Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail: iglenca@jet.es

Edición electrónica: http://www.christusrex.org./www1/camino/camino.html

Número 462. 1 de diciembre de 2002

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

 


Portada

Los obispos condenan a ETA y afirman que la opción nacionalista no puede ser absoluta

Instrucción Pastoral "Valoración moral del terrorismo en España,
de sus causas y de sus consecuencias"

Muchos son los asuntos que se han tratado en la LXXIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal española, celebrada la semana pasada, pero sin ningún lugar a dudas, por lo que será recordada esta reunión de los obispos españoles es por la Instrucción Pastoral "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias".

Los obispos hacen un análisis sereno y profundo del terrorismo de ETA y sus causas. El documento califican el terrorismo como una realidad intrínsecamente perversa, nunca justificable, que debe ser calificada como una "estructura de pecado", un juicio moral aplicable tanto a la organización terrorista como a sus colaboradores en los distintos niveles.

Entre las causas del terrorismo se señalan la ideología marxista revolucionaria, el nacionalismo totalitario y la voluntad impositiva de independencia. El documento no enjuicia el nacionalismo en general, pero condena el nacionalismo totalitario e idolátrico y recuerdan, a partir de la Doctrina Social de la Iglesia, que no cualquier pretensión de independencia es moral. Los obispos señalan que la Constitución del 78 es el marco ineludible de convivencia.

En el documento se insiste en la necesidad ineludible de acompañar y atender, de modo especial, a las víctimas del terrorismo, haciendo propia además la preocupación de los que viven en un estado constante de amenaza o de presión.

La Iglesia invita a ofrecer y recibir el perdón, consciente de que no hay paz sin justicia y justicia sin perdón.

 


Editorial

Reparto de cargas en la familia

Nos sumamos con gusto a la ola de simpatía y de apoyo a la familia que parece brotar por todas partes. Sobre ella se piensa volcar también el primero de los objetivos pastorales del recién aprobado Programa trienal de nuestra diócesis. Pero lo hacemos cargando el acento sobre un elemento que consideramos primordial para sacarla adelante y hacerla florecer: el reparto de tareas entre los miembros en activo de la misma.

No lo están, de antemano, los bebés y los ancianos impedidos, pero todos los demás, con la elasticidad que imponen el cariño mutuo y el sentido común, han de tener asignadas las propias funciones en la pequeña colmena. Antes estaban muy diferenciados los quehaceres domésticos de varones y féminas; ahora se intercambian más fácilmente los roles, aunque nunca del todo. Es muy educativo que el mayor o los mayores de los niños presten ayuda al o a los más pequeños, y que sirvan de báculo, llegado el caso, a los abuelos más desvalidos. Éstos se van convirtiendo en una ayuda de oro, para llevar y traer a los menores del colegio, para ayudarles, cuando saben, en los deberes, y para completar la educación, en especial la religiosa, de sus padres.

En cuanto a la pareja matrimonial en edad de procreación y de educación más directa de los pequeños, o en el duro periodo de su adolescencia, tienen que ingeniárselas, no sin fuertes sacrificios, para hacerse la vida más grata el uno del otro, conjugando horarios de trabajo, de casa y hasta de sueño, al par que consiguen mantener una relación personal y directa con cada hijo desde la infancia a la adultez. Pero oiga, una de las maneras de tratarlos es realizar en comandita las faenas del hogar . ¡Ah, a barrer, a fregar, a hacer las camas, a sacar el perro o llevar la basura! Batería de trabajadores. ­Pero, si somos tres en total. ­Pues, con mayor razón. ¡Ah, y de vez en cuando, Consejo formal de familia! ¿No les parece demasiado? ­Tal vez sí.

 


Carta del Arzobispo

El voto de los obispos

 

En puntos como el terrorismo y el nacionalismo han estado en estos meses, y con transfondo de años, tan enrarecidas la opinión pública española y la de la misma comunidad católica, que llegó a circular con naturalidad, y como si nada, esta esperpéntica pregunta: Pero, ¿cuándo van a decidirse los obispos a condenar, de una vez por todas y sin el menor rodeo, el terrorismo infame de la ETA? A los interpelados, la pregunta nos sonaba algo así como interrogarle al sol que cuándo va a empezar a lucir sobre la tierra o a ésta cuándo va a iniciar el giro sobre sí misma. Se trata de algo tan obvio, que ponerlo en duda ofende a la inteligencia de una de las partes o de las dos a la vez.

Sin tirar piedras contra nadie y para esclarecer el panorama, se hizo público hace un año, un impresionante volumen de 857 páginas, compilado por el profesor Serrano Oceja y editado por la BAC, con prólogo del Cardenal Rouco y Epílogo del Arzobispo Sebastián, que recoge escrupulosamente treinta años de intervenciones episcopales, de Euskadi y de España entera, en las que se condena, con tanta firmeza como dolor y compasión por las víctimas, todos los asesinatos de la banda terrorista.

Un semestre trepidante

El curso de los acontecimientos de los dos primeros años del siglo XXI, ambos con algunos sesgos de "horribilis" en la crónica eclesiástica de nuestro país, ha ido tensionándose in crescendo, sobre todo a partir de la Carta de los Obispos vascos, de 29-V-2002. Su tremenda repercusión en Euskadi, en España y en la misma Roma; el eco posterior en la Conferencia Episcopal, que dio pie a dos pronunciamientos de su Comité Ejecutivo, y los ecos de este eco en la sociedad y en las Iglesias locales españolas, han mantenido en vilo e incomodidad, y en expectativa de un pronunciamiento más colegial y solemne de la Conferencia Episcopal en Asamblea plenaria, sobre tan candentes y electrizados argumentos.

Para amenizar la programación, se han producido en su momento otros acontecimientos tangenciales, de carácter civil y político, pero con repercusión muy sonada en la Iglesia y en sus jerarcas. Se trata del Pacto antiterrorista de los partidos democráticos (8-XII-2000) y de la negativa razonada de la Iglesia a suscribirlo, medida primero criticada y condenada por las esferas políticas y mediáticas y posteriormente comprendida y asumida en esos mismos escenarios. Algo parecido vino a ocurrir por la Ley de Partidos, que entró en tramitación parlamentaria el 27-VI-2002 y que, recibida con reservas en la Carta de los Obispos vascos, vino a ser uno de los puntos más rechazados de la misma, incluso entre las filas de la propia Iglesia.

Todo ese enjambre de acontecimientos y de pronunciamientos fue comprimiendo el vapor de la caldera en el seno mismo de la sociedad española, lo mismo en las esferas públicas que en el planeta mediático, llegando hasta las sobremesas familiares de todas las provincias españolas. Reinaba por doquier un confusionismo acusatorio contra las instancias jerárquicas de la Iglesia en España, focalizado en la Conferencia Episcopal. De unos para pedirle cuentas, y de otros para pedirle luz. Todo esto vivía su clímax a comienzos del verano que, paradójicamente, vino a enfriar el vapor de la olla, ya que las vacaciones, tantas veces decisivas en la marcha de la historia, desplazaron el paquete hasta el otoño.

¡Que se pronuncien los obispos!

La Permanente episcopal, en su sesión de fin de curso, hizo el anuncio formal de que la Conferencia ponía en marcha una seria reflexión sobre este panorama, con miras a elaborar y publicar en su día un documento global sobre el terrorismo en España, con sus raíces y sus implicaciones. No sé si hicimos bien al anunciarlo, porque eso acreditaba, por un lado, que no estábamos ni sordos ni paralíticos; en tanto que, por otro, crecían las expectativas y las adivinanzas, junto a las apuestas interesadas, ideologizadas y politizadas, que nos situaban absurdamente en un pugilato de vencedores y vencidos.

Debajo de este fenómeno, tan guiñolesco en tantas ocasiones, latía una realidad preocupante que estaban detectando o comentando los espíritus más perspicaces. A saber: un cierto distanciamiento entre la comunidad cristiana en general y sus pastores, quienes, en evitación de otros males y por instancias de comunión, hemos arropado quizá con la prudencia un silencio cuestionable.

Ahora ya, a los hechos me atengo. Llegamos puntuales al Aula en la mañana del día 18-XI, para escuchar el discurso del Presidente e iniciar las sesiones. El Cardenal Rouco, en el mismo tono llano que tanto le va, hizo detenida referencia a los dos grandes aniversarios del 2002, el vigésimo de la primera visita del Papa y el décimo del Catecismo universal; extendiéndose luego brevemente a los otros tres viajes del Papa: en 1984 (Zaragoza),1989 (Santiago),1993 (Sevilla y Huelva), para comunicarles finalmente que el Santo Padre vendrá a España en la primavera del 2003. En lo demás, tanto el discurso como el trabajo de las sesiones tocaron tres temas pastorales: El Programa trienal de la Conferencia, el "Mensaje al Pueblo gitano", y asuntos de Bioética; y el resto, cuestiones de trámite. Del terrorismo y el nacionalismo, ni palabra en la sesión inaugural. No era de sabios crear espectativas ni frustraciones antes de escucharnos todos a todos.

Nacionalismo terrorista

Luego, en sesión estatutariamente reservada y en dos jornadas y media, más de un centenar de intervenciones para el tema mayor de la Asamblea: "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias". No rompo la reserva de los debates, si digo que a la riqueza, viveza y espíritu constructivo de las sesiones se han unido una voluntad sostenida de comunión, en todo lo tocante al magisterio y a la doctrina moral de la Iglesia sobre el terrorismo, sobre el nacionalismo totalitario y, complementariamente, sobre el separatismo independentista.

Estoy seguro que, de haber eludido el último apartado, se hubiera cosechado, muy probablemente, un consenso general. Entiendo, no obstante, que si la Asamblea hubiera hurtado el bulto a este problema, tan actual y relevante, no habría sido pastoralmente responsable. De lo dicho cabe inferir que se ha hilado muy fino en las aplicaciones de la doctrina de la Iglesia y que las responsabilidades combinadas de la conciencia personal y de la responsabilidad pastoral de cada obispo han conducido a estos resultados, que en cualquier colectivo importante, civil e incluso eclesiástico, suponen una amplísima plataforma de comunión.

¿Por qué no se empieza hablando de los 63 votos favorables, para tratar seguidamente, y con idéntico respeto, de los ocho negativos y las cinco abstenciones? Teniendo en cuenta que, en estricta democracia, aún más en la comunión eclesial, y más, si cabe, en el espíritu colegial del Episcopado, lo aprobado con mayoría canónica lo es así para todos los votantes, sea cualquiera el sentido del propio sufragio. En el caso de las Conferencias episcopales, salvo excepciones bastante raras, en las que se suma la autoridad pontificia, los acuerdos no se imponen en sentido riguroso, ni tan siquiera en quienes votaron a favor. Pero eso no priva de autoridad y de peso moral a lo acordado canónicamente. El buen sentido, la comunión eclesial y el talante espiritual de cada uno ensamblan muy bien con la libertad de conciencia y con la sabiduría pastoral.

Para cerrar, sólo una cosa: este documento se defiende por sí mismo. Léanlo, si lo tienen a bien, y, por favor, díganle a otros que no lo sentencien sin conocerlo. Se trata de unas reglas de juego universales.

+ Antonio Montero Moreno
Arzobispo de Mérida-Badajoz

 


Centrales

Instrucción Pastoral "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias"

El terrorismo no puede ser utilizado para defender ninguna causa

La LXXIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española pasará a la historia por la elaboración del documento "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias". Se trata de una instrucción pastoral de cinco puntos, además de una introducción y un apartado de conclusiones en la que los obispos españoles abordan el fenómeno del terrorismo abiertamente. "Presentamos -se dice- una valoración moral del terrorismo de ETA que va más allá de la condena de los actos terroristas, tratando de descubrir sus causas profundas... analizamos el terrorismo de ETA a la luz de la Revelación y de la Doctrina de la Iglesia".

En la introducción se justifica la elaboración de esta instrucción pastoral: "Cuando la dignidad de la persona queda ultrajada porque se atenta contra su vida, contra su libertad o contra su capacidad para conocer la verdad, los cristianos no pueden callar".

A lo largo de todo el documento se condena con rotundidad el terrorismo de ETA, definida en el punto cuarto como "una asociación terrorista, de ideología marxista revolucionaria, inserta en el ámbito político-cultural de un determinado nacionalismo totalitario que persigue la independencia del País Vasco por todos los medios".

I. El terrorismo, una forma específica de violencia armada

En el primer apartado del documento se define al terrorismo. "Entendemos por terrorismo el propósito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes, mediante el uso sistemático del terror con una intención ideológica totalitaria. Al hablar de terror nos referimos a la violencia criminal indiscriminada que procura un efecto mucho mayor que el mal directamente causado, mediante una amenaza dirigida a toda la sociedad. Las acciones terroristas no se refieren sólo a un acto o a algunas acciones aisladas, sino a toda una compleja estrategia puesta al servicio de un fin ideológico".

Los obispos dejan clara la diferencia entre terrorismo y guerra o guerrilla y se hace una distinción también entre terrorismo y simple violencia organizada: "el terrorismo nunca podrá ser considerado como una forma de legítima defensa, precisamente porque no es una respuesta proporcionada, sino el ejercicio indiscriminado de la violencia contra toda clase de personas. Es, por principio, una amenaza para todos, pues todos son, de hecho, considerados como "culpables", y podrían ser sacrificados en aras de objetivos políticos "superiores". De ahí que no se pueda aceptar de ningún modo la equiparación del terrorismo a la acción de guerra. Tal equiparación no corresponde a la realidad y no es justa".

Entre las causas del terrorismo etarra, los obispos señalan la ideología marxista revolucionaria, el nacionalismo totalitario y la voluntad impositiva de independencia. "Dentro de la ideología marxista-revolucionaria, a la que se adscriben muchos terrorismos, entre ellos el de ETA - se dice al final del primer punto del documento- es normal querer justificar sus acciones violentas como la respuesta necesaria a una supuesta violencia estructural anterior a la suya, ejercida por el Estado. A su juicio, la violencia de Estado sería la violencia originaria, verdadera culpable de la situación conflictiva, en la medida en que es anterior a todas las demás y puede ser ejercida con más medios. Hay que denunciar sin ambages esta concepción inicua, contraria a la moral cristiana, que pretende equiparar la violencia terrorista con el ejercicio legítimo del poder coactivo que la autoridad ejerce en el desempeño de sus funciones. A la vez se debe manifestar también la inmoralidad de un posible uso de la fuerza por parte del Estado, al margen de la ley moral y sin las garantías legales exigidas por los derechos de las personas".

II. El objeto del juicio moral: terror criminal ideológico

En su segundo apartado, el más breve junto al cuarto, el documento llama la atención sobre la manipulación del lenguaje que llevan a cabo los terroristas, lo que "dificulta en gran medida el análisis sereno de la realidad del terrorismo y el reconocimiento del objeto moral en cuestión".

III. Juicio moral sobre el terrorismo

Un elemento fundamental de la actividad terrorista es "tratar de eludir el juicio moral de sus acciones justificándolas ideológicamente". Para los obispos, esto se hace a través de lo que denominan transferencia de la culpa, que consiste en culpabilizar a quienes se oponen al terrorismo de ser los causantes de la violencia que los terroristas mismos ejercen".

El terrorismo es "intrínsecamente perverso, nunca justificable" se dice en un apartado de este punto. En él se da un paso más, al extender la calificación negativa del terrorismo a todos aquellos que lo apoyan. "La calificación moral del terrorismo, absolutamente negativa, se extiende, en la debida proporción, a las acciones u omisiones de todos aquellos que, sin intervenir directamente en la comisión de atentados los hacen posibles, como quienes forman parte de los comandos informativos o de su organización, encubren a los terroristas o colaboran con ellos; quienes justifican teóricamente sus acciones o verbalmente las aprueban". En ese nivel se sitúa también al "terrorismo de baja intensidad" o "kale borroka", a la vez que se hace una condena explícita de quienes, sin apoyarlas directamente, se benefician de las acciones terroristas, se muestran neutrales ante ellas o las silencian.

En un segundo apartado de este punto se recuerda que el terrorismo es una estructura de pecado, que no busca sólo la comisión de actos intrínsecamente malos, sino un sistema estable de terror.

El punto tercero finaliza profundizando en la forma de actuar del terrorismo. Bajo el epígrafe "La extensión del mal: odio y miedo sistemáticos", se afirma que el terrorismo "busca dos efectos directos y negativos en la sociedad: el miedo y el odio... el miedo debilita a las personas... favorece el silencio... un cristiano no puede callar ante las manipulaciones manifiestas. La cesión permanente ante la mentira comporta la deformación progresiva de las conciencias". Por su parte el odio sirve para alimentar una espiral de violencia que facilite los propósitos del terrorismo.

Por ello los obispos hacen un llamamiento a no reaccionar con odio ante los ataques terroristas pues eso significa "aceptar sus tesis del conflicto irremediable".

Otra de las consecuencias del odio y del miedo es "la "politización" perversa de la vida social, es decir, la consideración de la vida social únicamente en función de intereses de poder". Esta consecuencia perniciosa conduce, según el documento, a olvidar el dolor de las víctimas y su drama humano. "Atender a las personas golpeadas por la violencia -se añade- es un ejercicio de justicia y caridad social y un camino necesario para la paz".

IV. A ETA hay que enjuiciarla moralmente como terrorismo

Los obispos apoyan este epígrafe, que preside el cuarto punto del documento, recordando que "ETA manifiesta una hiriente crueldad en toda su actividad. En la memoria de todos están los casos de secuestros y de asesinatos a sangre fría y a plazo marcado, así como agresiones y crímenes contra personas de toda índole y condición. No se trata de "errores de cálculo" ni de casos que se les hayan "ido de las manos". Tampoco podemos admitir que la diversificación de las víctimas suponga que algunas de ellas fueran "justos objetivos militares", mientras que otras serían tan sólo efectos colaterales indeseados". Más adelante se dice que la crueldad de ETA "sirve siempre a la estrategia terrorista que hemos descrito y calificado más arriba: la implantación del terror al servicio de una ideología en toda la sociedad y la creación de una espiral de muerte, de odio y de miedo reactivo y adormecedor de las conciencias".

V. El nacionalismo totalitario, matriz del terrorismo de ETA

El punto quinto de la Instrucción pastoral ha sido el peor acogido por los partidos nacionalistas, si bien de entrada los obispos señalan que el documento no pretende ofrecer un juicio de valor sobre el nacionalismo en general.

En este apartado, los obispos realizan un lúcido análisis de determinados supuestos políticos en los que se apoyan muchas justificaciones de la banda terrorista ETA para asesinar, distorsionar, secuestrar y llevar a cabo todo tipo de actuaciones condenables a la luz de la doctrina cristiana.

Lo primero que los prelados cuestionan es el derecho a la soberanía política. "Cuando determinadas naciones o realidades nacionales -dicen- se hallan legítimamente vinculadas por lazos históricos, familiares, religiosos, culturales y políticos a otras naciones dentro de un mismo Estado no puede decirse que dichas naciones gocen necesariamente de un derecho a la soberanía política". La idea queda remarcada en los siguientes párrafos: "Las naciones, aisladamente consideradas, no gozan de un derecho absoluto a decidir sobre su propio destino. Esta concepción significaría, en el caso de las personas, un individualismo insolidario... La Doctrina Social de la Iglesia reconoce un derecho real y originario de autodeterminación política en el caso de una colonización o de una invasión injusta, pero no en el de una secesión... En consecuencia, no es moral cualquier modo de propugnar la independencia de cualquier grupo y la creación de un nuevo Estado... Cuando la voluntad de independencia se convierte en principio absoluto de la acción política y es impuesta a toda costa y por cualquier medio, es equiparable a una idolatría de la propia nación que pervierte gravemente el orden moral y la vida social".

Sobre el nacionalismo, los obispos dejan meridianamente claro, en tres párrafos, qué cosas son legítimas y cuáles no desde el Magisterio de la Iglesia. "La opción nacionalista, sin embargo, como cualquier opción política, no puede ser absoluta. Para ser legítima debe mantenerse en los límites de la moral y de la justicia, y debe evitar un doble peligro: el primero, considerarse a sí misma como la única forma coherente de proponer el amor a la nación; el segundo, defender los propios valores nacionales excluyendo y menospreciando los de otras realidades nacionales o estatales".

Se recuerda que los nacionalismos, al igual que las demás opciones políticas han de estar ordenados al bien común de todos los ciudadanos y que "Cuando las condiciones señaladas no se respetan, el nacionalismo degenera en una ideología y un proyecto político excluyente, incapaz de reconocer y proteger los derechos de los ciudadanos, tentado de las aspiraciones totalitarias que afectan a cualquier opción política que absolutiza sus propios objetivos".

Asomándose a parcelas próximas a la Teoría Política o el Derecho del Estado, el documento sentencia: "La pretensión de que a toda nación, por el hecho de serlo, le corresponda el derecho de constituirse en Estado, ignorando las múltiples relaciones históricamente establecidas entre los pueblos y sometiendo los derechos de las personas a proyectos nacionales o estatales impuestos de una u otra manera por la fuerza, dan lugar a un nacionalismo totalitario, que es incompatible con la doctrina católica". Al mismo tiempo se niega que sea moralmente aceptable negar la soberanía de España: "España es el fruto de uno de estos complejos procesos históricos. Poner en peligro la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de España, sin valorar las graves consecuencias que esta negación podría acarrear no sería prudente ni moralmente aceptable".

Los obispos reconocen que la Constitución es "el marco jurídico ineludible de referencia para la convivencia".

Conclusión: La esperanza no defrauda

En las conclusiones se habla de diálogo, pero no con ETA, "que no puede ser considerada un interlocutor político de un Estado legítimo", sino al diálogo y colaboración entre las diferentes instituciones sociales y políticas para eliminar la amenaza terrorista.

Los obispos ofrecen la colaboración de la Iglesia de España a la tarea de pacificación "llevando a cabo las acciones específicas de su acción pastoral" e invitan a los cristianos a encontrar fuerzas en la Eucaristía, señalando que entre las primeras obligaciones de los cristianos está el "acompañamiento y atención pastoral de las víctimas del terrorismo".

El documento termina recordando que "no hay paz sin justicia ni justicia sin perdón... el perdón que puede alcanzar la paz verdadera es un don de Dios, por eso se ha de pedir en oración".

Documento íntegro en la web de la Conferencia Episcopal Española: http://www.conferenciaepiscopal.es

 


Información diocesana

Se pone en marcha un plan para dinamizar las comunidades rurales

Es una iniciativa lanzada desde la Conferencia Episcopal Española

La Conferencia Episcopal Española, mediante el Movimiento Rural Cristiano de Acción Católica (MRCAC), ha puesto en marcha un proceso que tiene como objetivo dinamizar la vida parroquial de las comunidades pequeñas en clave misionera.

Con este fin se reunieron el pasado sábado en la Casa de Oración de Gévora, sacerdotes y laicos de casi una veintena de comunidades rurales de la diócesis de Mérida-Badajoz.

En total fueron 15 personas las que participaron en esta primera toma de contacto para iniciar el trabajo en común sobre este tema. Entre ellas, se contaba con la presencia de don Julio Calvo, Consiliario nacional del MRCAC; don Enrique Tabueña, Presidente nacional del Movimiento Juvenil del MRCAC; don Francisco Maya, Vicario Episcopal de Pastoral y don Juan Manuel Medina, Consiliario diocesano de este movimiento.

En el Encuentro, se hizo un primer análisis crítico de la situación actual y se emplazó a los asistentes a realizar un "análisis de la realidad" de sus respectivas localidades y, en linea con el próximo Plan Pastoral Diocesano, un análisis de la situación de la familia. Los datos recogidos en ambos trabajos serán presentados en la próxima reunión, que tendrá lugar en marzo de 2003.

 

A este acto asistió el arzobispo de Mérida-Badajoz y el presidente de la Junta de Extremadura

Inaugurado el retablo mayor de Medida de las Torres tras su restauración

El pasado día 20 de noviembre era inaugurado el retablo mayor de la parroquia de Santa María del Camino, en Medina de las Torres, tras casi cuatro años de restauración. El coste total de este trabajo, llevado a cabo por el restaurador Isaac Navarrete en Jerez de la Frontera, ha ascendido a 115.000 euros.

A este acto asistió el arzobispo, don Antonio Montero, el presidente de la Junta de Extremadura, don Juan Carlos Rodríguez, el consejero de Cultura, don Francisco Muñoz, el presidente de la Diputación de Badajoz, don Juan María Vázquez, y de la Caja de Ahorros de Badajoz, don José Manuel Sánchez Rojas.

Obra del s. XVI

Según don Francisco Tejada Vizuete, Director del Secretariado Diocesano de Patrimonio, el retablo es una obra de mediados del siglo XVI, formado por más de 20 tablas. La pintura es atribuida a Estacio de Bruselas, pintor coetáneo de Luis de Morales, y afincado en Llerena. Los elementos escultóricos, por su parte, han sido atribuidos al entablador Martín de Holanda, colaborador de Estacio de Bruselas, también afincado en Llerena. En el desarrollo de la iconografía pictórica, no obstante la autoría principal de Estacio de Bruselas, se observan varios autores, resultando de mejor realización las tablas de los cuerpos inferiores, en las que destacan escenas influidas por el renacimiento italiano, como son la "Adoración de los pastores" o "La Circuncisión" entre otras.

Esta obra se encontraba en muy mal estado, sobre todo por las sucesivas intervenciones humanas a lo largo de los siglos, así como el inevitable daño causado por la suciedad, el humo, la humedad... En la restauración se ha recompuesto el perímetro original del armazón y se han conservado todos los elementos originales, rescatado los dorados, incluyendo la compra de madera de roble de más de doscientos años para recomponer los elementos ornamentales de columnas y capiteles.

 

Analizaron, entre otros aspectos, su relación con los obispos

La Confederación de Religiosos de Extremadura celebra su Asamblea regional

El pasado fin de semana, se ha celebrado en la Casa de Oración de Villagonzalo la XI Asamblea de la Confederación de Religiosos (CONFER) de Extremadura. En total, han participado 35 religiosos y religiosas de las distintas comunidades extremeñas.

El sábado, tras la acogida y la oración, el franciscano Guillermo Cerrato, Guardián del Monasterio de Guadalupe, fue el encargado de introducir el tema de trabajo, con una ponencia titulada "Castidad religiosa y madurez humana por el Reino de Dios".

En esta Asamblea, además, se trató la figura del "delegado permanente". Teniendo en cuenta la realidad de la región, la CONFER quiere potenciar esta figura, como representante de los Superiores Mayores, para que asuman responsabilidades en la vida de la CONFER regional.

También se aprovechó este Encuentro para preparar el tema y la dinámica de las Jornadas de Vida Religiosa en Extremadura, que se celebrarán los días 29 y 30 de marzo de 2003.

Por último, fue presentada la memoria y el balance económico del curso anterior. Así mismo, se analizó el estado de las relaciones entre los religiosos y los obispos extremeños y la situación de los religiosos jóvenes.

 

Celebrado un nuevo Cursillo de Cristiandad

El pasado fin de semana, en la Casa de Oración de Villagonzalo, se ha celebrado el Cursillo de Cristiandad número 217 de la diócesis de Mérida-Badajoz. Asistieron a él 14 nuevos cursillistas, junto a los 7 miembros del equipo de responsables.

A lo largo de los dos días y medio de duración del mismo, todos los asistentes participaron en las diferentes actividades programadas, en un clima de colaboración y oración.

A la clausura, celebrada en la parroquia de Villagonzalo, asistieron más de 100 cursillistas, desplazados desde distintas poblaciones, para transmitir a los nuevos cursillistas su propia experiencia.

 

Villancicos para los más desfavorecidos

El coro parroquial de Santa Eulalia, de Badajoz, presenta este domingo un disco con 26 villancicos titulado "Preparando la Navidad". En él recogen villancicos populares tanto extremeños como otros, así como algunos himnos propios del tiempo de Adviento.

Esta iniciativa surge como un compromiso con los más desfavorecidos, ya que los beneficios de la venta del disco, van destinados a la construcción de un albergue de acogida en la misión Dandanda, (Zimbawue) y un parque infantil en el poblado Ekobenam, ciudad de Bata (Guinea Ecuatorial).

 


Al paso de Dios

Acción Católica

No sólo es posible sino que es seguro que muchos cristianos no sepan qué es la Acción Católica. Aunque en los últimos años se nota en esta asociación que "algo nuevo está pasando en ella" y ha entrado en un proceso de renovación, aún le queda mucho para tener en la Iglesia española el papel que le corresponde en esta situación social y eclesial y en estos tiempos. Lo que está claro es que está en ello, que busca implicar a hombres y mujeres en la vida de nuestras comunidades parroquiales, para alentar así su dinamismo misionero con la tarea evangelizadora de cada uno en los ambientes en los que se desenvuelve su vida cotidiana.

En cualquier caso, a los miembros de la Acción Católica no les importa ser más o menos conocidos, ni el número es su preocupación; lo que sí pretenden es que su presencia y acción sea significativa, que transforme y renueve la realidad desde los valores del Evangelio, de los que ellos quieren ser testigos. Los que pertenecen a esta asociación para el apostolado saben que lo suyo es ser fermento, sal y luz en el mundo. Por eso les importa más que ninguna otra cosa la calidad

Lo que sí se puede asegurar es que la Acción Católica está muy viva en la búsqueda de una nueva identidad, entendida ésta como un modo de ser, estar, actuar y vivir personal y comunitario de la fe. Y esto lo hace en todos los niveles y sectores: adultos, jóvenes, niños, y en los ambientes obreros, rurales, de los estudiantes, de la salud...

Amadeo Rodríguez Magro
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)


Liturgia del domingo

Celebramos el I Domingo del Tiempo de Adviento

Palabra de Dios

 

Libro del profeta Isaías 63, 16-17; 64,1. 3-8

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es "nuestro redentor". Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te temamos?

Vuélvete por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases,

derritiendo los montes con tu presencia!

Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti,

que hiciera tanto por el que espera en él.

Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas y seremos salvos.

Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.

Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.

Y, sin embargo, Señor, tu eres nuestro padre. Nosotros, la arcilla, y tú, el alfarero: somos todos obra de tu mano.

No te excedas en la ira, Señor,no recuerdes siempre nuestra culpa: mira que somos tu pueblo.

 

Salmo 79

R. Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha,

tú que te sientas sobre querubines, resplandece.

Despierta tu poder y ven a salvarnos.

 

Carta 1ª de S. Pablo a los Corintios 1, 3-9

Hermanos: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por Él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo.

De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el tribunal de Jesucristo Señor nuestro.

Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y Él es fiel!

 

Evangelio según san Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ­Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!

 

Lecturas bíblicas para los días de la semana

2, lunes: Is 2, 1-5; Mt 8, 5-11.
3, martes: Is 11, 1-10; Lc 10, 21-24.
4, miércoles: Is 25, 6-10a; Mt 15, 29-37.
5, jueves:Is 26, 1-6; Mt 7, 21. 24-27.
6, viernes: Is 29, 17-24; Mt 9, 27-31.
7, sábado: Is 30, 19-21. 23-26; Mt 9, 35-10, 1. 6-8.
8, domingo: Gn 3, 9-15. 20; 2P 3, 8-14; Lc 1, 26-38.

 

Comentario litúrgico

"Oh Dios, restáuranos"

Los cristianos estamos de estreno este domingo, porque comenzamos un nuevo año litúrgico. Y verdaderamente es un año nuevo porque no se trata de repetir los ciclos litúrgicos, uno tras otros, como hemos hecho ya muchas veces en nuestra vida, sino de comenzar la aventura inédita de sentirnos cobijados por la Iglesia y llevados por la fuerza renovadora de los distintos misterios de Cristo que, a lo largo del año, nos ofrecen la oportunidad de crecer como cristianos.

Este primer estadio del año litúrgico, el Adviento, precisamente nos invita ante todo a dejarnos llevar por unas lecturas bíblicas y unas oraciones litúrgicas que continuamente nos irán recordando que ser cristiano es, ante todo, no anclarse ni en el pasado ni en el presente sino lanzar nuestra mirada a metas aún por venir de nuestro crecimiento espiritual que sólo tendrá final y reposo en la otra vida.

Mientras llegamos a esa meta necesitamos el Adviento en el que la liturgia no se cansa de poner en nuestros labios súplicas esperanzadas como la del salmo responsorial de hoy y que podemos meditarla esta semana: "Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve".

La celebración eucarística de estas cuatro semanas, con la Palabra y el Pan de la eucaristía, hará posible que nos abramos a la esperanza y que el letargo al que nos invita el mundo que nos rodea sea alejado de nosotros por la gracia salvadora que se nos ofrece. Como dice san Pablo "Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tenga de qué acusaros en el día de Jesucristo. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo nuestro Señor. !Y él es fiel!".

Antonio Luis Martínez

 

Santoral

4 de diciembre: Beato Francisco Gálvez (+ 1623)

En 1548 el obispo Juan de Alburquerque bautiza a los primeros japoneses que ayudarán, después, a Francisco Javier. En 1593 llegan los franciscanos a Japón y son masacrados tres años después en la colina santa de Nagasaki. En 1612 otra terrible persecución, que dura 10 años, extermina a los sacerdotes católicos y deja a la Iglesia en manos de unos laicos que la mantendrán viva hasta el siglo XIX .

Había nacido en Utiel, Valencia, y estudia en el colegio fundado por san Juan de Ribera para los Alcantarinos. En 1601 parte de Sevilla a México y de allí a Filipinas. Pasa a Japón y traduce el catecismo al japonés, junto a tres volúmenes de vidas de santos. Es expulsado pero consigue regresar, disfrazado de esclavo, como polizón en un barco . Tras reorganizar las comunidades es quemado vivo el 4 de diciembre de 1623.

La epopeya misional española no tiene entre nosotros la popularidad que merece su heroísmo. La muerte del olvido planea sobre numerosos campeones de la fe. Ahora se nos quiere convencer de que la grandeza hispánica ha sido, por católica, una sucesión de errores. Semejante simplismo no puede oscurecer el regalo de Dios que son siempre los mártires.

Me gusta Francisco Gálvez por no haber descuidado la pedagogía del heroísmo. Catecismo y santoral, incluso en japonés, son dos buenos instrumentos de evangelización. ¿Entendido? Pues eso, caramba, pues eso ¡ya está bien de complejos!

Manuel Amezcua

Los santos de la semana

2, lunes: Cromacio, Eusebio, Marcelo, Hipólito, Paulina, Máximo.
3, martes: Francisco Javier, Agrícola, Claudio, Lucio, Casiano.
4, miércoles: Juan Damasceno, Bárbara, Bernardo, Félix, Pedro C.
5, jueves: Anastasio, Dalmacio, Grato, Mauro, Juan el Taumaturgo.
6, viernes: Nicolás de Bari, Dionisia, Leoncia, Tercio, Pedro Pascual.
7, sábado: Ambrosio, Martín, Policarpo, Teodoro, Urbano, Serbo.
8, domingo: Inmaculada Concepción. Macario, Nemesio, Zenón.

 


Contraportada

Adviento: vigilantes y exultantes al encuentro de Cristo que viene

Reflexiones de José Manuel Puente Mateo en torno al Adviento

El sacerdote don José Manuel Puente Mateo, licenciado en Teología Litúrgica y párroco de Valdelacalzada nos acerca en la última de esta semana, algunas reflexiones sobre el tiempo litúrgico que este domingo, 1 de diciembre, da comienzo: el Adviento. Este es un tiempo de preparación para la Navidad y, además, con él da comienzo un nuevo año litúrgico. En su artículo, Puente Mateo, analiza alguno de los aspectos propios del Adviento, mostrándolo como "Historia de Salvación" y también como tiempo de oración y espera ante el Señor que viene. Con un recorrido por los salmos que se recitan en este Tiempo, por las antífonas del misal o por las invocaciones del aleluya, se va descubriendo el "carácter progresivo, escalonado y pedagógico de este tiempo".

Ha llegado el tiempo de Adviento, se inaugura el año litúrgico, se oyen las voces proféticas de Isaías y de Juan el bautista, se siente el silencio orante de la Virgen gestante, se cantan los salmos mesiánicos al son de instrumentos: "que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna".

Bienvenido seas Adviento de Dios, que vienes a librar al pobre que clama, al afligido que no tiene protector (Sal 71). He ahí la dimensión socio-política del adviento litúrgico.

Encontrarse con Dios

Adviento es historia de salvación, la esperanza hecha sacramento, la alegría contenida en la carne que se reviste de Palabra eterna.

La primera antífona que cantaremos en este nuevo tiempo nos la sirve en bandeja el salmo 24: "a Ti Señor levanto mi alma, Dios mio en ti confío". Es la experiencia de todo hombre que se eleva de una larga postración, despierta a la esperanza y pone su confianza en Dios que no defrauda. Hermoso es vivir el espíritu de Adviento a través de los salmos. Adviento es el "ya" del encuentro deseado y anhelado de Adán con Dios su amigo; es el ya de un regocijo incontenible; el ya de un pueblo peregrino que llega finalmente a su meta: "ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén"; Adviento es experiencia personal de paz: "por mis hermanos y compañeros voy a decir: la paz contigo" (Sal 121). Ahí tenemos la vertiente antropológica del Adviento.

Un santo obispo del siglo V, Cirilo de Jerusalén, se hizo famoso por sus brillantes catequesis al pueblo de Dios. Muy bien sabía este santo pastor de su oficio de liturgo y catequista, dos funciones irrenunciables no sólo para el ministerio episcopal, sino para el buen funcionamiento de la comunidad cristiana. Pues bien, san Cirilo nos presenta no una sola, sino dos venidas del Señor: "Casi todas las cosas son dobles en nuestro Señor Jesucristo: doble es su nacimiento: uno, de Dios, desde toda la eternidad; otro de la Virgen, en la plenitud de los tiempos; doble también su descenso: el primero silencioso, como la lluvia sobre el vellón; el otro manifiesto, todavía futuro; en la primera venida fue envuelto con fajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura".

El adviento de la liturgia romana combina armoniosamente estas dos luces: desde la que brilla en Belén a la que deslumbrara de gloria en la nueva Jerusalén. Entre dos luces camina el pueblo de Dios, entre una primera alumbrada en el seno virginal de la Madre, y una segunda -con palabras de Cirilo- "más maravillosa aun que la primera". Gustamos del sabor escatológico del Adviento.

Otro modo de recorrer sapiencialmente el Adviento es acudiendo a las antífonas del misal, bien recitándose si no se cantan, bien como pórtico a las moniciones de entrada y de comunión.

También a los versículos del Aleluya antes del evangelio, o a las antífonas mayores, que empiezan con la exclamación "Oh", y terminan con la aclamación litánica del "ven pronto Señor, ven salvador". En ellas se condensa toda una gama de colores y sabores de la expectación y la vigilancia, un sencillo arco iris de alegría en la espera. Es el clima festivo del Adviento.

Tiempo de oración y silencio

Estos días son igualmente propicios para rezar con el pueblo las Horas litúrgicas de la mañana y de la tarde, propiciando los silencios, cuidando el espacio orante, la suavidad de la música, la visión de los iconos de la Madre de Dios o de Juan el precursor. Muy conveniente sería dedicar una vigilia nocturna en la cuarta semana de Adviento para esperar, a la luz de los cirios, a Aquel que dice "estoy a a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos" (ant. común. 23 dic).

Y no olvidar tampoco la ultima misa del tiempo de Adviento, en la mañana del 24 de diciembre, en la que el leccionario nos propone el Benedictus, el cántico profético de Zacarías. Es el aspecto mesiánico del Adviento.

No "precipitarse"

Por último, atender al carácter progresivo, escalonado y pedagógico de este tiempo (bellamente significado en la corona de Adviento), y no "adelantarnos" precipitadamente al espíritu navideño, como hacen los medios de comunicación con su propaganda consumista, mediante el canto anticipado de villancicos, los belenes completos, el árbol de navidad iluminado.

La segunda parte del Adviento (del 17 al 24 de diciembre) es en efecto anuncio, y a veces con matices fuertes, de la navidad ya próxima, pero también es preparación, y en liturgia la pedagogía de los signos es siempre transmisora de la verdad que se cree y se celebra. Por eso se omite el Gloria, se deja incompleto el pesebre (en algunas regiones se mantiene todavía el ayuno pre-natalicio) y aparecen ciertos elementos austeros, cuya finalidad no es otra que la de prepararnos al asombroso y salvífico evento de la Natividad del Señor. Es el aspecto simbólico-sacramental del Adviento.

José Manuel Puente Mateo


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