Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

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Edición electrónica: http://198.62.75.1/www1/camino/camino.html

Número 519. 29 de febrero de 2004

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes


Portada

Comienza la Cuaresma

Los niños son los protagonistas del mensaje papal para este tiempo litúrgico

El pasado miércoles se iniciaba, con el rito de la imposición de la ceniza, el tiempo litúrgico de Cuaresma, uno de los llamados 'tiempos fuertes' por la Iglesia.

En este tiempo resuena fuertemente la llamada a la conversión, al ayuno, a la oración y a la limosna, pilares básicos del camino a recorrer durante estos cuarenta días.

"La cuaresma nos recuerda que la vida cristiana es, además de un don sublime, una tarea constante, que requiere valentía en el combate de la fe", dice el sacerdote diocesano don José Manuel Puente en un artículo que publicamos en la página 4.

"Que la Cuaresma sea ocasión útil para dedicar mayores cuidados a los niños en el propio ambiente familiar y social: ellos son el futuro de la humanidad", nos dice el papa Juan Pablo II en su mensaje para este tiempo en el que, precisamente, los niños tienen un protagonismo especial.


Editorial

Una deuda con los mayores

En la visita que el Arzobispo realizaba hace una semanas a la feria de mayores, celebrada en Badajoz, don Antonio los animaba, entre otras cosas, a no tener miedo a la ancianidad. Y es que nuestra sociedad ha dejado de hacer lo que han hecho todas las culturas que nos precedieron: considerar maestros a los mayores. A lo largo de la historia el sentido común los eligió para aconsejar y gobernar y, sin pretensión de hacer análisis antropológicos, esta sociedad en cambio continuo ­en la que lo de hoy no vale para mañana­ los ha desposeído de estas tareas.

Se dice que en Extremadura tenemos casi 200.000 personas mayores de 65 años. Muchos no saben leer ni escribir porque la vida tiró de ellos para convertirlos en adultos precoces, empujados por la necesidad de llevar algo a unas casas muy pobladas y poco abastecidas. A ello se suma que buena parte, algo más del 20%, vive la peor de las soledades: la que no es elegida, que en no pocos casos constituye la antesala de una 'dulce' marginación.

Un alto porcentaje de los pensionistas que hoy pueblan los bancos de nuestros parques o tiran de los cochecitos de sus nietos mientras sus hijos, ellos y ellas, trabajan tuvieron que sacar adelante a sus familias en condiciones muy adversas, sobreviviendo en la escasez de la postguerra. Esta circunstancia los hace, si cabe, más dignos de respeto por las nuevas generaciones.

Los abuelos se han convertido, además, en los transmisores de todo aquello importante que los padres no tienen tiempo de transmitir por sus ocupaciones, entre ello la fe y el sentido trascendente de la vida. Por eso y por miles de cosas más esta sociedad, deslumbrada por la juventud y la belleza, está más que en deuda con los mayores, a los que debemos mucho más de lo que pensamos.


Escritos Episcopales

Más gimnasia, menos religión

Traemos a nuestra página 3 la carta que monseñor Fernando Sebastián, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, hizo pública recientemente y en la que reflexiona sobre las declaraciones, aparecidas en los medios de comunicación, en las que algunos políticos afirmaban que es necesario aumentar el tiempo dedicado a la gimnasia a costa de la asignatura de religión. Monseñor Sebastián se pregunta qué está detrás de estas afirmaciones.

Parece que el Sr. Rodríguez Zapatero se ha manifestado partidario de aumentar el tiempo dedicado a la gimnasia en los centros docentes y disminuir el que se dedica a la enseñanza de la religión. No tengo nada contra la gimnasia. Lo que no entiendo es por qué hay que favorecerla a costa de la religión, qué contraposición hay entre una y otra. Dejando aparte los detalles, vale la pena reflexionar un poco sobre lo que esto significa.

Parece que el Partido Socialista en vez de avanzar hacia una mentalidad más democrática, está volviendo a las antiguas posiciones del anticlericalismo y de la intolerancia. Es verdad que los socialistas no aprobaron el reconocimiento de la libertad de enseñanza para la Iglesia contenido en los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español. Pero sí aceptaron esta misma libertad tal como está descrita y reconocida en el artículo 27 de la Constitución. No sin dificultades, las cosas marcharon medianamente bien durante los largos años de los gobiernos socialistas. ¿Por qué ahora vuelven a amenazar con el recorte de las clases de religión en los centros públicos? ¿Querrán también suprimir la enseñanza concertada y echar de la escuela pública las clases de religión como desearían hacer otros partidos de izquierda?.

Detrás de estas posiciones siguen vigentes dos ideas que merecen un buen debate público, con serenidad y claridad. La primera es que el Estado, para ser neutral, debe excluir la religión de las instituciones y de las actuaciones públicas. La segunda, más escondida, es una visión negativa de la religión como algo irracional y pernicioso.

Aconfesionalidad no es beligerancia

Vayamos con la primera. Un Estado que no quiere reconocer las opciones religiosas de los ciudadanos ¿puede considerarse del todo democrático? Un Estado aconfesional no es un Estado que está contra la religión, sino un Estado no beligerante en cuestiones religiosas, que no hace suya ninguna confesión religiosa, pero que reconoce y favorece la libertad de los ciudadanos para profesar, practicar y exponer públicamente sus convicciones y preferencias religiosas. Así es como está descrito en el artículo 16 de nuestra Constitución. Si ahora esta aconfesionalidad se quiere convertir en la reclusión de la religión al ámbito de lo privado, bajo un régimen de simple tolerancia o ignorancia,  con la imposición del laicismo en todas las actividades públicas, nos estaríamos alejando de los consensos constitucionales y regresando a posturas autoritarias y discriminatorias. Un Estado aconfesional no impone ninguna opción religiosa, sino que se limita a valorar positivamente la religión como un factor socialmente positivo y favorecer las opciones religiosas de los ciudadanos, en proporción a su implantación y a su significación histórica. Si en una ciudad aparece un grupo suficiente de musulmanes que pide enseñanza coránica para sus hijos, los católicos apoyamos esa petición. Pero si el 80 % de las familias españolas piden enseñanza del catolicismo para sus hijos, negársela es un reflejo autoritario y discriminatorio.

Y vamos a la segunda. Para los cristianos y las personas enteradas en estas cuestiones, la fe religiosa es un ejercicio insigne de libertad. El respeto a las diversas posiciones posibles no obliga a reconocer que todas tengan el mismo valor objetivo. El respeto a la libertad religiosa necesita el complemento de la obligación moral de buscar la verdad. La humanidad avanza a medida que descubre la verdad del mundo, la verdad integral de nuestra vida, también en la dimensión religiosa de nuestra existencia. La afirmación de la existencia y de la providencia de Dios tiene un serio fundamento racional que todos pueden percibir y aceptar. La verdad histórica de Jesucristo sigue siendo una interpelación para cualquier persona enterada y honesta. El valor humanizador del ideal cristiano de vida, vivido con coherencia, es un argumento al alcance de todos difícilmente rechazable. Es explicable que en la larga historia del cristianismo haya habido errores y pecados. Pero lo que aquí se ventila no es la coherencia de los cristianos, sino la legitimidad intelectual y el valor humanizador del cristianismo en sí mismo, de la doctrina y de la misma persona de Jesús.

Hacer autoexamen

No sabe uno por qué, en estas últimas semanas la intolerancia y la agresividad contra la Iglesia y la doctrina católica ha alcanzado niveles sorprendentes. Algunos lo explican como una estratagema de las propagandas electorales. Prefiero no aceptar esta explicación. Prefiero unos dirigentes políticos que hablen con verdad en la difusión de sus programas y en la captación de los votos. Prefiero unos dirigentes políticos que respeten sinceramente la madurez de los ciudadanos y sus convicciones religiosas. Si hay un 80 % de ciudadanos que se manifiestan como católicos, ¿por qué nos ofrecen un proyecto de vida anticatólico y laicista? Si la mayoría de las familias españolas quieren que sus hijos reciban enseñanza de la religión católica en los centros públicos, ¿por qué no respetan, si es que no quieren apoyarlo, este deseo de los ciudadanos? No hay duda de que los políticos han hecho sus cálculos. Ellos creen que sus posiciones laicistas les van a dar votos. A lo mejor los católicos tenemos alguna culpa en esta situación.

En los tiempos de la transición política, la Iglesia católica apostó fuertemente a favor de la democracia. Honestamente hay que reconocer que sin esta decisión de la Iglesia española, en estrecha comunión con la doctrina conciliar y la Iglesia de Roma, las cosas hubieran sido bastante más difíciles. Pues bien, desde entonces la Iglesia no ha negado nunca su decisión a favor del ordenamiento democrático de la vida política. Los católicos, obispos, sacerdotes, religiosos y fieles seglares, queremos vivir como Iglesia libre en una sociedad libre, en un Estado sinceramente democrático. Los católicos no debemos entrar en el juego de los conflictos y las incompatibilidades. Nos limitamos a reclamar serenamente nuestros derechos civiles como cualquier otro ciudadano. Si somos capaces de  mantener la actitud de consenso que hizo posible la transición, otras muchas cosas serán posibles y podremos esperar un futuro próspero y pacífico. En cambio, si algún grupo influyente y poderoso se empeña en activar las antiguas posturas de rechazo e intolerancia, sobre todo si estas posturas llegaran a condicionar o configurar las actitudes y decisiones de los gobernantes, podríamos poner en peligro cosas importantes. Vale la pena que todos lo pensemos seriamente.

+ Fernando Sebastián
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela


Centrales

"Sólo aquel que se hace pequeño es capaz de acoger con amor a los hermanos más pequeños"

Mensaje del papa Juan Pablo II para la Cuaresma

El papa Juan Pablo II nos tiene acostumbrados, en sus mensajes para el tiempo de Cuaresma, a invitaciones a la conversión y al acercamiento a los más necesitados, como pasos necesarios para que este tiempo litúrgico fructifique. Este año, sin dejar de lado estos aspectos más generales, el Pontífice ha querido centrar su mensaje en un sector concreto de población: la infancia. "El tema de este año -'El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe' (Mt 18,5)- ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la condición de los niños, que también hoy en día el Señor llama a estar a su lado y los presenta como ejemplo a todos aquellos que quieren ser sus discípulos. Las palabras de Jesús son una exhortación a examinar cómo son tratados los niños en nuestras familias, en la sociedad civil y en la Iglesia. Asimismo, son un estímulo para descubrir la sencillez y la confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres".

La situación de los niños

Motivos no le faltan a Juan Pablo II. En el mundo -según datos de Unicef, de la ONG 'Aldeas Infantiles' y de otras organizaciones- muere un niño por hambre cada 7 segundos, 149 millones están desnutridos, más de 121 millones no pueden acudir a la escuela, 15 millones son huérfanos a causa del SIDA y más de 1,2 millones ha muerto por culpa de esta enfermedad. Además, más de 300.000 niños son obligados a convertirse en soldados y dos millones murieron en la década de los noventa en conflictos armados.

Para todos ellos tiene un especial recuerdo el Papa en su mensaje: "Hay menores profundamente heridos por la violencia de los adultos: abusos sexuales, instigación a la prostitución, al tráfico y uso de drogas, niños obligados a trabajar, enrolados para combatir, inocentes marcados para siempre por la disgregación familiar, niños pequeños víctimas del infame tráfico de órganos y personas. ¿Y qué decir de la tragedia del SIDA, con sus terribles repercusiones en África? De hecho, se habla de millones de personas azotadas por este flagelo, y de éstas, tantísimas contagiadas desde el nacimiento. La humanidad no puede cerrar los ojos ante un drama tan alarmante".

"¿Qué mal han cometido estos niños -se pregunta Juan Pablo II- para merecer tanta desdicha? Desde una perspectiva humana no es sencillo, es más, resulta imposible responder a esta pregunta inquietante. Solamente la fe nos ayuda a penetrar en este profundo abismo de dolor. Haciéndose 'obediente hasta la muerte y muerte de cruz' (Flp 2,8), Jesús ha asumido el sufrimiento humano y lo ha iluminado con la luz esplendorosa de la resurrección. Con su muerte, ha vencido para siempre a la muerte. Durante la Cuaresma nos preparamos a revivir el Misterio Pascual, que inunda de esperanza toda nuestra vida, incluso en sus aspectos más complejos y dolorosos. La Semana Santa nos presentará nuevamente este misterio de la salvación a través de los sugestivos ritos del Triduo Pascual".

Además, Su Santidad recuerda que "Jesús amó a los niños y fueron sus predilectos por su sencillez, su alegría de vivir, su espontaneidad y su fe llena de asombro. Ésta es la razón por la cual el Señor quiere que la comunidad les abra el corazón y los acoja como si fueran Él mismo: 'El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe' (Mt 18,5)".

También los pobres

Juan Pablo II recuerda también que "junto a los niños, el Señor sitúa a los 'hermanos más pequeños', esto es, los pobres, los necesitados, los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Acogerlos y amarlos, o bien tratarlos con indiferencia y rechazarlos, es como si se hiciera lo mismo con Él, ya que Él se hace presente de manera singular en ellos".

Por eso, para el Papa, "convertirse en pequeños y acoger a los pequeños son dos aspectos de una única enseñanza, que el Señor renueva a sus discípulos en nuestro tiempo. Sólo aquél que se hace pequeño es capaz de acoger con amor a los hermanos más pequeños".

En su mensaje el Papa también expresa su firme apoyo a los que intentan, con su vida y sus acciones, vivir "con fidelidad estas enseñanzas del Señor". Entre ellos, "quisiera recordar a los padres ­dice el Papa- que no dudan en tener una familia numerosa, a las madres y padres que en vez de considerar prioritaria la búsqueda del éxito profesional y la carrera, se preocupan por transmitir a los hijos aquellos valores humanos y religiosos que dan el verdadero sentido a la existencia".

"Pienso con grata admiración ­continúa Juan Pablo II- en todos los que se hacen cargo de la formación de la infancia en dificultad, y alivian los sufrimientos de los niños y de sus familiares causados por los conflictos y la violencia, por la falta de alimentos y de agua, por la emigración forzada y por tantas injusticias existentes en el mundo".

En la parte final de su mensaje, el Santo Padre invita a los cristianos a que inicien "con confianza el itinerario cuaresmal, animados por una más intensa oración, penitencia y atención a los necesitados. Que la Cuaresma sea ocasión útil para dedicar mayores cuidados a los niños en el propio ambiente familiar y social: ellos son el futuro de la humanidad".

Sentirnos hermanos

"Con la sencillez de los niños -concluye el Papa- nos dirigimos a Dios llamándolo, como Jesús nos ha enseñado, 'Abbá', Padre, en la oración del Padrenuestro. ¡Padre nuestro! Repitamos con frecuencia a lo largo de la Cuaresma esta oración; repitámosla con profunda devoción. Llamando a Dios Padre nuestro, nos daremos cuenta de que somos hijos suyos y nos sentiremos hermanos entre nosotros. De esta manera, nos resultará más fácil abrir el corazón a los pequeños, siguiendo la invitación de Jesús: "El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe" (Mt 18,5). Con estos deseos, invoco sobre cada uno de vosotros la bendición de Dios por intercesión de María, Madre del Verbo de Dios hecho hombre y Madre de toda la humanidad".

 

Cuaresma, un camino que culmina en la Vigilia

Tras los pasos del bautismo

Todos los que participamos asiduamente en la pascua semanal, que es el domingo, hemos sido bautizados. Mejor aún: lo seguimos siendo, pues el bautismo nos hizo hijos de Dios y miembros vivos de la Iglesia. No hay mayor dignidad que ésta: la de sabernos hijos amados de aquel Padre, que nos alimenta constantemente por su Hijo, en la Palabra y en el sacramento de su Cuerpo. Ahora bien, ¿cómo renovar ese sacramento que recibimos cuando éramos pequeños, sin uso de razón, para hacerlo cada vez más fructífero y provocador de compromisos siempre más exigentes en el seno de la comunidad?

La Iglesia, que nos bautizó en una edad inmadura, nos ofrece ahora en la edad adulta, año tras año, un camino de fe que culmina en la solemne Vigilia Pascual, junto a una fuente, la bautismal, y junto a una mesa, la eucarística. Ese camino no es otro que el itinerario cuaresmal, el sacramento de la cuaresma (como la llamaban algunos Padres), los cuarenta días previos a la Pascua.

Si hubiéramos sido bautizados de adultos, la Iglesia nos habría acompañado por varios años mediante un catecumenado serio, estructurado en etapas, antes de ser considerados idóneos para recibir la gracia bautismal. Pero lo que en los adultos era y es requisito previo al bautismo, en los niños es exigencia posterior. Es verdad que la catequesis infantil y juvenil que organizan las parroquias cumple en parte con esta exigencia. Pero la experiencia nos demuestra que hay muchas lagunas en el camino postbautismal de tantos cristianos de a pie. Por eso la liturgia es, en el ciclo de cuaresma y pascua, la mejor catequesis bautismal y eucarística que podemos ofrecer al pueblo fiel. Ya es así todo el año litúrgico, y lo es de un modo especial el tiempo de cuaresma. Por eso ofrecemos a los lectores algunos ritos de la liturgia bautismal (de niños y de adultos) que tienen mucho que ver con la espiritualidad de la cuaresma.

La señal de identidad cristiana: la cruz

Después de la imposición del nombre, el primer gesto litúrgico que se hace sobre la frente del niño es la señal de la cruz. Significa la señal de la caridad y de la victoria de Cristo. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo. En la cruz se manifiesta tanto el amor desbordante de Dios por la salvación del hombre, como la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. También es sinónimo de fuerza. Lo que para los judíos era un escándalo, y para los griegos necedad, para nosotros es fuerza salvadora y sabiduría de Dios.

Todos los viernes del año, y en particular los de cuaresma, han sido y son días propicios para la contemplación del misterio de la cruz; ahí tenemos, por ejemplo, las catorce estaciones del via crucis en las que el discípulo acompaña a su Señor hasta el Calvario, como el obediente Abrahán que sube el monte Moria para preparar el sacrificio. La cruz está también prefigurada en la imagen de aquella serpiente del desierto, que curaba a todo el que fijaba su mirada en ella.

Los exorcismos, purificación del hombre viejo

Enel ritual del bautismo hay unas oraciones que hacen alusión al espíritu del mal, a Satanás, a sus obras y a sus seducciones. El niño, antes del bautismo, es preparado para ser morada de Dios por el Espíritu. Y en las oraciones se pide que sea, y permanezca para siempre, templo del Espíritu santo. La oración se acompaña de un rito: la unción sobre el pecho con el óleo de los catecúmenos, que indica el don de fortaleza tan necesaria en la lucha contra el mal. En el ritual del bautismo de adultos se especifica ese espíritu del mal, del cual debe liberarse previamente el catecúmeno: "la incredulidad y la duda, el culto de los ídolos y la magia, los encantamientos y el espiritismo, el ansia de dinero y los halagos de las pasiones, las enemistades y las discordias y cualquier forma de maldad". Como contrapunto a estas facetas del mal, se especifican también las modalidades del bien que ha de abrazar el llamado al bautismo: "el espíritu de fe y piedad, de paciencia y de esperanza, de moderación y de pureza, de caridad y de paz". Este es el tipo de hombre que ha de nacer en el baño del nuevo nacimiento.

En la ascesis cuaresmal encontramos siempre esta dinámica: trabajar dura y diligentemente nuestro interior a favor de una mayor compenetración con Cristo y su evangelio, "corrigiendo nuestros pensamientos, levantando el corazón y practicando con caridad las obras de misericordia". La cuaresma nos recuerda que la vida cristiana es además de un don sublime, una tarea constante, que requiere valentía en el combate de la fe. Creer no es fácil, tampoco lo es en nuestros días. ¿Creemos con la fe del mártir, o con la fe del místico, o con la del profeta? Al igual que "la samaritana que sacó agua viva, y una vez convertida por la palabra del Señor, confesó su pecado y su debilidad", así nosotros, que hacemos el camino cuaresmal, somos purificados interiormente para progresar en el camino de la salvación. Pero ¡ojo! no es el afán de hacer penitencia lo que en verdad purifica, sino la sed de aquellos que buscan a Jesús y lo sienten como la fuente que colma sus deseos. La penitencia nace de la confianza: "Para que, fiándose de la verdad de Cristo, consigan la libertad de la mente y del corazón y la conserven para siempre" (Súplicas por los elegidos, segundo escrutinio].

Las entregas del Símbolo y de la Oración dominical

En la antigüedad, los catecúmenos adultos gozaban en los últimos días cuaresmales de dos ritos de singular importancia: la entrega y recitación tanto del Símbolo de los Apóstoles (Credo o profesión de fe) como del Padrenuestro.

Acercarse al bautismo era como sumergirse en una profunda y detallada instrucción espiritual y eclesial. Con la entrega del Credo se recibía "la verdadera ciencia, la firme esperanza y la santa doctrina". Era un tomar conciencia de cómo el Credo es el resumen del designio de la caridad divina y de los misterios de la vida de Cristo. Lo que Dios es, fue y será para los hombres está dicho en el Credo. Que labios y corazón se unan en una misma fe al recitar las verdades divinas, y se cumplan en nuestras obras. Por eso es clave esta profesión de fe, que se hace de pie, en postura corporal activa, firme y decidida. Hemos hecho muchas veces examen de conciencia a la luz de los mandamientos, o de las bienaventuranzas, pero, ¿quién lo hizo alguna vez a la luz del Credo apostólico?

Al igual que la cruz es el distintivo del cristiano, así el Padrenuestro es la oración propia del discípulo de Cristo. Es la oración de los hijos, y es también compendio de todo el evangelio. Por eso, a las puertas del santo bautismo, o de su renovación solemne en la Vigilia pascual, no hay mejor plegaria que nos recuerde y nos incite al seguimiento gozoso de Cristo en nuestro camino hacia la Pascua eterna.

¡Feliz cuaresma!

José Manuel Puente Mateos
Párroco de Valdelacalzada y liturgista

"La película no es antisemita: fueron nuestros pecados los que clavaron a Cristo en la cruz"

Entrevista al actor Jim Caviezel, protagonista de 'La Pasión de Cristo'

En declaraciones a la agencia Associated Press, el actor Jim Caviezel, quien interpreta a Jesús en 'La Pasión de Cristo' de Mel Gibson, recordó los numerosos esfuerzos físicos que tuvo que sufrir en el rodaje y aseguró que aceptó el papel porque quería "la verdad absoluta".

La agencia explicó cómo Caviezel estuvo suspendido semidesnudo de una cruz en medio de ráfagas heladas durante semanas de filmación; fue alcanzado por un rayo durante la recreación del Sermón de la Montaña; un actor que interpretaba a un torturador romano le hizo una herida de 35 centímetros en la espalda durante una escena de la flagelación; se dislocó un hombro portando la cruz; contrajo neumonía e infección pulmonar, y sobrellevó cortaduras, tajos y dolor de espalda por las cadenas que debió arrastrar.

El actor reveló que había rechazado interpretar a Jesús en una obra teatral y dos proyectos de televisión, pero según explicó, esta vez aceptó porque compartió el propósito de Gibson. "Las otras veces dije que no estaba interesado. No a menos que se hiciera como se debe", afirmó Caviezel.

No es antisemita

Asimismo, el actor defendió a Gibson de las críticas de algunos líderes judíos de que la película podría suscitar antisemitismo y revivir la noción de que los judíos fueron responsables colectivamente de la muerte de Cristo.

"Aquí no hay ningún grupo que aparezca uniformemente como cortado por la misma tijera. Mel insiste en que esta película no culpa a nadie", dijo Caviezel y añadió que "esa turba frente a Pilatos no condena a toda una raza por la muerte de Cristo del mismo modo que los actos atroces de Mussolini no condenan a todos los italianos ni los hechos horrendos de Stalin condenan a todos los rusos. Todos somos culpables de la muerte de Cristo. Mis pecados, tus pecados, todos nuestros pecados lo clavaron en esa cruz".

En el estudio, Gibson a menudo consultaba a Maria Morgenstern, una actriz judía rumana que interpreta a María, para asegurarse de que las acciones y modalidades del rodaje fueran consistentes con las tradiciones judías, resaltó Caviezel. "Él quería presentar la María más semita y el Jesús más semita que se hubiera visto. Ningún Jesús rubio de ojos azules. Mel dijo desde el comienzo que tenía que ser muy semita y se atuvo a las tradiciones", agregó. "Y Maria Morgenstern, que está más capacitada para entender de esto que cualquiera de nosotros, dijo inequívocamente que esta película no es antisemita". ACI

 

Cristianismo y Justicia lamenta que la guerra de Irak haya causado más males que los que pretendía evitar

Cristianismo y Justicia, el Centro de Estudios promovido por la Compañía de Jesús en Cataluña, ha hecho pública una reflexión al cumplirse un año de las manifestaciones contra la guerra de Irak.

En su argumentación, titulada 'Tuvimos razón (un año después)', el organismo señala que "la llamada guerra se comenzó sin declararla, con ausencia de pruebas fehacientes y sin que se hubiesen agotado todos los demás recursos". Además, "los males que ha causado están siendo superiores a los que pretendía evitar".

Mínimo pudor

Según Cristianismo y Justicia, los gobernantes que declararon la llamada guerra preventiva contra Irak "al menos deberían tener un mínimo de pudor para no esconder su fracaso tratando de dictar a los soldados norteamericanos las cartas que pueden enviar a sus familias", además de "para no impedir o prohibir las fotografías y reportajes de los soldados muertos", y "para no pedir ahora que el dinero de los demás financie la reparación de los destrozos que ellos hicieron, mientras han asignado a empresas de su propio país todos los beneficios económicos de la reconstrucción de Irak".

A su juicio, el pudor se debería extender también a la hora de "devolver totalmente a Naciones Unidas el protagonismo que le quitaron" y para "no vetar en solitario decisiones como la condena de Israel por la construcción del muro de su vergüenza, mientras antaño ellos anatematizaban la posibilidad de que otros países ejercieran ese mismo derecho de veto contra su afán por legalizar el crimen de Irak". IVICON


Información diocesana

Un centenar de sacerdotes participan en una jornada de formación

Fue organizada por la Delegación Diocesana para el Clero

Más de un centenar de sacerdotes diocesanos han participado en la jornada de formación organizada por la Delegación Dicoesana para el Clero, y que se ha celebrado en una doble sede, las casas de oración de Villagonzalo y Gévora, para facilitar la asistencia.

Los días elegidos para esta jornada fueron el lunes día 23, para la sede de Villagonzalo, y el martes día 24, para la sede de Gévora. En ambas el ponente fue el mismo, el sacerdote salesiano don Antonio Calero, de quien publicamos una entrevista en la última de este número de 'Iglesia en camino'.

Orientación pastoral

Esta jornada tiene un marcado caracter pastoral, de hay el tema elegido 'Clero y laicos", por contraposición a los cursos de formación para sacerdotes que se celebran en el mes de julio, también organizados por la Delegación para el Clero, y que suelen estar orientados hacia un contenido más teologico-reflexivo. Con ambos, no obstante, la Delegación para el Clero pretende ofertar a los sacerdotes diocesanos uan posibilidad de manternerse 'al día' tanto en cuestiones de pastoral como de teología.

 

Don Antonio Montero recuerda su paso por el Concilio Vaticano II

La Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española organizaba en Madrid, la pasada semana, una asamblea de delegados diocesanos de Medios de Comunicación de las diócesis españolas.

En ella ha participado el arzobispo de Mérida-Badajoz, don Antonio Montero, con una ponencia titulada "40 aniversario del decreto conciliar 'Inter Mirifica'. Balance y expectativas", en la que hizo un recorrido por las sesiones conciliares en las que se trabajó dicho documento, y recordó cómo la Iglesia se abrió a la prensa a raíz del Concilio Vaticano II.

Representación diocesana

La asamblea acogió a más de cincuenta delegados y colaboradores de los distintos secretariados diocesanos de España. Nuestra diócesis también participó en este encuentro en el que, además, se trataron temas como "Televisión y familia", "Estrategias educomunicativas", "Los Medios de Comunicación en nuestras vidas" o el "Movimiento asociativo ante los medios".

 

Curso de formación on-line para profesores de religión

Dentro del Plan de Formación Complementaria para el profesorado de religión católica, la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, ha lanzada un curso on-line de formación para este colectivo.

Según el documento de presentación del Plan, este curso "está dirigido especialmente a los profesores que, por diferentes causas no han podido cursar la formación sistemática en los cursos organizados por las delegaciones diocesanas de enseñanza". Así mismo, también pueden realizar el curso "cuantas personas estén interesadas en estos temas". Para la Comisión Episcopal, además, "el material de los cursos on-line puede servir como plataforma de apoyo y base de datos para los grupos que se reúnen en la formación presencial". La duración del curso es de un trienio y se divide en cuatro grandes bloques temáticos englobados bajo el título "Educar desde el Evangelio".

El plazo de inscripción termina el próximo día 9 de marzo y las inscripciones se pueden realizar desde la página web que la Conferencia Episcopal Española ha habilitado en www.conferenciaepiscopal.es/formacion/online

 

Plan de Animación de Juventud

Proyectos Tiberiades y Moisés

Esta semana comienzan a funcionar dos de los proyectos del plan de animación de juventud que desarrolla el Secretariado de Juventud. Se trata de los proyectos Tiberiades, destinado al ocio y tiempo libre, y el Moisés, de voluntariado con niños y jóvenes.

El primero está "destinado a quienes desean utilizar parte de su tiempo libre para enriquecerse humana y cristianamente", y celebrará su primer encuentro el 4 de marzo, a las 18,00 horas, en el Centro Parroquial de San Roque, en Badajoz. El segundo proyecto, Moisés, "está destinado a quienes se preocupan por los necesitados y tienen ganas de ayudarlos". Este proyecto comienza en Mérida el próximo día 3 de marzo, a las 20,00 horas, en el Colegio de las Madres Escolapias. las inscripciones para ambos proyectos en la web www.yosoyprotagonista.com


Liturgia dominical

Celebramos el I Domingo de Cuaresma

Palabra de Dios

Libro del Deuteronomio 26, 4-10

Dijo Moisés al pueblo:

"El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: "Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa.Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron y nos impusieron una dura esclavitud.Entonces clamamos al señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado."Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios."

 

Salmo 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15

R. Estás conmigo, Señor, en la tribulación.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,

que vives a la sombra del Omnipotente,

di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío,

Dios mío, confía en ti".

 

Carta a los Romanos 10, 8-13

Hermanos: La Escritura dice: "La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón. Se refiere a la palabra de la fe que anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

Dice la Escritura: "Nadie que cree en él quedará defraudado". Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.

Pues todo el que invoca el nombre del señor se salvará."

 

Evangelio según san Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.

Jesús le contestó: Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre".

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.

Jesús le contestó: Está escrito: "Al Señor tu Dios, adorarás y a él solo darás culto".

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras".

Jesús le contestó: Está mandado: "No tentarás al señor, tu Dios".

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

 

Lecturas bíblicas para los días de la semana

1, lunes: Lv 19, 1-2. 11-18; Mt 25, 31-46.
2, martes: Is 55, 10-11; Mt 6, 7-15.
3, miércoles: Jon 3, 1-10; Lc 11, 29-32.
4, jueves: Est 14, 1. 3-5. 12-14; Mt 7, 7-12.
5, viernes: Ez 18, 21-28; Mt 5, 20-26.
6, sábado: Dt 26, 16-19; Mt 5, 43-48.
7, domingo: Gn 15, 5-12. 17-18; Flp 3, 17-4, 1; Lc 9, 28b-36.

 

 

Apunte litúrgico

Un arameo errante

Interesante la primera lectura que nos sitúa en los orígenes del pueblo de Israel y, en cierto modo, en los orígenes de nuestra propia vida cristiana. Se trata de una oración que debía recitar el israelita cuando ofrecía las primicias del campo. La fórmula de ofrenda comenzaba con estas palabras: "Mi padre fue un arameo errante...". Era un alusión al Patriarca Abrahán que tuvo que comenzar su aventura creyente abandonando su casa y poniéndose en camino hacia una tierra desconocida.

La liturgia nos recuerda todo esto porque la Cuaresma también tiene una dimensión itinerante, es más, de destierro, de marcha hacia lo desconocido. Todo esto exige una Cuaresma auténtica en la que se tiene como elemento base e insoslayable una seria actitud de conversión, de vuelta a nuestros orígenes bautismales.

Sabemos que la Cuaresma es un camino, que tiene como meta la celebración de la Pascua del Señor y que esta se desdobla en un elemento de muerte, que para Cristo fue la cruz y para nosotros es el abandono de todo lo que nos impide seguirle y un elemento de vida, que para Cristo fue su resurrección y para nosotros es una vida vivida desde la gracia santificante y bajo el impulso del Espíritu Santo.

Comenzar y seguir esta ruta cuaresmal no es fácil. Nos lo insinúa la lectura evangélica al presentarnos a Cristo en el desierto de las tentaciones. Las tres tentaciones son como los prototipos de los obstáculos que encontramos en nuestra vida cristiana y que, en Cuaresma, se nos invita a vencerlos con valentía. Cada uno sabe cual es el pan, el deseo de poder o la idolatría que acechan su vida cristiana.

Antonio Luís Martínez

 

Santoral

22 de Febrero: San Papías (70-150)

PapÍas es discípulo de Policarpo de Esmirna, que lo es a su vez del apóstol san Juan.

Nuestro hombre tendría muy buena fama si nos atuviéramos al testimonio de san Jerónimo, que lo exculpa de gran parte de sus posibles errores; pero si le hacemos caso a Eusebio de Cesarea, que le acusa de inventar relatos fantasiosos en torno a los milagros del Señor y al ahorcamiento de Judas..., entonces la fama de nuestro buen Papías cambia radicalmente.

Es obispo de Hierápolis, muy influido por las corrientes de su época, que compuso, en torno al año 130, una voluminosa obra llamada 'Exposición de las palabras del Señor', de la que solo se conservan fragmentos, eso sí, valiosos para estudiar la formación de los evangelios.

Está visto que el prestigio, también intelectual y teológico, depende no solo del presente, sino del futuro de cada autor. Como en los siglos venideros te caiga encima un crítico que desprestigie tus obras, ya te puedes echar a dormir: si Eusebio, padre de la historia eclesiástica, no hubiera sido demoledor con la obra de Papías, esta conservaría su esplendor de los primeros siglos, a pesar de sus datos apócrifos.

Al famoso "cría buena fama y échate a dormir" le cabe otro refrán: "Vaya usted a saber lo que de mí dirán después". ¡Cuán fácil es criticar a los muertos indefensos!. Eso.

Manuel Amezcua

Los santos de la semana

1, lunes: Albino, David, Rosendo, León, Siviardo, Suitbert.
2, martes: Ángela de la Cruz, Inés de Praga, Ceadas, Troadio.
3, miércoles: Anselmo, Emeterio y Celedonio, Mario y Asterio.
4, jueves: Casimiro, Apiano, Basino, Arquelao, Quirino, Focio.
5, viernes: Adriano, Gerásimo, Virgilio, Kierano, Juan José.
6, sábado: Ciriaco, Marciano, Olegario, Colecta, Victorino.
7, domingo: Perpetua y Felicidad, Basilio, Eugenio, Efrén.


Contraportada

La razón para que los laicos se integren más en la acción de la Iglesia es teológica, no la falta de clero

El salesiano don Antonio Calero participó en los cursos de formación para sacerdotes

La Delegación del Clero organiza a lo largo del año diversas actividades formativas para los sacerdotes, que van desde cursos de verano hasta jornadas o tandas de ejercicios espirituales. Entre estas actividades se encontraba un curso que, entre el lunes y el martes, impartía en Villagonzalo y en Gévora el sacerdote salesiano don Antonio Calero, que a mediados de este mes recibía la Medalla de Oro del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla. En sus conferencias ante los sacerdotes de Mérida-Badajoz, don Antonio se refirió a la relación de los sacerdotes y los laicos en la labor de evangelización y el papel que el Concilio Vaticano II reserva a los laicos.

- Usted ha hablado en sus conferencias de los sacerdotes y de los laicos, dos componentes de una misma maquinaria, que tienen que estar ensamblados en armonía.

- Sí, a ellos habría que sumar una tercera pieza: la vida religiosa. No sólo debemos estar bien ensamblados, sino que "genéticamente" estamos viviendo la misma vocación a la fe. Yo creo que el planteamiento que hay que hacer en la relación de sacerdotes, laicos y religiosos es partir de la eclesiología de comunión y participación que marca el Concilio Vaticano II.

- Permítame una pregunta tópica: ¿Cuál es el papel de los laicos en la Iglesia? porque hay muchos documentos sobre el particular.

- Contesto con lo que podría ser una perogrullada: tiene que ser el suyo, y no el de los ministros ordenados, ni el de los religiosos. Dicho esto, es claro que el Concilio Vaticano II le asigna una especificidad dentro de la Iglesia a cada una de estas tres formas de la única vocación a la fe.

Los sacerdotes están llamados a realizar una labor de animadores esenciales, imprescindibles dentro de la comunidad cristiana; los laicos tienen que subrayar, no en exclusividad sino en prioridad, la terrenidad de la Iglesia, el compromiso temporal de toda la Iglesia.

¿Se avanza?

- ¿Se avanza a buen ritmo en corresponsabilidad de los laicos?

- Desde el Vaticano II, siguiendo por los documentos de Pablo VI, de Juan Pablo II o de la Conferencia Episcopal Española, tal vez no se puede avanzar mucho más en el orden doctrinal-documental. Pero creo que la experiencia nos dice que no hemos asumido todos esa doctrina suficientemente.

- ¿Quién cree que tiene que recorrer más en ese terreno, la jerarquía, los laicos o ambas partes?

- Creo que por responsabilidad tendría que ser la jerarquía, el ministerio ordenado, que es el que, asumiendo esa doctrina del Concilio Vaticano II, tendrían que animar a los laicos. De otra manera, el laicado se puede plantear su participación en clave de reivindicación de un espacio propio. Aquí no hay que reivindicar nada, todos los bautizados tenemos que asumir lo que ha enseñado el Concilio y el postconcilio y empezar a adoptar las funciones que a cada uno le pertenecen, intra y extraeclesialmente hablando.

La misión de la Iglesia no se le ha confiado al obispo o al sacerdote exclusivamente, la misión de construir el Reino de Dios entre nosotros y hacia fuera se confía a toda la Iglesia.

Razones

- ¿Cree que los laicos irán asumiendo cada vez más protagonismo en la acción de lglesia por razones teológicas o por las necesidades que imponga la falta de clero?

- Aquí se junta la intuición doctrinal del Concilio Vaticano II con, en Occidente por lo menos, la escasez del clero. Esta escasez es un hecho sociológico, el criterio conciliar es un hecho teológico. Yo creo que aunque hubiera un clero abundantísimo habría que proceder a lo que el Concilio Vaticano II ha dicho. En tiempos del Concilio no había falta de clero, y sin embargo dice lo que dice.

- ¿Es usted optimista?

- Sí, soy optimista. A veces pensamos que las cosas van lentas, y es verdad, pero es que los procesos históricos no son automáticos, requieren siglos y el Concilio es reciente contemplado con visión histórica.

 El laico en una Iglesia de comunión y participación

Don Antonio Calero destacaba en sus conferencias ante los sacerdotes de la diócesis la eclesiología de comunión y participación del Concilio Vaticano II, primer concilio que trata del laicado. Destacaba también algunos documentos postconciliares que tratan del asunto como los emanados del Sínodo de obispos del año 1985, la exhortación apostólica Christi fideles laici o la carta apostólica Novo millennio ineunte.

En el esquema de sus conferencias destacó al bautismo como inequívoco y firme punto de partida en la participación de todo el Pueblo de Dios en la condición de Cristo, a la vez que defendió aspectos básicos como la formación y la espiritualidad para poder hacer efectiva la corresponsabilidad en la misión única de la Iglesia: construir el Reino.

Don Antonio Calero defendió ocho campos específicos en el compromiso eclesial del laico:

- Defender el derecho a la vida.

- Defender la dignidad de la persona.

- Exigir la verdadera libertad religiosa.

- Asegurar el valor fundamental de la familia.

- Desarrollar el sentido de solidaridad entre los hombres.

- Entrar activamente en el campo de la política.

- Estar presente en la sociedad y en el sector de la economía.

- Influir positivamente en los ámbitos de la cultura.

Juan José Montes


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