Iglesia en camino

 Semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

(España)

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iglenca@jet.es

Edición electrónica: http://www.christusrex.org./www1/camino/camino.html

Número 375. 14 de enero de 2001

Director: José María Gil

Redactor Jefe: Juan José Montes

 

 


Portada

El Papa presenta los retos
para la Iglesia en el siglo XXI

"Novo millennio ineunte", reciente Carta Apostólica de Juan Pablo II

La Carta Apostólica Novo millennio ineunte era firmada por el Papa el 6 de enero, solemnidad de la Epifanía, con ocasión de la clausura de la Puerta Santa. Interpreta la exigencia de una Iglesia que, tras un año jubilar de intensa experiencia espiritual, se siente llamada a ir mar adentro - "¡duc in altum!" , según la orden que Jesús dio a Pedro (cf. Lc 5, 4) - afrontando los desafíos del mundo.

La Carta se articula en cuatro capítulos, con un hilo único conductor: Cristo (Ver más abajo escritos pontificios)

En el primer capítulo destaca el encuentro con Cristo, herencia del Gran Jubileo. Se desarrolla en clave del recuerdo. Juan Pablo II repasa los principales acontecimientos del Año Jubilar, no tanto para hacer un balance, cuanto para elevar un himno de alabanza y descifrar, al mismo tiempo, los mensajes que el Espíritu de Dios ha enviado a la Iglesia a lo largo de este año de gracia.

 


Editorial

Alarmas sociales

No ganamos para sustos. Primero las vacas locas y ahora el uranio empobrecido, están generando sacudidas emocionales, ansiedades y sospechas en todo el cuerpo social, siempre con la duda de si es la catástrofe la que produce la alarma, o es ésta la que provoca la catástrofe. El fenómeno está a la vista. Cunde el rumor de que el espinazo o la caña de los huesos bovinos son portadores del contagio espongiforme y se desata, ¿cómo no?, el pavor de los consumidores; sin los cuales, se hunde la producción y se desencadenan la quiebra y el paro. Malo, malísimo, es el contagio, caso de que el rumor responda a la verdad, de la epidemia, pero, si no, ahí queda el trauma social recién descrito.

¿Entonces? Entonces, una seria, incluso muy grave responsabilidad moral de todos los sectores afectados (autoridades, técnicos, productores, distribuidores y consumidores) para averiguar sin nervios la verdad a nuestro alcance en cada momento; y difundirla o comentarla luego con la mayor fidelidad y rigor, sin hinchar el perro por el morbo o el sensacionalismo.

No es fácil dar consejos a nadie para coyunturas semejantes. Dejando a un lado las catástrofes por sorpresa, hay dos recetas, al menos, ante la alarma social: primera, la unidad de mensaje entre cuantos, por uno u otro título, se dirigen a la ciudadanía; segunda, que la población, nosotros todos, asumamos, salvo evidencias en contrario, las recomendaciones públicas, sin poner por delante una sospecha permanente, como los profetas de calamidades, que las provocan por anunciarlas.

Y cuando estas situaciones obligan a dictar medidas que perjudican seriamente a un sector determinado, es de toda justicia que el Estado, o sea todos, reparta equitativamente las cargas que eso acarrea.

 


Escritos Pontificios

El rostro de Cristo
Una contemplación de Juan Pablo II

En el acto de clausura del Jubileo 2000, Su Santidad Juan Pablo II, firmó ante los fieles presentes y las cámaras de televisión la Carta Apostólica Novo millennio ineunte (Al comienzo del nuevo milenio), en cuyo apartado central (nn.16-20)nos ofrece esta semblanza de Jesús.

Queremos ver a Jesús » (Jn 12,21). Esta petición, hecha al apóstol Felipe por algunos griegos que habían acudido a Jerusalén para la peregrinación pascual, ha resonado también espiritualmente en nuestros oídos en este Año jubilar. Como aquellos peregrinos de hace dos mil años, los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo &laqno; hablar » de Cristo, sino en cierto modo hacérselo &laqno; ver ». ¿Y no es quizá cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio?

Nuestro testimonio sería, además, enormemente deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su rostro. El Gran Jubileo nos ha ayudado a serlo más profundamente. Al final del Jubileo, a la vez que reemprendemos el ritmo ordinario, llevando en el ánimo las ricas experiencias vividas durante este período singular, la mirada se queda más que nunca fija en el rostro del Señor.

El testimonio de los Evangelios

La contemplación del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de él dice la Sagrada Escritura que, desde el principio hasta el final, está impregnada de este misterio, señalado oscuramente en el Antiguo Testamento y revelado plenamente en el Nuevo, hasta el punto que san Jerónimo afirma con vigor: &laqno; Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo mismo ».8 Teniendo como fundamento la Escritura, nos abrimos a la acción del Espíritu (cf. Jn 15,26), que es el origen de aquellos escritos, y, a la vez, al testimonio de los Apóstoles (cf. ibíd., 27), que tuvieron la experiencia viva de Cristo, la Palabra de vida, lo vieron con sus ojos, lo escucharon con sus oídos y lo tocaron con sus manos (cf. 1 Jn 1,1).

Lo que nos ha llegado por medio de ellos es una visión de fe, basada en un testimonio histórico preciso. Es un testimonio verdadero que los Evangelios, no obstante su compleja redacción y con una intención primordialmente catequética, nos transmitieron de una manera plenamente comprensible.9

En realidad los Evangelios no pretenden ser una biografía completa de Jesús según los cánones de la ciencia histórica moderna. Sin embargo, de ellos emerge el rostro del Nazareno con un fundamento histórico seguro, pues los evangelistas se preocuparon de presentarlo recogiendo testimonios fiables (cf. Lc 1,3) y trabajando sobre documentos sometidos al atento discernimiento eclesial. Sobre la base de estos testimonios iniciales ellos, bajo la acción iluminada del Espíritu Santo, descubrieron el dato humanamente desconcertante del nacimiento virginal de Jesús de María, esposa de José. De quienes lo habían conocido durante los casi treinta años transcurridos por él en Nazaret (cf. Lc 3,23), recogieron los datos sobre su vida de &laqno; hijo del carpintero » (Mt 13,55) y también como &laqno; carpintero », en medio de sus parientes (cf. Mc 6,3). Hablaron de su religiosidad, que lo movía a ir con los suyos en peregrinación anual al templo de Jerusalén (cf. Lc 2,41) y sobre todo porque acudía de forma habitual a la sinagoga de su ciudad (cf. Lc 4,16).

Después los relatos serán más extensos, aún sin ser una narración orgánica y detallada, en el período del ministerio público, a partir del momento en que el joven galileo se hace bautizar por Juan Bautista en el Jordán y, apoyado por el testimonio de lo alto, con la conciencia de ser el &laqno; Hijo amado » (cf. Lc 3,22), inicia su predicación de la venida del Reino de Dios, enseñando sus exigencias y su fuerza mediante palabras y signos de gracia y misericordia. Los Evangelios nos lo presentan así en camino por ciudades y aldeas, acompañado por doce Apóstoles elegidos por él (cf. Mc 3,13-19), por un grupo de mujeres que los ayudan (cf. Lc 8,2-3), por muchedumbres que lo buscan y lo siguen, por enfermos que imploran su poder de curación, por interlocutores que escuchan, con diferente eco, sus palabras.

La narración de los Evangelios coincide además en mostrar la creciente tensión que hay entre Jesús y los grupos dominantes de la sociedad religiosa de su tiempo, hasta la crisis final, que tiene su epílogo dramático en el Gólgota. Es la hora de las tinieblas, a la que seguirá una nueva, radiante y definitiva aurora. En efecto, las narraciones evangélicas terminan mostrando al Nazareno victorioso sobre la muerte, señalan la tumba vacía y lo siguen en el ciclo de las apariciones, en las cuales los discípulos, perplejos y atónitos antes, llenos de indecible gozo después, lo experimentan vivo y radiante, y de él reciben el don del Espíritu Santo (cf. Jn 20,22) y el mandato de anunciar el Evangelio a &laqno; todas las gentes » (Mt 28,19).

El camino de la fe

Los discípulos se alegraron de ver al Señor » (Jn 20,20). El rostro que los Apóstoles contemplaron después de la resurrección era el mismo de aquel Jesús con quien habían vivido unos tres años, y que ahora los convencía de la verdad asombrosa de su nueva vida mostrándoles &laqno; las manos y el costado » (ibíd.). Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaús creyeron sólo después de un laborioso itinerario del espíritu (cf. Lc 24,13-35). El apóstol Tomás creyó únicamente después de haber comprobado el prodigio (cf. Jn 20,24-29). En realidad, aunque se viese y se tocase su cuerpo, sólo la fe podía franquear el misterio de aquel rostro. Ésta era una experiencia que los discípulos debían haber hecho ya en la vida histórica de Cristo, con las preguntas que afloraban en su mente cada vez que se sentían interpelados por sus gestos y por sus palabras. A Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe, a través de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio en la bien conocida escena de Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20). A los discípulos, como haciendo un primer balance de su misión, Jesús les pregunta quién dice la &laqno; gente » que es él, recibiendo como respuesta: &laqno; Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas » (Mt 16,14). Respuesta elevada, pero distante aún -¡y cuánto!- de la verdad. El pueblo llega a entrever la dimensión religiosa realmente excepcional de este rabbí que habla de manera fascinante, pero que no consigue encuadrarlo entre los hombres de Dios que marcaron la historia de Israel. En realidad, ¡Jesús es muy distinto! Es precisamente este ulterior grado de conocimiento, que atañe al nivel profundo de su persona, lo que él espera de los &laqno; suyos »: &laqno; Y vosotros ¿quién decís que soy yo? » (Mt 16,15). Sólo la fe profesada por Pedro, y con él por la Iglesia de todos los tiempos, llega realmente al corazón, yendo a la profundidad del misterio: &laqno; Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo » (Mt 16,16).

¿Cómo llegó Pedro a esta fe? ¿Y qué se nos pide a nosotros si queremos seguir de modo cada vez más convencido sus pasos? Mateo nos da una indicación clarificadora en las palabras con que Jesús acoge la confesión de Pedro: &laqno; No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos » (16,17). La expresión &laqno; carne y sangre » evoca al hombre y el modo común de conocer. Esto, en el caso de Jesús, no basta. Es necesaria una gracia de &laqno; revelación » que viene del Padre (cf. ibíd.). Lucas nos ofrece un dato que sigue la misma dirección, haciendo notar que este diálogo con los discípulos se desarrolló mientras Jesús &laqno; estaba orando a solas » (Lc 9,18). Ambas indicaciones nos hacen tomar conciencia del hecho de que a la contemplación plena del rostro del Señor no llegamos sólo con nuestras fuerzas, sino dejándonos guiar por la gracia. Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento más auténtico, fiel y coherente, de aquel misterio, que tiene su expresión culminante en la solemne proclamación del evangelista Juan: &laqno; Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad » (Jn 1,14).

Juan Pablo II
 

 


Centrales

Juan Pablo II traza las líneas básicas
para la Iglesia en el tercer milenio

Publicada la Carta Apostólica "Novo millennio ineunte"

En la Carta Apostólica "Novo millennio inuente", Juan Pablo II menciona algunos momentos significativos del Gran Jubileo del año 2000, desde el gran exordio ecuménico en la Basílica de San Pablo al intenso acto de purificación de la memoria, desde la peregrinación a Tierra Santa a los numerosos encuentros con las más diversas categorías de personas. Dedica una mención especial a los jóvenes, cuyo jubileo ha causado un gran impacto, dejando en el aire una llamada a la necesidad de un compromiso más audaz en el trabajo pastoral en favor de las nuevas generaciones.

Invertir en futuro

Más allá de los hechos externos, Juan Pablo II percibe el Gran Jubileo como un evento de gracia, con la esperanza de que haya llegado a la vida de numerosas personas, orientándolas hacia un camino de conversión. El título expresa bien la conclusión que saca el Papa: el renovado encuentro con Cristo es la verdadera herencia del Jubileo, de la que ahora es preciso hacer acopio para invertir en favor del futuro.

El segundo capítulo - Un rostro para contemplar - tiene una intensa inspiración contemplativa. Antes de mirar hacia el futuro en términos inmediatamente operativos, el Papa invita a la Iglesia a no descuidar, más aún, a profundizar la contemplación del misterio de Cristo, con la mirada fija en su rostro. En efecto, existe el riesgo indicado por Jesús mismo a Marta de Betania ("te preocupas y te agitas por muchas cosas" Lc 10, 41): volcarse completamente en la actividad pastoral olvidando la contemplación, que es su fuente. A ésta debe recurrir la Iglesia continuamente. De aquí todo este capítulo, en el que el Papa repasa el misterio de Cristo en sus dimensiones fundamentales. No pretende ser un tratado doctrinal, sino hacerse eco de la voz de Pedro en la confesión de Cesarea de Felipe -"Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16) - y proponerla de nuevo a toda la Iglesia como fundamento perenne. La Carta se detiene ante todo en trazar el perfil histórico de Cristo, subrayando la veracidad y credibilidad de los documentos evangélicos ( Recogerán ese texto completo en nuestra página 3) . Se sumerge a continuación en la contemplación del rostro de Cristo, en la profundidad de su misterio divino-humano, fijándose en la autoconciencia divina, que perdura también en el momento dramático de la cruz, para plasmarlo, en fin, en el explandor de la resurrección.

Programación

Siguen dos capítulos que se adentran directamente en el campo de la programación. El tercero - Caminar desde Cristo - comienza con una llamada a las Iglesias locales para invitarlas a continuar y profundizar su programación pastoral, según las exigencias de los diversos contextos. La Carta, pues, no se propone trazar una especie de plan pastoral para toda la Iglesia, sino que se limita a indicar algunas urgencias y prioridades. El capítulo se articula en torno a la necesidad de orientar la pastoral cristiana hacia una experiencia de fe sólida, que haga florecer la santidad, en la línea indicada por el cap. V. de la Lumen gentium ("la vocación universal a la santidad") . Esto es a lo que debe orientarse la pedagogía eclesial, proponiendo ideales elevados y no contentándose con una religiosidad mediocre. De aquí la necesidad de hacer redescubrir la oración en toda la profundidad a la que la experiencia cristiana de Dios puede llevarla, sobre la base del rico patrimonio pastoral y místico de dos mil años de historia. Oración personal, pero sobre todo comunitaria, comenzando por la litúrgica, "fuente y culmen" de la vida eclesial.

El Papa invita especialmente a redescubrir el domingo, Pascua de la semana, haciendo que la Eucaristía sea su corazón. Sigue la invitación a proponer de nuevo con fuerza el sacramento de la Reconciliación. El Jubileo ha puesto de manifiesto que este Sacramento, bien presentado y cultivado, es capaz de superar aquella crisis de la que parecía irremediablemente aquejado en los decenios pasados. Finalmente, como alma de todo, el Papa recuerda el primado de la escucha de la Palabra de Dios, a lo que sigue, por su propia lógica, el deber del anuncio. La "nueva evangelización" - tantas veces invocada en estos años - sigue siendo después del Jubileo más urgente que nunca.

Testimonio en el mundo

El cuarto y último capítulo - Testigos del amor - continúa la reflexión programática desde la vertiente de la comunión, de la caridad, del testimonio en el mundo. La comunión (koinonia), redescubierta por el Concilio Vaticano II como categoría central para comprender el misterio mismo de la Iglesia, es propuesta por el Papa a partir de su dimensión espiritual y, después, de las exigencias operativas que se derivan. Hay en la Iglesia ámbitos e instrumentos de comunión que tienen un perfil institucional bien definido. Éstos han de ser cultivados y promovidos. A este propósito, la Carta alude a las muchas instituciones (Sínodos, Conferencias episcopales, Consejos presbiterales y pastorales) existentes en la Iglesia universal y en las particulares, advirtiendo sin embargo que éstas se convertirían en estructuras sin alma si no se cultivase una "espiritualidad de comunión", o sea, la capacidad de percibir la comunión como don de lo alto y, al mismo tiempo, de vivirla en términos de relación fraterna, en la estima acogedora de los dones recíprocos.

Nuevo impulso apostólico

La Carta concluye como había comenzado, evocando la invitación de Jesús a Pedro en el episodio de la pesca milagrosa: "¡Duc in altum!". La Puerta Santa se cierra, pero queda más abierta que nunca la "puerta viva", Cristo Jesús, simbolizado en la Puerta Santa. La Iglesia, después del entusiasmo jubilar, no vuelve a una cotidianidad anodina. Por el contrario, le espera un nuevo impulso apostólico, animado y sostenido por la confianza en la presencia de Cristo y en la fuerza del Espíritu Santo.

 

"Tengo treinta y un años y he matado deliberadamente a mi hijo"

Conmovedor testimonio de una mujer arrepentida de haber abortado

Una mujer que sufre las terribles consecuencias de haber abortado decidió contar su experiencia a la organización "Provida" de España, a la vez que solicitó que la misiva fuera difundida por la página web de la entidad, para así servir de advertencia para otras mujeres.

La carta, difundida por la pagina en red de Provida (www.ctv.es/USERS/provida), que posee un servicio de asistencia a distancia, está escrita por una mujer que desde Navidad viene siendo asistida por la organización a través del correo electrónico.

En ella, la autora describe así su desgarradora experiencia:

"Veréis, son las siete menos cuarto de la mañana del 25 de diciembre del 2000, otra noche más en blanco. Hace cuatro días, a pesar de todo, dormía, aunque mal, mejor. Ahora el sueño es una utopía. Tengo 31 años y he matado deliberadamente a mi hijo".

La anónima autora relata que cuando supo que estaba embarazada decidió no contárselo a nadie, ni siquiera a su novio, con quien estaba pasando un tiempo en Estados Unidos. "Pasé un mes y medio de angustia controlada, fingiendo que todo iba bien, pero estaba embarazada y angustiada. Todas mis preguntas eran, ¿Qué voy a hacer? ¿engordaré? ¿se me notará? ¿que voy a hacer yo con un niño?", explica.

"Absurda, completamente absurda, egoísta, estúpida, calculadora y fría como un témpano. Volví a España tan pronto como pude, calculando el tiempo que tenía para llevar a cabo mis planes: librarme de aquello que me incordiaba", sigue la mujer con su relato.

Al día siguiente de su llegada, la mujer se dirigió a la clínica acompañada de una amiga, con quien hablaba "de todo, contándole que yo no quería ni muerta llevar a cabo aquel embarazo, que era una pesadilla, e intercalando temas triviales, como si estuviera a punto de ir al dentista. !Dios santo! que imbécil soy. Ahora, cada minuto pienso en mi niño, pienso que soy egoísta, fría, criminal... no puedo dejar de pensar en ello".

La autora de la desgarradora carta señala que poco después del aborto se dio cuenta que hubiera podido salir adelante "como tantas y tantas mujeres".

"Ni siquiera se lo conté a mi novio, que me quiere, que me respeta por miedo a que me dijera que adelante, que tuviera el niño... ¡que m(interjección) soy!. Y ahora, quién me perdonará esto? Mi niño ya no está, yo estoy vacía, completamente vacía".

Con evidente dolor y una desesperanza que "Provida" ha venido sanando a través de un diálogo vía correo electrónico, la autora de la carta señala que "quiero que Dios me perdone, pero creo, que lo que he hecho es tan duro, tan cruel, tan bestial, que ni siquiera Dios puede perdonarme. Ni mi niño, que no ha tenido la oportunidad de ver el sol, ni el mar, ni de respirar... de nada".

"He sido su juez y le he condenado a muerte sólo por el hecho de ser, de estar dentro de mi, ¡¡¡pobrecito mío!!! mi niño, por el que ahora estoy llorando, y del que no tenía conciencia antes", agrega la angustiada misiva. "Ahora le pido perdón, con todo el dolor de mi alma y me sigo sintiendo mal, cada vez peor. No sé por que no salí adelante, con mi tripita, tan contenta".

"Ahora le pongo carita, lo veo en cualquier sitio, el pobre, mi niño, estaba ahí, sin hacer nada, tan solo estando, sin saber nada, sin pedir nada, estaba por que sí, pero estaba, ahora ya no está, no se donde está, no se lo que siente... sólo quiero que esté bien, a salvo de mí", agrega la conmovedora carta.

Reflexionando sobre su situación, la mujer agrega: "no creo que esté neurótica, sólo pienso que he liquidado textualmente a mi propio hijo y me siento sola, vacía e insensible. Incluso pienso que no sé si alguna vez sabré ser madre. Necesitaré ayuda por muchos años, y creo que no lo olvidaré jamás".

La terrible autocensura, que el personal de "Provida" ha venido combatiendo en la autora de la misiva, se expresa en nuevas preguntas: "¿Por qué no me hice cargo? ¿por qué no le dejé vivir?. ¿por qué he sido tan calculadora?... ¿por qué me siento tan mal? Es sencillo, porque lo he matado, sin pensarlo apenas, sin el más mínimo remordimiento inicial, pero ahora me gustaría tenerlo dentro de mí, creciendo, esperando su momento para llegar al mundo, y esperar el momento de tenerlo entre mis brazos.

La carta concluye con una terrible nota de desesperanza: "Pero ya, no puede ser... espero mi niño que algún día me puedas perdonar yo no me lo perdonaré mientras viva".

ACI
 

Afganistán establece la pena de muerte para los misioneros

A partir de ahora quien convierta al cristianismo, evangelice o haga proselitismo en Afganistán será condenado a muerte.

Lo establece un decreto de Nohammad Omar, líder del movimiento Talibán, que desde hace cuatro años ha impuesto en casi todo el territorio afgano la &laqno;sharia», es decir, los preceptos del integrismo islámico aplicados a las normas de la sociedad civil.

La medida preve, además, otro tipo de penas. Por ejemplo, los propietarios de librerías, en las que se vendan libros considerados ofensivos o propagadores de &laqno;falsas creencias» serán castigados con cinco años de prisión.

Las durísimas posiciones del líder de los Talibanes son justificadas para defender al país de pretendidas maniobras de &laqno;enemigos» del Islam no identificados --de dentro y de fuera-- que buscan &laqno;corromper a los musulmanes ofreciéndoles incentivos económicos para que se conviertan al cristianismo o al judaísmo».

ZENIT
 

Organizaciones hindúes premian a Chiara Lubich

Algunas de las más prestigiosas instituciones hindúes de la India han ofrecido un premio a Chiara Lubich, fundadora del movimiento de los Focolares, para reconocer su servicio incansable a la unidad y la paz.

La ceremonia de entrega del reconocimiento tuvo lugar el pasado 5 de enero en Coimbatóre (India). El acontecimiento se convirtió en un significativo encuentro de diálogo y amistad entre hindúes y cristianos.

El premio &laqno;Defender of Peace» (Defensor de la paz), fue entregado a Chiara Lubich por la Shanti Ashram, organización dedicada particularmente a la acción social en el campo educativo, a favor de los más necesitados, y por el movimiento Sarvodaya, que toma su nombre de una de las ideas guía del Mahatma Gandhi, es decir, el compromiso a favor de una vida digna para todos.

ZENIT

 


Noticiario diocesano

 

Inaugurado un nuevo curso en la Escuela de Agentes de Pastoral en Villanueva de la Serena

Se inauguró en la Casa de la Iglesia de la parroquia de la Santa Cruz, en Villanueva de la Serena, un nuevo curso de la Escuela de Agentes de Pastoral para los arciprestazgos de Castuera, Villanueva de la Serena y Zalamea de la Serena, una de las más antiguas de la diócesis. Con este son ya siete cursos en funcionamiento.

Al acto de presentación acudieron el vicario episcopal de zona, don Antonio Muñoz Aldana, el director diocesano de las Escuelas de Agentes de Pastoral, don Jose Manuel Álvarez Maqueda, el director de esta Escuela, don Sebastián Martín Murillo, y el secretario de la misma, don Andrés Román García, así como algunos sacerdotes de los arciprestazgos en los que se inserta esta Escuela.

En esta ocasión, son treinta y cinco los alumnos que cursarán los estudios que esta Escuela ofrece y que se prolongarán durante tres años.

La inauguración comenzaba con una oración que estuvo presidida por el director de la escuela, a lo que siguió una breve intervención del director diocesano de las escuelas resaltando la importancia que este medio de formación tiene para la Iglesia de Mérida-Badajoz. A continuación tomó la palabra el secretario de la escuela, que informó sobre aspectos técnicos de funcionamiento. El acto concluyó con la intervención del vicario de la zona, que declaró abierto el curso 2000/2001.

Más escuelas

Las Escuelas de Agentes, ocho en la actualidad, más dos que está previsto abrir el próximo curso, surgieron como respuesta a la necesidad de formación que el laicado exigía. Estas han venido funcionando en la diócesis desde hace siete años y por ellas han pasado más de 1000 laicos, que luego han aplicado su formación litúrgica, catequética, pastoral juvenil..., según la especialidad que cursasen, en sus comunidades parroquiales.

II Encuentro de catequistas de las escuelas de agentes

El día 27 de este mes, a las 11,30 de la mañana en el colegio de las Escolapias de Mérida, tendrá lugar un encuentro con todos los catequistas que, tras haber finalizado los cursos en las diversas escuelas, han realizado la especialidad de catequesis.

Según don Juan Pablo Parejo, director del Secretariado Diocesano de Catequesis, será una jornada de convivencia y de reflexión en torno al proyecto de iniciación cristiana que este secretariado está elaborando. Así mismo se preparará el Encuentro Diocesano de Catequistas que tendrá lugar, Dios mediante, el día tres de marzo en el colegio San José (Padres Jesuitas) de Villafranca de los Barros.

 

Una cruz en el torreón del castillo de Fregenal
de la Sierra conmemora el nuevo siglo

Se sitúa junto a otra colocada el 31 de diciembre de 1900

El día 31 de diciembre de 1900 los cabildos civil y eclesiástico de Fregenal de la Sierra colocaron en un torreón del castillo, como punto más visible del pueblo, una cruz conmemorativa del inicio del siglo XX, con la inscripción por el entonces Obispo de la diócesis Don Ramón Torrijos "Dios y hombre, vive, reina impera"; apadrinando el Ayuntamiento con una beca al primer niño o niña que naciese en el nuevo siglo en esta ciudad.

Otra beca

A partir del día uno de enero de 2001, junto a la cruz ya centenaria, una nueva cruz bendecida por el párroco, don José Cordero Rubiales, -ésta con dos trazos transversales que expresan la condición de archidiócesis, y el lema del Año Jubilar - evocará el naciente milenio y centuria, comprometiéndose a su vez el Ayuntamiento a un similar padrinazgo, si bien más generoso, por el que se becará al primer niño o niña frexnense del nuevo siglo y milenio.

 

Matrimonios de Villanueva del Fresno celebran
con una misa sus bodas de oro, plata y el primer aniversario

Como todos los años en la festividad de la Sagrada Familia, en la Parroquia de la Purisima Concepción de Villanueva del Fresno, se celebró una Eucaristía en la que quince matrimonios renovaron sus compromisos matrimoniales. Entre estos quince matrimonios que realizaban la renovación se encontraban los que cumplian sus bodas de oro, sus bodas de plata y los que durante el año dos mil contrajeron matrimonio en esta parroquia, produciéndose de esta manera una bonita mezcla generacional.

Misa y fiesta

Los matrimonios participaron en la Eucaristía y después el párroco, don Manuel Alegre, y miembros del Consejo Pastoral en representación de la parroquia tuvieron con ellos un pequeño aperitivo y se les hizo entrega de un recuerdo de este día. En todo momento reinó entre todos un ambiente de alegría, amistad y cariño.

 

Encuentro de sacerdotes en Villafranca de los Barros

El colegio San José de Villafranca de los Barros acogió el pasado día 4 la vigésima convivencia del clero de Mérida-Badajoz, al que asistieron un centenar de sacerdotes. Diecinueve de ellos celebran este año sus bodas de oro o plata, entre ellos el propio Arzobispo, por lo que recibían un pequeño homenaje.

La jornada comenzaba con una conferencia sobre técnicas de comunicación a cargo del profesor de la Universidad Pontifica de Salamanca, don Arturo Merayo Pérez (segundo por la derecha), que se refirió a la importancia que adquiere la forma en el proceso de transmisión de mensajes. Posteriormente se celebraba la eucaristía en la capilla del colegio, que estuvo seguida de una comida de hermandad. La comida puso el cierre al encuentro

 

Semana de oración por la unidad de los cristianos

El próximo jueves, día 18 se inaugura la Semana de Oración por la unidad de los cristianos, que se prolonga hasta el día 25. Este año la semana lleva por lema "Yo soy el camino, la verdad y la vida".

Con la Semana de oración por la unidad de los cristianos, se pretende un acercamiento entre las distintas confesiones cristianas existentes a través de la oración al único Dios Padre de todos.

Por lo que se refiere a nuestra diócesis, el Secretariado de Ecumenismo ha difundido entre las parroquias diverso material para la oración y la reflexión. Así mismo se prepara una celebración ecuménica junto a fieles de otras confesiones cristianas existentes en la diócesis y un recital de música religiosa de diferentes confesiones cristianas. Para ambas actividades está aún por concretar hora y día, por lo que ofreceremos más información en nuestro próximo número.

 


Al paso de Dios

Mirar desde la fe

Algunos cristianos suelen tener una mirada muy reducida sobre la vida cristiana, porque no saben utilizar los ojos para ver todo el panorama de la fe: unos afirman que lo que importa es la doctrina, otros, en cambio, que la práctica y los hay que insisten casi exclusivamente en la oración. Cada uno de ellos tiran tanto para su lado que, aunque lo nieguen, parecen decir que solamente se puede ser cristiano desde su punto de vista. Se cae así en fundamentalismos que llevan, si no a rechazar, sí al menos a menospreciar la otra cara de la fe.

Y eso no puede ser, al contrario tenemos que aprender a utilizar los cuatro ojos de la vida cristiana (el credo, la moral, la oración y la vida sacramental) y a mirar desde un punto focal que le de unidad y armonía a todo; y ese no es otro que la adhesión personal a Jesucristo, que se hace seguimiento fiel cuando es eclesial, es decir, cuando encuentra su equilibrio en la experiencia sana, que no acrítica, de la vida comunitaria compartida con otros cristianos. Porque la fe es integra e integral: íntegra y nunca parcial en cada uno de los cuatro pilares en los que se apoya e integral, porque éstos se funden en la vida de la persona, en cada una de sus manifestaciones, en su inteligencia, en sus sentimientos, en su voluntad y en sus hechos.

En definitiva, no se puede ser ortodoxo en el compromiso y heterodoxo en la aceptación de las verdades del credo, así como no se puede ser ortodoxo en la doctrina y heterodoxo en la vida sacramental, en la oración o en el compromiso.

Amadeo Rodríguez Magro
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)

 


Liturgia del domingo

Celebramos el II Domingo del Tiempo Ordinario

Palabra de Dios

Libro de Isaías 62, 1-5

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios, Ya no te llamarán "Abandonada" ni a tu tierra "Devastada", sino que a ti se te llamará "Mi Favorita" y a tu tierra "Desposada", porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido; como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa la encontrará Dios contigo.

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 9-10a y c

R. Cantad las maravillas del Señor/ a todas las naciones.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre.

Carta de S. Pablo a los Corintios 12, 4-11

Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquel, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a Él le parece.


Evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
-No tienen vino.
Jesús le contestó:
- Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes: Haced lo que Él diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo:
- Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó:
- Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua) y entonces llamó al novio y le dijo:
-Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en Él.

 

Lecturas bíblicas para los días de la semana

15, lunes: Hb 5, 1-10; Mc 2, 18-22.
16, martes: Hb 6, 10-20; Mc 2, 23-28.
17, miércoles: Hb 7, 1-3. 15-17; Mc 3, 1-6.
18, jueves: Hb 7, 25 - 8, 6; Mc 3, 7-12.
19, viernes: Hb 8, 6-13; Mc 3, 13-19.
20, sábado: Hb 9, 2-3. 11-14; Mc 3, 20-21.
21, domingo: Ne 8, 2-4a. 5-6. 8-10; 1Co 12, 12-30; Lc 1, 1-4; 4, 14-21.

Comentario litúrgico

Jesús comenzó sus signos

Para quien esté familiarizado con las lecturas de la misa dominical le extrañará que aparezca en este domingo una lectura del evangelio según San Juan, pues en el Ciclo C corresponde la lectura del evangelio según san Lucas.

No es un fallo técnico. Es una muestra de respeto cariñoso a lo que ha sido una práctica litúrgica universal: ver en el milagro de las bodas de Caná un elemento más de la Epifanía como nos lo recuerda la bella antífona de las segundas víspera de esa fiesta que dice así: &laqno;Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos».

Desde esta perspectiva y con lo que nos aporta la primera lectura tenemos los suficientes elementos para hacer nuestra lectura personal del pasaje de Juan. Si en el evangelio aparece Jesús estrenando su vida pública asistiendo a las bodas de una joven pareja, Isaías nos hace asistir al desposorio de Dios con su pueblo con estas bellas palabras: &laqno;Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo».

Este bagaje de entrañas de misericordia nos permite acercarnos a la escena de Caná, comprender lo que allí sucedió y sentirnos más privilegiados que aquellos novios pues no se trata de la transformación del agua en vino sino de nuestra propia identidad en cuanto cristianos, pues por el bautismo somos miembros de la Iglesia, la Esposa amada de Cristo. !Señor danos el vino nuevo del Reino!

Antonio Luis Martínez

 

Santoral

15 de enero: san Cosme el Meloda (S. VI)

La tradición de la Iglesia de Oriente y particularmente el Patriarcado de Jerusalén, tienen a este músico como uno de sus santos más famosos.

Se trata de un poeta muy dotado para la melodía armonizada con la musicalidad literaria de los himnos, de los que se le conocen un total de 173, además de los poemas de San Gregorio Nacianceno a los que puso música.

La belleza, realmente esplendorosa de la liturgia de oriente, se enriquece con unos sones que expresan, tan eficazmente como el Gregoriano o la polifonía clásica, la inmensa eficacia de la Gracia de Dios en el espíritu humano.

Las Iglesias de Grecia o de Rusia deben a San Cosme, bien apellidado "el Meloda", la acompasada grandeza de unos cantos cuya letra y música colaboran en la tarea que Dios se ha impuesto a sí mismo: acercarse al hombre. Cuando Dios quiere avecinarse con el ser humano, busca repetidas veces la colaboración de los artistas, por eso al honrar la memoria de San Cosme, le rogamos que su divina melodía resuene en nosotros, para hacer de nuestra vida un canto al servicio de Dios, en la búsqueda de una humanidad nueva donde habite la justicia.

Por cierto, ni San Cosme ni yo concebimos una eucaristía dominical sin cantos: Dios lo merece y nosotros lo necesitamos. Amén.

Manolo Amezcua

Los santos de la semana

15, lunes: Marcelino, Absalón, Francisco Fdez. de Capillas.
16, martes: Fulgencio de Écija. Marcelo, Honorio, Juana.
17, miércoles: Antonio, Julián, Sulpicio, Roselina.
18, jueves: Margarita de Hungría, Prisca, Librada y Faustina.
19, viernes: Juan de Ribera. Germánico, Tecla y Susana, Marcelo Spínola.
20, sábado: Fructuoso, Eulogio y Augurio, Fabián, Sebastián.
21, domingo: Inés, Epifanio, Zacarías, Josefa Mª. de Inés.

 

Contraportada

Se clausuró el Gran Jubileo del 2000

Durante la celebración de la clausura del Año Jubilar en la diócesis, celebrada el día de los Reyes en la Catedral (foto inferior izquierda) y en la Concatedral (foto superior e inferior derecha), el Arzobispo invitó a los cristianos a entrar en el nuevo milenio sin arrogancia, pero sin complejos para ser testigos de Cristo en el mundo. Don Antonio anunció también una serie de actividades dirigidas a actualizar el Sínodo Diocesano del año 92 con motivo de su décimo aniversario. Estas actividades no están concretadas todavía, aunque se llevarán a cabo entre este año y el próximo.

Al finalizar los actos de clausura, el Vicario General de la Diócesis, don Amadeo Rodríguez Magro, daba lectura a una serie de conclusiones, concretadas en tres puntos, en las que la Iglesia de Mérida-Badajoz pretende apoyar de forma especial su acción pastoral en los próximos años: acercarse a las personas alejadas de la Iglesia, para lo que se prepara un extenso documento que verá la luz próximamente, animar a cada cristiano a cultivar la santidad por la celebración de la fe, especialmente en la Eucaristía y, por último establecer un mayor compromiso en vivir la caridad.


La Iglesia en América Latina:

http://www.aciprensa.com/iglesia.htm

 

ZENIT



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