Semanario
"Iglesia en camino"

Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

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Iglenca@jet.es

Número 324. 5 de Diciembre de 1999

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

Portada

El diálogo con los no creyentes

es hoy más necesario que nunca

N.324 F Portada.jpg (15474 bytes)La armonización entre la fe y la razón y el acercamiento de los alejados son preocupaciones de la Iglesia a las puertas del siglo XXI, donde la negación de Dios y la falta de la práctica religiosa afecta a verdaderas masas de personas en países tradicionalmente cristianos.

Si el 15 de octubre del año pasado se presentaba la encíclica "Fides et ratio", en la que el Papa sentaba las bases de la auténtica armonía entre la razón y la fe en la búsqueda de la verdad, la diócesis de Mérida-Badajoz prepara un plan pastoral para alejados, con el fin de hacer posible el acercamiento a la Iglesia de miles de personas que se sienten indiferentes o distantes ante el fenómeno religioso. Ese acercamiento debe producirse desde el conocimiento de las preocupaciones de los alejados y desde el diálogo acogedor.

En este número les ofrecemos el debate entre un teólogo, Bruno Forte, y un filósofo no creyente, Félix Duque, publicada en el semanario Alfa y Omega de la Diócesis de Madrid.

 

Editorial

San dinero

Los Bancos son su templo, oficiantes sus altos equipos de administración, su altar o capilla mayor, el parquet de la Bolsa. No es que nos riamos del dinero, tan necesario para casi todo, tan conveniente para sostener la vida. Sólo que divinizarlo nos lleva a la más humillante idolatría y a la prostitución de ese bien de bienes, sistema circulatorio de la vida material de los hombres. No podéis servir a Dios y al dinero (Lc 16, 13), porque terminaréis odiando a Dios o cuanto tenga relación con Él.

Ya se ha dicho bastante en las últimas semanas sobre las famosas y alarmantes "Stock-options", que convierten en milimillonarios con muchos dígitos a un grupo de privilegiados con altos puestos en empresas multinacionales. Aunque se nos dan al respecto toda clase de explicaciones, fundadas en el incentivo propio y en la competencia ajena, nos sumamos honradamente a cuantos no aceptan esa explicación. Así como tampoco aquella otra que, partiendo de los azares de la Bolsa, permite multiplicar por tres en una mañana y sin salir del recinto, el capital de los títulos.

Ningún argumento puede convencernos de que, mientras eso ocurre, a ojos vistas de todo el país, siga habiendo millones de españoles cuyo trabajo, o no existe o está remunerado a niveles infinitesimales de aquellas barbaridades. Arréglenlo quienes puedan, porque el deber ya lo tienen.

 

Carta del Arzobispo

Júbilo y Jubileo

montero.jpg (4936 bytes)Resulta ahora que, contra lo que yo he creído siempre, y hasta lo he dicho en privado y en público, de palabra y por escrito, el vocablo jubileo no viene de júbilo, sino en cierto modo, al revés. Pero, como suele ocurrir a menudo, la verdad viene a ser más bonita que el error. Lo del jubileo, tan viejo como Moisés, arranca de unas raíces bíblicas de hondo sabor y rústica belleza.

Aguas arriba, hasta hace más de tres mil años, encontramos las claves de esta práctica en los libros del Deuteronomio y el Levítico. El viejo caudillo de los hebreos les ordena en nombre de Yahvé que, cuando entren en la Tierra prometida, observarán después de cada seis años uno sabático, con descanso de personas, animales y tierras, junto a la liberación de los esclavos hebreos; y, cada siete septenios ­para nosotros medio siglo­ añadirán a lo anterior la condonación de las deudas acumuladas y la devolución a sus antiguos dueños de las tierras arrendadas. Ese año tendrá carácter de jubileo. "Declararán santo este año cincuenta y proclamarán la liberación para todos los habitantes del país" (Lv 25,10)

Tanto el año sabático como el jubilar, gozarán el mismo fuero que el Sabat de cada semana, pero con orquestación creciente y alborozada: descanso, oración y fiesta. Serán los grandes hitos comunitarios del Pueblo elegido, que orientan su caminar, no ya hacia la tierra prometida, sino hacia la venida del Mesías. De ahí toda la parafernalia, el folklore si se quiere, que acompañaba siempre estos eventos: Se convoca al pueblo, al son potente de la cuerna, para que acuda a la danza y al festín, a la acción de gracias y al jolgorio, siempre en la atmósfera sagrada de una sociedad teocrática. No parece, por lo demás, que los judíos, por algo lo eran, tomaran a la larga muy en serio lo de condonar las deudas y devolver las propiedades.

Pero los grandes textos del Pentateuco tienen siempre en su trasfondo un halo de profecía y hasta de utopía, de lo que luego será el gran mensaje liberador del Evangelio y, en última instancia, la doctrina social cristiana. ¿No nos suena a todo eso el clamor universal de hoy por la condonación de la deuda externa, y la llamada del Papa a que pidamos perdón, en el jubileo 2000, por los pecados de los cristianos en los últimos siglo y milenio?

La cuerna y la corneta

Pero, no dejemos lo del júbilo y el jubileo, que algo nos ayudan las palabras a calar mejor en sus significados. El jubileo de los judíos es anterior a la existencia misma del latín y más aun, del latín de San Jerónimo, en la Biblia vulgata del siglo V, donde se produce el gatuperio o el trabalenguas. Veamos. En hebreo, la palabra Yobhel, de la que todo arranca, significa "carnero", de cuya testuz se extraían los cuernos o cuernas, que servían de corneta, (que viene también de cuerno) para convocar a las poblaciones de la antigüedad.

La cuerna heredó el nombre de yobhel, que designaría más tarde a todo el acontecimiento jubilar, el jubileo convocado por ella. El cual, en un momento histórico sería traducido al latín como jubilaeus. Con lo que San Jerónimo , quizá por un subconsciente todavía no freudiano, lo asoció al vocablo latino jubilum ­alegría, alborozo­ y lo llamó erróneamente "yubilaeum" enriqueciendo así, aun más, el entusiasmo y alborozo del ya festivo significado hebreo. No hay mal que por bien no venga. (Y, por favor, no me atribuyan a mí esta excursión erudita, que tomo al pie de la letra de los expertos en la materia).

En la tradición judeocristiana formaba parte del culto y de la cultura peregrinar a los montes sagrados o a los monumentos religiosos. Los judíos, entre ellos Jesús, subían tres veces al año al Templo de Jerusalén; los cristianos, desde otros supuestos teológicos y espirituales, sintieron siempre el imán de la Tierra Santa, escenario de los pasos terrenos de Cristo.Así Egheria, la peregrina gallega del siglo IV; así Santa Elena, madre de Constantino, en la exploración del Calvario e invención de la santa cruz, en el mismo siglo; así, en el medioevo, las gestas heróicas de los cruzados hasta rescatar los santos lugares.

Mientras tanto, llegaban a Roma, siglo tras siglo, peregrinos de toda la cristiandad, a venerar los sepulcros de los Apóstoles, visitar las basílicas, buscar reliquias de mártires. Y, a su vez, en Compostela recalaban, desde el siglo X, hasta las plantas del señor Santiago, riadas de peregrinos exhaustos, provenientes de los reinos cristianos de España y de Europa. ¿Qué buscaban los unos y los otros? En suma, perdón y gracia, la gran Perdonanza jacobea pero a través de caminatas tremendas un proceso espiritual de enorme hondura, que les costaba percances atroces, epidemias y hambrunas, la muerte misma en los arcenes del Camino, y con mayor humanidad, en los hospitales del recorrido. Todo un reguero de fe, de santidad y de cultura, ininteligible en categorías agnósticas, o en la desgana postmoderna.

El primer jubileo milenario

Esa pleamar de misticismo y ascesis cristaliza en el año 1300 con la institución por el Papa Bonifacio VIII de los Jubileos universales, los Años Santos en Roma cada cien años, que Clemente VI, medio siglo más tarde, cambió a cincuenta y Paulo II a veinticinco, a partir de 1475; norma que ha prevalecido hasta hoy. Con todo, no fueron lo mismo los jubileos del cuarto de siglo que los de cincuenta años, que los de siglo completo; y nada digamos la redondez de un milenio, que ahora celebramos por primera vez desde que se estableció el Jubileo. No es de extrañar que Juan Pablo II (a quien su mentor el Cardenal Wiszynsky le dijo al oído en el cónclave: tú serás el Papa que conduzca a la Iglesia desde el segundo al tercer milenio de cristianismo) proclamara hace seis años el acontecimiento con la Carta apostólica "Tertio milenio adveniente", lo haya hecho preceder de un trienio de preparación, año por persona de la Trinidad, y lo haga culminar con el grandioso Jubileo-2000, sin precedentes que sepamos, al menos en su hondura religiosa y en su proyección futurista, en ninguna experiencia eclesial anterior.

¿Dos mil años, de qué? O, con perdón, ¿de quién? De la venida al mundo, de la incorporación inefable a la historia y a la aventura humana, del hijo único de Dios, hermano y salvador nuestro, muerto por nuestros pecados, resucitado para resucitarnos. Camino, verdad y vida, luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

- ¿Y para los que no creen?

- Pues, Jesucristo sí que cree en ellos y los ha redimido como a los demás y no les negará, respetando su albedrío, las oportunidades de salvarse. Celebramos los dos mil años consecutivos del cristianismo en el mundo; somos más de mil millones los cristianos bautizados en su nombre. Justos y pecadores, no por grupos aparte, sino todos con gracia y con culpa, en la medida que sólo El conoce. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. (I Tim 2,4)

Jubileo es acción de gracias, petición y oferta de perdón, abrazo fraterno, anuncio a son de trompeta de la amnistía de Dios en Cristo. Jubileo es, o puede serlo al menos, oportunidad de fe, de conversión, de reencuentro con el Dios misericordioso , de salida de la vulgaridad. Es abrazo de Cristo a esta humanidad global y digital, genética y astronauta; pero, a la vez, menesterosa y pródiga, plagada de crueldades e injusticias, hambrienta de amor y de fe. Muchedumbre solitaria.

+ Antonio Montero Moreno

Centrales

El Verbo encarnado, punto de encuentro

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He aquí el testimonio de un insólito encuentro: Félix Duque, no creyente y profesor de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los mejores especialistas en la filosofía de Heidegger, experto en la filosofía de la técnica y gran conocedor del nihilismo, con Bruno Forte, sacerdote y profesor de Teología en la Facultad Pontificia de Teología de Nápoles y miembro de la Comisión Teológica Internacional. "Es curioso ­comentó Forte, tras una conferencia previa­ el interés de los estudiantes cuando se habla de Dios. Esperábamos a unas 20 personas y se han presentado más de 100, en una facultad de 300 alumnos. Incluso hemos tenido que cambiar de aula porque no cabíamos todos..."

Según el pensamiento humano, ¿es lógica la idea de Dios? ¿O es necesaria una revelación?

Félix Duque: Yo escogería un tercer camino. Desde una posición de no creyente enormemente respetuoso con la fe, pienso que tener una idea de Dios significa encerrarlo dentro de los límites de la razón, que es finita (aunque tienda al infinito). Kant hablaría de una razón perezosa que, para quedarse tranquila, inventa un monigote al que llama Dios, y obedece a leyes que, en última instancia, son su propia razón. La otra vía, la revelación y la fe cristiana, implica un sentirse herido por la Palabra, posibilidad que a todos no nos ha sido dada.

Pero hay un tercer camino: la razón humana sufre, por así decirlo, cuando vuelve sobre sí misma. Es un estupor de la razón ante el hecho de la existencia: ¿por qué hay cosas? A esto no se puede responder con la razón. Ir más allá de este estupor de la razón, escarbando en la herida, por así decirlo, supondría una especie de orgullo, ir más allá de los propios límites. En esa limitación yo encuentro la pregunta por la trascendencia. El problema es hacia qué, o hacia quién, trascendemos.

Bruno Forte: Creo que el camino de la razón llega a su culmen, no cuando pretende poseer a Dios, sino cuando reconoce sus propios límites, su estupor ante lo que la trasciende. En otras palabras, la tarea más importante de la razón es dar razones de la imposibilidad de dar razones: llegar, en un ejercicio de la inteligencia, al conocimiento del límite supremo de la inteligencia misma. Más allá de ahí está la escucha, el estupor ante un acontecimiento que no es producto de la razón. Aquí se sitúa la fe, que reconoce este acontecimiento cumplido en la Revelación, donde el Dios viviente se nos dice con palabras humanas y se hace carne, en nuestro lenguaje y en nuestra historia, no para entregarse definitivamente a categorías humanas (esto sería idolatría), sino para abrir una posibilidad a la criatura de participar en el don de una vida que lo trasciende infinitamente.

El deber de buscar a Dios

La Cruz del Resucitado es el lugar del encuentro entre la autotrascendencia del hombre y el acto de humildad de Dios, con que Él se hace cercano, sin dejar de ser infinitamente Dios. ¿Tiene el hombre una obligación moral de buscar a Dios o, dicho de otro modo, el sentido absoluto de la vida?

Bruno Forte: Sí. A mí me parece que el deber de buscar a Dios está inscrito en una razón aún más radical: el deber del hombre de vivir la vida no como una prisión, sino como apertura a lo que le trasciende. Quien no busca el absoluto se convierte en prisionero de la caducidad de los elementos. Plantearse preguntas fundamentales significa ponerse a la escucha, y ésta puede encaminar hacia el encuentro con Dios. Se puede decir que la diferencia fundamental no es entre creyente y no creyente, sino entre pensante y no pensante.

Félix Duque: El problema estriba fundamentalmente (Bruno lo ha repetido varias veces) en la palabra escucha; el hombre se pone a la escuchaS ¿de qué? ¿De una voz humana? Si es una voz que habla como nosotros, entonces no es una verdadera trascendencia. Yo prefiero hablar de escucha como posibilidad de apertura al sufrimiento y al carácter mortal del otro. Ante el hecho del sufrimiento, del dolor y de la muerte, no hay palabras. Y en este no haber es donde la razón encuentra sus límites, y tiene que abrirse a lo que yo llamaría condolencia entre hombres que se saben necesariamente abocados a la muerte, y que se dan unos a otros el apoyo y la memoria para poder, a través de esa trascendencia, vivir siempre al borde de esa nada o de ese abismo.

Dios también queda herido

¿Tiene algo que ver el símbolo en la relación del hombre con Dios?

Félix Duque: Para mí sí. Símbolo es 'sym ballein', ir conjuntamente. El problema fundamental es, en este símbolo, ¿qué es lo que nos une? Para mí, lo que nos une es la visceralidad del dolor, el dolor de la carne, que implica evidentemente una trascendencia. Lo que me parece peligroso, en última instancia, es hacer de esa trascendencia una figura humana. El silencio del Padre implica que Él está más allá de los hombres, y no puede ser representado ni en una palabra ni en una figura. Entonces, ¿qué se esconde bajo el silencio del Padre? ¿Con qué derecho podemos, incluso, hablar de Padre? Inmediatamente lo traducimos a relaciones de familia, y entonces parece que podemos confiar en ese Padre que siempre se esconde.

Bruno Forte: Yo creo que el símbolo supera dos extremos. Por una parte, la pretensión de considerar a Dios como si fuese un objeto de este mundo, que es la idolatría (también la ha hecho a menudo la ideología moderna, sustituyendo a Dios por sí misma y sus proyectos). En el otro extremo está la absoluta imposibilidad de conocer a Dios, que es el agnosticismo. El símbolo dice que entre la búsqueda humana y el misterio absoluto puede haber un encuentro, en el que uno no se entrega al otro plenamente, pero sí se establece un puente. Hablar de Dios significa caminar al borde del símbolo, y no para reducir a Dios a algo vago y abstracto, sino para hablar de Él de forma, a la vez, respetuosa y abierta a un camino hacia el misterio. Para el cristiano, el acontecimiento de la Encarnación es el que funda la posibilidad de hablar de Dios en términos humanos.

"Cristo nos ha enseñado a ser hombres" (Félix Duque)

Félix Duque: Yo quisiera añadir una observación. Cuando hablamos de símbolo entendemos también el significado en griego: era una pieza de arcilla que dos personas, cuando querían hacer un pacto, partían en dos pedazos, y que después, cuando se encontraban, unían para significar ese pacto. Pero entonces, cada uno de los lados estaba entregado por completo al otro lado. Es decir, habría que tomar muy, muy en serio el problema de la kénosis. Si Dios se hace carne por amor a los hombres, y los hombres tienden a corresponder a ese amor, entonces no es posible, o al menos yo, desde una posición filosófica, no comparto la idea de que Dios quede a salvo de esa herida. Dios también queda herido, literalmente herido de muerte: su amor significa también la muerte por los hombres. Me acuerdo a propósito de la famosa frase luterana: Dios sigue estando muerto. Creo que se haría un mal servicio al cristiano si pensara en un Dios-fundamento, cuya superficie quedara alterada por la relación con los hombres, pero cuyo fondo quedara intacto. Si Dios se ha dado a los hombres, entonces la cosa es muy, muy grave: implica también una entrada en la mortalidad por parte de Dios.

Redescubrimiento de Dios

Bruno Forte: Es impresionante ver cómo las palabras de Félix corresponden a la renovación de la teología cristiana de los últimos años, donde se está redescubriendo al Dios crucificado como lugar propio de la Revelación del Dios cristiano, del amor absolutamente asimétrico con que Dios nos ama. Hoy son precisamente los no creyentes pensantes, los que luchan con Dios para no creer en Él, quienes descubren la fascinación inquietante de un Dios omnipotente que, por amor al mundo, hace una kénosis absoluta. Es significativo encontrar hoy pensadores no creyentes en esta línea, como Massimo Cacciari, en Italia, o Félix Duque en España; personas que desde la autenticidad de su posición, se interrogan por el absoluto, trascienden el ateísmo cerrado y se inquietan, son atraídos, en búsqueda de ese Dios débil que es el Dios de la cruz.

Félix Duque: Sí, pero el punto es que no hay retorno.

Bruno Forte: Eso es lo que nos diferencia, porque el cristiano cree en el Crucificado Resucitado. La resurrección no es el final feliz de una fábula, sino la garantía de que el amor de Dios es más poderoso que la muerte. Esto constituye la esperanza del cristiano. No se puede esperar que un nihilista acepte esto. Si lo aceptara ya no sería nihilista: no tendría más remedio que convertirse.

Félix Duque: Claro. El problema es justamente el de la redención. Si Cristo nos ha enseñado a morir como verdaderamente hombre, y a amar al otro en cuanto otro porque es mortal, si aceptamos que a través de la muerte se gana la verdadera vida, todo ha sido en el fondo un juego de espejos, puesto que ya de antemano el Hijo sabía, tenía la seguridad de la salvación: es abandonado del Padre, pero sólo por tres días.

Bruno Forte: Ésta es una interpretación demasiado humana. Porque si se toma profundamente en serio el hecho de que en esa cruz está sufriendo y muriendo el Hijo de Dios, un solo instante de ese sufrimiento tiene un valor tan grande, que la resurrección como garantía de la victoria total sobre la muerte no quita nada a la seriedad trágica del dolor de la muerte. La objeción de Félix yo la puedo entender en quien, con una experiencia ajena a la fe cristiana, considera que el final feliz es demasiado bonito. El que está dentro sabe que la resurrección le da esperanza pero no quita nada del precio de amor, la propia vida, que Cristo ha tenido que pagar. ¿Quién es Cristo para ustedes?

Bruno Forte: Para mí Cristo es el Hijo de Dios hecho hombre. Y no lo digo como fórmula dogmática, sino porque en esto yo me juego la vida, como hombre, cristiano y sacerdote. Hijo de Dios hecho hombre significa que el abismo entre Dios y el hombre, que la razón intenta comprender mediante el estupor y la escucha, no es un abismo vacío, sino que ha sido cruzado por el amor de Dios, que nos ha ofrecido la posibilidad, humanamente imposible, de vencer el dolor y la muerte. Ésa es nuestra esperanza. Si Cristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe.

El hombre, extraño a la tierra

Félix Duque: Yo creo que Cristo, dicho breve y brutalmente, es un monstruo. Desde el punto de vista metafísico, nos ha enseñado que ser hombre significa, y ahí estaría absolutamente de acuerdo con Bruno, trascenderse constantemente a sí mismo. El hombre es extraño a la tierra, vive en ella pero no es de ella. Cristo nos ha enseñado a ser hombres y, por tanto, a ser extraños a nosotros mismos. A ser una especie de ansia de cierre imposible. Si ese anhelo de trascendencia se cierra, a mi ver, esperando una resurrección, si en última instancia ha merecido la pena sufrir, porque después de la muerte tenemos la vida eterna asegurada, sigo pensando que el mensaje de Cristo habría sido, paradójicamente, vano. ¿Y si intentáramos pensar en la cruz de Cristo sin esperanza, como una donación absoluta por amor, para enseñar a los hombres el valor altísimo de la mortalidad, de la solidaridad, en vista de un trascendencia no accesible al hombre, pero que, precisamente por eso, lo cerca como una tentación, a la vez que amenaza, de esperanza? Éste sería un Cristo humano: más que humano.

Bruno Forte: Precisamente por eso digo que es necesario pensar no sólo en la cruz, sino también en la resurrección. Quisiera concluir que un diálogo intenso como el que hemos tenido demuestra cuán absurdo e insensato es que un pensamiento responsable y una fe empeñada en Dios y en los hombres se ignoren. Si se plantean preguntas, los pensadores más alejados pueden encontrarse, porque lo que nos une es nuestra pobreza frente al misterio de la muerte.

La razón hecha carne

Félix Duque: Yo añadiría que lo que permite el diálogo actual, enormemente fructífero, entre la filosofía y la teología, es que la idea de la fe, como un mero sentimiento irracional, y la idea de la razón, como una cadena argumentativa universal y necesaria, han caído. Donde nos encontramos, aunque divergen las interpretaciones, es en la idea de la razón hecha carne. Si no entendemos el sufrimiento de la trascendencia (llamémosla luego como queramos), entonces el entendimiento es imposible.

Bruno Forte: El punto de encuentro hoy entre filósofos y teólogos es precisamente el Verbo encarnado. Esto parecía imposible hace algunos años, cuando los esquematismos ideológicos reservaban esto sólo a la fe, y lo excluían de la razón. Hoy en cambio, filósofos y teólogos, creyentes y no creyentes, se encuentran precisamente en esta paradoja del Verbo y de la carne, de lo eterno y lo finito, que es Jesucristo.

Inma Álvarez
(Recogido de 'Alfa y Omega')

La Fraternidad Cristiana pide mejoras sociales para los discapacitados

La Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos de España ha hecho oir su voz en el Día del Discapacitado, que se celebró el pasado día 3, en favor de los minusválidos físicos , cuya situación social en España, pese a los avances habidos, requiere una sustancial mejora.

En primer lugar, muchos de los discapacitados españoles deben su minusvalía a un accidente laboral. Es imprescindible, por tanto, mejorar las condiciones de salud y seguridad laboral. Las empresas deben concienciarse de que la vida y la salud de los trabajadores es infinitamente más importante que el ahorro de costes y el aumento de la producción.

Otro colectivo de personas con discapacidad sufren la injusticia de una fiscalidad que no tiene en cuenta su situación. Se precisan cambios legislativos para que las ayudas fiscales sean proporcionales a la situación de minusvalía y al grado de descompensación.

Por otro lado, la Administración debe favorecer la revalorización de las pensiones no contributivas, aumentando sus cuantías hasta alcanzar el nivel del salario mínimo interprofesional y establecer y ampliar la cobertura del sistema público de subsidios sociales.

En cuanto a la accesibilidad, todavía hay centros escolares, instalaciones públicas de carácter cultural, deportivo o recreativo con barreras arquitectónicas. Mención especial hace la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos a los centros de culto, iglesias y dependencias religiosas, cuya accesibilidad se halla por debajo de los estándares conseguidos en los edificios de carácter civil.

Barreras mentales

Hay también muchas barreras m entales, más difíciles de superar que las arquitectónicas. "Están en nuestra mente, en nuestras actitudes y en nuestro corazón y son las que realmente están impidiendo que estas ideas de progreso y de avance influyan en la manera de organizar nuestra sociedad, nuestras ciudades, nuestros barrios", afirma Fraternidad Cristina de Enfermos y Minusválidos de España en su comunicado.


Noticiario diocesano

Los vecinos de las Cuestas de Orinaza

claman por el fin de su marginación

"Vivimos día a día encima de un polvorín; pedimos integrarnos en la sociedad"

N.324 F Cuestas Orinaza.jpg (20356 bytes)La parroquia de San Francisco de Asís, de las Cuestas de Orinaza de Badajoz, vive el Adviento con la mirada puesta en la solución al enorme problema de marginación que padece la barriada y que ve una salida en proporcionar a los vecinos un alojamiento más humano e integrado en la sociedad.

En días pasados más de medio centenar de vecinos se reunían con representantes de la Administración en el salón de la parroquia y recibían un compromiso de solución. Pese a todo, el comienzo del Adviento, la preparación a la Navidad, ha estado marcado por la preocupación por el problema de marginalidad suprema que se vive.

Una ofrenda especial

En la misa del domingo pasado una vecina de 52 años del barrio hacía una ofrenda especial en el transcurso de la Eucaristía. En ella afirmaba sentir el abandono y rechazo por parte de las autoridades. "Con pena y rabia a la vez ­continuaba la carta­ desde lo más hondo de mi corazón, pido que no nos rechacen, que somos personas buenas, trabajadoras, luchadoras, humildes y cariñosas. Cuando yo trato a otras personas fuera de la barriada no veo la unión que tenemos en nuestra pequeña comunidad".

En su llamada de atención a la solidaridad, en el ofertorio, que recogía el sentir de toda la comunidad, se afirmaba que "Nuestra mayor preocupación son nuestros hijos que no tienen sitio donde jugar, en la calle sólo hay muerte y destrucción (droga) y falta de respeto", a lo que se añadía que "Vivimos día a día encima de un polvorín. Pedimos una oportunidad para integrarnos en la sociedad como personas normales que somos".

La carta concluía haciendo extensiva la petición para todas las barriadas que están en situación parecida.

Se prepara la elaboración de la revista "Sekinah"

Presentado el nuevo Plan Catequético Diocesano

Con la participación de una treintena de catequistas, se celebró el pasado sábado día 20 de noviembre, en el colegio de los PP. Jesuitas de Villafranca de los Barros, el primer encuentro de Catequistas especializados en las Escuelas de Formación de Agentes de Pastoral (EFAP) de la diócesis de Mérida-Badajoz.

Su objetivo era presentar a todos estos catequistas el Plan Catequético Diocesano para el curso 1999-2000, a la vez que pedir su colaboración en las distintas acciones que el Secretariado de Catequesis se ha propuesto realizar en este curso. También se les ofertaron, en línea con ese plan, vías de formación y colaboración mutua de cara al nuevo año.

Revista para catequistas

Se les dio a conocer las dos acciones que el Equipo Diocesano de Catequesis está llevando a cabo: la elaboración de una Revista para los catequistas, que se llamará "Sekinah, lugar de encuentro" y tendrá una periodicidad trimestral, así como un Plan de Formación para los mismos.

Celebraciones en el Jubileo

También se les informó de las dos celebraciones que tanto con los catequizandos como con los catequistas se pretenden realizar en este año jubilar.

Se compartió la comida en un ambiente fraterno, y se despidió el encuentro con la ilusión de intentar dar, en este Jubileo 2000, un impulso renovador a la catequesis en nuestra diócesis.

Aplica ya las conclusiones de la reciente asamblea parroquial

El grupo de Cáritas parroquial de Fuente de Cantos se renueva

Cáritas Parroquial de Fuente de Cantos acaba de renovar su equipo de dirección y coordinación, siguiendo las conclusiones extraídas de la Asamblea General de la comunidad parroquial de Nuestra Señora. de la Granada, celebrada en el mes de septiembre pasado y en las que se pedía el impulso y la renovación de los grupos de pastoral insertados en dicha parroquia.

Sectores de Trabajo

Tras los retoques, Cáritas en Fuente de Cantos ha quedado constituido por los siguientes programas de trabajo:

­ Drogodependencias, trabajando especialmente ne el Proyecto Vida y la casa de acogida, que, pese a las dificultades, ya se ha puesto en marcha para el curso 99-2000.

­ Ancianos y enfermos, con cuatro grupos de visitadores y de pastoral de la salud.

­ Cooperación Internacional, mirando hacia los hermanos de las zonas más desfavorecidas del planeta.

-­ Sensibilización y animación de la comunidad, encargado, en una primera fase, de gestionar los recursos y las ayudas económicas para este grupo de Cáritas.

­ Infancia y juventud, con el empeño de crear un taller de tiempo libre.

­ Transeúntes, ocupado de la asistencia a los Sin Techo.

­ Acción de Base y acogida, analizando y atendiendo las necesidades de las personas excluidas.

Numerosos voluntarios

El grupo de Cáritas de Fuente de Cantos está formado por 60 voluntarios, de todas las edades, que afirman tener abiertas las puertas a todos los que deseen trabajar en alguno de los programas o en las distintas campañas que se realizan a lo largo del año.

Además, el grupo ha pedido la colaboración de toda la comunidad parroquial, desde las personas físicas hasta las hermandades, cofradías, cooperativas, comercios e industrias, para poder llevar adelante todos los sectores de trabajo en los que se quiere implicar esta Cáritas

 

Retiro de Adviento

Preparándose para el Jubileo

Un millar de personas, entre laicos, religiosos y sacerdotes, han participado en el retiro conjunto organizado, a nivel arciprestal, como preparación para este Adviento y el año Jubilar.

Esta iniciativa, la primera de su género en la diócesis de Mérida-Badajoz, ha resultado muy positiva según han manifestado algunos de sus participantes. La anterior práctica era la de convocar sólo a los sacerdotes y religiosos a los retiros.

La afluencia de personas, en general, ha sido buena, contando con que era la primera vez. La media ha estado en torno a las 60-70 personas por arciprestazgo, siendo mayoritaria la presencia de laicos.

El esquema seguido en los diversos encuentros ha sido el mismo, comenzando con una oración, después una meditación, exposición del Santísimo y una charla, a cargo del arcipreste, sobre el sentido del Jubileo que vamos a celebrar.

Estudios sobre el santoral propio de la Archidiócesis

El sacerdote pacense don Teodoro Agustín López López ha publicado recientemente una obra titulada "Los 'propios' de los santos en la Archidiócesis de Mérida-Badajoz". Este trabajo se inserta dentro de la serie que el autor está publicando bajo el título "Apuntes para la historia de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz". En esta obra se propone recuperar el santoral propio de la diócesis, presentar el calendario visigodo de Mérida y estudiar el proceso evolutivo del culto a los santos en la Baja Extremadura.

En este trabajo aparecen también algunos textos de los antiguos rituales mozárabe y romano, así como de algunos breviarios pacenses del siglo XVI. También se recogen algunas publicaciones anteriores del santoral propio de la diócesis, dentro del siglo XIX.

Para cerrar esta obra, se incluyen algunas imágenes de los santos estudiados.

 

Mirada a nuestro tiempo

El Jubileo es para todos

En esta cultura global, del mismo modo que en los paises cristianos conocemos y apreciamos a Buda y a Mahoma, es muy difícil que haya muchos seres humanos de otras zonas del mundo que no hayan oído hablar de Jesús de Nazaret. Parece evidente que después de veinte siglos no es simplemente su noticia lo que tenemos que llevar, ya que ésta suele ser conocida, gracias, sobre todo, a las posibilidades de los nuevos medios de comunicación.

Lo que ahora nos toca es continuar la tarea bimilenaria de la Iglesia misionera y seguir mostrando que esa noticia es "buena" para quien la recibe; que conocer a Jesús cambia la vida y transforma en positivo todo lo que necesite ser mejorado y renovado en las personas y en las estructuras sociales. Tenemos que saber proclamar que lo bueno de Jesús es que trae desde el corazón de Dios todo lo que aspira y desea el corazón del hombre.

Saber decir eso parece que no es sólo cuestión de palabras, aunque estas sean una herramienta imprescindible, sino que además es necesario que toda la vida esté penetrada por el entusiasmo de haber sido redimidos por Cristo y convertidos por él en hombres y mujeres nuevos. El lenguaje del testimonio será el nuevo modo de hablar, si queremos que la humanidad comprenda lo que Jesús vino a hacer por ella. Sólo si actuamos así esta gran fiesta cristiana lo será también para el resto de todos los seres humanos.

Amadeo Rodríguez Magro

 

Página litúrgica

Celebramos el II Domingo de Adviento

Palabra de Dios

Libro del profeta Isaías 40, 1-5, 9-11

Consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.

Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor;allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.

Se revelará la gloria del Señor y la verán todos los hombres juntos ­que ha hablado la gloria del Señor­.

Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: "Aquí está vuestro Dios. Mirad: el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda.Mirad, viene con Él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazo los corderos y hace recostar a las madres".

Carta 2ª del apóstol san Pedro 3, 8-14

Queridos hermanos: No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida!

Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparezcan los cielos consumidos por el fuego y se derretirán los elementos.

Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia.

Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos , procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables.

Evangelio según san Marcos 1, 1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Está escrito en el profeta Isaías: yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.

Una voz grita en el desierto: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos.

Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

­Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo.

Lecturas bíblicas para los días de la semana

Lecturas bíblicas para los días de la semana

6, lunes: Is 35, 1-10; Lc 5, 17-26.
7, martes: Is 40, 1-11; Mt 18, 12-14.
8, miércoles: Gn 3, 9-15. 20; Ef 1, 3-6. 11-12; Lc 1, 26-38.
9, jueves: Is 41, 13-20; Mt 11, 11-15.
10, viernes: Is 48, 17-19; Mt 11, 16-19.
11, sábado: Sir 48,1-4, 9-11; Mt 17, 10-13.
12, domingo: Is 61, 1-2a. 10-11; 1Ts 5, 16-24; Jn 1, 6-8, 19-28.

 

Comentario Litúrgico

Detrás de mí

Si el pasado domingo la liturgia nos proponía la espera como una dimensión esencial de la vida cristiana, la lectura evangélica de hoy presenta a Juan Bautista con un discurso que se sintetiza en la frase que me ha servido de título. Si, lo importante de Juan el Bautista es su condición de signo premonitorio de la llegada de Cristo, esa es su grandeza y limitación.

Si la vida cristiana se puede condensar en una espera de Cristo, la misión de Juan el Bautista nos advierte que tenemos que estar con los ojos muy abiertos para detectar la presencia de los signos que nos orientan hacia el encuentro con el Señor que llega.

Es signo del Adviento toda persona, todo acontecimiento que nos despierta del sopor de la cotidianidad y nos orienta hacia las realidades de la fe, en definitiva, hacia el Señor.

Será una buena tarea adviental que, en esta semana, vayamos descubriendo cuales son esos signo de Adviento en nuestra vida concreta y, por el contrario, cuales son las realidades que tienen buena apariencia pero que no pueden decir como el Bautista: "Detrás de mí viene el que puede más que yo".

En la misma lectura evangélica podemos encontrar pistas para esta búsqueda: nos sirve el símbolo que propuso el Bautista para presentarse: "una voz" y añade el lugar donde resuena: "en el desierto".

La "voz" nos remite a la constatación de que todo lo que nos rodea trae un mensaje y que tarea nuestra es aprender a juzgar a donde nos quieren conducir la algarabía de voces que nos rodea.

En nuestro "desierto" personal, que es nuestra capacidad de reflexión y la asistencia del Espíritu, podremos discernir cuál es Su voz..

Antonio Luis Martínez

Santoral

9 de diciembre: Beato Quauhtitlán (1474-1548)

Cuando los Mexicanos desean lo mejor para sus hijos les dicen: "Que Dios te haga tan bueno como al indio Juan Diego".

Este hombre se llamaba 'Águila parlante', que en su lengua se dice 'Quauhtitlán', pero cambió su vida y su nombre, convirtiéndose en uno de los signos más universales de México.

Supo que Santa María deseaba un santuario en Tepeyac y lo comunicó al obispo, quien, para no variar, le pidió pruebas. María lo hizo subir al monte para encontrar rosas blancas en enero, a pesar del crudísimo frío. Cuando Juan Diego mostró las rosas que llevaba ocultas en su manta, con ellas apareció la imagen bendita de la mujer de la Apocalipsis: vestida del sol, calzada por la luna y a punto de dar a luz (Ap. 12).

Curiosamente, como si del apellido se tratara, Juan Diego llamó a la Virgen "María de Guadalupe", porque para su alma sencilla, María no podía llamarse de otra manera, no en balde los misioneros extremeños sembraron el nuevo mundo de amor guadalupano.

Tres bellezas: María, como en un Magnificat americano, elige a los humildes para ensalzarlos, por otra parte, resulta gozoso que el chal de un indio sea el objeto más venerado de América, y -tercera hermosura- el "Águila parlante " es un laico sencillo que oró intensamente y sirvió a los pobres. Bien podría echar una mano hoy a los indios de Chiapas, tan oprimidos económicamente como liberados desde el Evangelio Indio. Amén, Amén.

 

Manuel Amezcua

Los santos de la semana

6, lunes: Nicolás, Pedro Pascual, José Nguyén.
7, martes: Ambrosio, SAbino, Urbano, Carlos Garnier.
8, miércoles: Inmaculada Concepción. Macario, Eucario.
9, jueves: Abel, Leocadia, Pedro Fourier, Cipriano, Quauhtitlán.
10, viernes: Eulalia de Mérida. Ntra. Sra. de Loreto, Mauro, Juan R.
11, sábado: Dámaso, Ponciano, Sabino, Victor, Daniel.
12, domingo: Alejandro, Israel, Juana Francisca de Chantal.

 

Contraportada

Prisión, horno y sepulcro

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Quedaron en la larga memoria de los siglos los rotundos hechos de aquella jovencita de sonoro nombre, que traspasa los límites del saber expresarse. La-que-habló-bien, Eulalia, testimonió su fe con toda gallardía, con la fuerza cumplida de quien nos requiriera: "haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría, a la que no no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro" (Lc. 21, 14).

No fue preciso un excesivo discurrir del tiempo para que su memoria rozara los linderos de lo épico, gracias a esa palabra rediviva en el halo poético de los sonoros versos de Prudencio. Prosaicamente otros, aquejados de ese incurable afecto a la verdad desnuda, nos empeñamos en seguir la historia del suceso, buscando los perfiles razonados del espacio y el tiempo. Mas no siempre es posible y "un algo" nos trasciende y nos lleva al terreno cordial que acepta certidumbres, prendidos y prendados de tres de los lugares eulalienses, cual les sucedería a quienes con regia autoridad, presto para acabar el siglo XV, visitaran la martirial basílica de Mérida o iglesia parroquial de Santa Eulalia.

Prisión, horno y sepulcro

Se enfatizaba entonces y se reconocía como lugar de la prisión de nuestra Mártir la que ya nominaran "cueva de San Martín", justo bajo el lugar del recio canto de aquellos caballeros santiaguistas, monjes, que no soldados, en tiempo de bonanza (el coro se ubicaba en aquellos momentos en el tramo tercero de la nave central). La soledad buscada por un hombre de bien, que se llamó Martín, según quisiera el vulgo, hizo surgir altar y pequeño lucillo en ese breve espacio dividido, donde se impuso soledad un día a la joven doncella. Perdimos la memoria en los pasados siglos inmediatos y ahora se recupera el lugar venerable, por obra y gracia de la arqueología, en la entraña del templo descubierta.

Vigencia permanente lograban alcanzar, desde aquellos momentos bajomedievales, las que, en 1494, sólo eran "señales de paredes de horno derruido, en que dice la lectura del martirio de Santa Olalla que fue allí quemada". Y luego, como ahora, delante de la puerta más antigua del templo, sería grata plegaria a la santa doncella la itinerante presencia de los muchos devotos que acudían de toda la comarca a la que fuera la más "honrada y muy antigua iglesia" para tan amplio entorno. Pasaron tan sólo cuatro años y ya lo derruido es edificio nuevo de piedra de mampuesto, con un arco labrado en cantería, "fecha de bóveda una capilla y un altar en ella y en él la imagen de Señora Santa Olalla de madera pintada".

La devoción crecía; también lo construido, cerrado en la envoltura de otros más generosos muros que hacían posible, en los años primeros del siglo XVII, cubrir el comedido espacio con su media naranja alzada de linterna. Ahora se dice "humilladero" por los que lo describen; pero para nosotros seguirá siendo amablemente "hornito", por más que exteriorice planta cuadrangular de adintelado pórtico (por cierto, que en él quedó humillada la soberbia grandeza del pagano templo dedicado al Dios Marte).

Tras la prisión y el horno, "las cenizas", aventadas acaso por el tiempo, demandarían también solícitos cuidados, cuando las circunstancias providentes quisieron aflorarlas en la nunca perdida "memoria" de la Mártir. En el desnudo espacio del seno acogedor del ábside central de Santa Eulalia era significada esa "memoria" en el año indicado, 1494, cuando, tras el altar mayor, se nos descubre el atajo en que aparecería "un sepulcro deshecho en que dicen que estuvo el cuerpo de Santa Olalla". Pero la inexistencia del, para unos, consumido cuerpo por las llamas o, para otros, tiernamente cubierto por la copiosa nieve, no fue óbice para que todos recibieran gozosos el hallazgo.

De nuevo la "memoria" se abre a nuestra mirada

Largo sería explicar de qué modo y manera se fue significando enriquecidamente esa "memoria", propiciándole altura sucesiva sobre aquel incipiente "hueco de bóveda", cobertura de un sepulcro de mármol al que tapan también marmóreas losas que podían perderse, porque "de aquellas piedras del sepulcro llevan por devoción la gente". Así se nos advierte pocos años después, en 1511. Llegaron los retablos, en pareja, para la doble altura de ese espacio, hasta que, al fin, la cripta se volvía extenso pedestal donde el arte barroco dejara, en sus finales, un buen retablo de manos del entallador Juan Pablo López; pero, tal vez, ese retablo fuera una demasiado densa y excesiva cortina que negó a la mirada, durante algo más de dos centurias, percibir el silencio ensimismado del sepulcro.

Obras son todas ellas que desaparecieron del templo eulaliense: unas, por el paso inexorable del templo; otras, ya en nuestros días, por libre decisión de los hombres, en un gesto difícil que ahora debemos aceptar con el más agradecido reconocimiento. La presencia y vigencia de lo eulaliense parece agigantarse y renovarse, como si de un nuevo Fénix se tratara, cuando ante nuestros ojos se muestra la raíz originaria, cuando bajamos al hondón definitivo del subsuelo, cuando topamos casi con la misma desnudez del muro que acoge en su piadoso seno un hito principal de nuestra historia, valídisimo para el tercer milenio.

 

Francisco Tejada Vizuete