Semanario
"Iglesia en camino"

Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

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Número 277.29 de noviembre de 1998

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

Portada

Comienza el año dedicado a Dios Padre

Es también el año de la Caridad
y del Sacramento del Perdón

Con este domingo comienza un nuevo año litúrgico y el Plan pastoral Diocesano encomienda a nuestra revista abrirlo, como preparación al Jubileo del 2000, con un número monográfico dedicado a presentar a los fieles los grandes motivos que van a ser la referencia constante de la acción pastoral durante los próximos doce meses.

El Papa Juan Pablo II nos pide que este tercer año preparatorio del Jubileo sea dedicado a Dios Padre. "Toda la vida cristiana señala en la Tertio millennio adveniente es una gran peregrinación hacia la casa del Padre, del cual se descubre cada día su amor incondicionado por toda criatura humana y en particular por el hijo pródigo".

En este sentido arranca el empeño, en este año de la misericordia de Dios, de revitalizar la celebración del Sacramento de la Penitencia, del Perdón, y a tener una atención especial a la caridad, don de Dios que nos identifica con Él, que es Amor, viéndolo presente y sirviéndolo sobre todo en en los pobres, los enfermos y los desvalidos.

En las páginas de este número de nuestra revista encontrará el lector contenidos que le ayudarán a a vivir este año preparatorio del 2000 en las claves apuntadas.

Como decía monseñor Elías Yanes el pasado lunes, en la apertura de la Plenaria de Conferencia Episcopal, "hemos de proclamar la verdad sobre la misericordia de Dios Padre que nos ama a todos, que ama a cada ser humano en Jesucristo su Hijo, que nos ama antes que hayamos sido engendrados en el seno materno, que nos precede con su amor misericordioso y está dispuesto siempre a perdonarnos."

Carta del Arzobispo

Padre suyo y nuestro

Suyo?, pues, de quién va a ser si no? De su Hijo Unigénito, hecho hombre en la entrañas de la Virgen María. Y nuestro? Pues, de quién no lo es? Este pronombre posesivo y en plural abarca a los miembros de todo el género humano. Desde que el mundo es mundo hasta que deje de serlo. Y cómo sabemos esto? Oigámoselo al evangelista Juan: "A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único que está en el seno del Padre nos lo ha dado a conocer." (Jn 1,16). En efecto, fue Jesús de Nazaret Hijo del Hombre e Hijo de Dios, quien nos abrió la caja de sorpresas de la divinidad. Nos fuimos enterando poco a poco de que El era más antiguo que Abraham y que había disfrutado de la caridad de Dios antes de que el mundo existiera; Jesús hizo siempre lo que al Padre le agradaba, el Uno estaba en el Otro y viceversa; nadie conoce al Padre sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre y a quien este se lo quiera revelar. Y vaya si nos lo reveló!. A la orilla del Jordán y del Monte Tabor resonó la voz poderosa del Padre sobre la cabeza de Jesús y en presencia de testigos: "Este es mi Hijo amado en el que tengo mis complacencias. Escuchadle". Entre Jesús y su Padre discurría un torrente de amor, que llevaba a Jesús Hombre a pasar noches y noches pernoctando en la oración.

Para sondear nosotros, con el máximo respeto, el grado inefable de su confianza en el Padre basta evocar la oración sacerdotal en la Última Cena, en el Huerto de Getsemaní y sobre la Cruz del Calvario: "Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu! ".

Una familia de tres

Por Cristo sabemos que, desde la eternidad, el Dios único de la fe de Israel tiene un Hijo, su Palabra eterna por el que fueron hechas todas las cosas. De esta Palabra -Vervo, Logos- nos dirá San Juan que existía desde el principio y la Palabra era Dios. Todo lo cual escandalizaba a los judíos y vino a provocar en definitiva su crucifixión sangrienta en el Calvario. Pero quedó claro para siempre que el Dios único de nuestra fe es familia, vive en familia. Ya que a lo dicho sobre la relación paterno filial de Yavé con Jesús pueden añadirse quilates de pareja hermosura, a propósito del tercero en discordia: El Espíritu Santo.

A qué abrumarnos ahora con demasiados textos? Este Espíritu, que había hablado antes por los profetas, depositó en las entrañas de María la semilla paterna del Vervo Encarnado; el que fue visto, en forma de paloma, en la cabeza de Jesús en la escena, casi idílica del Jordán, al tiempo que una voz de lo alto le hablaba como Hijo; el Espíritu estaba sobre Jesús cuando éste estrenó sus palabras mesiánicas en la sinagoga de Nazaret; y sería derramado luego por el Padre y por Jesús Resucitado sobre el coro de los Apóstoles, el día radiante de Pentecostés; y sigue derramando desde entonces sus dones y carismas sobre el pueblo de Dios peregrino. Fuimos bautizados en el nombre de los Tres y ungidos después con el carisma del Espíritu en la Confirmación. Desde entonces, el Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu, que reza con nosotros a Dios llamándole Padre: Abba!.

Los textos soberanos de Juan y de Pablo, los escritos sublimes de San Atanasio y San Agustín, las experiencias espirituales de los Padres del desierto y de los místicos alemanes del Medioevo; junto a las de los españoles Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, en el siglo XVI, y más tarde las de Teresa de Lisieux, Isabel de la Trinidad y Edith Stein, toda esa legión de testigos, buceadores del misterio de Dios, nos descubren como la Trinidad augusta es una escala accesible para los creyentes de este mundo, que sin agotar su misterio, quedan alumbrados por su esplendor.

A la vista está últimamente el ejemplo del teólogo Von Balthasar cuyas más altas exploraciones teológicas se han nutrido durante décadas de las experiencias espirituales de la señora Speir.

La Trinidad es un horno, un sol y un abismo, al que algunos se han asomado sin quemarse los ojos y sin morir en el intento. Han bebido, sobre todo, el Amor a Dios en los profundos veneros del Amor en Dios, el que se ejerce en su seno, el que define su esencia y el que da nombre al Inefable.

La Trinidad "de puertas afuera"

El Dios-Amor tenía que ser Dios-Trinidad, Familia, Comunidad. Si Dios no fuera Amor hacia adentro, no podría serlo hacia fuera. Por eso, le es aplicable al Misterio Trinitario lo que las letanías propias le atribuyen al Sagrado Corazón de Jesús: Homo ardiente de caridad. Hablando a nuestra manera sobre una estructura de ese Misterio Santo, empezaríamos con el Padre, como fuente y raíz, por lo cual se explica que, en el lenguaje religioso ordinario le llamemos Dios, sin más, al Padre Eterno, cosa que no solemos hacer con las otras dos Personas de la Trinidad. Las cuales, como divinidad creadora, salvadora y santificadora -Padre, Hijo y Espíritu Santo- existen también para nosotros, actúan en nosotros, les importamos nosotros.

Aún sin pensar en Cristo todavía se nos llena la boca de risas, la lengua de cantares, al sabernos criatura, imagen e Hijos del Único Dios, representado aquí en su primera Persona: Padre Nuestro que estás en el Cielo. De su Amor ha brotado el Cosmos fantástico, de Él el prodigio ecológico de todos los seres vivientes. De Él la primera pareja humana y todos sus descendientes posteriores; marcado por la chispa de infinitud que llevamos dentro. Con el asombro de pensar, el estremecimiento de amar, el tirón de la esperanza; y, por último, la sed insaciable de felicidad e inmortalidad.

Qué sería de todo esto si quedáramos huérfanos, si en medio de los espantos que esta vida terrena contrapone a los signos de la gloria del párrafo anterior, nos sintiéramos abocados, sin remedio ni esperanza, a los vicios, las frustraciones, los crímenes, las injusticias, la caravana doliente de la historia humana?

No somos huérfanos

Pero no; Dios es Padre porque crea, pero también porque protege y defiende, porque alimenta, porque sana, porque consuela, porque perdona. En los Libros Santos, el título que más le cuadra y que más refleja su actuación con nosotros es el de Padre misericordioso. Ningún padre, dice San Agustín es tan padre como Dios.

Acabo de decir que esto que antecede no incorpora todavía a Jesucristo en el proceso. Por lo cual quedaría manca mi exposición para quienes creen que Cristo es el icono más bello y exacto del amor de Dios a los hombres: "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3,16).

Dónde está aquí la novedad? Pues nada más y nada menos en que, a partir de la muerte y de la resurrección de Cristo con la que nos redimió e injertó en su cuerpo resucitado, somos ya para Él los "hijos en el Hijo". "Mirad, dice de nuevo San Juan, cuánto amor nos ha tenido Dios para que nos llamemos y seamos hijos de Dios" (1Jn 3,1).

El Año del Padre con el que la Iglesia se encamina, orante y penitente, hacia el Jubileo mundial del 2000, es el de su misericordia y su perdón. Él nos lo brinda a manos llenas. Por qué no abrirle con piedad filial, las nuestras tan vacías?.

+ Antonio Montero Moreno
Arzobispo de Mérida-Badajoz

 

Centrales

Hoy empieza el año litúrgico con la vista puesta
en Dios Padre y el Sacramento de la Reconciliación

El Papa invita a reflexionar sobre la primera persona
de la Santísima Trinidad

Este domingo, 29 de noviembre, se inicia el año nuevo litúrgico, es como el primero de enero en la Iglesia. Esto tiene su sentido, ya que arranca con el Adviento, la preparación al nacimiento de Jesús, posteriormente llegará la Navidad y entre tiempo ordinario y tiempo ordinario viviremos la Semana Santa, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Se trata de todo un ciclo completo en el que iremos recorriendo los misterios esenciales de nuestra fe.

Adviento es el anuncio apasionado de la esperanza que el Padre nos ofrece en su Hijo. Cristo es la esperanza salvífica del mundo y de los hombres. El cristiano si quiere dar razón de su esperanza debe despojarse de las falsas seguridades y revestirse de las armas de la luz. Se construye una tierra nueva cuando no se levanta la espada y cuando las armas se convierten en instrumentos de paz y vida.

Este año se celebra el "Año Santo Jacobeo" y es el tercer y último año preparatorio al Gran Jubileo del 2000. El primero, que se celebra cuando el 25 de julio, el día de Santiago, cae en domingo, nos invita a peregrinar a Santiago de Compostela para testimoniar nuestra fe cristiana; el segundo, es la última etapa de preparación para el Gran Jubileo, que se iniciará con la apertura de la Puerta Santa en la noche de Navidad de 1999.

El Santo Padre ha invitado a toda la Iglesia a reflexionar sobre la persona de Dios Padre, la primera persona de la Santísima Trinidad. Jesús, el Hijo peregrino, vino al mundo procedente de la casa del Padre y volvió allí. Durante el tiempo que anduvo entre nosotros físicamente quiso enseñarnos la figura del Padre, una tarea que no resultó nada fácil si tenemos en cuenta lo que nos dicen los evangelistas. "Uno de ellos - relata Juan en el capítulo 14 de su Evangelio- le dice: muéstranos al Padre y nos basta. Le responde Jesús: tanto tiempo que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí".

El año del Padre nuestro

Este año se podría considerar el año internacional de la oración del Padrenuestro, la plegaria por excelencia de la Iglesia. La más conocida y repetida por el pueblo y enseñada personalmente por el mismo Jesús. Es la oración que resume todo el Evangelio, la más perfecta de todas las oraciones. Las primeras comunidades recitaban tres veces al día el Padrenuestro. La Iglesia la recita tres veces al día en sus celebraciones litúrgicas cotidianas, a saber: en la Eucaristía y al concluir la oración de Laudes y vísperas. Durante el presente año, todos los fieles deben recitarla por lo menos una vez al día. Algunos bautizados quizá nunca la han rezado porque la desconocen; otros la aprendieron en su infancia y, luego, la olvidaron; no faltan quienes la rezan mecánicamente, masticando las palabras y sin espíritu, y hay otros que la recitan con fervor y devoción todos los días. Durante este año no pase ningún día sin rezar la oración del Padrenuestro con los mismos sentimientos con que la recitó Jesús.

Los ritos de los diversos tiempos litúrgicos y la cadencia de los domingos y las grandes fiestas nos ayudará a concretar en la vida personal y comunitaria el Sacramento de la Reconciliación. Así el tiempo cristiano, iluminado por la celebración, ayuda a situar cada acción eclesial y cada programación pastoral en ese concreto punto de encuentro entre Dios y el hombre, que hace que cada peldaño de nuestra pequeña historia se integre en la gran historia de Salvación.

Dios Padre en la Plegaria de la Misa

Con el primer domingo de Adviento comenzamos el tercer y último año de preparación para la celebración de la entrada en el tercer milenio de cristianismo. Ya es sabido que se dedicará de un modo especial a contemplar el misterio de Dios Padre

Con ánimo de cooperar a esta meditación comunitaria de toda la Iglesia sobre el misterio de Dios Padre, parece oportuno dedicar unas cuantas líneas a manifestar su cercanía en la celebración eucarística, concretamente en su corazón y centro que es la plegaria eucarística.

Desde los textos litúrgicos de las primeras comunidades cristianas se descubre en la Iglesia un deseo de seguir fielmente a Cristo en todas sus actitudes y, de un modo especial, en su constante referencia al Padre, del que se sabía proveniente y hacia el cual tendía todo su ser. Así, la norma más antigua manda que la oración litúrgica se dirija al Padre por medio del Hijo y bajo la acción del Espíritu Santo.

Acercarnos a la plegaria eucarística supone entrar en una dinámica sacramental en la que nos encontramos no sólo con una oración de la Iglesia sino con una "acción divina". De aquí viene que a la primera parte de tal plegaria se le llame Prae-f- actio, es decir, lo que está antes de la acción. En esa acción divina está presente la Santísima Trinidad, pero destaca la presencia del Padre que, como destacó la autoconciencia de Cristo, es el origen y la meta de todo lo existente. Pasamos al detalle siguiendo un orden temático.

Todo dirigido a Él

Comienza la plegaria con una acción de gracias por todos los beneficios de salvación que ha recibido la Iglesia y lo hace con palabras que presentan al Padre como destinatario de la mismas: ... es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. La fórmula verbal que se dirige al Padre será la constante a lo largo de la plegaria e, incluso, el canto escatológico del Santo tiene como destinatario el mismo Dios Padre.

El mismo relato de la cena -la consagración- no está dirigido a la asamblea, como algunos celebrantes suponen, sino toda su redacción es una narración que se presenta al Padre como recordándole lo que hizo su Hijo en la Ultima Cena.

Cuando llega el momento de explicitar la dimensión sacrificial u ofertorial de la eucaristía, los textos dicen claramente que la Iglesia se apropia del sacrificio de Cristo, representado sacramentalmente en el Pan y en el Cáliz eucarísticos, y lo ofrece precisamente al Padre. Con su característica sencillez nos lo dice la segunda plegaria: Así, pues, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos Padre, el pan de vida y el cáliz de salvación. En el Canon romano encontramos esta preciosa expresión: Que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo Más claro es este movimiento ascensional de la plegaria eucarística en las llamadas intercesiones en las que la Iglesia pide por los vivos y los por difuntos.

Como colofón de la plegaria eucarística nos encontramos con la doxología final. Expresa maravillosamente el movimiento trinitario de todo lo que se ha realizado anteriormente, pero, una vez más, aparece como meta final la persona del Padre. Recordemos el texto: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

Del Padre procede todo

Lo dicho en el párrafo anterior puede dar la impresión de que la Iglesia se siente muy segura a la hora de dirigirse al Padre como quien tiene mucho que dar. Pero la realidad es muy otra si nos fijamos en las otras partes de la plegaria eucarística en las que se resalta que todo viene del Padre. Así, antes de atreverse comenzar el relato de la consagración, toda asamblea celebrante se siente absolutamente pobre y se dirige al Padre pidiendo que envíe el Espíritu Santo como lo dice la segunda plegaria: te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

En el mismo momento de ofrecer el sacrificio eucarístico las plegarias eucarísticas expresan el convencimiento de que lo ofrecido ha sido previamente dado por el mismo Padre. Así lo expresa el venerable Canon romano: Te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado. La plegaria tercera completa esta expresión de reconocimiento del don del Padre diciendo: Reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad...

Todo es don del Padre e incluso que sea fructuoso el encuentro eucarístico con el Hijo como reza la segunda plegaria: Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo. Está claro que la Iglesia reconoce en la Eucaristía un don del Padre pues, en realidad, en el altar se nos entrega al Hijo a quien el Padre, por amor, entregó al mundo.

A lo largo de este año prejubilar se nos darán catequesis y conferencias sobre Dios Padre. No olvidemos que todo lo que oigamos será un anticipo o una sombra de la cercanía de su misterio que nos dispensa la celebración eucarística.

Antonio Luis Martínez
Director del Secretariado diocesano de Liturgia

El Sacramento de la penitencia

A las puertas del año 2000, nos disponemos a inaugurar el tercer y último año de preparación para el gran acontecimiento jubilar que quiere llevarnos a un "fortalecimiento de la fe y el testimonio" en esta "gran peregrinación hacia la casa del Padre" (TMA 49) que es toda la vida cristiana.

En este año el sentido del camino hacia el Padre deberá llevar a todos a emprender un camino de contínua conversión, que nos lleve a redescubrir y celebrar intensamente el sacramento de la penitencia en su significado más profundo (cf TMA 50).

El Jubileo es gozo y acción de gracias por el amor del Padre que nos da a su único Hijo en la encarnación; por el don de la Iglesia, que es Iglesia de Cristo; por los frutos de santidad que maduran incesantemente en el curso de la historia. Por eso se nos invita a ponernos, tanto las personas como las comunidades, en el camino de la penitencia y la reconciliación con Dios. En la preparación al Jubileo, la exhortación apostólica "Reconciliatio et penitentia" (RP) de Juan Pablo II debe ser uno de los principales textos de referencia.

Nuevo milenio en Gracia

La Iglesia no puede atravesar el umbral del nuevo milenio sin animar a sus hijos a purificarse, en el arrepentimiento, de errores, infidelidades, incoherencias y lentitudes" (Ib). (TMA 33).

Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del "corazón contrito", atraído y movido por la gracia a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero. Amor que llega al culmen cuando en la plenitud de los tiempos el Hijo de Dios, viniendo como el cordero de Dios que quita y carga sobre sí el pecado del mundo, aparece com el que tiene el poder de perdonar los pecados 9cf Mt. 9, 2-7; Lc. 5, 18-25; 7, 47-49; mc. 2, 3-12), y que ha venido no para condenar, sino para perdonar y salvar ( cf Jn. 3, 6s.; I Jn. 3, 5.8) (cf RP 29).

El poder de perdonar los pecados Jesús lo confiere mediante el Espíritu Santo a los Apóstoles: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados le quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn. 20,22; Mt. 18,18). De la revelación del valor de ese ministerio y del poder de perdonar los pecados, conferido por Cristo a los apostóles y sus sucesores, se ha desarrollado en la Iglesia la conciencia del signo del perdón, otorgado por medio del sacramento de la penitencia. Este da la certeza de que el mismo Señor instituyó y confió a la Iglesia un sacramento especial para el perdón de los pecados cometidos después del bautismo. Para un cristiano el sacramento de la penitencia es el camino ordinario para obtener el perdón y la remisión de sus pecados graves cometidos después del bautismo (cf RP 31).

La fórmula de absolución en uso en la Iglesia latina expone el elemento esencial de este sacramento: el Padre de la misericordia es la fuente de todo perdón. Realiza la reconciliación de los pecadores por la Pascua de su Hijo y el don de su Espíritu, a través de la oración y el ministerio de la Iglesia" (CCE 1448-1449).

Fórmulas de celebración

Siguiendo las indicaciones del Concilio vaticano II el Ordo Paenitentiae ha autorizado tres formulas de celebración de este sacramento que, salvando siempre los elementos esenciales, permiten adaptar la celebración del sacramento de la penitencia a determinadas circunstancias pastorales.

La primera forma -reconciliación de cada penitente- constituye el único modo normal y ordinario de la celebración sacramental, y no puede ni debe dejar de ser usada o descuidada.

La segunda -reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución individual- aunque con los actos preparatorios permite subrayar más los aspectos comunitarios del sacramento, se asemeja a la primera fórmula en el acto sacramental culminante, que es la confesión y absolución individual de los pecados. En cambio, la tercera -reconciliación de varios penitentes con confesión y absolución general- reviste un carácter de excepción y, por tanto, no queda a la libre elección, sino que está regulada por la disciplina fijada para el caso (cf RP 32 y ss.).

Referencia a la Virgen

La sección de la Tertio millennio adveniente dedicada al año de Dios Padre concluye, muy oportunamente, con una referencia a la Virgen, que nos servirá para finalizar estas reflexiones: "Su maternidad, iniciada en Nazaret, y vivida en plenitud en Jerusalén junto a la cruz, se sentirá en este año como afectuosa insistente invitación a todos los hijos de Dios, para que vuelvan a la casa del Padre escuchando su voz materna: "haced lo que Él os diga" (cf Jn.2,5)" (n.54).

Antonio Muñoz Aldana
Delegado diocesano para el Jubileo del año 2000

 

Oración del Papa para el tercer año
de preparación al Gran Jubileo del 2000

Bendito seas Señor, Padre que estás en el cielo,
porque en tu infinita misericordia
te has inclinado sobre la miseria del hombre
y nos has dado a Jesús, tu Hijo,
nacido de mujer, nuestro salvador y amigo,
hermano y redentor.

Gracias, padre bueno,
por el don del Año Jubilar;
haz que sea un tiempo favorable,
el año del gran retorno a la casa paterna,
donde Tú, lleno de amor,
esperas a tus hijos descarriados
para darles el abrazo del perdón
y sentarlos a tu mesa,
vestidos con el traje de fiesta.

A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre clemente, que en el Año Santo
se fortalezca nuestro amor a ti y al prójimo:
que los discípulos de Cristo
promuevan la justicia y la paz;
se anuncie a los pobres la Buena Nueva
y que la Madre Iglesia
haga sentir su amor de predilección
a los pequeños y marginados.

A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre justo, que el Gran Jubileo sea
una ocasión propicia
para que todos los católicos descubran el gozo
de vivir en la escucha de tu palabra,
abandonándose a tu voluntad;
que experimenten el valor de la comunión fraterna
partiendo juntos el pan
y alabándote con himnos y cánticos espirituales.

A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre rico en misericordia, que el Santo Jubileo sea
un tiempo de apertura, de diálogo y encuentro
con todos los que creen en Cristo
y con los miembros de otras religiones:
en tu inmenso amor, muestra generosamente
tu misericordia con todos.

A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
Padre omnipotente, haz que todos tus hijos sientan
que en su caminar hacia ti, meta última del hombre,
los acompaña bondadosa la Virgen María,
Icono del amor puro,
elegida por ti para ser Madre de Cristo y de la Iglesia.

A ti, Padre, nuestra alabanza por siempre!
A ti, Padre de la vida, alabanza y gratitud.

 

La misa por TVE es seguida todos los domingos
por más de medio millón de personas

El programa religioso por radio más seguido en España es la misa dominical. La transmitida de 9 a 10 por la cadena católica COPE tiene una audiencia de alrededor de 320.000 radioyentes, y la que difunde Radio Nacional de España entre las 8,15 y las 9 de la mañana, es seguida por unas 250.000 personas.

Estos dos niveles de audiencia se consideran muy buenos y se mantienen en niveles similares a los de los tres últimos años, según un estudio realizado por la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social.

Entre los programas radiales religiosos le sigue en importancia "La linterna de la Iglesia", trasmitido por la COPE los domingos de 22 a 23, con una audiencia de 175.000 personas, que según el citado estudio está creciendo en los últimos meses.

La cadena católica COPE tiene dos programas diarios, de domingo a viernes: el informativo "Los espejos" y el destinado a la tercera edad, "Los decanos", que se transmiten entre las 15 y las 16, la tardía sobremesa de los españoles, y es seguido por 145.000 oyentes.

No hay datos precisos sobre la audiencia que tienen otras emisoras de radio de la Iglesia, pero en el informe de la Comisión de Medios de Comunicación se estima que Radio Santa María, de Toledo, tiene unos 10.000 fieles oyentes, Radio Estel, de Barcelona, un promedio de 15.000 oyentes que en algunas ocasiones, por ejemplo Semana Santa, ascendieron a 60.000. Radio Luz, de Valencia, tendría también unos 15.000.

La única televisión de alcance nacional que transmite programas religiosos es la estatal TV2. La Misa dominical registró en junio pasado, fecha en que se llevó a cabo la última encuesta, una audiencia de 570.000 personas, equivalente a una cota del 21,4. Se trata de un público televidente fiel, pues cifras y porcentajes similares se alcanzaron en la transmisión de la Misa de Nochebuena, la pasada Navidad y la Bendición "Urbi et Orbi" del Papa el Domingo de Pascua.

ZENIT

 

Noticiario diocesano

El Seminario inicia su programa de convivencias
sobre Pastoral Vocacional

El Seminario metropolitano abrió el pasado fin de semana su programa de convivencias trimestrales , que tienen como finalidad la promoción de la Pastoral Vocacional.

En estas convivencias se pretende que los niños, con orientación de poder ingresar en el Seminario en los próximos años, puedan conocer la vida de los seminaristas conviviendo con ellos. Por esta razón las actividades organizadas han sido las mismas que realizan los propios seminaristas habitualmente: deporte, reunión por grupos, oración, juegos y eucaristía.

A la primera convivencia asistían 44 niños de toda la diócesis que cursan estudios desde quinto de primaria hasta tercero de E.S.O. Además han participado dos jóvenes que desean ingresar directamente en el Seminario Mayor.

Por cursos, del que más han asistido ha sido de sexto de primaria, con 21 niños, seguido de primero de E.S.O. con 11.

Por parroquias la de Ahillones es la que más ha aportado, con cinco niños, seguida de Ntra. Sra. de los Milagros de Mérida, Arroyo de San Serván y Villalba de los Barros con 4 cada una. Otro grupo de parroquias han enviado 3 niños: Talavera la Real, Llerena, Los Santos de Maimona, Usagre, Fregenal de la Sierra y La Garrovilla. La próxima convivencia tendrá lugar los días 12 y 13 de marzo.

Falleció el párroco emérito de Oliva de la Frontera,
don José Ramos, de 75 años

En escaso tiempo, volvemos a traer a las páginas de nuestra revista la noticia del fallecimiento de otro sacerdote de nuestra diócesis, esta vez se trata del párroco emérito de Oliva de la Frontera, don José Ramos Capilla, quien el pasado día 20 de noviembre, después de una larga enfermedad que le hizo jubilarse anticipadamente, moría en Higuera la Real, su pueblo natal a la edad de 75 años.

Don José realizó sus estudios sacerdotales en el Seminario de Badajoz y al concluirlos fue ordenado en 1962.

Su primer destino fue la parroquia de Oliva de la Frontera de la que fue nombrado coadjutor el 10 de agosto de ese mismo año, posteriormente, en 1969, fue puesto al frente de esta comunidad como párroco, tarea que desempeñó hasta que, en octubre de 1986, tuvo que renunciar a ella por motivo de su precaria salud.

En ese año se trasladó a su pueblo natal y desde allí atendió pastoralmente, como capellán, la Residencia para mayores que las Hermanitas de Ancianos Desamparados tienen en la localidad vecina de Fregenal de la Sierra.

Don José deja en sus feligreses y en cuantos le trataron el ejemplo del pastor solícito que ha sabido conjuntar en su vida la dedicación a los demás y la unión a Cristo en la Cruz, mediante el sufrimiento de una larga enfermedad, llevada con gran temple sacerdotal.

Misa exequial

Numerosos fieles de las mencionadas localidades y compañeros sacerdotes se dieron cita en su misa exequial que estuvo presidido por el vicario general, don Amadeo Rodríguez, en representación del Arzobispo don Antonio Montero, del que leyó una sentida carta y al que le fue imposible asistir, ya que se encontraba esas fechas en un encuentro de responsables del Comité Episcopal Europeo para los Medios de Comunicación.

Descanse en la paz de Cristo este sacerdote que le siguió en el ministerio y en la cruz del dolor.

La Adoración Nocturna celebró
una convivencia en Mérida

Con la asistencia de un nutrido grupo de adoradores y adoradoras de las distintas secciones de la Adoración Nocturna (A.N.E.) de la diócesis de Mérida-Badajoz se celebró en el colegio de las Madres Escolapias de Mérida una jornada de convivencia, en la que se analizó la situación actual de la A.N.E.

El encuentro dio comienzo con la celebración de la Palabra, que estuvo dirigida por el director espiritual diocesano, y una alocución de bienvenida a cargo del presidente, don Daniel Fernández Gómez, quien, a continuación, informó de las directrices dadas por el Consejo Nacional en las jornadas celebradas en Pozuelo de Alarcón entre los días trece y quince de este mes de noviembre.

El vocal de juveniles, don Rafael Carracedo Pérez, dio cuenta de la situación en la que se encuentra actualmente la rama juvenil en la diócesis y en el resto de España, según contactos mantenidos con los jóvenes en unas jornadas celebradas en Madrid, concretamente en El Escorial.

Proceso de beatificación

El vocal nacional don Manuel Morcillo Fernández explicó a los asistentes los procesos de beatificación de los hermanos adoradores Luis de Trellez Noguerol, fundador de la Adoración Nocturna en España, y Alberto Capellán Zuazo, ambas en un avanzado estado de tramitación.

Por último, el director espiritual de la Adoración Nocturna diocesana, don Miguel Ponce Cuéllar, disertó sobre la Eucaristía y realzó el sentido de adoración que debe presidir todas las vigilias sin restarle solemnidad.

Se cerró la convivencia con una mesa redonda y con una Eucaristía, en la que concelebró el padre Erce, S.J., director espiritual de la Adoración Nocturna en la localidad de Villafranca de los Barros.

 

Mirada a nuestro tiempo

Un Dios entrañable

Amuchos les parece una falta de respeto hablar de Dios destacando su ternura. Piensan que son otros los rasgos que hay que poner de relieve, sobre todo aquellos que muestran la infinita distancia que hay entre Él y nosotros. Lo piensan, naturalmente, de buena fe, para preservar a Dios de cualquier manipulación que lo convierta en un juguete a nuestro antojo.

Pero se equivocan alejando tanto a Dios y negándose a reconocer que es un Padre entrañable, lleno de amor hacia sus hijos. De ese modo lo único que consiguen es que se le vea distante e inaccesible, como un ser anónimo y lejano; que quede velado el verdadero rostro de Dios y que muchos hombres y mujeres le teman y desconfíen de Él y lleguen, incluso, hasta negarle e ignorarle. Sólo el Dios de Jesucristo, que es íntima ternura, puede provocar interés y hacer que este mundo autosuficiente descubra su necesidad y busque su calor.

En este año de gracia, dedicado al Padre, no hemos de tener miedo en ahondar en los rasgos que muestren la "debilidad" de Dios hacia los hombres. No importa que rompamos moldes, como los rompió Jesús al decirle Abba ("papaíto"), o como los rompió San Juan, al decir que "Dios es amor". No es nada atrevido decir, como Juan Pablo I, que "Dios es madre que nos mima, si estamos enfermos", porque sólo con un Dios vivido y mostrado así nuestro mundo volverá a la casa del Padre. En cualquier caso no diríamos nada nuevo, porque ya para los hombres y mujeres del Antiguo Testamento "Dios tiene entrañas de misericordia".

Amadeo Rodríguez Magro
 

Página litúrgica

Celebramos el I Domingo de Adviento

Palabra de Dios

Libro del profeta Isaías 2, 1-5

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:

Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.

Hacia él confluirán los gentiles, caminarán los pueblos numerosos. Dirán: "Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas, porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor".

Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados , de las lanzas, podaderas.

No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, ven; caminaremos a la luz del Señor.

 

Salmo 121, 1-2, 3-4a, 6-7, 8-9

R. Vamos alegres a la casa del Señor.

Qué alegría cuando me dijeron:

"Vamos a la casa del Señor"!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
"Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios".

 

Carta de san Pablo a los Romanos 13, 11-14

Hermanos: Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.

 

Evangelio según san Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Cuando venga el hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:

Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

Lecturas bíblicas para los días de la semana

30, lunes: Rm 10, 9-18; Mt 4, 18-22.
1, martes: Is 11, 1-10; Lc 10, 21-24.
2, miércoles: Is 25, 6-10a; Mt 15, 29-37.
3, jueves: Is 26, 1-6; Mt 7, 21, 24-27.
4, viernes: Is 29, 17-24; Mt 9, 27-31.
5, sábado: Is 30, 19-21, 23-26; Mt 9, 35; 10, 1, 6-8.
6, domingo: Is 11, 1-10; Rm 15, 4-9; Mt 3, 1-12.

 

Comentario litúrgico

Adviento 98

Mediado el otoño y con la regularidad de las estaciones del año, llega el primer domingo de Adviento. Como si fuera una trompeta, anuncia el comienzo del año litúrgico y nos alerta para que seamos capaces de entrar en una nueva etapa de nuestra vida cristiana.

Esta cadencia anual del Adviento puede dar la sensación de que entramos en el mito del "eterno retorno". En él se repiten los ciclos, de tal manera, que se termina uno para comenzar el siguiente, sin meta alguna que alcanzar.

Con cierta picardía, el título indicando el año concreto en que estamos, intenta desmentir lo anterior e introducirnos en la visión cristiana de la Historia y de nuestra vida: el tiempo, y con él, el cosmos y la humanidad, avanzan hacia una meta concreta como la flecha corta el viento para llegar a la diana.

Iniciar un nuevo Año litúrgico no es repetir tarea, sino enfrentarnos con la actualidad constante de los misterios del Señor y la novedad de que hemos avanzado un año más hacia el encuentro final con el Señor.

En la segunda lectura, san Pablo nos alerta de esta realidad: "Daos cuenta del momento en que vivís...nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer".

El evangelio, recordando lo que sucedió a la despistada generación de Noé, nos advierte para que no caigamos, como aquella gente, en un atolondramiento que nos haga olvidar la meta a la que hemos sido convocados desde el momento de nuestro bautismo: el día del Señor.

Las primeras semanas del Adviento insistirán en la esperanza y en la vigilancia. No tengamos miedo a estas dos exigencias evangélicas. Ellas dan sentido profundo a la vida de cada día.

Antonio Luis Martínez

Santoral

2 de diciembre: Santa Blanca de Castilla (+1252)

Estamos ante la hija de Alfonso IX de Castilla y Leonor de Inglaterra. La casaron con el rey de Francia. Muerto éste, Blanca será reina regente, mientras educa a su pequeño hijo Luis IX, que terminará conociéndose como San Luis de Francia, con toda justicia.

"Realmente", nunca mejor dicho, educó bien a su vástago, cuya vida expresa en sumo grado las mejores virtudes de la Edad Media.

A Blanca le toca luchar y negociar con los grandes señores, tanto en la minoridad de San Luis, hasta 1234 como tras la partida de éste a Tierra Santa en la cruzada de 1243. Blanca tuvo que luchar esta vez tanto con la nobleza interior como con los ingleses... capitaneados por su familia materna, venciéndoles en Poitou: las dinastías europeas son incestuosas y parricidas, pasando del lecho a la común batalla con singular desvergüenza. No pocas veces se ha llamado a esta clase de mujeres "dama de hierro". No me gusta. Parece como si de una mujer sólo cupiera esperar ternuras y no justicias. Esta princesa española, gran reina de Francia, fue capaz de regir la nación y educar al santo, preocupándose de la justicia y de los pobres, dando solidez a los derechos de su hijo e impidiendo la esclavitud de sus súbditos.

Se puede pedir más? Pues sí: hacer todo eso en la mitad del siglo XIII, donde las conquistas feministas brillan por su ausencia y la preeminencia varonil es avasalladora.

Bendita Blanca de Castilla, eres todo un espejo donde la mujer puede mirarse para recuperar toda su dignidad de persona.

Manuel Amezcua

Los santos de la semana

30, lunes: Andrés apóstol, Mirocles, Cutberto Mayne.
1, martes: Castriciano, Florencia, Leoncio, Eulogio.
2, miércoles: Habacuc, Bibiana, Silverio, Blanca de Castilla.
3, jueves: Francisco Javier, Sofonías, Casiano, Teodoro.
4, viernes: Juan Damasceno, Bárbara, Melencio, Francisco Gálvez.
5, sábado: Crispina, Sabas, Gerardo, Bartolomé Fanti.
6, domingo: Nicolás, Pedro Pascual, José Nguyén.

 

Contraportada

La Iglesia samaritana y compasiva

Iniciamos el tercer y último año de preparación jubilar. Es el año en el que queremos adentrarnos en la contemplación y el conocimiento de las entrañas del Padre Dios, el Padre de la misericordia , el Padre del amor: "Dios es amor". Y hemos de sentirmos urgidos a beber de su fuente de amor y misericordia, de convertirnos en instrumento de su amor, haciendo que nuestras vidas sean signos que testimonien su amor y su solidaridad con los pobres. Desde su amor compasivo, manifestado en toda la historia de la salvación, hemos de sentir con Jesús la llamada a "evangelizar a los pobres" y a dejar que los pobres nos evangelicen.

El Dios de la misericordia

Y si el Dios en el que creemos se manifiesta como el Dios de la misericordia, un Dios que se reveló en Jesús de Nazaret en forma de servicio, de humildad y de humillación, de entrega y donación a Dios y a los hermanos, nuestra Iglesia de Mérida-Badajoz no puede hacer otra cosa que prolongar el testimonio de Jesús, haciendo presente en nuestros ambientes el misterio desbordante y misericordioso de Dios. De ahí que sea necesario hacer ese discernimiento eclesial que nos permita saber cómo hoy nuestra Iglesia tiene que presentarse en la realidad concreta de esta región extremeña para ser fiel al Dios de Jesús. Por eso, han querido nuestros obispos que celebremos, en este año de la caridad, un congreso en donde reflexionemos eclesialmente sobre cuáles son los desafíos que la pobreza nos presenta a nuestra acción evangelizadora.

En esta fidelidad al Padre de la misericordia, al Padre del Amor y la Liberación, y a la situación concreta de los pobres y excluidos de nuestra región y del mundo, hemos de reflexionar y debatir juntos cómo visibilizar hoy el amor y la justicia en estas tierras, cómo hacer que las Iglesias de las tres diócesis extremeñas sean Iglesias samaritanas y compasivas en medio de unos hombres y mujeres que aspiran a vivir con dignidad, a salir de situaciones que, como presenta el informe Foessa, a veces "claman al cielo". Es el Espíritu quien nos invita y nos empuja a rastrear los signos de los tiempos, a fin de buscar comunitariamente cómo hacer vivas aquellas palabras de Jesús, que resumen su enseñanza sobre Dios y los hombres, sobre lo que es el comportamiento de Dios y lo que debe ser nuestro comportamiento eclesial en pueblos, barrios y ciudades: Sed misericordiosos como vuestro Padre del cielo es misericordioso. (Lc 6, 36).

La misericordia "no busca lo que es suyo" (1Cor 13,5). La justicia da a cada uno lo suyo, la misericordia renuncia a lo que es suyo. La misericordia da y no reclama nada a cambio, da y no exige correspondencia, da y no espera gratitud. La misericordia no pide a cambio ni siquiera una respuesta de amor. La misericordia no busca otra cosa que el mayor bien de los demás. Ama con absoluto desinterés, vaciado de toda codicia personal.

Vivir en gratitud

Vivir con misericordia es vivir en gratuidad como vivió Jesús el amor. Él es el Buen Samaritano que, en su itinerario de Siervo no sólo atiende al hombre herido, sino que da su vida por salvarle. Él, lleno de compasión, vive en el amor total, amor gratuito y generoso. Toda la vida de Jesús como el hijo del Hombre que no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos (Mc 10, 45) y la invitación a seguirle, tiene su expresión concreta en la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37): Anda, haz tú lo mismo. El cristiano es, pues, el que interioriza el sufrimiento ajeno de tal modo que este sufrimiento interiorizado se hace parte de él y se convierte en principio interno, primero y último, de su actuación. Por eso, Jesús proclama que son Dichosos los misericordiosos (MT 5, 7), los que siempre actúan con misericordia (cf. Mt 25, 31-46).

Con esta misericordia y gratuidad es con la que ha de actuar nuestra Iglesia en Extremadura. Ha de ser la Iglesia que sale de sí misma para ir al camino en el que se encuentran los heridos, la que se ofrece y entrega en un servicio y amor gratuito, desinteresado. De ahí que ante esta región sencilla, con grandes avances en los últimos años, pero también con altos índices de pobreza y marginación, la gratuidad del amor cristiano como una constante comunitaria es el mejor signo de la verdadera evangelización, ya que "como Dios nos amó con amor gratuito, así los fieles han de vivir preocupados por el hombre mismo, amándole con el mismo movimiento con que Dios lo buscó (AG 12).

Nuestra Archidiócesis, y en ella las comunidades parroquiales, los religiosos, movimiento y asociaciones laicales, hemos de trabajar, progresiva e incansablemente, para que la Iglesia se manifieste como una Iglesia samaritana, que abraza a todos los afligidos, reconociendo en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador, pobre y paciente, sirviendo en ellos a Cristo (cf. LGF 8). Por tanto, la actuación, el mensaje y el ser de una Iglesia auténtica consiste en ser, aparecer y actuar como una Iglesia-misericordia; una Iglesia que siempre y en todo es, dice y ejercita el amor compasivo y misericordioso hacia el miserable y el perdido, para liberarle de su miseria y de su perdición. (Comisión Episcopal de Pastoral Social, La Iglesia y los pobres, n. 11).

Servir con humildad

La comunidad cristiana nacida del amor misericordioso de Dios Padre ha de ser la Iglesia de la misericordia, o Iglesia samaritana, que ama a cambio de nada. Sólo así, además, está en disposición de ser el guardián del hermano (Gen 4, 6), a saber, de servir con humildad y firmeza a la causa íntegra del hombre, tutelándola más allá de lo que permiten un ordenamiento jurídico o un régimen asistencial que, incluso funcionando eficazmente, nunca podrán garantizar a los "pequeños" de este mundo la dosis de afecto que todo ser humano precisa como salvaguarda de su vida y que constituye el milagro del amor interpersonal.

Pidámosle al Espíritu que este congreso de la Iglesia en Extremadura sea un verdadero "Kairos", una gracia que nos ayude a irradiar el amor y la misericordia a los que más lo necesitan, a los "pequeños", esto es, a los despojados, los marginados, los humillados y ofendidos, los enfermos. La ya tópica "opción preferencial por los pobres", lejos de ser una ocurrencia de última hora para conferir al cristianismo un barniz "socializante", es un momento constitutivo de su ser y su actuar.

Francisco Maya Maya
Vicario de Evangelización


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