Semanario "Iglesia en camino"

Archidiócesis de Mérida-Badajoz (España)
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16 de febrero de 1997


Portada

Cuaresma: a la Luz por la Cruz

Abrimos un año más, empujados por la fe, la senda penitencial y esperanzada de la Cuaresma, pórtico de la Pascua triunfal de Jesucristo.
"Tú abres a la Iglesia el camino del nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la Alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu palabra y experimentar con gozo tus maravillas", así resume el Prefacio V de Cuaresma, este itinerario que hemos comenzado.
Oración, ayuno y limosna. Un recorrido creyente, personal y comunitario por los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador, en este año preparatorio del Jubileo 2000, dedicado precisamente a Jesucristo. O sea, por la Cruz a la Luz.
Juan Pablo II nos recuerda en su mensaje para este tiempo que la caridad forma parte irrenunciable del recorrido cuaresmal al invitarnos a dirigir este año la mirada solidaria al drama de las personas sin techo ni hogar.


Editorial

No sucumbir al horror

Quiera Dios que, cuando esto lean, cuatro días forzosamente después de haberlo redactado, no haya crecido el saldo del crimen y del espanto, con nuevas acciones sanguinarias de ETA. No es éste un drama en cuya solución pueda pesar demasiado un recuadro impreso como el de esta página Pero, ni el grito, ni el lamento, ni la plegaria angustiada han de tener forzosamente por meta la utilidad o la eficacia.
Los últimos crímenes de la banda terrorista han colmado de sangre todos los vasos y de desolación los corazones. El trabajador y padre de familia en San Sebastián, Eugenio Olaziregui, fulminado por la espalda de un tiro en la nuca. El empresario de Tolosa, Francisco Arratibel, asesinado sarcásticamente tras la máscara del Carnaval. El magistrado del Supremo, valedor de causas nobles, Rafael Martínez Emperador, derribado por dos disparos alevosos; y un trabajador granadino, Domingo Puente, joven y padre de familia, también víctima mortal de un coche bomba.
Sobran comentarios. Todo el mundo apunta salidas a esta situación de espanto. Son horas de reflexión y de dolor sereno, pero no deben serlo de crispación airada, de pérdida de controles, de rencor impotente.
El debate entre la solución policial y la política está abierto, y las esferas dirigentes de nuestro país, de todo el arco parlamentario, necesitan un gran respaldo social para encontrar soluciones audaces e imaginativas, en el respeto a la Constitución y sin malversación de valores esenciales. Mas lo primero, para nosotros, lo ha dicho el Arzobispo de Madrid: Oremos con fe para que Dios convierta el corazón de los asesinos.


Carta del Arzobispo

Ayudar, sí ņcomprometerse, no?

No quisiera uno parecerse a aquellos que no hacen nada y lo critican todo (lo primero es la causa de lo segundo) ni tampoco a aquellos otros que, cuando alguien no consigue hacer todo el bien que hacer podría, descalifican de un plumazo la parte de bien que ya está practicando. Toda buena acción requiere algo de sacrificio, produce algún fruto, encierra algún mérito. Y, por lo que toca a los interesados, nadie saque tampoco la conclusión de que, si no practica la totalidad de las virtudes a su alcance, el remedio es tirar la toalla, apuntarse a la vulgaridad y dejarle el campo libre a otros que lo hagan mejor.
Para ir entrando en materia, recurro a un ejemplo que está en la mente de todos. Se produjo, no hace mucho, un fuerte desencanto en la opinión pública de nuestro país, cuando supimos que, de los cientos de miles de puestos de trabajo creados en el último año, un 93% eran de carácter temporal, hasta el punto de que la duración media de un empleo viene siendo, creo, de unos dos meses. Terrible. Imaginen la angustia de los interesados y de sus familias, con el alma en vilo por conquistar un trabajo y un sueldo, para que, cuando lo has conseguido, vuelvas a perderlo en un dos por tres.
Eso mismo, pero al revés, es lo que viene ocurriendo con los compromisos estables de encuadrarse en servicios voluntarios a la sociedad civil o a la comunidad cristiana. Aquí,para trabajar, hay más oferta que demanda. Lo que impera en los más de los casos es la ley del menor esfuerzo, o suavizando las tintas, un terrible miedo, casi pánico, a la hora de embarcarse a fondo y para tiempo en un proyecto comunitario. Trabajos de formación permanente, de ayuda a niños, enfermos, ancianos, presos, o marginados. Trabajos gratuitos y solidarios, haylos y a mantas. Ofertas de catequesis, ayudas domiciliarias, animación comunitaria, promoción vocacional, no digamos.

Razones, excusas y pretextos

ņQué pasa entonces? Pues, oigamos. –Hombre, es que uno ya tiene sus cosas: trabajo, familia, ajetreo, y necesitas el fin de semana. De viernes a lunes, no estoy para nadie.
Contad conmigo, eso sí, para el día del Domund o de la Banderita, para la campaña de Navidad, para un homenaje a la maestra, para una emergencia, hasta para rascarme el bolsillo, si se tercia la ocasión. Pero yo aprendí de mi padre que la obligación es lo primero y después vendrán las devociones.
Estamos hablando a menudo con gentes encantadoras, honradas en su trabajo, responsables en la educación de sus hijos, que se sienten y comportan como católicos practicantes, generosos en sus cuotas o causas solidarias; en suma, con cristianos corrientes, con personas buenas.
Lo que les pasa a estos así es que se han fijado un nivel alicorto en su altura de vuelo, más de gorriones que de aves migratorias.
Le temen a dar su nombre a una asociación o movimiento que imponga unos estatutos de asistencia, de cuotas, de asunción de encargos y responsabilidades. Y cualquiera les dice que eso lleva consigo depender de otros, hacer revisiones periódicas o asumir un modelo de exigencias formativas o espirituales; dejar, en definitiva, que una Comunidad, unos pobres, unos hermanos de compromiso, te resten parcelas de vida privada o se asomen lo más mínimo a ella. ŃA mi líos, no!
Estos personajes me recuerdan a los de la parábola, invitados a un banquete por un prócer del lugar, que fueron declinando uno por uno la invitación, con pretextos de esta guisa: "El primero dijo: he comprado un campo y tengo que salir a verlo: el segundo dijo: he comprado cinco yuntas de bueyes, y tengo que salir a probarlas: y otro más, dijo: he tomado mujer y no puedo ir" (Lc. 14,18-20).
Razones económicas, trabajos profesionales, motivaciones familiares. Como hoy. A la vista está lo que se perdieron los tres. No fue precisamente una comida, que para nada la necesitaban. Fue, en el sentido espiritual de la parábola, el acceso a la casa, mesa y familia del Padre, donde les esperaban los bienes supremos.
ŃCuánta miopía!
Lo que, con nuestras excusas y nuestros miedos, nos estamos perdiendo hoy tantos cristianos de medio pelo, sólo Dios lo sabe. Pero, Ńqué pena tantas vidas chatas, enredadas en la maraña asfixiante de los asuntos propios, convencidos, sin decirlo, de que eso de complicarse la existencia mediante compromisos permanentes con la comunidad humana y la cristiana no se ha hecho para ellos! Eso es asunto para otros tipos, más o menos extraterrestres, dispuestos a hacer el indio por el Reino de los cielos. Nada, pues, de incorporarme a planes de formación de adultos, de ingresar en movimientos de Iglesia, de trabajar con equipos de solidaridad, de afiliarme a un partido o a un sindicato. Compromisos, no, gracias.

El miedo al matrimonio y al Seminario

Desgracias, querrán decir. Porque razones podrán tener, en más de una ocasión, para despotricar contra los políticos, criticar la inercia del Clero, lamentar incluso la escasa lucidez de los mismos pastores de la Iglesia. Vale. Todo eso está muy bien, pero quizá en otros labios. No seré yo quien espante de las filas cristianas a los creyentes de a pie que cumplen, a su manera y con recta conciencia, con la ley de Dios y los preceptos de la Iglesia. Pero, si consciente y voluntariamente renuncian a otras ambiciones espirituales, al menos que no nos desanimen a otros.
Hay más, muchos más casos de miedo al compromiso estable, con la esterilidad que eso acarrea, en otros órdenes de la vida y zonas más profundas del ser cristiano. Pongo por ejemplo las enormes demoras de tantos varones y mujeres jóvenes, en edad núbil, incluso con novio o novia formal, cuando no se pasa a mayores, que dilatan años y años la fecha de la boda con razones o pretextos. Le roban al matrimonio sus años más hermosos. Envejecen por dentro, víctimas de cálculos demasiado ajustados. Miedo, puro miedo, cuando no secreto egoísmo, que no presagia un porvenir luminoso.

Se puede entregar la vida

Pues, anda que las dudas, las vueltas, las consultas, los ensayos que hoy lleva consigo, en la primera y segunda juventud, la decisión de marcharse al Seminario o al Noviciado. Ńcuánto se marea la perdiz, para regalarle a Dios la propia vida antes de que se arrugue, con todo el caudal de su energía, ilusión, e incluso capacidad de autoengaño! No tengas miedo, le dijo Jesús a Pedro. Y yo creo que no le fue mal.
ņQuién sería el gracioso que dijo por vez primera , saltándose, estúpidamente, tres mil años de experiencia bíblica y cristiana, que un muchacho o una muchacha no son capaces, con la gracia de Dios, de asumir de por vida un compromiso matrimonial, sacerdotal o religioso? ŃCuánto daño ha hecho el talŃ Pidamos por él.

+Antonio Montero
Arzobispo de Mérida-Badajoz


Centrales

Dar gracias por la Cuaresma

Un recorrido por los prefacios de este tiempo litúrgico

La cercanía de la Cuaresma invita al cristiano a prepararse para entrar en este tiempo santo con una disposición interior que se vaya abriendo a la pedagogía de la liturgia. Ella le conducirá a la meta tan deseada: un encuentro transformante con el Cristo de la Pascua.
La Iglesia, madre y maestra, hace el recorrido cuaresmal en una continua acción de gracias cuando convoca a sus fieles a la Eucaristía de cada día. Y durante los cuarenta días tiene como motivo de su alabanza al Padre los distintos aspectos de la Cuaresma.
Puede ser una tarea espiritual fecunda beber en los textos venerables de esta acción de gracias, que encontramos en los prefacios feriales.
Cada prefacio está compuesto por una parte inicial en la que la Iglesia reconoce que es justo y necesario dar gracias o bendecir al Padre, otra intermedia –la que nos interesa– que expone el motivo de la acción de gracias y una final que desemboca en el canto del Santo.

La Cuaresma como camino a la Pascua

Es una idea conocida, pero el prefacio V acierta a presentar todas las resonancias bíblicas del camino a recorrer. La liturgia supone que la comunidad cristiana, y cada uno de sus miembros, está inmersa en la esclavitud de Egipto, la esclavitud del pecado , de la rutina o de la indiferencia. Por ello presenta la Cuaresma como un nuevo éxodo que la lleve a la montaña santa, al nuevo Sinaí, donde renovará sus compromisos de Pueblo de la Nueva Alianza.
Nuestro texto acierta también al describir las tareas esenciales a las que nos invita este tiempo santo: la escucha de la Palabra, la acción de gracias y el gozo de la contemplación.
El texto dice: "Tú abres a la Iglesia el camino del nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu palabra y experimentar con gozo tus maravillas".
Si el anterior prefacio nos presenta la cuaresma como un camino a recorrer, el primero de todos alaba al Padre porque nos ha invitado a una peregrinación que tiene como meta llegar a la solemnidad de la Pascua y, de nuevo, acumula una serie de actitudes renovadas que debe darse en nosotros como fruto de este tiempo litúrgico.
Leamos meditativamente el texto: "Por Él –Cristo— concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios".

Las fatigas

Ya hemos visto que el camino cuaresmal implica una renovación de nuestras actitudes y romper con el sedentarismo que anquilosa nuestra vida cristiana. Por eso este tiempo litúrgico nos pone a la escuela de la ascética cristiana. Intenta despertarnos del sueño de nuestras mentiras y colocarnos en la verdad de una vida humana construida según el plan de Dios.
Con este propósito algunos prefacios dan amplia respuesta a los interrogantes que nuestra sociedad hedonista plantea a las viejas costumbres de ayunar y de hacer alguna que otra penitencia.
El tercer prefacio da cumplida cuenta de los frutos espirituales que se pueden esperar de gestos tan poco modernos como privarnos voluntariamente de algún capricho.
En él encontramos razones muy variadas que justifican estas prácticas: redescubrir el sentido de gratitud para con el Señor, que nos ha dado todo cuanto somos y tenemos; conseguir un dominio de sí mismo que nos libere del malsano y odioso afán de suficiencia; finalmente, y esto van muy acorde con lo mejor de nuestra época, ejercitarnos en la solidaridad con los más pobres.
Así, se da gracias al Padre: "Porque con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer y agradecer tu dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes con los necesitados, imitando así tu generosidad".
El cuarto prefacio se encara directamente con el ayuno y presenta los frutos que aporta su práctica para quien quiere avanzar en la vida espiritual: "Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro espíritu, nos das fuerza y recompensa, por Cristo, Señor nuestro".

Equipaje

La larga caminata, la altura de la meta y la dificultad del mismo recorrido puede que resulten una especie de ducha fría que nos quede sin aliento. Para evitar la tentación de dejar para otra ocasión la aventura cuaresmal, los cristianos hemos de advertir que quien nos ha llamado a este recorrido nos ha proveído de lo necesario para no desfallecer en el intento.
Es toda la Iglesia la que se sabe inmersa en un "tiempo de gracia" y que a la cabeza del cortejo está la inquietante figura del Cristo penitente del desierto. Así lo explica el segundo prefacio, que puede servir como colofón de estas reflexiones: "Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, vivamos las realidades temporales como primicias de las realidades eternas".

Antonio Luis Martínez


Mensaje del Papa para la Cuaresma de 1997:
"Estaba sin casa y me alojasteis"

Trata del problema de los que no tienen casa ni hogar

El tiempo de la Cuaresma rememora los 40 años que Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida. En aquel periodo el pueblo experimentó lo que era vivir en una tienda, sin domicilio fijo y con una total falta de seguridad. Muchas veces estuvo tentado de volver a Egipto, donde al menos tenía asegurado el pan, aunque fuera la comida de los esclavos.
En la precariedad del desierto fue Dios mismo quien suministraba el agua y el alimento a su pueblo, protegiéndolo así de los peligros. De este modo, la experiencia de la dependencia total de Dios se convirtió para los hebreos en camino de liberación de la esclavitud y de la idolatría de las cosas materiales.
El tiempo cuaresmal pretende ayudar a los creyentes a revivir, mediante el compromiso de purificación personal, este mismo itinerario espiritual, tomando conciencia de la pobreza y de la precariedad de la existencia, y redescubriendo la intervención providencial del Señor que llama a tener los ojos abiertos ante las penurias de los hermanos más necesitados. Así, la Cuaresma es también el tiempo de la solidaridad ante las situaciones precarias en las que se encuentran personas y pueblos de tantos lugares del mundo.

Para la Cuaresma de 1997, primer año de preparación al Gran Jubileo del Año 2000, quisiera reflexionar sobre la condición dramática de los que viven sin casa. Propongo como tema de meditación las siguientes palabras del Evangelio de San Mateo: "Venid, benditos de mi Padre, porque estaba sin casa y me alojasteis" (cf.25,34-35). La casa el lugar de la comunión familiar, el lugar doméstico donde del amor entre marido y mujer nacen los hijos y aprenden las costumbres de la vida y los valores morales y espirituales fundamentales, que harán de ellos los ciudadanos y cristianos del mañana. En la casa el anciano y el enfermo encuentran atmósfera de cercanía y de afecto que ayuda a soportar los días del sufrimiento y del desgaste físico.
Sin embargo, cuántos son, por desgracia, los que viven lejos del clima de calor humano y de acogida propios del hogar! Pienso en los refugiados, en los prófugos, en las víctimas de las guerras y de las catástrofes naturales, así como en las personas sometidas a la llamada emigración económica.
Y, ņqué decir de las familias desahuciadas o de las que no logran encontrar una vivienda, del ingente número de ancianos a los cuales las pensiones sociales no les permiten obtener un alojamiento digno a un precio justo? Son situaciones penosas que generan a veces otras auténticas calamidades como el alcoholismo, la violencia, la prostitución o la droga.
En concomitancia con el desarrollo de la Conferencia Mundial sobre los Asentamientos Urbanos, Hábitat II, que tuvo lugar en Estambul el pasado mes de junio, he llamado la atención de todos sobre estos graves problemas durante el Angelus dominical y he insistido en su urgencia , reafirmando que el derecho a la vivienda no se debe reconocer únicamente al sujeto en cuanto individuo, sino también a la familia compuesta de varias personas. La familia, como célula fundamental de la sociedad, tiene pleno derecho a disponer un alojamiento adecuado como ambiente de de vida, para que le sea posible vivir una auténtica comunión doméstica. La Iglesia defiende este derecho fundamental y es consciente de que debe colaborar para que tal derecho sea efectivamente reconocido.

Son muchos los pasajes bíblicos que ponen de relieve el deber de socorrer las necesidades de los que carecen de casa. Ya en el Antiguo Testamento , según la Torah, el forastero y, en general, quien no tiene un techo donde cobijarse, al estar expuesto a cualquier peligro, merece una atención especial por parte del creyente.
Más aún, Dios no ceja de recomendar la hospitalidad y la generosidad con el extranjero (cf. Dt 24,17-18; 10, 18-19; Núm 15, 15, etc.), recordando la precariedad sufrida por Israel mismo. Jesús, además, se identifica con quien no tiene casa: "Era forastero, y me acogisteis" (Mt. 25,35), enseñando que la caridad para con quien se encuentra en esta necesidad será premiada en el cielo. Los Apóstoles del Señor recomiendan la hospitalidad recíproca a las diversas comunidades fundadas por ellos como signo de comunión y de novedad de la vida en Cristo.

4. Del amor de Dios aprende el cristiano a socorrer al necesitado, compartiendo con él los propios bienes materiales y espirituales. Esta solicitud no representa sólo una ayuda material para quien está en dificultad, sino que es también una ocasión de crecimiento espiritual para el mismo que la practica, que así se ve alentado a despegarse de los bienes terrenos. En efecto, existe una dimensión más elevada, indicada por Cristo con su ejemplo: "El Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza" (Mt.8,20). De este modo quería Él expresar su total disponibilidad hacia el padre celestial, cuya voluntad deseaba cumplir sin dejarse atar por la posesión de los bienes terrenos, pues existe el peligro constante de que el corazón del hombre las realidades terrenas ocupen el lugar de Dios.
La Cuaresma es, pues, una ocasión providencial para llevar a cabo ese desapego espiritual de las riquezas para abrirse así a Dios, hacia el cual el cristiano debe orientar toda la vida, consciente de no tener morada fija en este mundo, porque "somos ciudadanos del cielo" (Flp. 3,20). En la celebración del misterio pascual, al final de la Cuaresma se pone de relieve cómo el camino cuaresmal de purificación culmina con la entrega libre y amorosa de sí mismo al Padre. Este es el camino por el que el discípulo de Cristo aprende a salir de sí mismo y de sus intereses egoístas para encontrar a los hermanos con el amor.
La llamada evangélica a estar junto a Cristo "sin casa" es una invitación a todo bautizado a reconocer la propia realidad y a mirar a los hermanos con sentimientos de solidaridad concreta y hacerse cargo de sus dificultades. Mostrándose abiertos y generosos, los cristianos pueden servir, comunitaria e individualmente, a Cristo presente en el pobre y dar testimonio del amor del Padre. En este camino nos precede Cristo. Su presencia es fuerza y estímulo: Él nos libera y nos hace testigos del Amor.
Queridos hermanos y hermanas: vayamos sin miedo con Él hasta Jerusalén (cf. Lc 18, 31), acogiendo su invitación a la conversión para adherirnos más profundamente a Dios, santo y misericordioso, sobre todo durante el tiempo de gracia que es la Cuaresma.
Deseo que este tiempo lleve a todos a escuchar la llamada del Señor que invita a abrir el corazón hacia quienes se encuentran en necesidad.
Invocando la celeste protección de María, especialmente sobre quienes carecen de casa, imparto a todos con afecto la bendición apostólica.

Juan Pablo II


Los obispos españoles condenan los atentados de ETA

El obispo secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, don José Sánchez, deplora los tres asesinatos cometidos en estos días por la banda terrorista ETA, que han llevado el luto a tres familias y a toda la sociedad. Pide que Dios, Padre Misericordioso, conceda esperanza cristiana a las familias de los asesinados y que ilumine la mente y mueva los corazones de los autores de hechos tan reprobables y de cuantos los apoyan y amparan.

Don Fernando Sebastián

El arzobispo de Pamplona-Tudela, monseñor Sebastián, ha manifestado en el programa "La Mañana", que dirige y presenta Antonio Herrero en la Cadena COPE, que está impresionado por las noticias aparecidas en un diario nacional sobre la existencia de un borrador en el que la Iglesia vasca debate pedir el diálogo entre Gobierno y ETA.
Monseñor Sebastián ha puntualizado que es cierto que existe un texto, pero que el Secretariado Social Diocesano de las cuatro diócesis vascas nunca lo ha aceptado como material interdiocesano ni ha habido un debate sobre él y que, además, fue expresamente rechazado.
Por su parte, monseñor Setién ha condenado con amargo dolor las muertes producidas en Madrid y en Granada y el último asesinato del ciudadano vasco, Francisco Arratibel, y ha hecho una llamada a detener esta escalada de muerte que estamos padeciendo en la actualidad y a hacer inmediatamente la paz.


Los extremeños, más religiosos que el resto de los españoles

Sin embargo, se observa un creciente proceso de secularización

Según los datos del informe Foessa de 1994, estudiados por el sacerdote y sociólogo extremeño Jesús Moreno Ramos en su trabajo "Análisis y prospectiva de la religiosidad extremeña", que acaba de ser publicado, los extremeños se muestran más sensibles hacia la Iglesia católica que la media que arroja el conjunto de los españoles, aunque se observa un creciente proceso de secularización al igual que en el resto de España.
El 32,2% de los extremeños se define como "muy buen católico practicante", frente al 30% nacional, mientras que un 32,6% dice ser católico no muy practicante. Esta cifra supera en dos puntos al total español.
En Extremadura, sólo el 0,3% dice ser miembro de otra religión frente al 1,2% en el conjunto del país. En resumen, el 94,6% de los extremeños se define de alguna manera como católico, por encima de la sociedad española que se sitúa en torno al 84%. Y, aunque en nuestra región también existen otras comunidades religiosas, la Iglesia católica es la de mayor implantación, con mucha ventaja, en toda la comunidad autónoma.
Se señala también en el estudio, que en los últimos años tiende a disminuir el proceso de secularización entre la juventud para quienes la religión se ha hecho más privada e individual, aunque siguen persistiendo los conceptos básicos de la cultura católica.


Los sacerdotes de la diócesis han dedicado un día a reflexionar sobre la salud integral del clero

Unos 140 sacerdotes se han dado cita en las dos casas de oración que tienen la diócesis –en la de Villagonzalo el día 10 y en la de Gévora el día 11– para asistir al cursillo de formación permanente que ha tenido como tema La salud integral del clero y ha estado dirigido por el obispo de Zamora y presidente de la Comisión episcopal del Clero, don Juan María Uriarte.
Este encuentro que organiza la Delegación diocesana del Clero goza ya de una cierta solera y se celebra todos los años en el mes de febrero en las mencionadas sedes, a fin de que los sacerdotes puedan turnarse asistiendo a una u otra sin que por ello dejen de atender sus tareas ministeriales.
Tras ser presentado por el arzobispo don Antonio Montero, monseñor JUriarte expuso sus enseñanzas a lo largo de tres sesiones a las que siguieron unos momentos de diálogo por parte de los sacerdotes.
El obispo de Zamora definió la "la salud integral del clero" en un sentido dinámico, entendida ésta no sólo como un equilibrio de todas las dimensiones de la vida de los sacerdotes (las facetas humana, espiritual, intelectual y pastoral), sino como un crecimiento armónico de todas ellas a lo largo de la vida del presbítero mediante la formación permanente.
Don Juan María Uriarte, gran conocedor de la psicología de los sacerdotes y con una gran experiencia en la formación de estos, fue desarrollando las características humanas y espirituales de cada una de las etapas de la vida de los sacerdotes, distinguiendo cuatro grupos de edad: los sacerdotes jóvenes (de 25 a los 40 años), los de mediana edad (40-60 años), los mayores (de 60-75 años) y los sacerdotes ancianos (a partir de los 75 años).
De cada uno de ellas hizo monseñor Uriarte una descripción, señalando los aspectos positivos y los negativos, y apuntando el tipo de ayuda que, para madurar, han de darse a los sacerdotes a sí mismos y que ha de recibir de los otros compañeros y de la propia diócesis.
Todo ello visto con una perspectiva de fe en la aceptación de la propia historia personal, de las limitaciones inherentes al paso de los años y de la gracia de Dios que actúa en quien ha recibido el sacramento del Orden. Sólo así se estará trabajando por conseguir una salud integral del clero, tarea ésta, que, en opinión de monseñor Uriarte, ha de ser uno de los objetivos de toda diócesis y una de sus mejores inversiones pastorales.


El obispo placentino don Cipriano Calderón habló sobre la Nueva Evangelización y el Jubileo del año 2000

Los seminaristas extremeños se reunieron en Badajoz para asistir a las IX Jornadas de Estudios Teológicos

Los seminaristas de las diócesis extremeñas de Coria-Cáceres, Mérida-Badajoz y Plasencia han celebrado durante los días 12 al 14 de febrero en la sede del Seminario Metropolitano "San Atón", en Badajoz, las IX Jornadas de Estudios Teológicos.
Estas jornadas se celebran cada año en uno de los tres seminarios con la finalidad, por una parte, de profundizar en algún aspecto de los estudios teológicos, a través de las enseñanzas de destacados especialistas, y por otra, estrechar lazos entre los futuros sacerdotes de la región extremeña, sobre todo a partir de la creación de la Provincia Eclesiástica, intercambiando así experiencias pastorales y reflexionando conjuntamente sobre la realidad de Extremadura en sus distintas vertientes que van desde el campo social, al educativo, laboral, etc.
Durante la celebración de las jornadas los seminaristas estuvieron acompañados de sus respectivos formadores y con la presencia de los obispos de las diócesis extremeñas: don Antonio Montero, don Ciriaco Benavente y don Carlos López, que aprovecharon este tiempo para mantener un trato más directo con estos jóvenes.
Este año las Jornadas Teológicas contaron con un invitado de excepción: el obispo placentino don Cipriano Calderón Polo, vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, organismo vaticano que canaliza todas las relaciones de la Santa Sede con las diócesis de América Latina. Es también miembro de la Congregación para los Obispos, institución del Vaticano que asesora al Papa, entre otros asuntos, sobre el nombramiento de obispos, la creación de nuevas diócesis y de los reajustes de demarcaciones diocesanas.
Monseñor Calderón pronunció en estas IX Jornadas de Estudios Teológicos dos conferencias: "El Papa y la Nueva Evangelización" y "La Iglesia en camino hacia el Tercer Milenio". En sus intervenciones monseñor Calderón ha señalado el deseo del Papa de impulsar la Nueva Evangelización, conduciendo a la Iglesia hacia el Tercer Milenio. Para don Cipriano, si Juan Pablo II, a quien considera uno de los más grandes más evangelizadores que ha habido en la historia, hasta ahora ha aportado su vitalidad a través de sus enseñanzas, hoy sin renunciar a aquello, aporta, sobre todo, el "evangelio del dolor". Su sufrimiento sufrimiento se ha convertido en un elemento de su estrategia evangelizadora. "Si alguna vez en la historia –ha afirmado monseñor Calderón– el mensaje de Jesucristo ha llegado a todas partes, ha sido precisamente durante el pontificado de Juan Pablo II. Cada viaje pontificio se ha convertido en una empresa evangelizadora.
Por otra parte, Monseñor Cipriano Calderón ha destacado la gran inportancia del América Latina en la vida actual de la Iglesia, y especialmente en la Nueva Evangelización.
Si el primer Milenio fue, según don Cipriano, el milenio de la evangelización de Europa, el segundo lo ha sido fundamentalmente de América y Africa, el Tercer Milenio lo será de Asia, y en esa empresa el continente americano ha de tener un protagonismo de primer orden, la Iglesia en América ha de ser la plataforma evangelizadora del continente asiático.
Por ello es muy importante para la Iglesia contar con evangelizadores, especialmente sacerdotes, ya que donde hay evangelizadores, específico refiriéndose a América Latina, no hay avance de las sectas, habrá más vida cristiana y más promoción de la justicia y erradicación d ela pobreza.

Franciscan os extremeños insignes

Los contenidos de los otros días de estas jornadas se centraron en el estudio de tres insignes figuras extremeñas de la Orden Franciscana: San Pedro de Alcántara, fray Diego de Mujena y fray Diego Valadés, que fueron presentados por el también franciscano P. Isaac Vázquez.
La promoción vocacional es uno de los retos que tienen las diócesis extremeñas, tratando de superar la crisis que en este sector fundamental de la Iglesia se está padeciendo, aunque algunos seminarios están dando ya síntomas de recuperación.


Opinión

Rezar con la Biblia

La Cuaresma es una llamada a dejarse purificar en el que por su muerte y resurrección nos trae la gracia y a seguir tras la luz que alumbra a todo hombre en el camino de la vida. Para conseguir estos objetivos se han de poner los medios adecuados, especialmente aquellos que la Iglesia nos ha recomendado siempre: la oración, la limosna y el ayuno.
Este año de preparación al jubileo del año 2000 se nos recomienda "volver con renovado interés a la Sagrada Escritura", para conocerla mejor, y para que sea alimento permanente de nuestra fe. Un modo de acercamiento a la Biblia es el recogido de la tradición patrística y hoy muy recomendado: la Lectio Divina. Por ella la oración se alimenta directamente de la Palabra, que se entretiene con nosotros y entra en nuestra mente y en nuestro corazón.
Se empieza por una lectura atenta del texto, que recoja lo más significativo, para después, por la meditación, rumiar la palabra, confrontando lo leído con los misterios de la fe, con la vida personal y con las situaciones de la sociedad. Se pasa después a la oración, en la que la Palabra se hace diálogo con Dios, pues nos lleva a dirigirnos a Él con expresiones espontáneas de alabanza, gratitud, súplica o intercesión. Desde este modo de dialogar se pasa al del silencio de la contemplación, por el que nos situamos ante Dios con actitud amorosa y adorante.
Todo el recorrido nos prepara para la comunicación, en la que compartimos generosamente con los otros la resonancia interior de la Palabra y ésta se proyecta en la misión.

Amadeo Rodríguez


Página litúrgica

Celebramos el I Domingo de Cuaresma Palabra de Dios:

Libro del Génesis 9, 8-15

Dios dijo a Noé y a sus hijos: Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron, aves, ganado y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que devaste la tierra.
Y Dios añadió: Esta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: Pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes.

Salmo 24, 4bc-5ab, 6-7bc, 8-9

R. Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad,
para los que guardan tu alianza.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas;
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas.
Acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor.
El Señor es bueno, es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.

Carta primera de san Pedro 3, 18-22.

Queridos hermanos: Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios.
Como era hombre, lo mataron; pero como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Con este Espíritu fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes, cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé, mientras se construía el arca, en que unos pocos –ocho personas– se salvaron cruzando las aguas.
Aquello fue símbolo del bautismo que actualmente os salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Cristo Jesús Señor nuestro, que está a la derecha de Dios.

Evangelio según san Marcos 1, 12-15.

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
— Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.

Lecturas bíblicas para los días de la semana

17, lunes: Lev 19, 1-2, 11-18; Mt 25, 31-46.
18, martes: Is 55, 10-11; Mt 25, 31-46.
19, miércoles: Jon 3, 1-10; Lc 11, 29-32.
20, jueves: Est 4, 17; Mt 7, 7-12.
21, viernes: Ez 18, 21-28; Mt 5, 20-26.
22, sábado: 1P 5, 1-4; Mt 16, 13-19.
23, domingo: Gn 22, 1-2,9-13,15-18;Rm 8,321b-34; Mc 9,2-10.


Comentario

"Estamos emplazados"

Estamos emplazados.
Desde el pasado miércoles, el rito de la ceniza ha introducido en nuestra vida un elemento un tanto incordiante, que vendrá a nuestra conciencia con cierta frecuencia para recordarnos que no son días corrientes, sino que estamos emplazados a encontrarnos, en la Noche Santa de la Pascua, con el misterio central de nuestra fe: la muerte y la resurrección de Cristo.
Se nos avisa con cuarenta días de antelación, porque es trabajosa la tarea de recomponer nuestras actitudes tanto interiores como externas: crear un clima de silencio y recogimiento en nuestro corazón y conseguir una conducta más acorde con los valores que llevaron a Jesús a la cruz y a la resurrección.
Las lecturas de hoy nos dan pautas para orientarnos en la larga caminata cuaresmal.
El Génesis nos recuerda la actitud benevolente de Dios: el Diluvio no volverá a repetirse. La fidelidad de Dios a esa alianza con todo hombre llegará a su máxima manifestación y eficacia en el hecho de que "Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios", como leemos en la segunda lectura.
Necesitamos recordar este punto de partida para todo proceso auténtico de conversión. La iniciativa no la tenemos nosotros. Estamos programados en los planes de Dios: quiere que nos acerquemos a él.
El parco relato de Marcos presenta a Cristo como modelo de penitente no sólo por sus días de desierto, sino porque se dejó llevar por el Espíritu. Es la otra pauta para la Cuaresma: hemos de imitarle y convertir la cuaresma en días de austeridad, pero sobre todo de escucha y de obediencia a la Palabra.

Antonio Luis Martínez


Santoral

17 de febrero

San Fitán (+603)

Si es verdad, y así lo parece, lo que cuentan de este irlandés, el monje Fitán resulta ser un hombre de una sola pieza, que es lo menos que se le puede pedir a un cristiano.
Es abad del monasterio de Clovenagh, famoso entonces por la severísima austeridad de vida y la radicalidad de la pobreza. Tanto, que una delegación conjunta de otros abades decide inspeccionar el convento. Sin embargo, fueron recibidos con tal hospitalidad, tanta alegría, tan buena comida, tan generoso vino y cálidas habitaciones que no daban crédito a sus ojos.
Terminada la visita, los monjes de Clovenagh, con Fitán a la cabeza, volvieron a sus ayunos, sus pobrezas y sus estudios. La verdad es que resulta un espléndido ejemplo de hospitalidad, acogida y fraternidad este de rebajarse, incluso de las propias convicciones y costumbres, en honor del huésped.
La acogida hospitalaria y sinceramente cordial no es solo cortesía, sino que también es un deber nacido de la mejor raíz evangélica: el otro tiene derecho a ser recibido como el mismo Cristo. Amen.
Por cierto, una mesa bien regada, todo con tiento y mesura, ayuda mucho en eso de la acogida. No en balde, Dios mismo promete un banquete eterno, no precisamente escaso.

Manuel Amezcua


Santos de la semana

17, lunes: Los Siete Fundadores Servitas, Teodoro, Bonoso, Fitán.
18, martes: Eladio, Angilberto, Guillermo Harrington, Francisco Clet.
19, miércoles: Máximo, Barbato, Conrado de Piacenza, Álvaro de Córdoba.
20, jueves: Eleuterio, León, Tomás Pormort.
21, viernes: Pedro Damián, Mauricio, Zacarías, Germán.
22, sábado: Papías, Concordia, Isabel, Margarita.
23, domingo: Policarpo, Sireno, Rafaela de Ibarra.


Contraportada

El obispo de Zamora, monseñor Uriarte, analiza la situación actual del clero español

Gran conocedor por trayectoria personal y por vocación de los sacerdotes, a los que ha dedicado la mayor parte de su vida, primero como formador y después como obispo, el presidente de la Comisión episcopal del Clero y obispo de Zamora, don Juan María Uriarte, hace para nuestros lectores un repaso a la situación del clero en España.
Según datos de la Oficina de Estadística y Sociología de la Iglesia, el número de sacerdotes diocesanos españoles se mantiene en torno a los veinte mil, siendo su edad media de unos 58 años.
Detrás estos datos está la vida de los componentes de este sector tan importante del Pueblo de Dios, sus ilusiones, su fe y sus cansancios en la tarea de ser apóstoles de Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, en las puertas del Tercer Milenio Cristiano. Don Juan María nos habla de todo ello.
—Usted ha venido a Badajoz a hablarle a los sacerdotes sobre la 'salud integral del clero', ņcómo es la de los sacerdotes españoles en estos momentos?
—Como las visiones globales sobre colectivos tan numerosos no suelen ser muy rigurosas, prefiero señalar sólo algunos puntos. Lo primero he de decir que es un clero que ha salido ya de aquellos grandes traumatismos y confrontaciones eclesiales que ocuparon con fuerza parte de los años 70. Desde ese punto de vista es un clero más cohesionado que entonces. No hacen ya beligerancia ni militancia de su manera de pensar y sentir, son más serenos.
En segundo lugar, es un clero que tiene una moral evangelizadora modesta, porque se ha encontrado con unas dificultades importantes a la hora de la evangelización en un mundo bastante reticente al Mensaje de Jesús.
La moral evangelizadora del clero no es muy alta en estos momentos, sin embargo hay un elemento positivo: esa moral o ánimo es sereno, hoy se sabe que las posibilidades son más modestas, que el puesto de la Iglesia en la sociedad es menos relevante que antes, que existen muchas fuerzas en concurrencia con el Evangelio y que es precisamente en ese panorama donde nosotros tenemos que ofrecer nuestro testimonio, sabiendo que el Evangelio modesto y sencillo que predicamos lleva el marchamo de Dios.

Fatiga y esperanza

—Cada vez hay menos vocaciones y los sacerdotes que hay son cada vez mayores y tienen que hacer más, ņno produce esto un cansancio en el Clero?
—Este es un fenómeno europeo ciertamente importante, no así en otros continentes donde el número de sacerdotes está creciendo como ocurre en Africa y en América Latina. Pero sí es verdad que se nota un cansancio, que yo llamaría fatiga.
No es simplemente que el organismo pida un descanso porque se está trabajando demasiado, sino que es la intemperie o las condiciones en la que se trabaja las que van produciendo un sentimiento de escepticismo o falta de esperanza. Esta fatiga existe y es mala, pero sólo en una parte del clero, ya que no cabe duda de que hay otra buena parte que ha asumido que estamos en unas condiciones eclesiales y sociales diferentes y ahí se ha situado, haciendo buen uso del principio de realidad y trabajando con alegría.
Tengo que manifestar, en defensa de los sacerdotes, que es difícil encontrar colectivos en nuestra sociedad como el del clero en orden al grado de responsabilidad ética y trabajo generoso de servicio a los demás.
Al mismo tiempo, dentro de este colectivo, hay un buen grupo que en medio de las dificultades trabaja con una gran alegría y con una fuerte esperanza. Desde ese punto de vista y porque las circunstancias actuales no son triunfales ni tampoco catastróficas abren el camino a una esperanza.

Los curas jóvenes

—ņCómo ve el obispo responsable del Clero en España a las nuevas generaciones de sacerdotes?
–A uno le gustaría que estas generaciones fueran más numerosas, porque el pequeño renacer vocacional de hace unos años se ha estancado. Dicho esto, he de decir que los curas jóvenes no son tampoco inmunes a las fragilidades generacionales de su tiempo y por esto se están dando hoy en día también bajas no insignificantes o irrelevantes, por frecuentes; lo que hacen pensar en una cierta fragilidad generacional. Por otro lado, estos curas jóvenes, hoy en día y cuando en este mundo no se cotiza lo religioso, tienen la audacia y la generosidad de entregarse de por vida a este ministerio con toda su alma, y esto es de agradecer. Poseen también una gran capacidad de diálogo, no son gente enrocada ideológicamente que origine grandes tensiones en el presbiterio ni en la vida pastoral. Por último, habría que decir que entre los sacerdotes jóvenes hay como dos grupos.
El primero de ellos es más militante, más partidario de una Iglesia en diálogo con el mundo y de acercamiento a los más pobres, y el otro es más espiritualista o espiritual. Unos sería más militantes y los otros más espirituales –advierto que hay que ser las dos cosas–. Los segundos se sienten más a gusto en el campo de las catequesis, de la liturgia, de la comunidad ya convocada.
—ņCómo valora hoy la propia familia al sacerdote?
—La valoración de los sacerdotes en las sociedades muy evolucionadas no suele ser muy alta, por parte incluso de los mismos hermanos, pero se compensa con el cariño y con el respeto. El cura vive con dolor que su propia familia no valore profundamente la opción que él ha hecho, no simplemente que la respete. Al final de la vida, cuando uno necesita más apoyos, vuelve a ser más importante ese aprecio por parte de la familia.
Lo que sucede es que es la ésta va desapareciendo, quedan sólo los sobrinos… y ciertamente ellos no suelen ser, en general, demasiado apoyo para el cura. De ahí la necesidad de crear una conciencia de familia dentro del Presbiterio diocesano y dentro de la comunidad cristiana para que el cura tenga una familia de elección que cubra en muchas áreas el espacio que dejó la familia biológica y natural de la que él partió y aquella que él renunció a formar.
—Toda la Iglesia está ya mirando al Tercer Milenio,ņqué reto tienen los sacerdotes, en concreto, de cara a la nueva evangelización?
—Sintéticamente yo diría que los curas hemos de ser menos eclesiásticos y más eclesiales, menos píos y más piadosos, menos mundanos y más seculares.

José María Gil


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