grupos.

Con todo este material se elaborará el contenido de la Asamblea Diocesana en sus dos sesiones, previstas para el 25 de mayo y el 1 de junio.

Para entregar todo el material surgido de las asambleas arciprestales, comentar el clima de las mismas y llevar a cabo un profundo análisis de lo vivido hasta ahora (número de participantes, edad, sexo, nivel de formación, sensibilidad eclesial etc) el pasado lunes, día 18, se reunió el Consejo Episcopal con los arciprestes en la casa de espiritualidad de Villagonzalo. También se recogieron sugerencias de los arciprestes para la celebración de la Asamblea Diocesana.

Don Antonio Montero les agradeció muy especialmente la tarea realizada hasta ahora por ellos, pues hasta este momento la Asamblea Diocesana ha recaído sobre los arciprestes, a los que ha acompañado un equipo de personas creado para la animación en las fases parroquial y arciprestal.

 

Celebraciones de Semana Santa presididas por el Arzobispo

Durante la Semana Santa, don Antonio Montero presidirá las celebraciones del Domingo de Ramos, a las 12, y el Jueves Santo, a las 19.00, en la Catedral Metropolitana de Badajoz y el Viernes Santo, a las 17.00, y la Vigilia Pascual, a las 23.00, en la Concatedral de Santa María en Mérida. El Domingo de Pascua, el Arzobispo presidirá la Eucaristía en la Catedral Metropolitana a las 12.00.

Este año la Misa Crismal se celebrará el próximo Miércoles Santo a las 11 de la mañana en la Concatedral de Santa María de Mérida. En esta celebración se consagra el Santo Crisma, usado en las ordenaciones sacerdotales, confirmaciones y en los bautismos, y los Santos óleos, usados en la Unción de los enfermos y en los bautismos. A esta eucaristía asiste el presbiterio diocesano para renovar sus promesas sacerdotales.

 

Retiros cuaresmales

Sesenta personas, desde jóvenes hasta la tercera edad, han participado en el retiro espiritual de la parroquia de Villanueva del Fresno, que estuvo dirigido por el párroco, don Manuel Alegre en el que se meditó sobre la misericordia de Dios.

Tuvieron la oportunidad de compartir esta experiencia y de comprobar la buena sintonía entre todas las edades y pensamientos, siendo esto último muy enriquecedor.

El retiro, celebrado en la ermita de San Ginés de la Jara, es fruto de la aplicación de una de las propuestas aprobadas por la Asamblea Parroquial celebrada con anterioridad.

Por otro lado, la parroquia de San Juan Macías, de Badajoz, ha llevado a cabo el pasado fin de semana unos ejercicios en la casa de espiritualidad de Gévora, a los que asistían sesenta personas.

El tema central fue la fe, aunque también se profundizó en asuntos como la oración y los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.

Los ejercicios estuvieron dirigidos por el párroco don Manuel Santos.

 

Concierto sacro en Mérida

El compositor extremeño, don Manuel Domínguez Merino, organista de la Concatedral de Santa María de Mérida y de la parroquia de Santa Eulalia de la misma ciudad, estrenará oficialmente su cantata "Las bodas del Cordero" el próximo día 26 en la Concatedral de Santa María. El concierto estará a cargo de varias corales: la coral municipal "San José" de Calamonte, la coral de Montijo y el aula de música y coral "Nuestra Señora de la Encarnación" de Puebla de la Calzada.

Antes del estreno oficial, la obra ha sido interpretada el pasado día 15 en Calamonte y lo será el día 24 en Puebla de la calzada y el 25 en Montijo.

 

Inaugurada la nueva Casa parroquial de Talavera la Real

El pasado lunes, víspera de San José, patrón de Talavera la Real, tenía lugar la inauguración del nuevo centro parroquial, que estuvo a cargo de don Antonio Montero.

El acto tuvo un aire marcadamente comunitario. Comenzó a las 18,30 horas con la bendición del nuevo local, tras una introducción hecha por el párroco, don Manuel Calvino, en la que comentó la historia de la construcción del centro. La Eucaristía de este día fue presidida por el Arzobispo.

El Centro parroquial consta de dos plantas; en la parte inferior cuenta con siete salas, despacho, centralita, servicios y salón de actos, mientras que la parte superior todavía está por terminar.

Tres años de obras

Las obras comenzaron hace tres años, concretamente en enero de 1999 y en ellas se han invertido 35.000.000 de pesetas que serán aportados por los propios fieles. Para ello se están llevando a cabo diversas actividades y pidiendo la colaboración de los vecinos de la localidad talaverana.

El centro servirá de lugar de encuentro, evangelización, celebración y comunión, tal y como lo refleja, en distintos grabados, la cornisa de la fachada del nuevo edificio.

 

Exposición de Semana Santa en la Catedral Metropolitana

El claustro de la Catedral Metropolitana de san Juan Bautista acoge, entre el 16 y el 31 de marzo, la exposición de fotografías que, sobre la Semana Santa, ha organizado el Ayuntamiento de Badajoz.

La muestra recoge las instantáneas que fueron presentadas al IV Certamen de Fotografía sobre la Semana Santa pacense.

En las sesenta imágenes que se pueden contemplar en esta exposición, se traza un recorrido por toda la Semana Santa pacense, desde sus aspectos más espectaculares a sus detalles más sencillos.

El horario de visita es de 11 a 14 y de 18 a 21 horas.

 

Restauración del monasterio de Tentudía

Don Antonio Montero ha visitado el Monasterio de Tentudía con el fin de adoptar decisiones sobre el comienzo de las obras de restauración y rehabilitación de este monumento nacional y observar las deficiencias existentes sobre las que se va a realizar la actuación con carácter de urgencia.

Don Antonio recorrió las instalaciones acompañado por el alcalde de Calera de León, don Antonio Méndez Artero, el arquitecto director de las obras, don Manuel Fortea Luna y el arquitecto técnico don Ángel Crespo, con quienes comprobó las zonas de humedades que deterioran el edificio, el procedimiento para salvar las pinturas mudéjares de las cúpulas, el tratamiento que hay que darle a la cubierta para que resulte duradera con el empleo de materiales adecuados que resistan las dilataciones propias de estas alturas y la adecuación de dependencias y lugares para su uso cultural y religioso.

 


Al paso de Dios

La Pasión de Jesús y de Safiya

En Semana Santa, los pasos de Dios son los sufrientes y doloridos de su Hijo por las calles de Jerusalén. Una bella imagen, venerada en la ciudad de Olivenza (El Señor de los Pasos), muestra esas pisadas de amor y de perdón de Jesús. Son los suyos pasos solidarios que caminan con todos los que sufren el dolor físico, el dolor moral, el dolor espiritual, el dolor social... Todas las formas de dolor recaen sobre Él, y las padece por nosotros y por nuestra salvación.

Este año las pisadas de Jesús sangran especialmente al acompañar la pasión de Zafiya, esa mujer que en estos mismos días comparte con Él un juicio y una condena absurda: la acusan los que creen ser intérpretes de Dios y dicen juzgar y condenar en su nombre. Es la justicia de los que se olvidan de que Dios siempre ofrece, aun en el caso de que se sea culpable de algo, posibilidad de arrepentimiento y de acceso al perdón.

Pero los pasos siempre van dejando huellas, y las del Hijo de Dios son de esperanza. En la Pascua las huellas las encontraremos marcadas en la vida de sus seguidores, los testigos de su presencia resucitada. La paz, la solidaridad, el respeto a la dignidad de la personas, la justicia... y la fe, que les lleva a ser hombres y mujeres nuevos, van marcando, entre luces y sombras, nuevos caminos para la humanidad. Ojalá estas huellas lleven a superar, de una vez y para siempre, la violencia, el odio y la muerte en la tierra que pisaron sus pies, Palestina.

Amadeo Rodríguez Magro
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)

 


Liturgia del domingo

Celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor

Domingo de Ramos

 

Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el 'Nombre-sobre-todo-nombre',
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.

 

Jueves Santo

Salmo 115. 12-13, 15, 16bc.

R. El cáliz de la bendición
es comunión con la sangre de Cristo.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. (R)

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles,
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. (R)

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos,
en presencia de todo el pueblo. (R)

 

Viernes Santo

San Juan, 18, 1-19, 42

En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto (...). Judas, el traidor, conocía también el sitio (...). Judas, entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le venía sobre él, se adelantó y les dijo: "¿A quién buscáis?" Le contestaron: "A Jesús el Nazareno". Les dijo Jesús: "Yo soy" .(...) La patrulla, el tribuno y lo guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron (...)

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. (...) Salió Pilato afuera, a donde estaban ellos, y dijo: (...) "Eres tú el rey de los judíos?". Jesús le contestó: (...): "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí".

(...)

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y acercándose a él, le decían: "¡Salve, rey de los judíos!". (...)

 

Domingo de Pascua de la Resurrección


Evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quiitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:

- Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dóndo lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendfas en el suelo y el sudario conque le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

 

Lecturas bíblicas para los días de la semana

25, lunes: Is 42, 1-7; Jn 12, 1-11.
26, martes: Is 49, 1-6; Jn 13, 21-33. 36-38.
27, miércoles: Is 50, 4-9a; Mt 26, 14-25.
28, jueves: Is 61, 1-3a. 6a. 8b-9; Lc 4, 16-21.
29, viernes: Is 52, 13-53, 12; Jn 18, 1-19, 42.
30, sábado: Gn 1, 1-2, 2; Mc 16, 1-7.
31, domingo: Hch 10, 34a. 37-43.

1, lunes: Hch 2, 14. 22-23; Mt 28, 8-15.
2, martes: Hch 2, 36-41; Jn 20, 11-18.
3, miércoles: Hch 3, 1-10; Lc 24, 13-35.
4, jueves: Hch, 3, 11-26; Lc 24, 35-48.
5, viernes: Hch 4, 1-12; Jn 21, 1-14.
6, sábado: Hch 4, 13-21; Mc 16, 9-15.
7, domingo: Hch 2, 42-47; 1P 1, 3-9; Jn 20, 19-31.

 

Comentario litúrgico

Domingo de Ramos

La celebración correspondiente al Domingo de Ramos comienza con la única procesión litúrgica que existe en el rito romano. Procedente de la primitiva liturgia de Jerusalén, evoca la entrada de Jesús en la ciudad santa e invita a participar sacramentalmente en aquella misteriosa escena evangélica.

Por lo tanto, no se trata de sacar una imagen para suscitar la devoción popular. Es una celebración en la que la Iglesia es muy consciente de que hay una presencia especial de Cristo y que los fieles congregados "vamos a acompañar a Cristo, aclamándolo con cantos", como dice la oración de bendición de ramos .

Terminada la procesión y reunidos ya en el templo, comienza la eucaristía. Tanto las oraciones como las lecturas bíblicas frenan el exultante gozo de la procesión y nos orientan a recogernos y centrar nuestra atención meditativa hacia la pasión de Cristo: el Siervo sufriente (primera lectura), que se despoja de su rango divino (segunda lectura) y se entrega en manos de sus enemigos (lectura de la pasión según san Mateo).

Avanza la segunda parte de la Cuaresma, la catecumenal, y nos obliga a un recorrido cuesta arriba porque nos invita a pensar sobre la negatividad que existe en nuestras vidas. Ya nos ha hecho reconocer que, por muchas riquezas que tengamos, nuestro corazón siente una sed que no encuentra remedio en ellas. También nos ha convencido de que, por muy optimista que queramos ser, las zonas oscuras de nuestra existencia exigen una luz que ni una central nuclear puede producir.

En este domingo, que nos lleva casi al final del itinerario catecumenal, la inexorable verdad de la Palabra nos exige que descubramos los sepulcros en las que están escondidas nuestras realidades más negativas que son esas pequeñas muertes que nos quitan el gusto de vivir y especialmente la rigurosa certeza de que a cada uno de nosotros le llegará la llamada de la muerte.

El profeta Ezequiel maneja con destreza la imagen horrible del sepulcro para describir la situación de los israelitas que llevaban ya décadas en un destierro que se asemejaba a la muerte de la que no se regresa. San Juan también se detiene a describir el escenario de aflicción que sembró en las hermanas, amigos y conocidos la muerte de Lázaro. El mismo corazón de Cristo tuvo un estremecimiento de dolor al constatar la desolación producida por aquella muerte.

Todo lo anterior nos ayuda a centrarnos en la verdad de la muerte que monta su epicentro en la humanidad y en cada uno de nosotros. Desde esta constatación hemos de leer, meditar, creer las palabras de Cristo: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá".

 

Jueves Santo

En el Jueves Santo, último día de la Cuaresma, la celebración de la Misa Vespertina de la Cena del Señor da comienzo al Triduo Pascual que finalizará con la Vigilia Pascual. Todo él actualiza sacramentalmente la Muerte y Resurrección del Señor.

En este día, la Iglesia celebra especialmente la "entrega del Señor". Los distintos ritos de la jornada lo ponen en evidencia.

Aunque se adelanta un día, la Misa Crismal pertenece a la liturgia del Jueves Santo y en ella se evoca la entrega de Cristo a través del ministerio sacerdotal del Obispo y de los Presbíteros.

La lectura evangélica y el rito del "Lavatorio de los pies", que tiene lugar después de la homilía, evocan suficientemente esa misteriosa entrega de Cristo en el hermano por la que se nos hace tan cercano que es el último destinatario de los servicios o agravios que hagamos al prójimo.

San Pablo, en la segunda lectura, nos ofrece el texto más antiguo del relato de la institución de la Eucaristía en la que Cristo nos da en forma de alimento su "cuerpo entregado" y su "sangre derramada".

 

Viernes Santo

El Viernes Santo es una jornada dedicada totalmente a la celebración de la Pasión del Señor. El ayuno de este día ha de hacerse como participación en la dimensión negativa de la Pascua: la muerte de Cristo. La celebración vespertina, con sus cuatro partes, nos ayuda a completar nuestra participación en la Pasión:

­ Pasión proclamada en una liturgia de la Palabra que ofrece a nuestra contemplación la visión profética de la pasión de Jesús en el texto de Isaías, su interpretación en clave sacerdotal en la carta a los Hebreos y un amplio y profundamente teológico relato de la misma en la versión del evangelista San Juan.

­ Pasión invocada en las solemnes oraciones que la Iglesia eleva al Padre por todos los hombres, creyentes o no, pero redimidos en la cruz de Cristo.

­ Pasión venerada en el rito de la adoración de cruz, en el que cada fiel besa reverente los pies del Señor.

­ Pasión comunicada por el rito de la comunión eucarística que nos permite entrar en el misterio mediante la unión sacramental con el Cuerpo entregado por nosotros.

Antonio Luis Martínez

 

Los santos de la semana

25, lunes: Dimas, el Buen Ladrón; Dula, Hermelando, Isaac, Matrona, Monas, Procopio, Quirino.
26, martes: Barón y Desiderio, Bercareio, Braulio de Zaragoza, Cástulo, Eutiquio, Liudgero.
27,miércoles: Ruperto, Francisco Flá de Bruno, Panacea de Muzzi.
28, jueves: Cástor, Cirilo, Guntram, Hilarión, Prisco, Malco y Alejandro, Proterio.
29, viernes: Armogasto, Arquimino, Masculino y Saturn ino, Eustasio, Ludolfo.
30, sábado: Antonio Daveluy, Domnino, Juan Clímaco, Pedro Regalado, Zósimo.
31, domingo: Agilolfo, Amós, Balbina, Benjamín, Guido.

1, lunes: Agape y Quionia, Celso, Gilberto, Hugo de Grenoble, María Egipcíaca.
2, martes: Francisco de Paula, Abundio, Afiano, Teodora, Victor.
3,miércoles: Creto y Papio, Nicetas, Sixto I, Ulpiano.
4, jueves: Agatópodo, Teólulo, Ambrosio, Isidoro de Sevilla, Platón.
5, viernes: Vicente Ferrer, Mártires de Mauritania, Mártires de Persia.
6, sábado: Eutiquio, Gala, Urbano, Vinebaldo.
7, domingo: Juan Bautista de la Salle, Serapio y Amón, Afraates, Aiberto.

 


Contraportada

Los cristianos de Tierra Santa piden ayuda económica y el regreso de las peregrinaciones

La colecta que se realiza el Viernes Santo en las iglesias se enviará a los Santos Lugares

Tierra Santa atraviesa por unos de los peores momentos de los últimos años: el conflicto árabe-israelí está acabando con las peregrinaciones y los cristianos, una minoría de 140.000 personas, se están viendo obligados a marcharse. Los franciscanos se encargan de la custodia de esos lugares desde hace 800 años. Allí permanecen 334 franciscanos de 32 naciones cuyo trabajo es fundamental para que en la tierra de Cristo no desaparezcan los cristianos. El sostenimiento de la obra de los franciscanos en Tierra Santa requiere de la participación de los cristianos de todo el mundo. El Viernes Santo se realiza una colecta en todas las parroquias para este fin.

En Tierra Santa trabajan 334 franciscanos de 32 naciones realizando una labor muy extensa, desde el ejercicio de la pastoral en 29 parroquias y 79 iglesias hasta la promoción en muy distintos ámbitos: 16 escuelas con 10.000 alumnos y 400 profesores, 250 puestos de trabajo en oficinas diversas, 4 "Casas Novas" de hospedaje para peregrinos con 450 plazas, 3 residencias de la tercera edad y dos casas de acogida para niños huérfanos.

Los franciscanos ayudan con bolsas de estudio, viviendas y alquileres a familias necesitadas y llevan a cabo una importante acción ecuménica, cultural y científica a través del Estudio Bíblico Franciscano, el Estudio Teológico Jerosolimitano, la casa editorial "Franciscan Printing Press", el Centro de Estudios Orientales Cristianos y la asistencia espiritual a los peregrinos.

Allí han creado escuelas, hospitales, centros de beneficencia...una gran labor de años sostenida gracias a la ayuda del resto de la Iglesia que se hace efectiva a través de la colecta que se realiza en todas las parroquias el Viernes santo.

Para financiar todas estas actividades que permitan la presencia de los cristianos en Tierra Santa, existen básicamente tres vías: las peregrinaciones, la colecta que se realiza en todas las parroquias el Viernes Santo y los donativos particulares, que pueden efectuarse en la cuenta de Caja Extremadura 2099-0178-10-0070002328.

Presencia de los franciscanos en toda la Tierra Santa

La presencia de los franciscanos se extiende por muchos lugares. Entre otros lugares están en Galilea, donde podemos encontrarlos en Cafarnaún, en Nazaret, en Tabgha y en Tiberíades, en Judea tienen presencia en Ain Kerem, Betania, Belén, Río Jordán, Jerusalén, Betfagé y Emaús, en Siria encontramos franciscanos en Damasco y en Jordania en el Monte Nebo.

La labor de los franciscanos en Tierra Santa ha sido alabada por el Papa. En su visita a Nazaret, el 25 de marzo de 2000, Juan Pablo II afirmaba: "Me complace tener la oportunidad de expresar a los franciscanos de la custodia, la admiración de toda la Iglesia por la devoción con que lleváis a cabo vuestra vocación singular. Con gratitud rindo homenaje a vuestra fidelidad al cargo que os encomendó San Francisco y que han confirmado los Papas a lo largo de los siglos, en la custodia de los Santos Lugares".

Redacción

 



 

Iglesia en camino les desea a todos sus lectores una feliz
Pascua de Resurrección

El próximo número de nuestra revista será el del domingo 7 de abril



Return to Camino