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Christus Rex Information Service


22 de Diciembre 1996


CHRISTUS REX INFORMATION SERVICE - Domingo 22 de Diciembre 1996 - Merída-Badajoz

Archidiócesis de Mérida-Badajoz
Carta del Arzobispo

La gente buena cuando Jesús nació

Retablo de personajes navideños

Visitó, no hace mucho, el famoso museo murciano de imaginería religiosa, obra del genial escultor del siglo XVIII Francisco Salcillo. Sobresale allí un prodigioso Belén, con cientos, quizá miles, de figuritas de exquisita artesanía: plantas, animales, personas, campos, plazas, calles y casitas. Críos por todas las esquinas, muchachitas y mozuelos, gentes adultas, corrillos de vecinos, viejecitos tomando el sol.
Un fabuloso retablo viviente, en el que apenas se aprecia que las figuras no se mueven. Uno mismo, sin notarlo, le pone voz a los vendedores ambulantes, murmullo a los riachuelos, gorgeos a los pájaros, gritos a los niños. Los labradores, pastores, albañiles y vendedores, las amas de casa y las lavanderas, están como suspensos en el tiempo, fijados por el artista en un silencio de adoración. Los árboles y las plantas, los animales y las personas irradian bondad y fraternidad, alegría y emoción religiosa. Lo de Salcillo es un Belén viviente, aunque no semoviente. Los castillos, las granjas, los caminos, los riachuelos apuntan al Portalico. Allí María y José; allí el Niño Dios. Detrás, absortos, la mula y el buey. Acampó entre nosotros. Belén, casa de pan y de paz.
¿Fue la navidad de Jesús como la plasmó Salcillo? ¿Eran los personajes rústicos de Belén como los labriegos murcianos del siglo XVIII? ¿Qué destila el misterio de la Navidad, tal como nos lo describen Lucas y Mateo en sus respectivos Evangelios de la infancia? Diríase que los trazos negativos son fuertes y oscuros: Jesús no encontró albergue en Belén y nace en un pesebre; los maestros de Israel no le echaron cuenta, Herodes lo persiguió a muerte; sus padres, con él, tuvieron que emigrar a Egipto. Fueron muy duros los prólogos de su asentamiento definitivo y, pensamos que apacible, en Nazaret. Sea cual sea la lectura del Evangelio de la infancia, se entrecruzan astillas de la cruz en la cuna del Niño Dios.
Con todo, lo que más se desprende de los evangelios y lo que ha prevalecido siempre en las celebraciones cristianas de este misterio, son los sentimientos de alegría, de esperanza y de paz. ³Os anuncio un gran gozo... os ha nacido un Salvador² (Lc. 2, 10­11). Esto dicen los ángeles a los pastores. Y los Magos, al redescubrir la estrella, ³sintieron un grandísimo gozo y, llegando a la casa vieron al niño con María, su madre, y, de hinojos, lo adoraron...² (Mt. 2,10 -11). Los mismos sentimientos se destilan de la pequeña galería de personajes navideños a los que paso a referirme.

El papel de San José

Nos saltamos a María, porque ella es la Navidad. También lo es, en su medida, San José, pero su protagonismo es discreto, aunque ocupa el primer puesto entre los que asumieron activamente la venida del Mesías. Ejerció de padre suyo, como esposo de María. Antes de conocer el misterio, quiso desaparecer de escena para no empañar la fama de la Virgen.
Fiado en Yahvé su Dios, siguió las indicaciones del ángel: la acogió en matrimonio, fue sombra protectora para ella y para el Niño, los sostuvo con su trabajo, ejerció de padre de familia.
¿Conocen ustedes alguna palabra de San José? Yo tampoco. No era ciertamente sordomudo. Pero, frente a tanto bocazas, he ahí a un hombre hecho y derecho, un israelita sin tacha, fiel a su Dios y a los suyos, intermediario eficacísimo en la venida de Cristo al mundo. Claro que ³como era justo² dice san Mateo, con palabra inspirada, pues ya estó dicho todo. José, canonizado por el santo Evangelio.

La figura de Zacarías

Sacerdote dignósimo del templo de Jerusalén, esposo de Isabel. ³Ambos eran justos en la presencia de Dios e irreprochables caminaban en los preceptos y observancias del Señor² (Lc. 1, 5-6). Un día, mientras oficia en el Sancta santorum, le habla el Angel del Señor: ³Tu mujer anciana y estéril te dará un hijo, al que llamarás Juan y será grande en la presencia del Señor, que viene a preparar al Señor un pueblo bien dispuesto² (Cf. ibid. 8-17).
Lo demás, ya lo conocemos. Zacarías duda y pregunta.
Queda mudo por su falta de confianza en el anuncio. Pero tanto él como su esposa siguen fieles al Señor y preparan la venida del Bautista. Cuando éste nace, su padre recobra el habla y lo presenta a todos en estos términos: ³Te llamarás profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos...² (Ibid. v.76) Zacarías presenta una estampa de hombre justo, de adorador del Padre, de esposo fiel, de padre generoso. De servidor del culto y de la palabra. De creyente ejemplar en la espera ardiente del Mesías. Nos hizo quedar bien a los clérigos como miembro del estamento eclesiístico.

Su esposa Isabel

De ella, estó dicha la mitad con lo hablado sobre su marido.
Mujer orante y estéril. Por eso le diría el ángel a Zacarías que Dios había escuchado la oración de la pareja. Ella lo reconoció agradecida: "Al Señor le plugo quitar mi oprobio delante de los hombres" (v.25). Vamos calando así en la interioridad religiosa de Isabel, que se nos manifestará a raudales en la escena de la Visitación.
"Así que oyó Isabel -dice San Lucas- el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno e Isabel se llenó del Espíritu Santo y clamó a voz en grito: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí que la madre de mis Señor venga a visitarme?" (vv.42-44).
Ella compartió con María los secretos de Dios.
Completó, en elogio de su prima, las palabras del Angel.
Fué visitada por el Espíritu. Experimentó la grandeza soberana de aquellos acontecimientos y se sintió pobre ante ellos. Canonizada también por el Evangelio, Isabel esposa y madre, orante humilde, abierta a la comunicación espiritual.
Como tantas mujeres asombrosas, que todos conocemos.

Los pastores de Belén

Estaban de guardia, junto al ganado, en las colinas de Belén, quizá de tertulia nocturna, quizá tumbados ya sobre el petate. En todo caso, cumpliendo su deber y bien avenidos entre sé. Gente creyente y sencilla, con religiosidad popular, sin mucha teología. Oyeron con júbilo el anuncio del ángel sobre el nacimiento del Mesías, acudieron presurosos a Belén a rendir su homenaje al Salvador y contaron luego a cada hijo de vecino lo que habían visto y vivido. "Y cuantos los oían se maravillaban, dice el Evangelio, de lo que les decían los pastores" (Lc. 2,18). Humildes, creyentes y testigos. ¿Hay quién dá más?

El anciano Simeén

"Hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel y el Espíritu de Dios estaba en él" (Ibid. v.25) Venía desde tiempo esperando al niño en el templo de Jerusalén y sabía, por una luz especial de Dios, que no moriría sin verlo. Lleno del Espíritu Santo tomó al Niño en sus brazos y prorrumpió en un cántico: "Ya puedo morir en paz porque mis ojos han visto al Salvador".
Llamó a Jesús luz de las gentes y signo de contradicción, dos títulos mesi&oaacute;nicos de Jesucristo para siempre. Le anunció también a María su compasiín redentora. Santo, místico, profeta, Simeón. Inigualable acogedor de Jesús en la Tierra.

Ana, la profetisa

Otro ejemplar fuera de serie. Sesenta años de viudez, durante los cuales "no se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones, noche y día". Estaba allí cuando llegó Jesús y "hablaba de él a cuantos esperaban el consuelo de Israel" (v. 38). Un caso, sin duda, excepcional. Mujer orante y penitente, purificada hasta la transparencia. Ojos limpios y abiertos, como los de Simeén, para descubrir al Mesías de Dios.
Lengua movida por el Espíritu para anunciar el misterio de Cristo a cuantos esperaban su advenimiento redentor. Santa patrona de tantas beatas, de las que a veces hacemos irrisión y que son morada de Dios y buen olor de Cristo.

Los magos de Oriente

Personajes de historia, con hado de leyenda. Por eso los han fijado en tres, los han elevado a Reyes, han situado sus tierras de origen en Media, en Cadiz o en Etiopía. Su mensaje es hermoso, donde los haya. Gente con inquietud intelectual y espiritual. Muy al estilo del Oriente y de la época, escudriñan los cielos. Si nunca hubieran mirado hacia arriba, jamás habrían descubierto la estrella inquietante.
Lo que más no fué el verla, sino seguirla, soportar la prueba de su desaparición temporal y buscar datos más ciertos entre los doctores de Jerusalén. Volcar luego su corazón y sus tesoros a los pies del Niño y de María. Eso, tan bello, es la corteza del acontecimiento, porque el meollo, la ventana del misterio, es la Epifanía, que celebra el 6 de enero toda la cristiandad. Los magos son, más que los autores, los agraciados con una manifestación singular de Cristo a los gentiles. Ellos fueron los adelantados de todos los venidos a la fe desde fuera del judaísmo. Abrieron paso al nuevo Pueblo de Dios, de toda raza, pueblo y naciín. A nosotros.

+Antonio Montero Moreno
Arzobispo de Mérida-Badajoz


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Como los mismos ángeles

Los que nos dedicamos a la prosa en el oficio de contar historias ­que no es otra cosa el periodismo­, queremos echar mano de las palabras que mejor expresan el misterio, la de los poetas, y anunciarles así a ustedes la más importante de las noticias del año y de los siglos: el Nacimiento de Jesús.
Recurrimos en estas fechas a los poetas con puntualidad del aguinaldo; ellos siguen con sus villancicos la tradición inaugurada por ángeles en la concepción virginal de Jesús y en la primera Nochebuena, en los sueños elocuentes de JoséŠy en tantos soliloquios.
Los ángeles son precisamente esos sutiles personajes que se le han escapado de la lista a nuestro Arzobispo en su carta de esta semana, donde describe algunas de las figuras del primer Belén y, traviesos, han jugado un poco al escondite en las páginas de nuestra revista. Al fin y al cabo son espíritus puros. Con ellos queremos hacer coro en una vieja canción nunca acabada :³Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombresŠ» ¿Se suman ustedes ?
Los solistas son Francisco Cañamero, Pedro Belloso y Juan María Robles Febrí, Suenan como los ángeles.

Felices fiestas del Nacimiento del Señor.

¡Ay!, colorín colorado

¡Ay!, colorín colorado,
yo sé que no ha terminado
la historia de Dios, yo sé
que esta noche vuelve el pie
del Niño a colchón prestado.

¡Ay!, colorín colorado,
decidme cuándo ha de ser.
‹¿Llegaráis pronto? José
tí traerás sueño atrasado
y Ella, al hablar, pondrá a nado
del cielo el vagón del tren.

‹No iráis a ningún hotel
que yo estaró levantado
y os espero; esperaró
hasta las doce y después
que no quede en el tejado
teja sana entre los pies
de los ángeles, saldró
de prisa a dar el recado
de Dios al hombre y diró
cantando que es un bebé
de cuna el recién llegado.

¿Y después, después? Después.
¡Ay!, colorín colorado
pondrá tres sillas al lado
de Dios dormido y por Él
le daremos un bocado
al amor enamorado,
desayunando los tres.

Francisco Cañamero


Ventolera de amor

De amor una ventolera
nos trae a Dios. Hasta el viento
canturrea, a su manera,
el divino aniñamiento.

A Dios aniñado mece
de humilde pastor el canto.
El trino del ave crece
y le calma el primer llanto.

Y los dedos de María,
con el arpa de la luna,
le añaden su melodía
al Dios que bajó a la cuna.

Nunca se ha dormido Dios,
pero ahora está dormido.
José y María, los dos,
certifican que así ha sido.

Los ángeles en la rama
de una encina han preparado
un vegetal pentagrama
con estrellas adornado.

Siete notas, siete estrellas,
poniendo están de relieve
parto virginal. Qué bellas
canciones sobre la nieve.

El agua del río ríe
con creciente caminata,
y de gozo se deslíe
en larga y dulce sonata.

Porque hecho Niño se halla
el Señor en pobre nido,
por toda la tierra estalla
cantar ininterrumpido.

Juan María Robles Febrí


Sonetillo para contar el camino hacia Belén

La Virgen y el embarazo
por el camino seguro.
El seno es como un abrazo
del pasado y del futuro.

El sendero a cada trazo
es más largo y más oscuro.
El presente va del brazo
de José, silencio puro.

La noche arropa a María
preñada de amanecer,
pórtico de un nuevo día.

Dios a punto de nacer
con la sola compañía
de un hombre y de una mujer/

Pedro Belloso


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Apunte litúrgico

La acogida

La liturgia de las tres primeras semanas de Adviento ha intentado despertar en nosotros la actitud de esperar a Cristo, el que ha de venir al final de la Historia y por ello está constantemente llegando del futuro y convirtiendo la vida cristiana en una permanente peregrinación hacia el encuentro con El.
El último domingo de Adviento, aunque no olvida ese talante, nos recuerda la necesidad de dar una buena acogida al Cristo que, en cada Navidad, llama a nuestra puerta.
En la primera lectura y en el evangelio encontramos dos posturas distintas a la hora de acoger al Mesías.
El rey David está decidido a dar acogida al Señor y para ello lo mejor que se le ocurre es proyectar hacerle un templo. No es difícil, trasponer este comportamiento a lo que haremos estos días prenavideños.
Desde luego, no queremos quedarnos indiferentes ante el Misterio que vamos a celebrar y de ahí la tarea bonita que hemos inventado para estos días: ser más cariñosos con todos, reunirnos toda la familia, hacer un belén para los pequeños de la casa, incluso echar una mano en la parroquia para que salgan lo mejor posible las celebraciones. Quizá con todo esto nos quedará la satisfacción interior de preparar la Navidad.
En la lectura evangélica encontramos otra cosa: el comportamiento de María nos orienta no tanto a preparar la Navidad, como a prepararnos a nosotros mismos para que Dios pueda realizar su Navidad en nosotros. Para ella la voz del ángel Gabriel fue como las campanas que anuncian la Navidad. Su respuesta -«hágase en mi según tu palabra»- debe ser para nosotros un programa a tener en cuenta para estos días.

Antonio Luis Martínez
Delegado diocesano de Liturgia


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