Iglesia en camino

 

Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

E-Mail: iglenca@jet.es

Edición electrónica: http://www.christusrex.org./www1/camino/camino.html

Número 420. 6 de enero de 2002

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

 


Portada

La Iglesia comienza el año 2002 pidiendo por la paz

El arzobispo de Pamplona señala cómo deben actuar los cristianos frente al terrorismo de ETA

El Papa invita en su primera alocución del año a movilizar las conciencias en favor de la paz

La Iglesia ha iniciado el año 2002 intensificando su enseñanza en favor de la paz. Especialmente sensible a este anhelo de la humanidad, en los últimos meses y a raíz de los sucesos del 11 de septiembre, sus mensajes son aún más contundentes, especialmente en lo que se refiere a la condena del terrorismo, la amenaza más importante que hoy tiene la paz, como ha reconocido el propio Juan Pablo II, quien, en su primera alocución de este año, ha hecho un llamamiento a movilizar las conciencias en favor de la pacificación.

Dentro de nuestras fronteras, acaba de aparecer un libro titulado "La Iglesia, frente al terrorismo de ETA" (ed. BAC), en el que se recogen por el periodista J. Francisco Serrano los documentos e intervenciones de Iglesia en España condenando los atentados de la banda terrorista ETA, lo cual constituye una prueba irrefutable de la postura clara de la Iglesia frente a esta amenaza asesina.

El libro está prologado por el cardenal Antonio Mª Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española, y contiene un extenso y lúcido artículo de Mons. Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona.

 


Editorial

Ecologistas de la familia

Define el Diccionario de la Real Academia el término ecologista como la persona "que propugna la necesidad de preservar la naturaleza y ponerla a salvo de las perturbaciones ocasionadas con la moderna industrialización".

Con las debidas adaptaciones, por supuesto, y sin meternos con la industrialización que ya quisiéramos más de ella en Extremadura, no otra cosa pensamos que están haciendo con gran fortaleza y perseverancia los obispos españoles con respecto al organismo más básico y necesario del tejido social de la humanidad: la familia.

En menos de un año, nos han obsequiado con un magnífico documento -La Familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad- del que recomendamos su lectura y estudio y en el que, además de una profundización en la teología y pastoral de la institución familiar, se hace un lúcido diagnóstico de su situación actual y se proponen las necesarias soluciones tanto en el terreno pastoral como en el social, en el político y en el legislativo, para preservarla de los peligros que la acechan.

Entren estas amenazas se encuentran la extendida mentalidad anticoncepcionista que sufre nuestro país con el índice de natalidad más bajo del mundo y el, cada vez mayor, debilitamiento de los lazos familiares por el fácil recurso al divorcio, además del reciente y sospechoso afán legislativo de muchos parlamentos autonómicos por equiparar al matrimonio "nuevos modelos" de emparejamiento como son las llamadas parejas de hecho, incluso de homosexuales, sin olvidar el crimen del aborto procurado.

El pasado domingo los obispos volvían con una nota pastoral a llamar la atención sobre la importancia de la causa de la protección de la familia, esta vez con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia. Y es que en ello nos va la vida personal y la social, la nuestra y la de las futuras generaciones, pues, como se señala en dicha nota, "en la familia cada uno es reconocido, respetado y valorado por sí mismo, por el hecho de ser persona, de ser esposa, esposo, padre, madre, hijo o abuelo. El ser humano necesita una "morada" donde vivir El hogar es para el hombre un espacio de libertad, la primera escuela de humanidad. En la convivencia familiar se aprende también a vivir la fraternidad y sociabilidad, para poder abrirse al mundo que nos rodea. Por eso, la familia es la verdadera ecología humana, el hábitat natural... La convivencia familiar se convierte, así, en escuela de fraternidad y solidaridad, que nos abre igualmente a la solidaridad con otras familias, para la construcción de un mundo mejor".

Son razones más que suficientes para sumarse a este ecologismo y establecerlo como prioritario en la acción pastoral y en nuestros compromisos políticos y sociales.

 


Carta del Arzobispo

¿A qué fueron al Perú?

Navidades misioneras (Crónica IV)

Leymebamba, 29 de diciembre

Entramos en la capital del Departamento de Amazonas, exactamente en Chachapoyas, cuyo solo nombre resulta malsonante a los incultos como yo, que no sabemos que eso viene de los indios chachapuyos anteriores a los incas. Desde Leymebamba, final de etapa anterior, nos arrastran hasta aquí cuatro horas de carro, por un camino parafluvial y abrupto, baches y piedras entre desfiladeros alucinantes, ochenta kilómetros de gargantas, diez veces, los Picos de Europa, el Pirineo, o Despeñaperros. Pero ¡Albricias! ya hemos llegado al cénit de nuestro periplo peruano. Ponemos en orden nuestras costillas, tras las cuatro horas del todoterreno y llamamos animosos, a golpe de nudillos, en el portón del Obispado.

Nos introducen en un inmueble espacioso, dos pabellones, de dos plantas, con sencillos patios interiores, verdes y ajardinados, con aire graciosamente virreinal, aunque edificado no hace mucho. Somos Pedro y yo huéspedes del Obispo-Administrador Apostólico, Monseñor Emiliano Cisneros, Obispo de Chota, agustino y español, misionero treinta años en Perú, ahora a la espera del nombramiento de un nuevo Pastor. (¿lo será él mismo dejando la de Chota? ¿vendrá otro? la moneda está en el aire) Don Emiliano nos acoge en familia, con los dos religiosos de su Orden, que le acompañan, los PP Alfonso y Antonio. Todo aquí es gratificante. Modales encantadores, cariño manifiesto, hospitalidad de buena ley. En Chachapoyas nos esperan tres días, los inmediatos a la Navidad, de intensas emociones y experiencias confortantes.

'Las Madres'

Empecemos ¿cómo no? por 'las Madres'. Así las nombran y las consideran el clero y la feligresía, los habitantes todos de la ciudad, los niños, los jóvenes y sus papás. Son las tres religiosas Hijas de la Virgen para la Formación Cristiana, llegadas de Badajoz, hace ahora once años, que han sabido ganarse más y más el corazón de Chachapoyas, pueblo, autoridades e instituciones. Ellas constituyen para nuestros cinco sacerdotes norperuanos un hogar y una familia, una auténtica Betania, donde las hermanas Gracia, Amor y Caty, ofrecen fraternidad y acogida, espiritualidad y confianza. Esta casa hace de sucursal, consulado y hogar de nuestra Iglesia diocesana en Perú. La visita ahora del Pastor lejano, tan solo en la distancia física, les alegra sobremanera y se vuelcan con Pedro y conmigo en atenciones y gestos delicadísimos. Aunque mi madre viviese todavía, yo no la hubiera echado de menos.

A Chachapoyas han llegado mientras tanto nuestros curas de Sorochuco, Josely y Antonio; los de Rodríguez de Mendoza, Antonio y Federico, y el de Leymebamba, Diego que nos trajo en su carro hasta aquí. Todo está ya a punto y corre sobre ruedas. El 20 de diciembre es el día clave: por la mañana un encuentro personal y a solas, dos horas casi, con el Obispo don Emiliano, un año ya encargado de la diócesis, que él conduce con tacto exquisito, generando por doquier serenidad y confianza. Y eso que tiene que dividirse, medio mes en cada sitio, entre ésta y la suya de Chota. El grueso de la conversación lo ocupan nuestros sacerdotes y religiosas, media docena de personas consagradas, sobre las que escucho los más altos encomios, en labios de este hombre de Castilla, muy medido en gestos y palabras. El encabeza aquí una larga letanía de agradecimientos, que resulta casi abrumadora para mí, en quien vuelcan los honores que ellos y ellas se han ganado a pulso.

Don Emiliano me acompaña en cinco minutos peatonales hasta la casa de las madres. Cruzamos la gran plaza colonial, bastante recuperada desde mis viajes anteriores, afanosa de su señorío histórico, en los albores de la conquista; ahí tenemos la Catedral, reconstruida tras el terremoto de los años setenta. Y ya estamos, entre los aleros y balconadas virreinales, aunque muy por restaurar y entre comercios de segunda, ante el famoso convento. Gestos de gran jubilo en el encuentro. Se marcha mi colega, que después vendrá a buscarme, para tener juntos un "careo" por la radio de una hora del que, según las malas lenguas, salimos ambos muy airosos. Me quedo ahora, con Gracia, Amor y Caty, no sin que una u otra, como Marta en el Evangelio, se escape a la cocina, para preparar el exquisito menú, que nos servirán a la una.

Van llegando mientras tanto los comensales; y a la hora de sexta, esta ya compuesto el grupo convivial. Es la comida pascual de todos, la guinda del viaje. Nada de comilonas porque ninguno estamos para esos trotes, salvo la noble excepción de Josely, o el selecto paladar de Pedro. Somos dos Obispos, seis sacerdotes y tres religiosas. Y, aunque comunión no viene de comer, te explicas que el Maestro instituyese en una cena el Sacramento del Amor. ¡Señor, que bien se está aquí!

Intercambio de vivencias

Fin de la primera parte. La segunda, tras el pactado paréntesis para la contemplación o la siesta, nos encontramos en un saloncito del obispado para hablar a fondo sobre nuestras cosas los diez del recuento. Por el clero pacense y en orden de antigüedad: Antonio León, Josely, Diego, Federico y Antonio Sáenz; por la vida religiosa: las hermanas Gracia, Amor y Caty; por el ministerio apostólico y la Iglesia diocesana, el Arzobispo y el presbítero Pedro. Recitamos sosegadamente las vísperas, con himnos, cánticos de alabanza y espacios contemplativos, la cosa no es para menos.

Abro yo el turno y les digo: estoy aquí con Pedro para un encuentro personal, que da cauce a un intercambio de vivencias, a un acercamiento más directo a vuestra vida y a vuestro ministerio. El Obispo confirma siempre; o con mayúscula, en el sacramento, o con minúscula, animando, ratificando, dando firmeza a la fe de los hermanos. Así lo hacemos aquí y ¡de qué modo, Señor! Cada cual fue narrando su experiencia propia y su servicio eclesial. Todos escuchamos lo de todos. Juntos discernimos sobre la diócesis y sus avatares, las comunidades con sus terribles carencias y sus dones admirables. La Iglesia de los pobres que nos enriquecen.

Doy fe de que, ni en privado ni en público, ninguno ni ninguna de ellos, ha mostrado el más mínimo desencanto, ni propio ni de los demás. En quince días de intensas conversaciones diurnas, nocturnas y en carromato teresiano, hemos compartido a corazón abierto nuestras experiencias divinas y humanas. Han sido conversaciones a pie de obra con nombres y apellidos, sin utopías ni excesos emocionales. Nuestros sacerdotes y religiosas saben a lo que vinieron, le encuentran pleno sentido a lo que están haciendo, se sienten acogidos por estas gentes andinas, cercanas al Ecuador, y las aman con recia ternura.

Al hilo de la crónica, he de añadir que en Chachapoyas las madres mantienen un comedor para 350 niños, un ropero que viste a media ciudad, un servicio farmacéutico del que se nutren incluso las clínicas, por no hablar de su labor en la catequesis familiar, en las visitas a enfermos y, en el cuidado de la Catedral; más su colaboración benéfica a servicios municipales. Su influjo en la juventud es muy intenso; tanto es así que existe un coro juvenil que lleva el nombre "Amor y Gracia". Por ellas primordialmente me han nombrado en solemne sesión municipal Visitante Ilustre de la ciudad y otorgado su medalla de oro. Tiene guasa, la cosa.

En Chachapoyas Pedro y yo hemos sido testigos y actores de dos significativos acontecimientos religiosos, los días 21 y 22 de diciembre. Me refiero a la colación en la Catedral por el Obispo don Emiliano de los ministerios de Lector y de Acólito a tres seminaristas de la diócesis que han terminado sus estudios teológicos en el seminario jesuítico de la contigua diócesis de Jaén, con la que también tiene mucho que ver la nuestra de Mérida-Badajoz.

Me explico. Esos tres seminaristas, con otros seis de la diócesis de Chachapoyas, han sido becados por nuestro fondo diocesano de solidaridad durante sus seis años de estudio en aquel centro. Allí a lo largo de varios cursos han impartido clases de distintas disciplinas teológicas algunos profesores de nuestro Seminario y Centro de estudios teológicos: don José Moreno, don Ricardo Cabezas de Herrera, don Luis Maya y don Fermín Muñoz. Es más, en la raíz de todo esto está la formación inicial de estos chicos en el pre-seminario de Chachapoyas, bajo la atinada guía de nuestro sacerdote, don Isidro Luengo. E incluso en los orígenes del seminario menor pusieron ilusionados, con el Obispo Hornedo los primeros cimientos los esposos Cantillana, Paco y Puri.

No es de extrañar, por lo tanto, que en la ceremonia catedralicia del día 21, el templo de bote en bote, participáramos el Obispo ya emérito de Jaén, Monseñor José María Izusquiza, y el visitante Arzobispo de Mérida-Badajoz, con nuestros sacerdotes del día anterior y las monjas formacionistas. Estos tres muchachos, muy pronto sacerdotes, son ya signo y primicia de la comunión entrañable de nuestras Iglesias locales, a diez mil kilómetros de distancia.

El segundo acontecimiento ­que sólo puedo mencionar de pasada- fue la clausura, al día siguiente sábado, en la propia catedral, con los mismos obispos y similar concurrencia del Proceso diocesano de canonización de Monseñor Ortiz Arrieta, el primer salesiano que vino a Perú, Obispo de Chachapoyas durante 40 años, muerto en olor de santidad en 1954. Este pueblo conserva su memoria con infinito amor, de modo similar al que nosotros profesamos a nuestro don Rafaelito. El Obispo Arrieta se entregó con alma y cuerpo años y años a su ministerio pastoral por estas abruptas serranías, sin caminos y sin luz, con la sola antorcha del Evangelio, rememorando así las increíbles visitas pastorales de santo Toribio de Mogrovejo, en la segunda mitad del siglo XVI, como insigne arzobispo de Lima, gigante, sin parangón, de la empresa evangelizadora del nuevo Continente.

En Rodríguez de Mendoza

Corre empero, el almanaque, la Navidad se echa encima y salimos corriendo a celebrarla, en los parajes más dispersos, los tres obispos del cuento: don Emiliano, a Chota, don José María Izusquiza a Jaén, y un servidor de ustedes acompañado ahora, además de por Pedro, mi celoso guardián, por sus dos compañeros Antonio León y por Federico Gragera, hacia el campo pastoral de ambos: la otra capital de provincia, en Amazonas, de nombre Rodríguez de Mendoza. Con toda una comarca pastoral (25.000 habitantes y sesenta aldeas) encomendada exclusivamente a ellos. Al carro, pues, de nuevo, caminos más practicables, una ruta de valles frondosos, montañas más llevaderas, de perenne verdor, que nos lleva a paisajes y parajes dulces y placenteros.

Allí, como antes en Chachapoyas, recalamos afortunadamente antes de anochecer, el 22-D, en olor de multitudes. Al Arzobispo y a su acompañante nos tienen preparados un alto estrado en la plaza mayor, frente al templo parroquial, de bella geometría moderna y enorme escalinata de acceso. Calculo una multitud de mil personas y se sigue escrupulosamente el programa diseñado por el comité de acogida. Me acompañan el Alcalde de la ciudad, el Subprefecto del Departamento y los Regidores del municipio. Cálidos discursos, declaración de Visitante ilustre, regalos significativos. Procuro agradecer todo, con el corazón a flor de labios. Compruebo a la primera que los "padres" Antonio y Federico, son muy valorados y queridos, y se agradece, más de lo que uno piensa la solidaridad fraterna de nuestra diócesis, al cederles unos pastores tan celosos.

Cinco misas de Navidad

Escogí esta parroquia como hace nueve años la de Leymebamba para celebrar aquí la Nochebuena. Agradecen mucho el gesto y, de hecho, en dos días y medio celebro cinco misas de Navidad en otras tantas poblaciones y parroquias: Mariscal Benavides, Huambo, Santa Rosa, Longar y Rodríguez de Mendoza. En Huambo, me acogen unas religiosas venezolanas, Dominicas de la Inmaculada. Tres mujeres valiosas y valerosas, que llevan a cabo en este hermoso pueblo un programa pastoral todo-terreno. Hermosa misa mayor, bautizo a cuatro niños y un adulto. Comida rica y discreta, Obispo y Pedro, Antonio y Federico con las hermanas que nos acogen. Recuerdo a las de Chachapoyas y juntas me hacen recordar el encuentro de San Benito con su hermana Santa Escolástica en Montecasino, cuando ella consiguió de Dios una tormenta, que obligó a prolongar la santa conversación durante toda la noche.

No ocurre aquí ese milagro y salimos pitando, para Santa Rosa, la primera parroquia de la Provincia, de precioso templo restaurado por Adveniat de Alemania, más unas perritas de nuestra diócesis. Arcos y guirnaldas de flores, villancicos a granel y vuelta, dando vuelcos y de noche, a nuestra casita de los dos curas pacenses. Me cuidan, más que como a padre, como a un abuelo. Dios los perdone. Les hago gracia a ustedes de mis otras tres misas navideñas, de la comida de hermandad con veintitantos miembros, ellas y ellos, del Consejo Pastoral; de mi visita al Centro parroquial de acogida (precioso) en las afueras; de la Casa de los laicos, de la Aldea infantil, etc. etc. Mendoza es una ciudad palpitante de vida y de problemas. En las idas y venidas, en las sobremesas nocturnas, hablamos por los codos, el arzobispo y sus tres presbíteros. Estos encuentros justifican más que de sobra tan tremendo kilometraje.

Pero, manda el reloj, querámoslo o no. Se acabó lo que se daba, tenemos que marcharnos con la música a otra parte. La despedida queda en la mitad, sólo de Antonio León, porque Federico se viene a Lima con nosotros, para despedirnos allí, porque los suyos le esperan en España, para un mes de vacaciones bienales, que aplazó por nuestra visita. Los aviones peruanos tienen su ruta y esta vez se llama Chiclayo, (¿segunda ciudad del país?) a solo trece horas de carro, mitad por desfiladeros andinos, mitad por carretera norte-sur. El 25-D, o sea el día de Navidad nos toca rodar todo el día. Dicho sea sin lamentos, puesto que arribamos a Chiclayo entrada ya la noche y contentos como unas pascuas, valga la redundancia. Rica cena, buena habitación y mejor compañía, en la casa parroquial de los Agustinos recoletos, hermanos de hábito del Obispo Emiliano, tres de ellos españoles. Postres de turrón, sobremesa agradable, sueño placentero, laudes devotos con los frailes y... punto final. Mañana a Lima, y después, segundo acto, a Costa Rica, como manda el programa. Adiós.

+ Antonio Montero Moreno
Arzobispo de Mérida-Badajoz

 


Centrales

El arzobispo de Pamplona señala cómo deben actuar los cristianos frente al terrorismo de ETA

La Iglesia comienza el 2002 pidiendo por la paz

La Iglesia ha iniciado el año 2002 intensificando su enseñanza en favor de la paz en el mundo. Especialmente sensible a este anhelo de la humanidad en los últimos meses, y a raíz de los sucesos del 11 de septiembre, sus mensajes son aún más contundentes y su voz se ha hecho más rotunda, especialmente en lo que se refiere a la condena del terrorismo, la amenaza más importante que hoy tiene la paz, como ha reconocido el propio Juan Pablo II en su mensaje para la Jornada Mundial del 1 de enero del que dimos cuenta en nuestro anterior número.

En nuestro país, acaba de aparecer un libro titulado "La Iglesia, frente al terrorismo de ETA" (ed. BAC), en el que el periodista José Francisco Serrano, Redactor-Jefe de "Alfa y Omega", recoge en un grueso volumen los documentos e intervenciones de Iglesia en España condenando los atentados de la banda terrorista ETA, lo cual constituye una prueba irrefutable de la postura clara de la Iglesia frente a esta amenaza asesina que aún sufre el pueblo español.

El libro está prologado por el cardenal Antonio Mª Rouco Varela, presidente de la CEE, y contiene también un extenso y lúcido artículo, preparado expresamente para esta obra, de Mons. Fernando Sebastián , arzobispo de Pamplona, del cual, por su interés, ofrecemos uno de sus puntos, el titulado "La intervención de la Iglesia.".

La Iglesia tiene que denunciar y condenar la violencia. A los nacionalistas radicales la Iglesia les dice que las ideas y los análisis marxistas no son verdaderos, ni justos, ni sirven de verdad para fomentar la libertad. No se puede absolutizar; ningún proyecto político puede ocupar el lugar de Dios y justificar el atropello de los derechos de nadie.

Cuando el ser de aquí o de fuera es razón suficiente para respetar o no respetar los derechos de una persona, estamos fuera de la democracia, de la moral y de la civilización cris-tiana; estamos cerrando el camino a cualquier proyecto civilizado y realista de convivencia justa y pacífica.

La exaltación idolátrica de una raza, de un territorio, de un proyecto político, lleva en germen la discriminación, la persecución, la guerra y la muerte. Eso es así y hay que tener el valor de decirlo y prevenirlo a tiempo. Antes y ahora, la experiencia y la doctrina de la Iglesia siempre han alertado contra los riesgos del racismo y de los nacionalismos radicales.

A los nacionalistas democráticos, sean independentistas o no, hay que decirles que no se pueden desconocer los vínculos y responsabilidades comunes con las demás instituciones democráticas, en contra de la violencia y de los radicalismos. Valorar más las coincidencias con los terroristas que las coincidencias morales y democráticas con quienes respetan los derechos humanos y son víctimas de los ataques terroristas es, de nuevo, una forma encubierta de caer en la idolatría de los de aquí. Pretender aprovechar la existencia del terrorismo para ganar bazas políticas o alcanzar algunos grados de soberanismo, sería una forma sutil de hacerse solidarios y dependientes de los violentos.

Los nacionalistas no pueden imponer sus ideas a los demás: pero tampoco sería justo no tenerlas en cuenta de ninguna manera. Ésta es la dificultad real, la verdadera cuestión política, que está esperando la buena voluntad y la habilidad de nuestros políticos para ultimar el establecimiento y la consolidación de las instituciones democráticas en las entrañables tierras españolas de los vascos. La Iglesia no puede decir cómo tienen que ser esas soluciones. Sólo dice que son necesarias, que son también posibles; puede y debe hacer mucho en una múltiple línea educadora. La Iglesia es la autoridad moral más escuchada, y el pueblo sabe que en el fondo hablamos honestamente, que queremos su bien y que lo que decimos está inspirado en la Palabra de Dios. Los obispos, sacerdotes, religiosos y seglares cristianos debemos inculcar y promover constantemente y con toda claridad el rechazo firme y efectivo de la violencia como instrumento político.

Hay cristianos en la educación, en los medios de comunicación, en los partidos políticos, en los sindicatos, en todas las instituciones y actividades sociales. A todos hay que pedirles una posición clara y firme en el rechazo de la violencia y de cualquier colaboración con los violentos. Los cristianos tenemos que pedir a Dios el don de la paz con humildad, confianza y perseverancia, con la acción y la oración.

En los años de la transición, en todas las misas rezábamos por el reconocimiento de las libertades políticas, por el advenimiento de la democracia. ¿No son más graves los atropello y las inmoralidades que ahora padecemos? Y, sin embargo, no tenemos la claridad ni la libertad que entonces teníamos. Muchos están todavía prisioneros de aquellos sentimientos.

Algo que puede hacer la Iglesia como ninguna otra organización, y que resulta especialmente urgente en nuestros ambientes es relativizar las diferencias entre personas y grupos, favorecer el diálogo social y fomentar la comunicación entre aquellos que piensan de manera diferente. Los padres deberían enterarse mejor y tener más en cuenta qué ideología social y política están recibiendo sus hijos, muchas veces de manera encubierta, en los centros o en las líneas de estudio, en los diferentes ambientes que frecuentan.

Además de educar y rezar, la Iglesia y los cristianos podemos y debemos hacer otras muchas cosas. Podemos manifestarnos, crear opinión pública, formar a dirigentes sociales y políticos para el día de mañana, apoyar a los que luchan de verdad contra el terrorismo, estar cordialmente con las víctimas. Hay que estar con las familias de los asesinados.

Después de señalar estas posibles actuaciones de la Iglesia, es preciso decir que la intervención de la Iglesia más profunda y eficaz en contra de la violencia y a favor de la paz es simplemente el ejercicio normal y diario de su misión evangelizadora. Y, por el contrario, todo aquello que favorece una vida sin religión y sin moral, todo lo que debilita el respeto a la moral objetiva religiosamente fundada, cuanto debilita el respeto a las personas débiles y excita el deseo intolerante de disfrutar de la vida, sin atender a los derechos o a las necesidades de los demás, en definitiva prepara nuestra juventud para prescindir con facilidad de las llamadas a una vida recta y aceptar más bien los razonamientos subversivos, egoístas y hasta violentos.

Donde está Dios no crece el terrorismo. Y donde crece la inmoralidad se prepara la tierra para que brote la injusticia y la violencia.

Para muchos democracia ha sido sinónimo de agnosticismo religioso y relativismo moral. No es fácil explicarse la prontitud y la unanimidad con la que políticos y medios de comunicación critican severamente a la Iglesia y a los eclesiásticos. Entre nosotros hay muchas personas que piensan que todo iría mejor si no tuviéramos encima el extraordinario patrimonio espiritual que tenemos. Estas actitudes han debilitado gravemente la capacidad moral de nuestra sociedad para reaccionar con sinceridad y energía ante la agresión terrorista. No hay convicciones morales claras y firmes. No puede haber tampoco claridad y energía en el rechazo de nada. Queremos sinceramente la paz. La necesitamos para que nadie más sea asesinado, sufra secuestros, chantajes o amenazas; para poder vivir en libertad, sin temor a las diferencias; para recuperar la alegría. La necesitamos para que los jóvenes no sean educados en el odio, para tener despejado el horizonte, para poder preocuparnos de los que sufren sin culpa suya, para alcanzar las metas de un desarrollo humano y de una sociedad más justa y más feliz, más cercana a lo que el buen Padre del cielo quiere para nosotros.

 

Durante el 2001 fueron asesinados 33 misioneros

Treinta y tres misioneros católicos fueron asesinados en el mundo en el año 2001, según informa la agencia misionera de la Santa Sede Fides.

La mayor parte murieron a causa del fundamentalismo religioso o étnico, reconoce el padre Bernardo Cervellera, director de "Fides". Esta fue la causa que llevó a la muerte a ocho católicos asesinados en India por fundamentalistas hindúes. Motivos relacionados con la limpieza étnica o "religiosa" acabaron también con la vida de un misionero en Filipinas, y tres en África (Burundi, Uganda, Senegal). Los demás fueron víctimas de la delincuencia común, aunque esto esconde motivos más profundos. ZENIT

Zenit

 


Información diocesana

La campaña 'El Mochuelo' supera los 17 millones de pesetas

Es una iniciativa solidaria en la ciudad de Mérida

El 'Mochuelo', en su XXª edición, ha batido su marca de recaudación . A su cierre, la noche del día 29, alcanzó la cifra de 17.335.500 pesetas.

Bajo el lema '¡Cargue usted con el mochuelo!', esta iniciativa solidaria en la ciudad de Mérida despierta la alegría y el entusiasmo de los colaboradores que, año tras año, envían sus donativos, la mayoría de forma discreta, pues los que salen por las ondas de la emisora a través de la que se desarrolla la campaña sólo son un veinte por ciento.

En la radio

La campaña de se desarrolló este año por primera vez a través de las antenas de la emisora de la Cadena COPE. En todas las ediciones anteriores vino haciéndose desde la de la Cadena SER.

Con la recaudación del 'Mochuelo' se colabora a financiar a diversas asociaciones asistenciales.

Un año más se ha contado con la aportación del Ayuntamiento de Mérida, que este año dio 600.000 pesetas, y con la del asiduo colaborador portugués don Manuel Rui Azinhais Nabeiro, de Campomayor, que envió medio millón de pesetas.

Junto a estas ayudas hay que destacar las conmovedoras 2.500 pesetas de un jubilado que aportaba así el aumento que había tenido en su pensión.

El pintor extremeño Eduardo Naranjo donó el grabado 'Pequeño vals vienés' para su subasta. Salió a un precio de 250.000 pesetas y se le adjudicó a un emeritense por 450.000 pesetas.

La puja fue muy reñida e intervinieron en la subasta personas de Mérida, Madrid, Navalmoral de la Mata y Almendralejo.

Recaudaciones anuales

Las recaudaciones de la campaña del 'Mochuelo' en los últimos ocho años han sido las siguientes: 1994, 12.250.000 pesetas; 1995, 13.032.000 pesetas; 1996, 14.208.000 pesetas; 1997, 15.051.000 pesetas; 1998, 16.050.000 pesetas; 1999, 16.053.000 pesetas; 2000, 16.755.000 pesetas; 2001, 17.335.500 pesetas.

Gratitud

Don Guillermo Soto, promotor de la campaña, expresa su agradecimiento a todos los colaboradores, tanto los que han hecho alguna aportación económica como a cuantos han trabajado generosamente o han dado otras ayudas 'en especie'. Entre estas últimas destacan dos de "grandísima utilidad": el soporte de propaganda aportado por Gráficas Boysu, y el local facilitado por Exclusivas Juan Antonio para instalar el despacho para atención directa, en la calle Santa Eulalia.

 

La parroquia pacense de la Asunción organizó un campamento de invierno

Alrededor de un centenar de niños y jóvenes de las barriadas Los Colorines y Díaz-Pérez han participado en un campamento urbano de cinco días, organizado por los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en el colegio El Progreso, desde donde han realizado una escapada a Piornal para disfrutar de la nieve.

Estas actividades son un proyecto de Cáritas parroquial que pretende ayudar a esta zona marginada de Badajoz y continuar el primer campamento que se desarrolló con el mismo fin el pasado verano.

La alegría experimentada por los muchachos asistentes ha sido grande: Rafa tiene siete años y es el menor de tres hermanos. Los otros dos son Melania, de ocho años y Alonso que tiene once. Rafa, como cualquier otro niño del barrio asistió con ilusión a su segundo campamento. Para él era algo muy especial ya que puede aprender a convivir y jugar con otros niños en un clima de alegría, conocer otros ambientes y sitios, ya que si en verano estuvieron en la playa y en Isla Mágica, en invierno han realizado una escapada a la nieve.

El campamento no sólo sirvió para jugar y conocer sitios, también aprendieron a luchar contra el 'lado oscuro', ya que ambientaron el campamento en las películas de La Guerra de las Galaxias. A través de esto fue fácil descubrir la 'fuerza' que los ayuda a luchar contra el mal y comprender que en Cristo tenemos esa fuerza. Por eso cada vez que rezaban o cuando fueron a misa el domingo, pudieron pedirle al Niño-Dios que nacía, que les ayudara a todos. Ahí se pudo ver que el Evangelio lo entienden mejor los niños y los pobres.

 

Fallecieron el sacerdote don Manuel Leal de la Concha y la religiosa sor Elisa Martínez

El pasado martes, primer día de este año 2002, fallecía en Fuente del Maestre el sacerdote don Manuel Leal de la Concha a los 72 años de edad. Don Manuel, aunque era natural de Feria, había pasado la práctica totalidad de su vida sacerdotal en Fuente del Maestre, donde gozaba de gran estima a su persona y a su labor pastoral, callada y eficiente, como lo muestra el reiterado reconocimiento de todos los fontaneses.

D. Manuel fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1956. El 7 de julio fue nombrado coadjutor de Fuente del Maestre y el 10 de agosto de 1962 coadjutor de Oliva de la Frontera. Un año más tarde, el 23 de septiembre del 63, se hace cargo de la capellanía del colegio de Religiosas del Rebaño de María en Barcarrota y a partir de abril de 1965 ocupará la capellanía de las Religiosas del Sgdo. Corazón de Jesús en Fuente del Maestre.

Sor Elisa

El pasado día 20 de diciembre fallecía en Badajoz la Hermana Elisa Martínez, religiosa murciana de la Congregación del Buen Pastor, a los 75 años de edad. Sor Elisa, como la conocíamos cariñosamente, se encargaba, con gran dedicación y ejemplar espíritu de servicio y alegría, de atender la recepción del Arzobispado; tarea ésta que desempeñó durante más de una década y donde, además, fue para esta revista una de las más entusiastas distribuidoras, cuando cada semana salía un número nuevo.

Su muerte se produjo de manera rápida, al serle descubierta una grave enfermedad. Sor Elisa falleció como había vivido, con una gran fe, sencillez y sin hacer ruido.

Descansen en paz.

 


Al paso de Dios

Un pueblo de santos

El último semanal del año 2001 de uno de los periódicos de tirada nacional recogía, casi como tema único, el testimonio de un centenar de misioneros, bajo el título "Cien santos vivos". Reconoce que, además de éstos, son muchos miles los que andan repartidos por el mundo llevando el servicio de la buena noticia de Jesús con sus palabras y, sobre todo, con sus obras. Según parece, la citada revista ha querido cerrar este año cargado de malas noticias, poniendo de relieve el bien con el ejemplo de lo que hacen estos hombres y mujeres por los más desfavorecidos, en los lugares más marginados y necesitados.

Son de agradecer iniciativas como ésta, porque, quizás sin pretenderlo, ponen de relieve que somos un pueblo de santos. Todos éstos, que hoy o ayer -hace veinte siglos que sucede lo mismo- se deciden a acudir allí donde les reclaman las necesidades humanas y el anhelo de Dios, han salido de comunidades cristianas, en las que se cultiva la santidad que siempre desemboca en vocación con diversidad de caminos. Es verdaderamente digno de elogio lo que hacen nuestros misioneros, pero no lo es menos el seno en el que nacen a la vida de fe y la familia en la que aprenden a comprometerse.

Es en nuestras parroquias donde se elabora el perfume de la santidad, ese que afortunadamente tienen muchas personas con las que vivimos cada día. Yo he tenido a mi lado en los últimos años a alguien así; se llamaba Elisa y tenía el encanto propio de los santos. Era una monja sencilla que ponía madurez y amor en el servicio y creaba en torno a su persona la paz, la alegría y la verdad que sólo tienen los que son fieles a la gracia.

Amadeo Rodríguez Magro
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)

 


Liturgia del domingo

Celebramos la Epifanía del Señor

Palabra de Dios

 

Isaías 60, 1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti.

Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13

R. Se postrarán ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Carta de san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres mi mucho menos la última de las ciudades de Judea pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel".

Entonces, Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: "Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo".

Ellos, después de oir al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 

Lecturas bíblicas para los días de la semana

7, lunes: 1Jn 3, 22-4, 6; Mt 4, 12-17. 23-25.
8, martes: 1Jn 4, 7-10; Mc 6, 34-44.
9, miércoles: 1Jn 4, 11-18; Mc 6, 45-52.
10, jueves: 1Jn 4, 19-5, 4; Jn 4, 14-22.
11, viernes: 1Jn 5, 5-13; Lc 5, 12-16.
12, sábado: 1Jn 5, 14-21; Jn 3, 22-30.
13, domingo: Is 42, 1-4. 6-7; Hch 10, 34-38; Mt 3, 13-17.

 

Comentario litúrgico

Sobre ti amanecerá el Señor

Al coincidir con el domingo, este año tenemos la oportunidad de adentrarnos en el misterio de la Epifanía del Señor. Se trata de una fiesta que surge en Roma para hacer festivo este día del seis de enero en el que las iglesias de Oriente celebraban la Navidad. Para no repetir el misterio del Nacimiento se introdujo la conmemoración de la visita de los magos de Oriente según el relato de san Mateo.

Entre las diversas lecturas de este relato, ha prevalecido la de revelación de Cristo tanto a los pueblos más allá de las fronteras de Israel como, en un dimensión mística, la gozosa experiencia del encuentro con el Señor por la fe en cada cristiano.

Isaías nos ofrece la descripción de un amanecer en Jerusalén, en ese momento que las sombras inundan aún los valles que la rodean y la luz del sol naciente iluminan ya las viejas piedras del Templo. Un bello símbolo de lo que ocurrió en Judea al nacer en ella el Salvador mientras que en el resto del mundo aún se ignoraba la Buena Noticia. De ahí el grito del profeta: !Sobre ti amanecerá el Señor!

La tradición cristiana se ha hecho cargo del relato de san Mateo y lo ha asumido como experiencia propia. Así, la liturgia ha recogido este anuncio de luz nueva y lo ha trasladado al quehacer cristiano de cada comunidad que celebra la eucaristía en este día. Efectivamente, en la poscomunión se pide contemplar con fe pura el misterio que se celebra y, en la primera oración, que el resplandor de la estrella de la fe se trasforme en la contemplación, cara a cara, la hermosura infinita de la gloria del Señor.

Antonio Luis Martínez

 

Santoral

11 de enero: san David I de Escocia (s. XII)

Hijo de Santa María de Escocia, se dedicó al deporte nacional de su país durante el periodo medieval que, lejos de ser el actual ´balompié´, no era otro que el de luchar contra los ingleses, en este caso en la persona del usurpador rey Esteban.

Como es sabido, la luchas dinásticas han sido parte importantísima de las competiciones europeas, hasta que fueron sustituidas por las luchas nacionalistas, hoy tan en boga y, no por ello, menos absurdas que las dinásticas.

Por defender y atacar dinastías o racismos nacionalistas, los europeos, hasta ahora, ni siquiera habíamos podido comprar y vender con la misma moneda, ¡oh feliz edad la actual!.

Pues bien, San David es el único rey que se libra de ser arrinconado al desván de los santos católicos, cuando el calvinismo impera en la Escocia del siglo XVI. ¿Por qué? 600 años después de su muerte los escoceses, con falda incluida, continúan tocando la gaita el día 11 de enero, en medio de la niebla, en honor de San David que fue un buen rey, o sea, un santazo que reformó la justicia, construyó enfermerías y bibliotecas monásticas, pacificó el país y fue un ferviente benefactor de los más pobres.

Está visto que contra la autenticidad cristiana nada pueden las dinastías, siempre tan incestuosas y parricidas, pues se casan entre ellos para entre ellos matarse..., ni tan poco los nacionalismos que siempre, siempre, siempre, son racismos disfrazados o sin disfrazar... ¿A que sí?

Manuel Amezcua

Los santos de la semana

7, lunes: Raimundo de Peñafort, Luciano, Valentín, Ciro, Alderico.
8, martes: Alberto de Caashel, Apolinar, Pedro Tomás, Gúdula, Eladio.
9,miércoles: Eulogio de Córdoba, Adrián, Taumaturgo, Felanio.
10, jueves: Agatón, Arconcio, Domiciano, Marciano, Nicanor, Petronio.
11, viernes: Higinio, Honorata, Paulino, Teodoro, Salvio, David.
12, sábado: Antonio Mª Pucci, Arcadio,Cesárea, Martino de León.
13, domingo: Hilario de Poitiers, Godofredo, Gumersindo, Remigio.

 


Contraportada

Carta de Gahaspares el Parsis a Parashaspos, sátrapa y mago de Araks (I)

Cuento de Reyes

Con la festividad de los Reyes traemos a la última un cuento. Por su extensión, la próxima semana les ofreceremos la segunda parte. Su autor es el sacerdote, abogado y escritor don Jesús Sánchez Adalid, actual párroco de Alange, conocido en el mundo de la cultura por sus libros "La luz del oriente" y "El Mozárabe", publicados por Ediciones-B y distribuidos en España e Hispanoamérica.

De Gahaspares de Iska- Hannes, de la familia de Sahamnes el Parsis, mago de Hannes, a su hermano Parashaspos de Araks, tierra del divino Zaratustra, ministro y guardián del fuego de Aura - Mazda el Todo Luz:

Cracia, luz y paz, hermano. He recibido tus presentes y la sagrada llama recogida por ti mismo en el magno fuego del país del dios y la he unido al fuego sagrado de nuestra casa, para que el Todo - Luz, sea honrado como uno solo, como es su esencia divina, única, misteriosa y velada a nuestros pobres ojos de carne.

Me pides en tu carta que te describa una vez más, aunque ahora por escrito, la experiencia que viví en la tierra de Israel cuando era joven y fui conducido por Yahu-Manah ("la buena Sabiduría") hasta Nazaret de Galilea después que el buen Vishannes fuera llamado por herodes de Judea para que le informara acerca de la vieja profecía que hablaba del magno rey anunciado por los antiguos profetas. He comprendido que deseas tener por escrito mi testimonio, pues piensas que, viejo como soy, seré pronto llamado a dejar esta vivienda de carne para que sea devorada por las aves. Es loable tu ocurrencia y te diré que ya antes había yo reparado en ello, por lo que hace nueve años recogí mi recuerdo en los pergaminos que ahora te envío, para que hagas con ellos lo que quieras, difundirlo o guardarlo en el secreto de los misterios que alimentan tus conocimientos.

Viajé a Damasco en el año 583 del calendario que compuso el sabio Bundesha, es decir el año 310 teniendo en cuenta el reinado del gran Alejandro. Permanecí un tiempo cuya duración no puedo ya precisar en Traconítide, abusando de la hospitalidad de un sabio local que deseaba saber cosas acerca de nuestra religión, lo cual me valió para que él, agradecido, se prestara a acompañarme por unas tierras que me eran del todo desconocidas. Pues bien, una madrugada emprendimos la calzada que llega a Gaulanítide, la atravesamos y llegamos hasta la orilla misma del lago Genesaret, también llamado Tiberíades, en los límites inmediatos de Galilea, donde nos alojamos algunos días en Betsaida, llamada Julia por los romanos en honor a la hija de Auguto.

Los judíos sienten una especial veneración por este lago, que es más grande de lo que puede imaginarse, hasta el punto de que se le conoce como "mar de Galilea"

La carretera desciende, en fuertes pendientes, monte abajo, y se ven las aguas, allá lejos, como un cielo repetido, brillante. El paisaje es dulce, con los contrafuertes del monte Hermón y las orillas salpicadas de ciudades. Recorrimos Cafarnaún, Magdala, Tiberíades y Tariquea, todas ellas en la costa occidental, porque en la oriental las casas caen a plomo sobre el agua y no ofrecen otros accesos que las gargantas por las que se precipitan al mar los torrentes invernales. Desde allí emprendimos de nuevo la vía maris, pasando por Caná y por Séforis, para llegar a Nazaret, la aldea que Vishannes me había indicado como el lugar donde debía hallar lo que él vio con sus ojos y que tanto le impresionó en su viaje.

Era primavera y la vegetación crecía por doquier, con colores verde oscuro en las plantaciones y más claros en los pastizales matizando el paisaje. Aquella tierra es muy fértil, como era de esperar en la hermosa estación, el campo estaba cubierto por un sin fin de flores silvestres, entre las que destacaban los lirios de los valles y las tempranas anémonas que salpicaban todo de un vivo color rojo escarlata, alimentadas por una tierra fecunda y el frescor de las recientes lluvias invernales. Antes de entrar en la ciudad nos detuvimos a contemplar el paisaje. Una indescriptible emoción se apoderó de mí frente a la belleza del pueblo, tranquilo, rodeado de campos donde olivares e higueras crecían en los caminos o delimitando los sembrados. Me pareció todo demasiado pequeño y elemental para guardar el gran misterio que Vishannes había asegurado encontrar allí, pero en absoluto me sentí decepcionado, pues recordé aquella máxima: "Lo grande se esconde en lo pequeño".

En la misma entrada preguntamos por la casa de un tal José, siempre siguiendo las indicaciones del mencionado sabio. Nos adentramos en el pueblo y fuimos transitando por sus calles, que estaban bastante concurridas, puesto que era media mañana. Las viviendas son en su mayoría estrechas, de muros levantados en la dura piedra local y con mortero pobre o pura tierra apiñados y techados con cañas y ramas, sin que apenas se vean tejas. Pero esto no quiere decir que las gentes de Nazaret vivan en la miseria, pues ya he descrito la abundancia de cultivos en sus alrededores.

Una vez atravesado el pueblo, casi en la salida que se hallaba en su otro lado, dimos con la casa del tal José, un artesano bastante conocido, por pertenecer a una tribu que según decían entroncaba con la dinastía del gran rey David, tan alabado por el pueblo israelita. Descendimos de nuestras cabalgaduras y, vibrando de emoción, nos fuimos acercando a la vivienda.

En ni mente se habían sucedido innumerables suposiciones durante el viaje. Estaba en Israel. El Judío había sido el más influyente de todos los pueblos semíticos y se esparcía con una especial y misteriosa fluidez por el mundo entero. Su cultura se encuentra altamente cualificada para difundir de forma eficaz una nueva religión tanto en Oriente como en Occidente. Ningún pueblo como ellos se siente "elegido" por la divinidad para realizar una misión redentora del mal que mora en este mundo. Vishannes me había dicho entusiasmado que había encontrado al fin entre los judíos, al "maestro de la virtud", que, como tanto habíamos deseado, predicaba la humildad, el amor al prójimo y la vida nueva junto a Dios, es decir, la Resurrección. Pero no había querido revelarme nada más, para no condicionar mi propia experiencia, pues consideraba que el encuentro con ese judío debía ser personal y sencillo, como él lo había vivido.

(Continuará)


Jesús Sánchez Adalid


 

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