Semanario "Iglesia en camino"

Archidiócesis de Mérida-Badajoz (España)
E-Mail: Iglenca@grn.es
Núm. 243 - Año V - 22 de febrero de 1998
Director: José María Gil


Portada

Nuestra diócesis comienza un nuevo plan pastoral para los próximos tres años

Su objetivo general es "El fortalecimiento de la fe y del testimonio cristiano"
En sintonía con toda la Iglesia, que se prepara para entrar en el Tercer Milenio cristiano mediante el Jubileo del 2000, nuestra diócesis ha puesto en marcha un nuevo Plan Pastoral para el trienio 1998-2000 bajo el lema bíblico: "Proclamar el Año de Gracia del Señor".
Elaborado por el Consejo de Pastoral Diocesano, el nuevo Plan continúa la tarea emprendida por el anterior, que se centraba en la formación de los laicos, la participación y corresponsabilidad de estos en la misión de la Iglesia y el servicio comprometido a la comunidad eclesial.
El nuevo plan tiene como meta y objetivo general "El fortalecimiento de la fe y del testimonio cristiano". De este objetivo se derivan seis específicos, para cada uno de los cuales se señalan también una serie de acciones y los ámbitos donde éstas han de llevarse a cabo y los organismos eclesiales que han de realizarlas. Una tarea para todos.

Editorial

Las dos provincias extremeñas

Extremadura, dos: Cáceres y Badajoz. Así rezaba el sonsonete escolar de las provincias españolas, asentadas al Suroeste fronterizo con Portugal, marcadas en lo geofísico por la dehesa y la ciguña, regadas en su franja central por el Tajo y el Guadiana, sobresalientes en su impronta histórica por la huella cultural de Roma y por las gestas heróicas de América.
Su extensión geográfica le permite a Extremadura albergar en su seno una rica pluralidad de paisajes y de paisanajes, entre Alburquerque y Herrera del Duque, entre el Monasterio de Yuste y el de Tentudía. Y en el mapa regional dos capitales de provincia, una capital autonómica y otra eclesiástica, títulos que legitiman la relevancia de Badajoz y de Cáceres, de Mérida y de Plasencia.
Al extremeño se nos define como un pueblo recio y sufrido, capaz de cosas grandes cuando sale de sí y acomete empresas migratorias, pero más apocado si se queda en retaguardia. Yuste, Guadalupe, Trujillo y el Teatro Romano de Mérida se asumen como emblemas comunes.
La Constitución del 78 y las leyes orgánicas posteriores han configurado a este pueblo y estas tierras como comunidad autónoma en el Estado de las Autonomías. Todo el mundo ve como natural este espacio administrativo y político, todo el mundo ha celebrado que la Iglesia sancione esta realidad extremeña estableciendo en su seno la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz , con esta sede más las de Coria-Cáceres y Plasencia.
Sería injusto y ofensivo negar que la comunidad autónoma ha producido progresos innegables e irreversibles en la trabazón de las ciudades, pueblos y ciudadanos de Extremadura. Pero persisten los viejos demonios del agravio comparativo, del tratamiento desigual, de la escasa, cuando no difícil comunicación entre Cáceres y Badajoz, y a la inversa. La singularidad de Mérida, puente administrativo entre ambas, añade a veces un tercero en discordia, cuando no reclama Plasencia su puesto adecuado en la tetrarquía.
Extremadura se está haciendo y entre todos tenemos que construirla con tesón y generosidad, con patriotismo local de buena ley. De lo contrario, figurará de furgón de cola como tantas veces nos ha ocurrido. Aviso a navegantes, o sea, a Junta, Asamblea, diputaciones, municipios, sin excluir a las diócesis. Saquen de lo mejor de sí mismos la necesaria grandeza para sobreponerse al partidismo político.

Escritos episcopales

Presentación del Plan Pastoral 1998-2000 por el Arzobispo

Pongo en vuestras manos el Plan Pastoral 1998-2000, elaborado, a petición mía y con mi aprobación posterior, por el Consejo Pastoral diocesano, al que agradezco de nuevo sus buenos servicios a los miembros de nuestra Iglesia local.
El nuevo Plan Pastoral se considera a sí mismo como continuación y desarrollo de su inmediato anterior (1996-97), cuyos objetivos prioritarios siguen teniendo para nosotros un interés permanente: la formación de los laicos, la comunión eclesial y la conciencia misionera. En el trienio que ahora iniciamos se mantiene también una plena sintonía con las líneas preparatorias del Jubileo 2000, establecidas para la Iglesia universal por Su Santidad Juan Pablo II.
Encauzamos nuestros empeños pastorales de aquí hasta fin de siglo en torno a este eje vertebral: El fortalecimiento de la fe y el testimonio de los cristianos.
Manejamos para ello un haz de criterios, inspiradores de todas las actividades que han de ponerse en juego al servicio de ese lema. Son estos cuatro: Espíritu misionero y cercanía de los hombres; celebración y experiencia religiosa; corresponsabilidad y sentido comunitario; actitud de servicio y compromiso de transformación. Desde esos supuestos, y siempre en clave misionera, se priman, en el proyecto evangelizador, los sectores de familia y juventud; se impulsa el compromiso social y político de la fe; se reactiva la pastoral litúrgica con marcada incidencia en los sacramentos de la iniciación cristiana.
En cada uno de dichos apartados se contemplan, como es usual en las programaciones diocesanas, las actividades a cumplir, las personas y organismos responsables de las mismas, junto con el ámbito o nivel donde han de desplegar su labor. En total, más de medio centenar de aplicaciones concretas de esos criterios y objetivos pasarán a la agenda diocesana del ya corriente trienio 98-2000.
Nos quejamos a veces en la Iglesia de a falta de concreción de nuestras orientaciones comunitarias, de exceso de principios generales y de pobreza en las aplicaciones prácticas. Pienso que quienes se lean con buen talante todos los apartados de este Plan Pastoral no podrían acusarlo de teorizante o escapista de la realidad. Si acaso, de lo contrario: del peligro de abarcar mucho y no poder apretar lo suficiente. A quienes experimenten esa sensación, yo les haría observar lo practicado conmigo mismo. No todo lo tenemos que hacer todos. Se impone, eso sí, que cada cual busque y encuentre su puesto en esta oferta comunitaria; y que todos pongamos en juego lo que nos corresponda personalmente, con la satisfacción interior de que colocamos un ladrillo en la construcción de aquella Iglesia, de la que el Señor Jesús es la piedra angular (Ef. 2,20).
Nos defrauda, a veces, una comunidad eclesial vaporosa y como distraída ante las realidades internas y ante el mundo exterior. Sentimos rechazo también ante una Iglesia tecnocrática y demasiado reglamentada, donde pueda parecer que no hay lugar para el Espíritu. Este Plan pastoral, nacido de la Comunidad diocesana, en longitud de onda con la Iglesia universal, orientado todo él para renovar nuestra vida cristiana y nuestro testimonio misionero, se propone, y creo que lo consigue, sortear esos dos escollos. Nuestra Iglesia, como ya lo hiciera en el Sínodo diocesano y lo ha intentado también en su primer Plan trienal, nos convoca ahora a dar un paso más en la nueva Evangelización y en el camino purificador del Jubileo.
De poco valdrían las ordenanzas, decretos, planes y proyectos, si no se nos se enciende en el corazón del Obispo y de sus presbíteros, de los hombres y mujeres de especial consagración y de los laicos componentes del Pueblo de Dios, ese nuevo Ardor que señala Juan Pablo II como el primero de los pilares de la Nueva Evangelización. Me viene a la memoria, cuando siento en mí apagarse el ánimo, cuando me asalta el cansancio, cuando me pesa la inercia o se me contagia la apatía, aquel reproche de Jesús a los judíos que escurrían el bulto a su llamada a convertirse: "¿A quién compararé yo esta generación? Es semejante a los niños que se gritan unos a otros diciendo: Os tocamos la flauta y no habéis bailado, hemos recitado endechas y no habéis llorado" (Mt. 11,17).
Con este Plan pastoral y con otros impulsos apostólicos hace sonar su flauta nuestra Iglesia local, saludando la aurora del Tercer milenio cristiano. ¿Y si fuera el Espíritu el que sopla sus notas de esperanza? Bueno será que entremos en la danza.
Antonio Montero
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Centrales

1998-2000: "Proclamar el año de gracia del Señor"

La Archidiócesis de Mérida-Badajoz pone en marcha un Plan pastoral para los próximos tres años

En sintonía con toda la Iglesia, que se prepara para entrar en el Tercer Milenio cristiano mediante el Jubileo del 2000, nuestra diócesis ha puesto en marcha un nuevo Plan Pastoral para el trienio 1998-2000 bajo el lema bíblico: "Proclamar el Año de Gracia del Señor".
Elaborado por el Consejo de Pastoral Diocesano, en el que están representados todos los sectores y zonas de la diócesis, el nuevo Plan continúa la tarea emprendida por el anterior, que se centraba en la formación de los laicos, la participación y corresponsabilidad de estos en la misión de la Iglesia y el servicio comprometido a la comunidad eclesial. Todo ello siguiendo la línea de renovación propiciada por el Sínodo Pacense para nuestra diócesis.
El nuevo plan tiene como meta y objetivo general "El fortalecimiento de la fe y del testimonio cristiano". De este objetivo se derivan seis específicos, para cada uno de los cuáles se señalan también una serie de acciones y los ámbitos -diocesano, arciprestal y parroquial- donde éstas han de llevarse a cabo y los organismos eclesiales que han de realizarlas. Una tarea para todos.
"Proclamar el año de gracia del Señor" (Is 61,2; Lc. 4,19).

Naturaleza y justificación de este plan

¿De dónde partimos?
El Plan para el trienio 1998-2000 se proyecta en continuidad con el plan trienal anterior, que poseía tres núcleos fundamentales:
- La formación de los laicos.
- La participación y corresponsabilidad de los laicos en la vida y misión de la Iglesia.
- El servicio gratuito y comprometido de la comunidad eclesial.
En la evaluación de este plan, realizada en el Consejo Diocesano de Pastoral, detectábamos que se han ido dando grandes pasos en la consolidación e implantación de procesos de formación del laicado, pero no hemos avanzado de igual modo en la formación socio-política de los mismos. Consecuentemente el compromiso socio-político y la lucha contra la pobreza son dimensiones fundamentales que necesitan ser potenciadas con acciones más efectivas. Para ello se estima necesario continuar fomentando tanto la Acción Católica como las Cáritas parroquiales, que han de estructurarse, éstas últimas, desde los criterios dimanados de la Cáritas diocesana, y a la vez reformular los procesos formativos a la luz de la Guía Marco de la Conferencia Episcopal Española y del documento sobre las Líneas y Criterios para la Formación del laicado del Consejo Diocesano de Pastoral. También se planteaba la necesidad de planificar los procesos de formación para las familias y los profesores de religión.
Los órganos de corresponsabilidad y participación del laicado, a pesar de que han recibido un gran empuje en el anterior trienio, aún no están siendo creados ni consolidados en todas las parroquias. Es necesario continuar creando un modo de pensar que haga más fácil la creación de Consejos Pastorales y la elaboración de planes pastorales anuales, así como ir dando pasos en la creación de los Consejos Pastorales Arciprestales.
La comunión como talante, la dimensión celebrativa de la fe y los alejados son temas que requieren un mayor impulso y una nueva programación en algunos aspectos, así como la consolidación de los diversos proyectos de Cáritas Diocesano (Proyecto Vida y Centro Hermano).

Nuestra meta y objetivo prioritario

El nuevo Plan se sitúa en continuidad con el Plan Pastoral de la Diócesis del Trienio 1996-1998 y en el horizonte del Gran Jubileo del año 2000. La Carta Apostólica "Tertio Milennio Adveniente' de Juan Pablo II, que tiene como fin preparar y celebrar el Gran Jubileo del Año 2000 en la Iglesia universal y en cada Iglesia particular, es un programa marco, no sólo para cada una de los diócesis, sino también para la planificación de este nuevo plan.
La Conferencia Episcopal Española en su Plan de Acción Pastoral "Proclamar el año de gracia del Señor" para el cuatrienio 1997-2000, nos dice que "el Jubileo del Año 2000, en su preparación y celebración5n, ha de servirnos para avizorar el futuro desde las llamadas de Dios en el prólogo de un nuevo siglo, pues estos años pueden ser cruciales para el desarrollo , de la evangelización, especialmente en algunos sectores, por ejemplo, en el mundo de los jóvenes, muchos de ellos apartados de la fe en Cristo y de la iglesia; será preciso crear cauces de acercamiento que favorezcan su presencia en la comunidad eclesial. Será necesario también promover los valores humanos y cristianos en la familia y, ante la disminución de vocaciones de especial consagración, habrá que suscitar nuevas vocaciones sacerdotales y consagradas, así como una mayor dedicación de los laicos al apostolado seglar, para que los nuevos sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos puedan ser e vangelizadores de las futuras generaciones" (n.9).
Por tanto, nuestro Plan pastoral quiere unirse a esta preparación de Jubileo del año 2000, que "deberá confirmar en los cristianos de hoy la fe en el Díos revelado en Cristo, sostener la esperanza prolongada en la espera de la vida eterna, vivificar la caridad comprometida activamente en el servicio a los hermanos" (TMA, 31 ). Al mismo tiempo, sin perder de vista el horizonte del Sínodo Diocesano, se estructura este plan en continuidad con el proceso pastoral ya establecido en nuestra Archidiócesis a través del Sínodo y del Plan Pastoral anterior, y a la vez responde a las necesidades que la sociedad extremeña y la Iglesia de Mérida-Badajoz ahora mismo experimentan.
En consonancia con estos planteamientos, este Plan quiere tener como objetivo prioritario:

- El fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos.

"Todo deberá mirar al objetivo prioritario del Jubileo que es el fortalecimiento de la fe y del testimonio de los cristianos. Es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y de renovación personal en un clima de oración, siempre más intensa, y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado " (TMA 42).
Queremos hacer de la fe el centro de la vida, el eje en torno al cual gira todo lo demás. Hacer de la fe el centro de la vida significa, además, convertido en la raíz de la que brotan los impulsos, los estímulos, los sentimientos, las formas de pensar en los que se despliega ese proyecto de ser que llamamos vida. Se trata de una fe confesante, que tiene como absoluto el Reino de Dios, lo 'único necesario', que reduce todo lo demás a la categoría de añadiduras (cf. Rom. 15,7).

- Criterio eclesiológico y línea de acción

El Plan Pastoral Diocesano 1998-2000 está llamado a ser un instrumento útil para impulsar la Nueva Evangelización en nuestra Archidiócesis (Cf. Sínodo Pacense, P.O. 01) y poder disponernos a celebrar los dos mil años del tiempo y de la historia nuevos y últimos, inaugurados con la Encarnación de Jesucristo (Cf. Heb 1, 1-2). La Encarnación es, pues, lo nuclear. Dios sale al encuentro del hombre: Dios habla al hombre, Dios busca al hombre, Dios redime al hombre. Este es el acontecimiento de nuestra fe y, por tanto, de esta hora jubilar.
Buscando que nuestra proclamación de este 'año de gracia' sea, a la vez, creíble y eficaz, hemos querido estructurar este plan fundamentándolo en torno a unos criterios íntimamente relacionados con las cuatro mediaciones eclesiales. Y como éstas, dichos criterios se implican mutuamente, o la vez que cada uno de ellos demandan la presencia de los otros; ya que de otro modo quedarían sustancialmente alterados.

- Criterio misionero y de secularidad

Nuestro Plan y todos los esfuerzos encaminados a la celebración del Año 2000 tendrán poco éxito, si no se anuncia el mensaje de Jesucristo, muerto y resucitado a todos los hombres de buena voluntad: a los que nunca oyeron hablar de la salvación y a los que, habiendo oído, se han alejado. De ahí que sea necesario renovar la conciencia misionera, teniendo muy en cuenta nuestra presencia en el mundo de los alejados, de la juventud y la familia (cf. TMA 36; 58. Sínodo Pacense, P.O. 0,4-08; 19,32; 122; 248). Se necesita una Iglesia evangelizadora, y a la vez, evangelizada, en medio del mundo (Cf. EN 15); una Iglesia que ha de ser experta en caminos de búsqueda y acercamiento al hombre, experta en caminos de anonadamiento. Una Iglesia que se hace compañera de camino de cada hombre y le acompaña en su itinerario. Una Iglesia que, al estilo de Cristo, baja constantemente, para que la humanidad pueda acceder a lo que el Señor le promete. Una Iglesia que, como Pablo, quiere poder proclamar con su vida: "Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos" (1Cor 9,22).

- Criterio de celebración y experiencia religiosa

La Iglesia que evangeliza y anuncia la salvación, es también la Iglesia que la celebra y la hace presente; ha de ser, por tanto, una Iglesia orante y celebrante (cf. TMA 42. Sínodo Pacense, P.O. 79-8 l; 99; 109; 114; 115; 126-134). A través de este segundo criterio, referido a la celebración y la experiencia religiosa, queremos ayudar a los creyentes a que confirmen su fe, fortalezcan su esperanza y vivan la caridad. La pastoral misionera exige comenzar reconstruyendo la experiencia religiosa desde lo más fundamental, tomando las cosas desde el principio y acompañando a las personas en un proceso religioso, que las lleve a la acogida gozosa y agradecida de Dios como experiencia decisiva donde todo cobra sentido, orientación y esperanza; ya que "la religión que brota del misterio de la Encarnación es la religión del permanecer en la intimidad de Díos", de participar en su mismo vida" (TMA 8).

- Criterio comunitario y corresponsabilidad

La Nueva Evangelización está llamada a crear y reforzar la comunión eclesial. Exige un esfuerzo convergente de todo la Iglesia y requiere credibilidad; pide superar divisiones y discordancias que minan la eficacia de la evangelización. Para ello, necesitamos una Iglesia "comunional", abierta al diálogo. Un diálogo, que hacia el interior de los comunidades cristianas, ha de realizarse en un contexto de participación y de corresponsabilidad, de fraternidad, y, sobre todo, de caridad y amor (Cf. Sínodo Pacense, P.O. 150-155; 170; 176). Con este espíritu de unidad quiere Juan Pablo II que vivamos esta última etapa del milenio: "La Iglesia debe dirigirse con una súplica más sentida al Espíritu Santo implorando de Él la gracia de la unidad de los cristianos. Es éste un problema crucial para el testimonio evangélico en el mundo.. Entre los pecados que exigen un mayor compromiso de penitencia y de conversión han de citarse aquellos que han dañado la unidad querida por Dios en su pueblo" (TMA 34).

- Criterio de servicio y compromiso transformador

La Iglesia tiene que estar allí donde están sus hijos los hombres para servirlos (Cf. Sínodo Pac. P.O. 236). Y serán sacramento de salvación para todos (cf. LG 1; 48; AG 1; GS 45), en la medida en que los hombres puedan experimentarla como presencia de Dios que acoge, lo cual requiere que nuestras vidas de creyentes sean signos proféticos del Reino (Cf. LG 50) así como que las acciones y estructuras de la vida de la comunidad cristiana sean significativas y creíbles (cf. Sínodo Pacense, P.O. 236-246). Todos, individual y comunitariamente, desde nuestro ser de bautizados, hemos de ejercer la tarea del ministerio profético, sabiendo que ante el Tercer Milenio, "una de los consecuencias más significativas del año jubilar era la 'emancipación' de todos los habitantes necesitados de liberación" (TMA 1 1, cf. 13). Por eso, la propuesta jubilar en la Carta Apostólica pasa por la opción decidida y preferencial por los más pobres y necesitados, por los heridos y abandonados de la vida (cf. TMA 51), llevando a cabo un compromiso que transforme los estructuras existentes (cf. Sínodo Pac. 247-248; 261-262).

Objetivos específicos

1.Promover y buscar cauces operativos para el desarrollo de la Acción Misionera.
2.Primar los sectores de familia y juventud, como acción preferente para la evangelización.
3.Potenciar la participación, formación y corresponsabilidad de los laicos en la acción evangelizadora.
4.Impulsar y motivar el compromiso social y político de la fe.
5.Renovar la pastoral de los sacramentos de la Iniciación cristiana y revitalizar las celebraciones litúrgicas.
6.Preparar y animar a la participación en las celebraciones y eventos que con motivo del Jubileo han de llevarse a cabo.

Noticias

El Hogar de Nazaret conmemora el 15 aniversario de la muerte de su fundador, don Luis Zambrano

El obispo de Coria-Cáceres pronunció una conferencia sobre la acción del Espíritu Santo en la Iglesia

Don Ciriaco Banavente, obispo de Coria-Cáceres, pronunció una conferencia, el pasado martes día 17, en la Casa de la Iglesia de Badajoz, sobre El Espíritu Santo en la Iglesia, dentro de los actos conmemorativos que está celebrando el Instituto Hogar de Nazaret con motivo de cumplirse el décimo quinto aniversario de la muerte de su fundador, don Luis Zambrano.
Los actos comenzaron el pasado sábado día 14 con un Encuentro Joven bajo el lema ¿Buscas tu camino?...¡Ánimo y adelante! Han participaron casi cien chicos y chicas de Badajoz y de todos los pueblos donde tiene fundación el Instituto, quienes trabajaron en talleres por grupos para conocer las obras sociales y apostólicas que realizan las Esclavas del Hogar de Nazaret. Esta primera jornada finalizó con una Eucaristía celebrada en la parroquia pacense de San Juan Bautista.

El Espíritu en la Iglesia

Don Ciriaco Benavente, en una sala repleta de público y presidida por una gran foto del sacerdote don Luis Zambrano, tras resaltar la importante obra que realiza en toda la archidiócesis el Instituto Hogar de Nazaret, dijo, en este año dedicado a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que el Espíritu Santo es Señor y Dador de vida para la Iglesia y en ella todo se hace en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque "nuestro Dios no se entiende si no es en clave trinitaria". En la vida del cristiano, dijo, todo comienza y termina en el nombre de la Trinidad y los momentos más fuertes de la existencia humana son también vividos en clave trinitaria, la Trinidad es "el misterio frontal que da luz y profundidad a la idea cristiana de Dios. Todo procede del Padre, se cumple en el Hijo y se hace don en el Espíritu Santo".
Recordó el obispo de Coria-Cáceres que la Iglesia, que nació en el Calvario, fue bautizada y confirmada por el Espíritu, como cuerpo de Cristo, en Pentecostés donde, empieza la misión de la Iglesia porque sin esta venida del Espíritu Santo "la Iglesia sólo sería una asociación multinacional más o menos benéfica" , y es que ser iglesia es vivir al unísono del Espíritu porque en su nombre se perdonan los pecados y se distribuye la Eucaristía. Termino don Ciriaco pidiendo que este año sepamos todos los cristianos redescubrir al Espíritu Santo,"Él no habla de si mismo, siempre nos remite a Jesús y sin Él sería imposible percibir la figura de Cristo. La doctrina de la Iglesia nos habla de los Dones del Espíritu, que está en nosotros y nos hace sentirnos fuertes para poder superar todo".

Se celebró un cursillo de animadores de los grupos parroquiales juveniles

Presentado el Movimiento de Jóvenes de Acción Católica

Diecinueve jóvenes y adultos de nueve parroquias de la Archidiócesis, todos animadores y acompañantes de Grupos Parroquiales de Jóvenes, han participado el pasado fin de semana, en la Casa de Oración de Gévora, en un cursillo práctico sobre la revisión de vida, el proyecto personal de vida cristiana y el acompañamiento personal de los jóvenes, que fue impartido por Inmaculada Navarro Buitrago, secretaria general del Movimiento de Jóvenes de Acción Católica (MJAC).
Este cursillo forma parte del plan de formación permanente que el Secretario de Pastoral de Jóvenes viene llevando a cabo con los animadores pertenecientes a la coordinadora diocesana de grupos juveniles.
El encuentro terminó con la presentación del MJAC, así como de los materiales que, sobre el Espíritu Santo, han editado los tres secretariados de Pastoral de Jóvenes de la Provincia eclesiástica extremeña para la preparación del Tercer Milenio.
Don Francisco Maya Maya, vicario episcopal de Evangelización, presidió la celebración eucarística con la que se clausuró el encuentro.
Las constantes referencias de la ponentes. desde su experiencia personal, a la condición juvenil, a la unión fe-vida y al testimonio de los jóvenes en sus ambientes propios, así como la claridad de las exposiciones, han hecho que este cursillo haya sido evaluado muy positivamente por todos los participantes.

"El acompañamiento espiritual", tema de las jornadas de formación del clero

Dentro del Plan de Formación Parmanente y organizado por la delegación diocesana del Clero, la mayoría de los sacerdotes de la diócesis asistirán a la Jornada de estudio que bajo el título "El acompañamiento espiritual" se celebrará en dos lugares y días distintos a fin de que todos los sacerdotes puedan participar sin que por ello dejen desatendidos sus trabajos pastorales. El día 23 la jornada de formación sacerdotal se celebrará en la Casa de Espiritualidad de Villagonzalo y el día 24 en la Casa de Oración "Nuestra Señora de Guadalupe", de Gévora.
Las ponencias estarán a cargo de don Saturnino Gamarra Mayor, profesor de la facultad de teología del Norte de España (Vitoria) y experto en espiritualidad sacerdotal.

Más de medio centenar de jóvenes participan en una convivencia vocacional en el Seminario

Vivieron durante dos días integrados con los seminaristas

Los pasados días 13 y 14 de febrero se celebraron en el Seminario Metropolitano de Badajoz unas convivencias vocacionales, dirigidas a todos aquellos niños y jóvenes que puedan sentir la llamada a la vocación sacerdotal.
En un clima distendido y festivo, sesenta y tres muchachos de la diócesis de Mérida-Badajoz, con edades que van de los 10 a los 32 años, compartieron con los seminaristas lo que es una jornada diaria dentro del Seminario, se integraron en las diversas actividades que se realizan cada día: hicieron deporte y compartieron juegos, participaron en talleres educativos, acudieron a la oración y a la Eucaristía.
Además de convivir con los seminaristas, los niños y los jóvenes que acudieron a la convivencia tuvieron también un encuentro con los diversos formadores del Seminario, quienes les animaron a seguir adelante en su camino vocacional y les invitaron a acudir al Seminario siempre que lo deseen.
El viernes día 13 participaron en una oración eminentemente vocacional en la que no sólo pidieron por ellos mismos, sino que también por las futuras vocaciones. En la Eucaristía celebrada el sábado y presidida por don Pedro Gómez, formador del Seminario, incidieron en la misma petición.
La convivencia terminó con una comida. Los participantes se llevaron un grato recuerdo de su estancia en el Seminario.
José Carrasco

Otras noticias

Los obispos católicos de Estados Unidos, contrarios a la guerra con Irak

Piden a Clinton que opte por la diplomacia como medio de presión

Un ataque estadounidense contra Irak sería "injustificable", provocaría víctimas inocentes y "pondría en peligro la posibilidad de llegar a una paz estable en la región".
Con estos argumentos, los siete cardenales activos en Estados Unidos y el presidente de la Conferencia Episcopal han tomado posición sobre la crisis que enfrenta a Washington con Bagdad y, al mismo tiempo, han exigido al presidente Clinton que evite el uso de la fuerza.
Cuando volvió a estallar la crisis diplomática entre los dos países, el mes de noviembre pasado, los obispos estadounidenses no intervinieron con tanta decisión. En aquella ocasión, se limitaron a recordar la obligación de tener en cuenta los sufrimientos de la población civil, afectada por el embargo. En esta ocasión, sin embargo, el enfrentamiento puede acabar en una guerra abierta y, por tanto, la Iglesia católica de Estados Unidos ha decidido pronunciarse de la manera más clara posible.
La carta dirigida al inquilino de la Casa Blanca ha sido firmada por los cardenales Bernard Law, arzobispo de Boston; James Hickey, arzobispo de Washington; Anthony Bevilacqua, arzobispo de Filadelfia; Adam Maida, arzobispo de Detroit; John O'Connor, arzobispo de Nueva York; Roger Mahony, arzobispo de Los Angeles; William Keeler, arzobispo de Baltimore y por el obispo de Cleveland, Anthony Pilla, presidente de la Conferencia Episcopal.
"Nos sentimos satisfechos por el papel que el gobierno está tomando a la hora de tratar que se logre el respeto de las resoluciones de la ONU", explica la jerarquía católica estadounidense. A continuación, reconoce que hay que seguir haciendo los esfuerzos necesarios para convencer a Bagdad para que obedezca a las disposiciones de la ONU y, sobre todo, para eliminar las amenazas que podría causar la producción de armas químicas o bacteriológicas.
Ahora bien, los obispos estadounidenses dicen estar "preocupados por la posición declarada por el gobierno de Estados Unidos, que se muestra listo para utilizar la fuerza militar para obligar a Irak a respetar las resoluciones".
Por si no fueran suficientes las motivaciones morales, los cardenales y el presidente de la Conferencia Episcopal explican las razones políticas que deberían llevar a la administración estadounidense a cambiar de actitud. "Desde nuestro punto de vista, sería difícil -por no decir imposible-- justificar una acción de este tipo por parte de los Estados Unidos. Además, pondría en peligro las posibilidades de alcanzar una paz estable en la región. Por tanto, escribimos para invitarle a usted -dicen refiriéndose a Clinton- a reforzar las iniciativas diplomáticas en vez de recurrir a la opción militar, ampliando también la participación de otros gobiernos, especialmente de los Estados árabes, en el intento conjunto de hacer que Irak obedezca en estos asuntos".
ZENIT

Mirada a nuestro tiempo

El voluntariado

La Iglesia ha de ser "samaritana" para todos los hombres y mujeres que sufren y esperan que alguien pase a su lado y se pare para ayudarle.
Esa manifestación de la Iglesia, como servidora de la humanidad doliente, hace de ella portadora de buenas noticias para aquellos a los que se acerca. Sus palabras son más creíbles, la salvación y la gracia que actualiza y celebra parece más auténtica y la fraternidad que viven entre sí los cristianos llama más la atención.
Cualquier cristiano mínimamente informado sabe que el servicio de la caridad pertenece a la esencia misma de la vida de la Iglesia.
Es importante que cada creyente vaya descubriendo que una exigencia fundamental de su escucha de la Palabra de Dios, de su oración y de su vida sacramental es la de ponerse a disposición de los demás.
Un modo adecuado de hacer esto es colaborando personalmente con nuestro tiempo en favor de los más pobres; especialmente a través de la acción de Cáritas, que es el cauce privilegiado del servicio de la caridad en la Iglesia.
Las comunidades cristianas han de saber ofrecer a los laicos, y en especial a los jóvenes, ámbitos de cooperación en estas tareas socio-caritativas. Para esto no hay más que estar muy atentos a las muchas necesidades que hay a nuestro alrededor y darle forma a nuestro servicio en el voluntariado.
Amadeo Rodríguez

Página litúrgica

Celebramos el VII Domingo del Tiempo Ordinario

Palabra de Dios:

Primer Libro de Samuel 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada hacia el páramo de Zif con tres mil soldados israelitas, para dar una batida en busca de David.
David y Abisay fueron de noche al campamento; Saúl estaba echado, durmiendo en medio del cercado de carros, la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa estaban echados alrededor. Entonces Abisay dijo a David: Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe.
Pero David replicó: ¡No lo mates!, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor.
David tomó la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl y se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni se despertó; estaban todos dormidos, porque el Señor les había enviado un sueño profundo.
David cruzó a la otra parte, se plantó en la cima del monte, lejos, dejando mucho espacio en medio, y gritó: Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los mozos a recogerla. El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Porque Él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.

Salmo 102, 1-2, 3-4, 8, 10, 12-13

R.l Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

Primera Carta a los Corintios 15, 45-49

Hermanos: El primer hombre, Adán, fue un ser animado. El último Adán, un espíritu que da vida. No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después.
El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos, igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

Evangelio según san Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queráis que ellos os traten. Pues si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos de Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.

Lecturas bíblicas para los días de la semana

23, lunes: St 3, 13-18; Mc 9, 14-29.
24, martes: St 4, 1-10; Mc 9, 14-29.
25, miércoles: Jl 2, 12-18; 2Cor 5, 20-6, 2; Mt 6, 1-6, 16-18.
26, jueves:Dt 30, 15-20; Lc 9, 22-25.
27, viernes: Is 58, 1-9a; Mt 9, 14-15.
28, sábado: Is 58, 9b-14; Lc 5, 27-32.
1, domingo: Dt 26, 4-10; Rm 10, 8-13; Lc 4, 1-13.

Comentario litúrgico

Sin esperar nada

Si el pasado domingo la lectura evangélica iniciaba el "sermón de la llanura" con la apreciación que le merece al Padre la "pobreza" y la "riqueza", la continuación de mismo discurso que encontramos en el evangelio de hoy nos presenta cual debe ser la visión que el cristiano tiene que tener de los "otros".
La idea, que da el tono a todos los consejos que hallamos en el texto, la encontramos casi al final del mismo: "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo" y tiene su correlato humano en esta otra advertencia: "Tratad a los demás como queréis que ellos os traten".
Está claro que Jesús quiere trasladar al seno de la comunidad de los suyos las relaciones de misericordia que el Padre mantiene son los hombres y pormenoriza, casi hasta el detalle, cómo tiene que ser esas relaciones.
Así, hace pasar por delante de su auditorio -en nuestro caso, lectores- prácticamente una casuística completa de circunstancias que hace difícil soportar al otro y, mucho más difícil, amarlo.
Comienza recordando a los enemigos a los que hay que amar aunque nos odien, nos maldigan o nos injurien. Pero esto no basta, la respuesta del discípulo de Jesús debe ir más lejos: ofrecer la otra mejilla, dar además el manto y no reclamar nada al ladrón. Después presenta una serie de relaciones totalmente unilaterales: hay que amar, prestar y hacer el bien sin esperar a que el otro responda con la misma moneda.
Para asimilar las exigencias de esta doctrina quizá necesitemos recordar las experiencias que hemos tenido del perdón tantas veces recibido de manos del Padre que "es bueno con los malvados y desagradecidos.
Antonio Luis Martínez

Santoral

24 de febrero:San Etelberto (+ 616)

El rey de Kent, primer monarca cristiano de Inglaterra, vencedor de los demás caudillos de las islas, inspira la leyenda del rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, mediante la cual el soberano aparece como un "primum inter pares" que ha de escuchar a los lores del Parlamento. Pero Etelberto pasa a la historia, no ya a la leyenda por famosa que sea, sobre la base de la conversión británica al cristianismo, por influjo de su esposa Berta, princesa franca que obtiene la entrada en Inglaterra de los misioneros enviados por el Papa san Gregorio Magno.
Todas estas felices circunstancias encuentran su plenitud no sólo en el gran Papa enviante, sino también en el magnífico obispo enviado: nada menos que san Agustín, llamado de Canterbury por haber fundado en el palacio real de ese nombre su primer núcleo de misioneros, monasterio y catedral.
Gregorio Magno envía con instrucciones precisas: no destruir ningún santuario ni fiesta pagana, tan sólo sustituir los ídolos por la Eucaristía bendita, de modo que se cristianicen, paso a paso, los lugares y costumbres de los britanos. ¡Ele la inculturación de la fe en el siglo sexto!
Hoy Etelberto está sepultado entre su esposa Berta y san Agustín, su amigo. Entre los tres lograron que la luz de Cristo disipara las nieblas del Támesis. Lástima que otro monarca, muchos siglos después, por divorciarse de una hija de la mejor España, se separase también del mejor honor de su patria que, al cabo, son sus santos.
Manuel Amezcua

Santos de la semana

23, lunes: Sireno, Rafaela de Ibarra, Marta.
24, martes: Roberto de Arbrissello, Constantino, Josefa Naval, Etelberto.
25, miércoles: Miércoles de ceniza. Nestorio, Daniel, Donato.
26, jueves: Gelasio, Faustiniano, Porfirio, Roberto Drury.
27, viernes: Julián, Gabriel de la Dolorosa, Ana Line.
28, sábado: Hilario, Antonia de Florentia, Daniel.
1, domingo: Simplicio, Albano, León Lucas.

Contraportada

"Karol Wojtyla me salvó la vida en 1945"

Revelación de Edith Zirer, una judía que siendo niña estuvo en un campo de exterminio nazi

Edith Zirer, una judía israelí, revela cómo fue socorrida por el Papa al final del Holocausto nazi: "Me acuerdo perfectamente. Me encontraba allí, era una niña de trece años, sola, enferma, débil. Había pasado tres años en un campo de concentración alemán, a punto de morir. Y Karol Wojtyla me salvó la vida, como un ángel, como un sueño venido del cielo: me dio de beber y de comer y después me llevó en sus espaldas unos cuatro kilómetros, en la nieve, antes de tomar el tren hacia la salvación".
Edith Zirer narra el episodio como si hubiera sucedido ayer. Era una fría mañana de primeros de febrero de 1945. La pequeña judía, que todavía no era consciente de ser el único miembro de su familia que sobrevivió a la masacre nazi, se dejó llevar en los brazos de un sacerdote de 25 años, alto, fuerte, que sin pedirle nada, simplemente le dio un rayo de esperanza.
Hoy aquel sacerdote, según ella, es el obispo de Roma. Edith querría agradecer finalmente aquel gesto. "Sólo un pequeño gracias en polaco por aquello que hizo, por la manera en que lo hizo, para decirle que nunca me olvidé de él", dice desde su hermosa casa ubicada en las colinas del Carmelo, en la periferia de Haifa.
Edith tiene hoy 66 años y dos hijos. Reconstruyó su vida en Israel, a donde llegó en 1951, cuando todavía padecía las lacras de la tuberculosis y los fantasmas de la guerra alteraban sus sueños.

Una historia bien guardada

Durante todo este tiempo se ha guardado esta historia. Cuando en 1978, Karol Wojtyla subió a la cátedra de Pedro, comenzó a sentir la necesidad de hablar, de contarlo a alguien, de mostrar su agradecimiento. La pregunta surge inmediatamente: pero, ¿cómo puede estar segura de que aquel sacerdote es el Papa? ¿Por qué ha esperado tanto? Estos interrogantes se los han planteado también los periodistas de"Kolbo", el semanario de Haifa. "El relato es convincente. No trata de hacerse publicidad, todos los detalles que ofrece parecen creíbles", dicen los redactores. Tan convincentes que la embajada israelí ante la Santa Sede ya está moviéndose para tratar de poner en contacto a la señora Zirer con la secretaría del Papa.
La narración habla por sí misma. "El 28 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado encerrada durante casi tres años trabajando en una fábrica de municiones --explica Edith, quien entonces tenía trece años--. Me sentía confundida, estaba postrada por la enfermedad. Dos días después, llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Czestochowa y Cracovia". Precisamente en Cracovia, Wojtyla acababa de ser ordenado sacerdote.

"Entonces Wojtyla me vio"

"Estaba convencida de llegar al final de mi viaje. Me eché por tierra, en un rincón de una gran sala donde se reunían decenas de prófugos que en su mayoría todavía vestían los uniformes con los números de los campos de concentración. Entonces Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que había podido probar en las últimas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con pan negro polaco, divino. Pero yo no quería comer, estaba demasiado cansada. El me obligó. Después me dijo que tenía que caminar para coger el tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces, me tomó en sus brazos, y me llevó durante mucho tiempo. Mientras tanto la nieve seguía cayendo. Recuerdo su chaqueta marrón, la voz tranquila que me reveló la muerte de sus padres, de su hermano, la soledad en que se encontraba, y la necesidad de no dejarse llevar por el dolor y de combatir para vivir. Su nombre se grabó indeleblemente en mi memoria".
Cuando finalmente llegaron hasta el convoy destinado a llevar a los detenidos hacia Occidente, Edith se encontró con una familia judía que le puso en guardia: "Atenta, los curas tratan de convertir a los niños hebreos". Ella tuvo miedo y se escondió. "Sólo después comprendí que lo único que quería era ayudarme. Y quisiera decírselo personalmente".
ZENIT


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